Cuchitril Literario

Enero 4, 2008

José Antonio Millán. Nueva Lisboa.

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Editorial Alfaguara, 1995. 352 páginas.

José Antonio Millán, Nueva Lisboa
Sherezade virtual

En algún sitio de esta bitácora he comentado mis despites con los nombres de los escritores. Este libro lo compré pensando que era de Juan José Millás -hay que ser zoquete- pero siempre acabo teniendo suerte. Es un libro que vale la pena.

En un futuro lejano la humanidad ha preferido vivir en un entorno virtual simulado olvidando la realidad. Pero el último hombre sobre la tierra se enfrenta a la inteligencia artificial que controla el mecanismo. Puede acabar de sellar el pacto y dejar que toda la humanidad siga en sus sueños felices o elegir la vida real. Para ayudarle a tomar esa decisión el sistema artificial lo introducirá en un laberinto de historias.

La estructura del libro es la de las muñecas rusas: dentro de cada historia hay otra historia. Un navegante espacial narra sus desventuras en un planeta en el que era rey y una mujer le entretenía leyendo un libro en el que por casualidad aparece la historia de una mujer que entra en una realidad virtual -la Nueva Lisboa del título- y después de ciertas aventuras se pone a ver una película sobre una persona que viaja en el tiempo cada día que intentará que un escritor acabe una novela que… Todas las historias irán cerrándose dando respuesta a la pregunta del protagonista.

El tema de fondo siempre es el mismo: la realidad frente a lo virtual. En un sentido amplio, también la literatura construye un mundo virtual en el que podemos vivir. La novela es buena, es la segunda vez que la leo y me ha gustado tanto como la primera vez. Es una pena que José Antonio Millán no sea más prolífico, aunque siempre podemos visitar su página web y su bitácora El futuro del libro.

Escuchando: Hello Heavenly. Keziah Jones.


Extracto:[-]

La Nueva Lisboa que le había correspondido estaba a seiscientos kilómetros al norte, pero en su mismo distrito, de modo que un trayecto normal en el Tubo le pondría a sus puertas.

El azar le sentó al lado de un rodos, o al menos de alguien que llevaba el pelo como uno de ellos, y le miraba con ojos muy abiertos. No tardó mucho en descubrirse como un asiduo del Caldo.

—Con ésta llevaré, si Dios quiere, diez veces que me mojo.

—Vaya…

—Sí, y además he quedado con varios amigos allí. Se mojarán unos en Nueva Lisboa II, otros en la III; hemos sincronizado nuestras entradas. Somos amigos de Salto. Saltamos juntos desde hace años, empezamos en Johannesburgo. Usted sabe, el I es el africano.

Sonia contestó que ésta era su primera vez. No mencionó los largos años de ahorro, ni la noche, hacía varios meses, en que ella y su marido arrojaron la moneda al aire (y con frecuencia pensaba que habría sido mejor perder). Pero su acompañante, con tantos saltos, ¿no sería un millonario?, o tal vez había ganado puntos de una partida para otra.

—Ah, pues es algo delicioso —le animaba ahora—, tan real. Y quien pueda procurarse algunas cosas, pues ahí tiene el Ocho… Allí no hay peligro, ¿sabe? ¿Cómo va a haberlo? Algunos alquilamos automóviles, incluso, y corremos —se frotó las manos—. Y luego el Juego, claro. He buscado la cartera —Sonia conocía la variante más antigua del Juego, «La cartera perdida»—, pero confío en que esta vez sea algo cooperativo, como «Detrás de Rita»; mis amigos y yo vamos a formar equipo. Tenemos una cita en un viejo bar: ¡tranquiliza saber que todo permanece como lo dejaste, salto tras salto! Pero a alguno ni le conoceré. Ya sabe; es como en el Paraíso: a lo mejor resulta que el bienaventurado de al lado es tu esposa, pero permanecéis ajenos. Más de uno ya habrá acumulado bonificaciones exteriores, y te lo encuentras más alto, moreno, con todo el pelo —y se reía tapándose la boca: no llevaba mascarilla—… Claro que si el sesgo es individual nos convertiremos en rivales.

El Tubo zumbaba y se notaba el olor acre de las grandes aceleraciones. Sonia preguntó, bruscamente:

—¿Duele?

—En ningún momento, lo más doloroso fue eso —y señaló su cuero cabelludo. No se veía, claro, pero allí es donde debían de haberle implantado, una y otra vez, las diminutas unidades de conexión—. No es dolor, es desconcierto, o algo parecido a la sensación de estar borracho, o entrando en un sueño. Uno ve las calles, la gente; puede tocar incluso una verja de hierro: está fría y dura. Pero uno sabe que no es de verdad… O lo sabe al principio; luego, todos nos olvidamos: ¡hay tanto que hacer!

