Cuando la realidad supera a House
Seas un seguidor incondicional -como yo- o uno de sus detractores, es innegable que el Dr. House es todo un personaje. Inspirado en Sherlock Holmes su capacidad deductiva en el campo médico es tan impresionante como la del investigador de Baker Street. No hay diagnóstico que se le resista, por complicado que sea.
Pero no todas las historias tienen un final feliz. En el episodio número 10 de la primera temporada, Historias, una indigente entra en una fiesta y cae inconsciente. Para averiguar que le puede estar pasando el equipo del doctor House visita los lugares que aparecen en los dibujos enfebrecidos de la paciente. Finalmente obtienen el diagnóstico: unos murciélagos le han transmitido la rabia. Según lo establecido una vez aparecen los síntomas no hay tratamiento efectivo. La indigente -interpretada por Leslie Hope, la mujer de Jack Bauer en la serie 24- muere.
Un caso real
En octubre de 2004 la joven de quince años Jeanna Giese empezó a perder la sensibilidad en la mano izquierda y se le debilitó la pierna izquierda. También tenía visión doble y, tras pasar una semana ingresada en un hospital local, empezó a manifestar letargo y falta de coordinación. Parecía un típico caso de encefalitis. Como las imágenes de su cerebro eran normales y no mostraba síntomas de infección la enviaron al Hospital Infantil de Wisconsin.
Nunca hubieran descubierto que le pasaba si el médico local de Jeanna Howard Dhonau no hubiera seguido uno de los consejos básicos que se dan a los estudiantes: volver a preguntar lo que había sucedido. Descubrió que un murciélago se había estampado contra una ventana interior de su iglesia y que al recogerlo le había mordido en un dedo. La rabia era una posibilidad.
Tras analizar el transcurso de la enfermedad, realizar diferentes pruebas y descartar definitivamente otras enfermedades como la Polio o el virus del Nilo Occidental confirmaron el diagnóstico. No se conocía ningún caso de supervivencia tras mostrar los sintomas: Jeanna estaba condenada y lo único que podían hacer era mitigar sus dolores antes de la muerte.
Buscando lo imposible
El doctor Rodney E. Willoughby Jr. no es House, pero decidió no tirar la toalla. Como cualquier alternativa era mejor que una muerte anunciada se dedicó a una exhaustiva investigación; quizás existiera algo que podría ayudar a su paciente.
Consultó la bibliografía médica en la red, pero no apareció ningún descubrimiento reciente. Consciente de que hay un retraso entre la investigación y su publicación se puso en contacto con Cathleen Hanlon, experta en rabia del CDC. Pero la doctora Hanlon no tenía buenas noticias; no había surgido ningún avance prometedor. Buscó en tratamientos experimentales que se estuvieran probando en animales: no encontró nada, pero empezó a pensar en un enigma que desconcierta a los expertos. En el cerebro de los pacientes que mueren de rabia no se detecta ninguna anomalía. El sistema inmunitario humano acaba derrotando al virus, pero demasiado tarde.
El problema está en que el cerebro infectado por el virus de la rabia mata al paciente antes de que el sistema inmunitario esté preparado para acabar con él. Esto le indicó una posible solución: si se pudiera desactivar el cerebro mientras el virus está vivo se podrían evitar los daños para el organismo.
El milagro
El plan era inducir un coma a la paciente mientras seguían tratándola. Reunieron a un equipo de expertos; Michael Chusid, experto en enfermedades infecciosas, Kelly Tieves y Nancy Ghanayem tenían experiencia en minimización de trastornos cerebrales, Catherine Amlie-Lefond, neuróloga especializada en infecciones víricas, Mike Schwabe, experto en epilepsia y George Hoffman el anestesiólogo. Se le suministró ketamina y midazolam para inducir el coma, porque se había descubierto que la ketamina inhibía el virus de la rabia en las neuronas corticales de la rata. Varios antivíricos se encargarían de apoyar al sistema inmunitario; amantidina -que también desconectaría los receptores NMDA neuronales y ribavirina, antivírico de uso general que, aunque se había demostrado ineficaz en pacientes de rabia, fue recomendado por el experto.
El sistema inmunitario tardaría entre cinco y siete días en fabricar anticuerpos pero, aunque estos fueran eficaces, la paciente podía quedar incapacitada. Cuando la sacaron del coma todavía tenía parálisis total. Al día siguiente intentó abrir los ojos. A los doce días se incorporó en la cama. Todavía tenía problemas para hablar o deglutir, y William Rhead, genetista del hospital, le diagnosticó deficiencia de biopterina. Tras la administración de biopterina progresó a buen ritmo y abandonó el hospital el uno de enero de 2005. Hoy está totalmente recuperada y este año acabará sus estudios de secundaria.
Un caso único
Este protocolo se ha probado en otros pacientes y no ha funcionado, quizás por que no se haya seguido al pie de la letra o porque el virus de la rabia de los murciélagos sea más débil que el transmitido por perros. Queda abierta la investigación para que en el futuro la rabia deje de ser una enfermedad mortal. Se haya encontrado o no un protocolo efectivo, seguro que este es un caso que le hubiera gustado firmar al doctor House.
Los datos de esta entrada se han extraído del artículo del doctor Rodney E. Willoughby Jr. publicado en el Investigación y Ciencia de Junio de 2007.
Actualización:Al-Kit nos pasa el enlace al paper del caso:Survival after Treatment of Rabies with Induction of Coma


