Cuchitril Literario

Enero 9, 2008

Ángel Ganivet. Cartas Finlandesas. Hombres del norte.

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Espasa-Calpe, 1940, 1943, 1945, 1955, 1961, 1971. 194 páginas.

Ángel Ganivet, Cartas Finlandesas
El norte está lleno de frío

La colección de clásicos universales Planeta se encuentra de saldo en muchas librerías, y allí encontré en un solo volumen las obras Los trabajos del infatigable creador Pío Cid y La conquista del reino Maya, que leí con gran placer. No hace mucho leía en Solodelibros la reseña de estas Cartas Finlandesas y he tenido la suerte de encontrarlas en la colección Austral -y a un precio económico.

Con un prólogo perfectamente olvidable de Ortega y Gasset, estas cartas son artículos que desde Finlandia fue escribiendo Ganivet describiendo usos y costumbres de las tierras del norte. Con tanto ingenio y sentido del humor están escritas que algunos párrafos me arrancaron verdaderas carcajadas. Otros, sin embargo, han quedado bastante obsoletos. Le sorprende al autor que las mujeres trabajen y tengan vida propia… ¡que no pensaría si levantara la cabeza! El caso es que muchos de los adelantos que le sorprenden son cosas que ahora nos parecen perfectamente normales -como el morir en un hospital- lo que viene a demostrar que en Finlandia vivían bastante avanzados para su tiempo.

El libro acaba con una serie de biografías de escritores suecos y noruegos. Siempre es ineteresante ver como juzgaban a los que ahora consideramos clásicos sus contemporáneos. A excepción de Jonas Lie, que hoy no es considerado tan importante, Ganivet coincide bastante con el juicio de la posteridad.

Un libro divertido que nos informa tanto de las costumbres de Finlandia como de las españolas de la época. No en vano este género -recordemos las Cartas Marruecas- es excelente para criticar los usos sociales. Un ejemplo más de que los clásicos son entretenidos.

Escuchando: Classic Cars. Bright Eyes.


Extracto:[-]

Mejor un artículo que mil informes:

Para que nadie tenga nada que agradecerme, diré que yo vivo en este país a costa de España, y_que aunque no haya ningún artículo de reglamento que me obligue a escribir a mis paisanos tampoco ninguno que me lo prohiba; de suerte que soy libre para pensar como pienso que estoy obligado, y, con el sueldo que me pagan, pagado. —Otro uso nuevo, dirán mis discípulos.— No tan nuevo, contestaré yo, puesto que los célebres agentes políticos que las repúblicas italianas enviaban al extranjero, los tan decantados venecianos y florentinos, no eran más que corresponsales de periódico, habilísimos gacetilleros, injertados en políticos sutiles, que escribían sobre todas las cosas con la mayor libertad y desenfado, y nos dejaron cuadros admirables de los países en que habitaban, mientras que los i diplomáticos que se consideraban «seres superiores» < escribían despachos apelmazados y hueros, útiles sólo, en general, para que los roan los ratones erilos arhivos. Nada hay más hermoso en el mundo que la llanefa y la naturalidad, y en gran error viven los que se rodean de misterios, que el tiempo se encarga de aclarar y de presentar ante nuestros ojos como envoltura de ridiculas vulgaridades. Las ideas que los hombres tenemos deben ser como piedras, y los cargos que ejercemos como cántaros: ocurra lo que ocurra, debe romperse el cántaro. Cargos hay muchos e ideas pocas; respetemos la pureza de nuestras ideas y no la alteremos en beneficio de los fugaces intereses de nuestro medro personal, exagerado o mal comprendido.

Las viudas en Finlandia:

Un hecho que me llamó la atención a poco de estar aquí fué la abundancia de mujeres viudas. Como el estado de viudez es en cierto modo el estado ideal para una señora culta, llegué a pensar si habría de por medio algún misterio grave. La causa, sin embargo, es sencilla e inocente. Con el sistema moderno de los escalafones, un hombre no puede sostener decorosamente una familia hasta que se acerca a la vejez, y aquí con mayor motivo, por ser la vida más costosa y mayores las exigencias de las mujeres. Por otro lado, la mujer finlandesa es muy práctica y no se conforma con amar a secas; aquí no tiene aplicación el «contigo pan y cebolla», entre otras razones porque no se crían cebollas; y luego el clima conserva mucho a las personas, y para los efectos del matrimonio un hombre a los cincuenta años representa lo que en España uno de treinta y cinco a cuarenta. Las mujeres finlandesas no les hacen ascos a los viejos, y bueno es que la noticia circule. Un señor de cincuenta a sesenta años y en posición desahogada, puede aspirar a la mano de una muchacha, y lo que es más bello, a inspirar un verdadero amor, si es amor lo que aquí recibe ese nombre. Estas uniones desiguales tienen además la ventaja de que el viejo galán suele perecer pronto en la aventura y dejar a su joven esposa con medios para vivir independiente y en condiciones admirables para divertirse y ser ornamento de la sociedad. Hay un sacrificio un tanto doloroso: el de que se muere; pero la comunidad sale altamente gananciosa.

