Cuchitril Literario

Julio 23, 2007

Jorge Herralde. Para Roberto Bolaño.

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El acantilado, 2005. 94 páginas.

Jorge Herralde, Para Roberto Bolaño
Homenaje

Se queja Antonio Jiménez Morato de que editoriales como Anagrama se limitan a vivir del prestigio adquirido. Puede ser. Pero aunque sólo sea por haber editado a Roberto Bolaño -cuando todas las editoriales le cerraban las puertas- Jorge Herralde tiene toda mi admiración.

Este es un librito breve -se lee apenas en media hora- que recoge el texto que leyó Herralde en el funeral de Bolaño, dos intervenciones en sendos homenajes, un artículo aparecido en la revista Turia sobre datos editoriales de 2666 y las respuestas a tres cuestionaros de periódicos. Como ven, apenas nada, un ejercicio de nostalgia y homenaje para los que como yo son incondicionales del escritor chileno.

Un apunte; Isabel Allende, a quien Bolaño llamó escribidora se despachó así en una entrevista:

No me dolió mayormente porque él hablaba mal de todo el mundo. Es una persona que nunca dijo nada bueno de nadie. El hecho que está muerto no lo hace a mi juicio mejor persona. Era un señor bien desagradable.

Juzguen ustedes quien es más desagradable.

Otro apunte; los datos de ventas de los libros de Bolaño. Estrella distante, pese a sus buenas críticas, sólo vendió 951 ejemplares el primer año. Llamadas telefónicas, aún más elogiada -crónica en el País de Vila-Matas incluída- y Premio Municipal de Literatura 1988 de Chile vendió 2651 ejemplares. Quizás tenía razón Neus Arqués al opinar que las buenas críticas no influyen en las ventas. Sin embargo de 2666 se vendieron 30.000 ejemplares en cinco ediciones. Saquen sus propias conclusiones.

Último apunte -fotográfico-, Bolaño con los poetas infrarealistas:

Poetas Infrarealistas

Escuchando: No Water In My Eyes. Les Reines Prochaines.


Extracto:[-]

En dicha antología, a cargo de Roberto Bolaño, figuran tres infrarrealistas: el propio Bolaño y Mario Santiago —es decir, el Arturo Belano y el Ulises Lima de Los detectives salvajes— y también Bruno Montana, el aún más joven poeta chileno —que aparece en la novela como Felipe Müller—. El origen de la palabra infrarrealismo proviene, claro está, de Francia. Emmanuel Berl la atribuye al surrealista (sobrerrea-ista) Philippe Soupault: él y sus amigos «habían fundado un club de la desesperanza, una literatura de la desesperanza». El infrarrealismo (o real visceralismo en la novela) fue un movimiento sin manifiesto, una especie de «Dada a la mexicana» (en palabras de Bolaño), cuyos componentes irrumpían en los actos literarios boicoteándolos, incluso los del mismísimo Octavio Paz. En una conversación con Roberto, Carmen Boullosa le cuenta su pavor, antes de dar una lectura poética, de que aparecieran los temibles «infras»: «Eran el terror del mundo literario», afirma Boullosa. Temibles pero desesperados, marginados.

En uno de los poemas, Bolaño escribe: «Los verdaderos poetas tiernísimos / metiéndose siempre en los cataclismos más atroces, / más maravillosos / sin importarles / quemar su inspiración / sino donándola / sino regalándola / como quien tira piedras y flores. / Oye, poeta, le dicen, / enchufa el amanecer.»

Y en otro poema: «Algo inevitable, / como enamorarse 100 veces de la misma / muchacha.»

Y finalmente en otro: «La certeza de una muerte esbelta y temprana.»

O sea, en esas estrofas, un concentrado, una pildora de la vida y muerte de Roberto Bolaño.

En la antología brilla el talento de Mario Santiago, quien, después de Bolaño, es el mejor poeta. Cabe subrayar un poema titulado «Consejos de un discípulo de Marx a un fanático de Heidegger», un título que Bolaño parafraseará en su primera novela, escrita con Antonio G. Porta, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. En dicho poema, dedicado a «Roberto Bolaño y Kyra GaWán camaradas & poetas», Mario Santiago escribe: «el Azar: ese otro antipoeta & vago insobornable» y también constata «unas ganas despeinadas de morder & ser mordido».

En ambos poetas ya figura, pues, un homenaje al maestro Nicanor Parra y su vocación de perros románticos, a menudo perros rabiosos, y desde luego perros apaleados.