Sonia puso cara de concentración, esperando que fuera freno suficiente para su compañero de asiento, y recordó cuando, hacía veinte años, había comenzado el Campo. Puede que incluso presenciara por el canal la apertura de la Nueva Lisboa I, en Johannes-burgo. Recordaba haber visto en la pantalla el colosal monumento de ingeniería que había sido su sede: la Columna, luego replicada a escala menor en cada una de las Estaciones.

xxi. ¿PUEDO HACER LO QUE QUIERA EN EL CAMPO?

Durante la simulación se suspenderá temporalmente la vigencia de determinados artículos del Código Penal (véase la relación adjunta). Esto tiene por objeto animar las incidencias del Juego, pero cualquier abuso que se cometa fuera de este marco conducirá a penalizaciones. Determinadas acciones dispararán el mecanismo de retorno automáticamente, sin perjuicio de ulteriores sanciones.

XXII. LO QUE HAY QUE OBEDECER

Cualquier indicación u orden que aparezca marcada con el característico resplandor azulado deberá ser cumplida lo antes posible.
Todas las pistas o indicios propios del juego le llegarán por vía normal, y su seguimiento o no queda a la estrategia del jugador.

Setiembre 14, 2007

José Antonio Millán. Perdón, imposible.

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Editorial RBA, 2006. 174 páginas.

JOsé Antonio Millan, Perdón Imposible
Puntuemos bien

José Antonio Millán es un escritor especializado en escritura electrónica, y tengo pendiente para relectura en el esclavo lector su novela Nueva Lisboa que desde ya recomiendo.

En este caso recibió el encargo de preparar un libro que tratara el tema de la puntuación, y con mucho cariño preparó este texto, para orientación de todos los que nos expresamos en español. El resultado merece la pena; el autor nos guía con mano experta por los vericuetos del correcto uso de los signos de puntuación. Desde la maravillosa coma, hasta el definitivo punto, aprendiendo de paso cuando aparecen los diferentes signos y sin olvidarnos de aquellos que, por ser menos frecuentes, quizás no utilicemos demasiado bien: El guión, las comillas…

Una lectura muy agradable que no impone normas, sino consejos, porque no siempre la puntuación es única y que recopila mucha información para desvelar el misterio de una parte importante del buen estilo. Ameno e instructivo.

Escuchando: Sábado noche. Moris.


Extracto:[-]

Realizamos un acto cívico en la Municipalidad, compartimos un suculento almuerzo y después nos entregamos a cortar peras, manzanas y ciruelas.

Fijémonos en que a pocas palabras de distancia la coma está funcionando a dos niveles muy distintos: uniendo oraciones («realizamos…» y «compartimos…»), y uniendo complementos directos dentro de la última oración («peras» y «manzanas» ). Puede parecer extraño decir que la coma une, pero es así: si suprimiéramos los miembros que llevan la conjunción lo más normal sería que las comas se transformaran en y:

Realizamos un acto cívico en la Municipalidad y compartimos un suculento almuerzo. Después nos entregamos a cortar peras y manzanas.

Pero en realidad lo que decide el significado de la coma es la conjunción que está al final de la enumeración: el siguiente artículo del Código Penal castiga la «fabricación o tenencia» de materiales o de instrumentos o de sustancias…, porque la conjunción o cierra la enumeración.

La fabricación o tenencia de útiles, materiales, instrumentos, sustancias, máquinas, programas de ordenador o aparatos, específicamente destinados a la comisión de los delitos descritos en los capítulos anteriores, se castigarán con la pena señalada en cada caso para los autores.

Por otra parte, ¿por qué se ha puesto una coma tras «aparatos» ? Tal vez para que no haya ninguna duda de que la frase «específicamente […] anteriores» se refiere a todos los miembros de la lista, desde los útiles hasta los aparatos (y no sólo a estos últimos). La prosa legal no debe dejar margen para la ambigüedad, aunque a veces lo consiga mediante la sobrepuntuación.

Sin motivo, no hay por qué poner una coma antes de la conjunción y u o de una enumeración. Ponerla antes de y era frecuente en la época de Cervantes —lo veremos en el capítulo jo—, aunque hoy no se usa (en inglés, en cambio, es muy frecuente verla, de modo que los traductores deben estar alerta). Sin embargo hay casos en los que indica la adición de nuevas circunstancias cada una de las cuales refuerza la impresión inicial, como este ejemplo de Miguel Mihura (en el que sin embargo me sobra la segunda coma, tras «niños»):

Pero el niño seguirá llorando desconsoladamente, con ese terrible llanto de los niños, que no parece circunstancial, sino definitivo: un llanto que les seguirá ya siempre, aun cuando tengan setenta años, y sean ya viejos, y tengan barbas y bigotes, y ocupen un cargo de gran director en una oficina.

La coma que puede asegurarse con alta probabilidad que es innecesaria es la que separa el sujeto y el verbo de una oración. Veamos esta declaración cubana:

Todos los hombres, merecen un trato social sin discriminación alguna;

Esta coma tras el sujeto no hace ninguna falta[…]