Los orígenes del esquí:

Y ya que he hablado de patinación, voy a dar a conocer en España un género de patinación nuevo y curioso, que podrá ser practicado en Granada si llega a cuajar mi proyecto de «Finlandia andaluza». La nueva patinación es muy popular en el norte de Finlandia, y en Ulcabog, ciudad importante en lo alto del golfo de Botnia, hay todos los años carreras de velocidad que despiertan gran interés. Aquí ha llegado también la moda, y los patinadores se aprestan a cambiar los antiguos patines de hierro por los modernos de madera. Éstos tienen dos, tres y hasta cuatro metros de largo, y quedan sujetos a los pies por una abrazadera colocada hacia el centro. Figurémonos un hombre de pie, con sus dos extremidades inferiores apoyadas sobre dos largos rails móviles, como un tren humano que va a ponerse en marcha: ya no hay más que empujar para que los ralis corran sobre la nieve. Para dar impulso, lleva el hombre-locomóvil dos largos bastoncillos, cuya contera está provista de una rodaja con objeto de que no se claven demasiado en el suelo; inclínase hacia adelante, y como si fuera a remar, empuja con ambos bastoncillos a la vez o alternativamente, y corre con tan extraordinaria velocidad que se queda el espectador pensando que a la humanidad le han salido corrientes eléctricas en las patas.

La muerte en Finlandia:

Es frecuente leer en las esquelas mortuorias que a diario trae la prensa, que personas de buena posición social se han muerto en éste o en aquel hospital o «sjukhus». Y según el desarrollo que van tomando las industrias curativas, pronto se morirán todos los individuos en la casa de salud que por clasificación les corresponda. Es cierto que la localización de los enfermos en edificios apropiados es útil para la curación de las enfermedades, y más útil aún para la salud pública cuando se trata de enfermedades contagiosas. A nosotros estas razones no nos decidirán nunca a enviar a nuestros enfermos a los hospitales; pero aquí basta saber que la idea es práctica para que se la acepte: con este sistema un enfermo es un gasto fijo; pero no es una molestia ni un estorbo, y la familia del paciente puede continuar la vida ordinaria. Si un niño tiene la desgracia de romperse un brazo o una pierna, se le lleva a una «bracería» o «pernería» (las palabras no están aún inventadas, pero las inventarán), y se le recoge cuando tiene compuesto el miembro roto. Hay señoras muy distinguidas que van a dar a luz a las casas de Maternidad. el mismo modo que se va a casa del dentista a sacarse un diente, se va a casa de una comadrona a salir del paso, y a los pocos días se regresa con el diente entre pañales. En cuanto a la enfermera de aquí, no tiene nada que ver con la hermana de la caridad ni con los enfermeros de nuestros hospitales. La «sjukskoterska» suele ser una señorita decente que, después de ciertos estudios y prácticas, obtiene un título y desempeña su cargo en la misma forma y con igual consideración social que si fuera maestra de un colegio o escribienta en una oficina.

Yo no he visto morirse a ningún finlandés, y aunque lo hubiera visto no iba a ser tan descorazonado que sometiera al moribundo a una «interview» in articulo mortis. Pero hay mil detalles que bastan y sobran para suplir la observación directa, y voy a dar a conocer algunos. La muerte es apacible y serena y un tanto solemne, y por raro contraste es anunciada con derroches de lirismo funerario, del que sólo hallamos ejemplos análogos en las Repúblicas sudamericanas. En los anuncios de defunción se dice casi siempre que la muerte fué tranquila y suave, y los entierros son una de las fiestas más animadas del país. Desde la casa mortuoria hasta la iglesia donde la inhumación tiene lugar, está tapizada la calle con ramas de pino; las comitivas son numerosas, marchando a la cabeza la familia del muerto, hombres y mujeres, llevando coronas. No es tampoco fácil que entierren a nadie vivo, porque el muerto está muchos días en casa. Hay sepelios que se celebran ocho o diez días después de la defunción.

