Ernesto Cármena. El Creacionismo ¡Vaya Timo!
Editorial Laetoli, 2006. 156 páginas.
Imaginen que alguien les dice que la tierra es plana. Que el mito de Colón es una fábula, que lo de la gravedad es un invento de los cientÃficos sin ninguna base y que las fotos de la tierra desde el espacio son un montaje. En defensa de su teorÃa sólo nos muestra algunos pasajes de la biblia. ¿IncreÃble, no? Sin embargo la Flat Earth Society sostuvo esas ideas hasta bien entrado el siglo XX.
No nos hemos librado de teorÃas absurdas basadas en la interpretación de la biblia. En la actualidad todavÃa hay mucha gente que cree que animales y plantas fueron creados por un ser superior… y ahà está el libro del Génesis para probarlo. Ignorando la gran cantidad de pruebas que demuestran que la teorÃa de la evolución es verdadera se empeñan en defender lo indefendible con argumentos capciosos, tergiversaciones de la realidad, demagogia y mucho ruido.
Hasta ahora pensaba que el creacionismo era algo tÃpicamente estadounidense, pero no hace mucho desembarcaron los defensores del diseño inteligente en nuestras tierras. También en nuestro paÃs hay mucha gente -hasta un 20% en extremadura- que cree que los seres humanos no provienen de especies animales anteriores. Esto del diseño inteligente tiene su guasa, porque no es más que el creacionismo de siempre camuflado para que no parezca religión.
La pregunta es ¿Hay algún argumento -dejando de lado la biblia- que nos permita dudar de la validez de la evolución? La respuesta es sencilla. NO. Desmontar las falacias creacionistas es difÃcil en un debate, pero muy sencillo en un libro. Carmena lo hace de una manera demoledora, con una ferocidad quizás excesiva para mi gusto, pero con eficacia.
Primero: teorÃa en ciencia no quiere decir Conocimiento especulativo sino serie de leyes. También es teorÃa la relatividad, y nadie la pone en duda. Segundo: se conocen muy bien los mecanismos de la evolución, no hay escasez en el registro fósil y un ojo puede desarrollarse a través de pasos intermedios. Tercero: basta de manipular y sacar de contexto citas de cientÃficos para que parezcan que apoyan el creacionismo. La ciencia funciona a base de crÃticas, pero éstas no son a la totalidad, sino a la explicación de algunos mecanismos.
Hasta el momento los únicos que daban la lata con argumentos creacionistas en este paÃs eran los testigos de Jehová. Espero que las cosas no empeoren, asà que como profilaxis lean este libro. Les será de mucha utilidad.
Extracto:[-]
Creacionismo y repollismo
ImagÃnate que te encuentras con un tipo más loco que tú en un bar. Te encuentras alegre y un poco menos fanático que de costumbre, asà que le permites que te cuente sus desvarÃos: “Sólo recientemente la gente comenzó a tener hijos”, dice el chiflado, “antiguamente, cada persona nacÃa de un repollo…”
Qué disparate, ¿verdad? Por supuesto que lo es, entre otras cosas porque va contra la Biblia. PodrÃas emplear diversos métodos para demostrarle que está equivocado, pero él no tiene ninguna intención de escucharte: sólo acepta discutir acerca de los registros familiares y no le interesa ningún otro tipo de argumentos. Repite sin cesar que “¡no hay datos genealógicos anteriores al siglo XVII!”
Tengo entendido que eres un aficionado a la genealogÃa. En tus ratos libres has estado entrevistando a gente y husmeando en los registros civiles y eclesiásticos para reconstruir tu árbol familiar. Ya has logrado adentrarte en la Edad Media. En tus hallazgos —¡qué sorpresa!— no figura absolutamente nada sobre repollos que engendran personas. La gente se casaba, las mujeres parÃan, los hijos heredaban los apellidos de sus padres… Imagina que le muestras al chifladillo todo el mamotreto que has recopilado. Sin duda, eso deberÃa obligarle a rechazar su “teorÃa”. Pero tus pruebas, contesta él, no sirven.
En primer lugar, te falta una tatara-tatara-tatarabuela, y hay algún que otro dato dudoso: tu investigación no es absolutamente perfecta, luego no sirve. En segundo lugar, esos registros están muy incompletos: en muchos paÃses, ¡ni siquiera existen ¡Hay enormes huecos! Y, finalmente, has interpretado los datos basándote en tu teorÃa reproduccionista según la cual la gente siempre ha tenido hijos.
En otras palabras, la información no es absolutamente perfecta, la genealogÃa mundial tiene grandes huecos y tu interpretación de los hechos es necesariamente sesgada. De un plumazo, ¡el chiflado se ha quitado tus pruebas de en medio!
Me encantarÃa ver tu reacción, como amante de las estirpes y los abolengos, ante esos argumentos irritantemente estúpidos. Pero, ¿en qué se diferencian las excusas repollistas de las que empleáis los creatas con el registro fósil? Veamos algunas.
La organización creacionista Answers in Génesis afirma en sus publicaciones que no se ha encontrado la pelvis de la “ballena andante” Ambulocetus. Según ellos, si no conoces la zona pelviana, no puedes decir cómo se movÃa el animal, y, por tanto, las habilidades anfibias que los evolucionistas le atribuyen son
puro invento.
En realidad, aunque en la primera publicación cientÃfica sobre el Ambulocetus no se mencionaban los huesos pélvicos (porque aún estaban bajo tierra), éstos salieron a la luz dos años después, en 1996. Como cabÃa esperar, la pelvis resultó pequeña pero fuerte, apta para la locomoción en tierra y adherida a la columna, al contrario que en los cetáceos más evolucionados, que la tienen suelta o, mejor dicho, flotante. Answers in Génesis sabe perfectamente todo esto y asà lo admite en una lacónica nota. Pero su artÃculo-basura contra la evolución de las ballenas, traducido a múltiples idiomas y clonado por una legión de grupos fundamentalistas, sigue sin ser corregido. En Internet podemos leer hasta en la sopa que no hay pelvis de Ambulocetus. ¡Al infierno por mentirosos!
La estrategia de los creatas de Apologetic Press es más ingenua. Estos sà aceptan la existencia de la dichosa pelvis, pero la enarbolan contra los cientÃficos, como hizo CaÃn con aquella quijada de burro. Si el Ambulocetus tenÃa una pelvis, dicen, “¿cómo explican los evolucionistas que se haya perdido en los cetáceos modernos, ¿eh? ¿Eh?” Como si la desaparición de una estructura inútil supusiera un desafÃo para la teorÃa…
Los creatas hacéis esto a menudo: pedÃs un fósil transicional, os lo damos, y, en lugar de exclamar elegantemente: “¡touché.”, señaláis con el dedo y chilláis: “¿Cómo se explica esto? ¿Y esto otro?” La respuesta suele ser fácil pero, evidentemente, conocerla os importa un pimiento.



