Jenofonte. Recuerdos de Sócrates
Biblioteca general Salvat, 1971. 172 pag.
La colección de la Biblioteca General Salvat la voy completando poco a poco, y causalmente había comprado el libro anterior de Platón y este en el mismo puesto. Decidí hacer doblete y leer los dos seguidos para poder apreciar mejor las diferencias entre el Sócrates al que nos tiene acostumbrado Platón, y el de estos recuerdos de los que, en un principio, ignoraba todo.
Jenofonte también fue discípulo de Sócrates, y se supone que uno de los propósitos de este libro fue hacer una defensa de su maestro. El último capítulo es también (como en el libro que reseñábamos hace unos días) una ‘Apología o defensa ante el jurado’, aunque a diferencia de la de Platón no está narrada en primera persona. Se cree que esta apología fue lo primero que escribió Jenofonte y que el resto del libro fue una ampliación de la misma.
Consta de cuatro libros, en los que va narrando, con una ligera unidad temática, diversas anécdotas protagonizadas por un Sócrates menos filosófico que el de Platón, más práctico, aunque preocupado por los mismos temas: la naturaleza del conocimiento, la justicia, la virtud, el buen gobierno. La estructura de lo relatado toma bastante el modelo del diálogo, lo que nos hace suponer que efectivamente ese debía ser el estilo característico de Sócrates.
Las notas a pie de página son de lo mejor del libro. No sólo ayudan a poner en relación el libro con el contexto de la Atenas del momento, sino que también nos sirven como programa del corazón al comparar los personajes que aparecen aquí con los de los textos de Platón. Como mínimo es curioso averiguar que mientras que Platón sólo aparece una vez en todo el libro, Jenofonte no aparece en ningún diálogo escrito por Platón.
La filosofía de Platón nunca ha sido de mi agrado y aunque respeto la figura de Sócrates siempre he pensado que la estructura del diálogo es un poco tramposa; los adversarios no están a la altura y son meros comparsas. Con unos interlocutores algo más vivos otro gallo nos cantara. Una de las mejores cualidades de este libro es que la figura de Sócrates no es tan omnipotente, quizá porque el motivo principal era, como decíamos al comienzo, defenderlo de la acusación que lo había llevado a la muerte.
Sé que recomendar la lectura de un combinado de Platón+Jenofonte no es precisamente lo que está de moda, sobretodo a los que como yo lo hacemos por puro placer. Pero no me voy a privar de ello; les aseguro que lo disfrutarán.
(Un día, un libro 164/365)
Escuchando: Sable chino. Fito Paez.