Diciembre 21, 2007

José Ortega y Gasset. El Libro de las Misiones.

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Espasa-Calpe, 1940, 1942, 1944, 1945, 1950, 1955. 168 páginas.

José Ortega y Gasset, El Libro de las Misiones
El destino de cada cual

Auque este libro es de la colección Austral la portada original ha debido desaparecer en algún momento de los cincuenta y dos años de andanzas que lleva encima. No es raro, porque esas portadas eran -son- muy frágiles y se descascarillan con mirarlas.

El libro se compone de tres partes: misión del bibliotecario, misión de la universidad y miseria y esplendor de la traducción. En el esclavo lector fue amadrinado por una bibliotecaria que me indicó que la primera parte es lectura obligatoria en la carrera. Se trata de una conferencia con la que Ortega y Gasset inauguró el Congreso Internacional de Bibliotecarios celebrado en Madrid en 1935, y que me ha parecido un soberano tostón.

La misión de la Universidad, sin embargo, es perfectamente aplicable a nuestra época. Aunque hemos mejorado mucho desde entonces, parece que no hay manera de encontrar un sistema que se dedique a formar a las personas y a estimular la investigación. Pero como apunta el pensador, la culpa -o las virtudes- no son tanto de las instituciones como del país que las alberga.

En la última parte se reflexiona sobre el eterno problema ¿traducir o no traducir? haciendo elegantemente de abogado del diablo. Como dice uno de los escritores de una tertulia imaginaria, a veces la traducción mejora el texto. Habrá traducciones malas, que destrocen el contenido, no cabe duda, pero no todas tiene por qué ser así.

Escuchando: Una Temporada En el Infierno de los Grupos. Ciudad Jardin.


Extracto:[-]

—¡ Frecuente y sustancial! Hay un falso utopismo que es la estricta inversión del que ahora tengo a la vista; un utopismo consistente en creer que lo que el hombre desea, proyecta y se propone es, sin más, posible. Por nada siento mayor repugnancia y veo en él la causa máxima de cuantas desdichas acontecen ahora en el planeta. En el humilde asunto que ahora nos ocupa podemos apreciar el sentido opuesto de ambos utopismos. El mal utopista, lo mismo que el bueno, consideran deseable corregir la realidad natural que confina a los hombres en el recinto de lenguas diversas impidiéndoles la comunicación. El mal utopista piensa que, puesto que es deseable, es posible, y de esto no hay más que un paso hasta creer que es fácil. En tal persuasión no dará muchas vueltas a la cuestión de cómo hay que traducir, sino que sin más comenzará la faena. He aquí por qué casi todas las traducciones hechas hasta ahora son malas. El buen utopista, en cambio, piensa que puesto que sería deseable libertar a los hombres de la distancia impuesta por las lenguas, no hay probabilidad de que se pueda conseguir; por tanto, que sólo cabe lograrlo en medida aproximada. Pero esta aproximación puede ser mayor o menor…, hasta el infinito, y ello abre ante nuestro esfuerzo una actuación sin límites en que siempre cabe mejora, superación, perfeccionamiento ; en suma: “progreso”. En quehaceres de esta índole consiste toda la existencia humana. Imaginen ustedes lo contrario: que se viesen condenados a no ocuparse sino en hacer lo que es posible, lo que de suyo puede lograrse. ¡Qué angustia! Sentirían ustedes su vida como vaciada de sí misma. Precisamente porque su actividad lograba lo que se proponía les parecería a ustedes no estar haciendo nada. La existencia del hombre tiene un carácter deportivo, de esfuerzo que se complace en sí mismo y no en su resultado. La historia universal nos hace ver la incesante e inagotable capacidad del hombre para inventar proyectos irrealizables. En el esfuerzo para realizarlos logra muchas cosas, crea innumerables realidades que la llamada naturaleza es incapaz de producir por sí misma. Lo único que no logra nunca el hombre es, precisamente, lo que se propone —sea dicho en su honor—. Esta nupcia de la realidad con el íncubo de lo imposible proporciona al universo los únicos aumentos de que es susceptible. Por eso importa mucho subrayar que todo —se entiende todo lo que merece la pena, todo lo que es de verdad humano— es difícil, muy difícil; tanto, que es imposible.

