Eduardo Acosta Méndez. Filósofos cínicos y cirenaicos. Antología comentada.
Círculo de lectores, 1997. 334 páginas.
Siempre me han fascinado los filósofos cínicos. Además de lo que se estudia en el bachillerato me había leído La secta del perro de García Gual. Su radical visión de la vida, su desprecio de las convenciones, su austera vida… Las anécdotas, aunque con toda seguridad sean apócrifas, son verdaderos arquetipos morales:
Platón: Si supieras adular al rey, no tendrías que comer lentejas.
Diógenes: Si supieras comer lentejas, no tendrías que adular al rey.
Además de los filósofos cínicos están los cirenaicos. Ambas escuelan buscaban la felicidad y el bien, pero mientras los primeros lo identificaban con la ausencia de necesidades, los segundos asociaban el bien al placer, entendido también como placer espiritual.
En este libro se muestran para cada filósofo una noticia previa -breve escorzo biográfico-, una selección de Máximas y una colección de anécdotas y apotegmas. Entre los cínicos aparecen Antístenes, Diógenes, Crates e Hiparquia. De los cirenaicos están Aristipo, Arete y Aristipo Metrodidacta, Hegesias, Anníceris y Teodoro. Me ha sorprendido la figura de Hegesias, llamado el pesimista, al que tenían prohibido dar charlas porque después muchos de los que le escuchaban se suicidaban. Eso es tener poder de convicción; hoy seguro que era publicista.
Al final encontrarán una selección de anécdotas, pero si pueden háganse con el libro. Es una delicia.
Escuchando: Skeletons. Rickie Lee Jones.
Extracto:[-]
Diógenes
Se cuenta que Alejandro dijo que si no hubiera sido Alejandro, habría querido ser Diógenes.
En una ocasión en que [Diógenes] tomaba el sol en el Cráneo, Alejandro se presentó ante él y le dijo: «Pídeme lo que quieras». Diógenes replicó: «Deja de hacerme sombra».
Como Polixeno el dialéctico mostrara su indignación por el hecho de que algunos llamaban a Diógenes «perro», éste le dijo: «Llámame tú también “perro”, pues Diógenes es para mí un sobrenombre; yo en realidad soy un perro, de los de noble raza y de los que protegen a sus amigos».
[Diógenes] solía hacerlo todo en público, tanto las cosas de Deméter como las de Afrodita. Y razonaba con argumentos de este tipo: «Si el comer no es nada extraño, tampoco en la plaza del mercado es extraño. No es extraño el comer, luego no es extraño comer en la plaza del mercado». También solía masturbarse en público y decía: «¡Ojalá también pudiera aplacar el hambre frotándome el vientre!».
En cierta ocasión en que [Diógenes] vio a un muchacho que bebía con sus manos, arrojó de su alforja su copa, diciendo: «Un muchacho me ha aventajado en sencillez». Arrojó también su plato, al ver igualmente a un muchacho que, como se le rompió su plato, recogía las lentejas en la parte hueca” de un trozo de pan.
Aristipo
[Aristipo] pidió dinero a Dionisio y éste le dijo: «Pero ¿acaso no decías que el sabio no carece de nada?». Y Aristipo a su vez dijo: «Dame el dinero y después discutiremos de esto». Y cuando se lo dio, Aristipo añadió: «¿Ves que no he tenido ninguna necesidad?».
En cierta ocasión Simo, tesorero de Dionisio, un bribón originario de Frigia, estaba mostrando [a Aristipo] una casa espléndida, pavimentada con mosaicos, cuando éste, expectorando profundamente, le escupió en la cara. Y como el otro se indignara, le dijo: «No tenía un sitio más apropiado».
Mientras una vez Aristipo hacía un viaje por mar, se desató una tempestad y se quedó fuertemente angustiado. Uno de sus compañeros de viaje le dijo: «¿También tú, Aristipo, tienes miedo, como la mayor parte de los hombres?». Y él respondió: «Mucho, naturalmente, pero mientras en vosotros los afanes y el presente peligro están en relación con una vida mísera, en mi caso afectan a una vida feliz».
Hegesias
Hegesias cirenaico decía que no existe ni la amistad ni la gratitud. Sostenía que no existen por sí mismas, sino que el que pide por necesidad ofrece gratitud y quien está en mejor situación hace el bien. Decía también que la vida es ventajosa para el hombre mediocre, mientras para el sabio es ventajosa la muerte, de modo que algunos lo denominaban «persuasor de la muerte».
¿Cuántos creemos que destacó en elocuencia el filósofo Hegesias cirenaico? Él representaba de tal modo los males de la vida, que una vez introducida su deplorable imagen en el corazón de aquellos que le escuchaban, generaba en muchos el deseo de afrontar una muerte voluntaria. Y por ello le fue prohibido por el rey Tolomeo disertar más sobre este argumento