Como ustedes ven, no es una objeción contra el posible esplendor de la faena traductora declarar su imposibilidad. Al contrario, este carácter le presta la más sublime filiación y nos hace entrever que tiene sentido.

—Según esto —interrumpe un profesor de historia del arte— tendería usted a pensar, como yo, que la misión propia del hombre, lo que proporciona sentido a sus afanes, es llevar la contra a la naturaleza.

—Ando, en efecto, muy cerca de tal opinión, siempre que no se olvide —lo que para mí es fundamental— la anterior distinción entre los dos utopismos: el bueno y el malo. Digo esto, porque la característica esencial del buen utopista al oponerse radicalmente a la naturaleza es contar con ella y no hacerse ilusiones. El buen utopista se compromete consigo mismo a ser primero un inexorable realista. Sólo cuando está seguro de que ha visto bien, sin hacerse la menor ilusión en su más agria desnudez, la realidad, se revuelve contra ella garboso y se esfuerza en reformarla en el sentido de lo imposible, que es lo único que tiene sentido.

La actitud inversa, que es la tradicional, consiste en creer que lo deseable está ya ahí como un fruto espontáneo de la realidad. Esto nos ha cegado a limine para entender las cosas humanas. Todos, por ejemplo, deseamos que el hombre sea bueno, pero el Rousseau de ustedes que nos han hecho padecer a los demás creía que ese deseo estaba ya realizado desde luego, que el hombre era bueno de suyo o por naturaleza. Lo cual nos ha estropeado siglo y medio de historia europea que hubiera podido ser magnífica, y hemos necesitado infinitas angustias, enormes catástrofes —y las que todavía van a venir— para redescubrir la simple verdad, conocida por casi todos los siglos anteriores, según la cual el hombre, de suyo, no es sino una mala bestia.

O para volver definitivamente a nuestro tema; tan lejos está de quitar sentido a la ocupación de traducir subrayar su imposibilidad, que a nadie se le ocurre considerar absurdo el que hablemos unos con otros en nuestro materno idioma y, sin embargo, se trata también de un ejercicio utópico.

Agosto 3, 2007

Rómulo Gallegos. Doña Bárbara.

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Ed. Espasa-Calpe, Col. Austral, 1941, 1942, 1942, 1943, 1943, 1944, 1944, 1945, 1946, 1947, 1948. 300 páginas.

Rómulo Gallegos, Doña Barbara
Mujer de armas tomar

Rómulo Gallegos no es nuevo en este Cuchitril. Empecé a leerlo porque Bolaño ganó el premio que lleva su nombre; un motivo pedestre pero que me ha llevado a conocer a un gran autor.

Doña Bárbara es el libro más famoso del autor. El ejemplar que tengo, de la famosa colección Austral que se me cae a cachos, es de 1948 y ya llevaba once ediciones. No quiero ni pensar las que tendrá ahora. Un verdadero éxito de ventas.

Santos Luzardo, un joven de ciudad, viaja a los llanos para hacerse cargo de una hacienda. Allí se encontrará con Doña Bárbara, la devoradora de hombres, salvaje, bella y terrible a la vez. Doña Bárbara es la cacique del territorio y tiene corrompida a la ley. Un hombrecito como Santos parece poca cosa para plantarle cara pero ¿quién sabe?

No es extraño que el libro haya tenido tanto éxito; tiene todos lo ingredientes para ello: acción, exotismo, una mujer arrebatadora con caracter, el paisaje inigualable de la cuenca del Orinoco. Personalmente prefiero Canaima, donde Rómulo Gallegos explota mejor su dominio del habla coloquial y dialectal, pero hay que reconocer que Doña Bárbara tiene más fuerza, es más fresco.

Su único defecto: el aire un poco de folletín de ciertas partes de la trama. Algo inevitable en un cuadro pintado con colores tan fuertes. El enfrentamiento entre la esperanza del progreso y la barbarie de la corrupción es una constante de toda la obra del autor, y es en este libro dónde se presenta en su forma más maniquea.

¿Quieren un relato interesante en un marco exhuberante? ¿Quieren entretenimiento de calidad? ¿Un best-seller sin templarios ni códigos secretos? Éste es su libro.

Escuchando: Las Chicas Son Guerreras. Coz.


Extracto:[-]

Y como él replicara, poseedor orgulloso.

—Sí. Cada uno de los hombres, todos aborrecibles para ti; pero, representándotelos, uno a uno, yo te hago amarlos a todos, a pesar tuyo.

Ella concluyó rugiente:

—Pero yo los destruiré a todos en ti.

Y este amor salvaje, que en realidad le imprimía cierta originalidad a la aventura con la bonguera, acabó por pervertir el espíritu ya perturbado de Lorenzo Barquero.

Ni aún la maternidad aplacó el rencor de la devoradora de hombres; por el contrario, se lo exasperó más: un hijo de sus entrañas, era para ella una victoria del macho, una nueva violencia sufrida, y bajo el imperio de este sentimiento concibió y dio a luz una niña, que otros pechos tuvieron que amamantar, porque no quiso ni verla siquiera.

Tampoco Lorenzo se ocupó de la hija, súcubo de la mujer insaciable y víctima del brebaje afrodisíaco que le hacía ingerir, mezclándolo con las comidas y bebidas, y no fué necesario que transcurriera mucho tiempo para que de la gallarda juventud de aquel que parecía destinado a un porvenir brillante, sólo quedara un organismo devorado por los vicios más ruines, una voluntad abolida, un espíritu en regresión bestial.

Y mientras el adormecimiento progresivo de las facultades —días enteros sumido en un sopor invencible— lo precipitaba a la horrible miseria de las fuentes vitales agotadas por el veneno de la pusana, la obra de la codicia lo despojó de su patrimonio.

La idea la sugirió un tal coronel Apolinar que apareció por allí en busca de tierras para comprar con el producto de sus rapiñas en la Jefatura Civil de uno de los pueblos de la región. Ducho en argucias de rábulas, como advirtiese la ruina moral de Lorenzo Barquero y se diese cuenta de que la barragana era conquista fácil, se trazó rápidamente su plan y, a tiempo que empezaba a enamorarla, entre un requiebro y otro, él insinuó:

—Hay un procedimiento inmancable y muy sencillo para que usted se ponga en la propiedad de La Barquereña, sin necesidad de que se case con don Lorenzo, ya que, como dice, le repugna la idea de que un hombre pueda llamarla su mujer. Una venta simulada. Todo está en que él firme el documento; pero eso no es difícil para usted. Si quiere, yo le redacto la escritura de manera que no pueda haber complicaciones con los parientes.

Y la idea encontró fácil asidero.

—Convenido. Redácteme ese documento. Yo se lo haré firmar.

Así se hizo, sin que Lorenzo se resistiera al despojo; pero cuando ya se iba a proceder al registro del documento, descubrió Bárbara que existía una cláusula por la cual reconocía haber recibido de Apolinar la cantidad estipulada como precio de La Barquereña y comprometía la finca en garantía de tal obligación.

Enero 25, 2006

Romulo Gallegos. Sobre la misma tierra.

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Ed. Espasa-Calpe, Col. Austral, 1944, 1946, 1950, 1961. 207 páginas.

SobreMismaTierra
Explotación petrolera

Éste es otro de los libros que compré en Granada, decidido a intentar leer la obra de Rómulo Gallegos. Me queda Doña Bárbara, pero ya caerá. Otro libro de la Colección Austral, a la que ya expliqué que le tengo especial cariño.

Demetrio Montiel Montiel de los Montieles, quizá abrumado por lo extremadamente linajudo de su apellido, y gracias a su carácter indómito, no está muy por la labor de seguir la tradición familiar:

—Pero yo nací desnudo en pelota —solía decir después— y como en mi casa me vistieron de ajeno sin pedirme permiso al echarme encima tantos Montieles de la Calle Derecha, fui a desvestirme de ellos en El Saladillo, para hacerme un traje a mi medida desde pequeño.

Y dejó tirados todos sus Montieles por las calles del barrio escandaloso, donde dio puñetazos, se enredó en palizas y vio dar puñaladas, sin que grimas de sangre le turbaran la sonrisa de su serenidad.

Pero no cuenta el libro las aventuras de Demetrio, sino las de su hija, que después de huir a los Estados Unidos regresará a una Venezuela en la que la riqueza del petróleo está comenzando a transformar todo.

Si al final de Canaima Gallegos parecía desencantado de la capacidad de un hombre con todas las de la ley para transformar su entorno, dejando como posible esperanza las realizaciones de su hijo, en este libro encontramos una confirmación. Al autor ya no le interesan las demostraciones de hombría de los aventureros con coraje y buen corazón. La protagonista es una hija que, aunando coraje y sentido común, quizá pueda tener mejor suerte.

La calidad de la prosa no es comparable -ni en riqueza ni en variedad de registros- a la de Canaima, pero no crean que estamos ante un mal libro. Todo lo contrario. Unos personajes memorables, una escritura a la altura del resto de sus obras, y un excelente cuadro sobre el origen de la explotación petrolífera en Venezuela conforman un libro más que recomendable.


Leyendo a Bolaño sabía que Rómulo gallegos vivió en Barcelona: él había visto una placa tal y como comentaba en esta entrada. Todos mis intentos de localizar la susodicha placa fueron en vano. Ni siquiera google sabía la respuesta.

Pues bien, aquí la tienen:

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Situada en esta esquina:

000_0021

(click para hacerlas más grandes)

Ignorante de mí pasaba todos los días frente a ella al volver del trabajo a casa. Sólo que nunca me había parado a observarla. Pueden imaginarse mi sorpresa cuando, no se todavía muy bien por qué, decidí fijarme un poco más en ella y descubrí que era la famosa placa que andaba tanto tiempo buscando.

Si es un perro, me muerde.

(Un día, un libro 289/365)
Escuchando: The good red road. Devendra Banhart.

Diciembre 14, 2005

Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (II)

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Editorial Espasa-Calpe, (34 ediciones de 1940 a 1986). 680 páginas.

CervantesQuijote
Novela moderna

Seguimos con la segunda parte de Don Quijote. Éste vuelve de aventuras con Sancho porque el bachiller Sansón Carrasco tiene un plan; lo vencerá en combate y le obligará a abandonar para siempre la vida de caballero errante. Lo que no se puede imaginar es que será él el vencido y Don Quijote seguirá camino sucediéndole las también famosas aventuras del encantamiento de Dulcinea, la de los leones, las bodas de Camacho, el caballo Claviceño, el gobierno de la Ínsula Barataria y la visita a Barcelona, entre muchas otras.

Si en la primera parte había muchos cuentos y pocas aventuras, en la segunda nos encontramos todo lo contrario. Don Quijote y Sancho son los protagonistas absolutos. Ganan cuerpo. Don Quijote ya no es el loco del pueblo, ni Sancho el tonto. Se convierten en el arquetipo que todos conocemos; estamos ante el nacimiento de la novela moderna.

La primera parte había sido una novela de éxito; tanto que le habían salido imitadores. Como decía Santino en este comentario Cervantes escribió la segunda parte por culpa del Quijote de Avellaneda. A tanto llegó la cosa que, aunque en la primera parte se dice que Don Quijote estuvo en Zaragoza, Cervantes cambió su destino por Barcelona para llevar la contraria a la continuación espúrea. Durante toda la novela son constantes las alusiones al éxito de la primera parte, en una especie de discurso metaliterario. Los protagonistas no son unos desconocidos; son unas estrellas allá por donde van.

Incluso podemos ver una especie de antecesor a la inversa de Magritte. Si éste afirmaba en algunos de sus cuadros que lo allí dibujado ‘no era una pipa’, veamos lo que le pasaba al pintor Orbaneja,

-Ahora digo -dijo don Quijote- que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algún ignorante hablador, que, a tiento y sin algún discurso, se puso a escribirla, salga lo que saliere, como hacía Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba, respondió: ”Lo que saliere”. Tal vez pintaba un gallo, de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: “Éste es gallo”. Y así debe de ser de mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla.

En la entrada anterior comentaba que yo ya había leído el Quijote antes de que me lo mandaran en la escuela. Bien, no exactamente. Había leído una espléndida adaptación a tebeo. Muy respetuosa con el texto original (que sigue prácticamente al pie de la letra), y con una ambientación realista de paisajes de La Mancha. Una adaptación que se quemó en el incendio pero que mi mujer me regaló en nuestras primeras navidades juntos. Vean una muestra:

Quijote1 Quijote2
Quijote3 Quijote4

(Pinchando en las imágenes podrán verlas más grandes)

Seguro que tienen un ejemplar del Quijote en su casa, porque ya lo tenían o porque lo han compraado en este año. Olvídense de que es un clásico y léanlo; les aseguro que se divertirán.

(Un día, un libro 248/365)
Escuchando: Tu boca. Ely Guerra

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