Ediciones Destino, 1982. 274 páginas.

Tierno microscopio
El único libro que había leído de Josep Pla hasta ahora me impactó tan poco que ni siquiera recuerdo el título. Pero es un autor tan aclamado que tenía que seguir insistiendo. Por suerte.
El libro está escrito, en palabras del autor, con la técnica del espejo. Un reflejo de una parte de la sociedad. En este caso los personajes que pueblan la calle estrecha de un pueblo provinciano donde el protagonista ha recalado para ejercer como médico.
Vaya si tenían razón los que alababan a Josep Pla. Cualquiera puede describir la vida de un pequeño pueblo, pero muy pocos tienen el talento para meter dentro a toda la humanidad. Los libros de este tipo muchas veces se disfrutan también por la parte de crónica de otras culturas o de otros tiempos. En este caso la crónica es lo de menos: el buen hacer es lo más importante.
Me ha gustado tanto que ya me he comprado El quadern gris; en catalán, para que no me riñan. Un libro excelente.
Escuchando: Tracks and Lines. Eric Clapton.
Extracto:[-]
No teniendo nada más urgente que hacer, he ido a dar una ojeada a la calle Estrecha.
Cuando Torrelles tenía murallas, una de las puertas del recinto se abría frente a poniente. Todavía es visible un vestigio de torre que confirma el hecho. En esta puerta se iniciaba un camino que después de ondular por la parte más llana y rica del término va a parar hacia las masías escalonadas sobre la cumbre. A partir del cinturón de la muralla, de un lado a otro de este camino se construyeron unas casas que forman la actual calle Estrecha. Casi todas ellas pertenecen al siglo xvm y responden, más que al refinado gusto del siglo, a una concepción un poco abdominal de la solidez. Pero últimamente han sufrido tantas reformas y modificaciones que exteriormente son imposibles reconocerlas. Solamente les queda el alero, la oreja baja del tejado que parece estar hecha a propósito para que debajo hagan sus nidos los vencejos y golondrinas.
Hoy en día la calle Estrecha queda comprendida en el ensanchamiento que ha sufrido Torrelles. Empieza en la Carretera y termina en la pequeña plaza del Olmo, pero a continuación de esta pequeña plaza hay todavía distintas calles, de manera que se puede muy bien decir que esta calle es de las más céntricas. En la plaza del Olmo — que es vagamente triangular y pequeña — he tratado de ver si encontraba el olmo que sin duda dio el nombre a la plazoleta: pero no he visto ningún árbol y menos todavía un olmo. El camino vecinal que iba a las masías y que se iniciaba en esta pequeña plaza, se ha convertido actualmente en una pequeña carretera provincial. Y como que sospecho que será esta mi carretera, la he seguido hasta las afueras del pueblo y, aunque muy polvorienta, me ha parecido muy bonita.
La calle Estrecha, propiamente dicha, debe tener como máximo unos ciento treinta metros de longitud. Su forma es curvilínea — la misma forma que toma la parte central de una serpiente al arrastrarse por el suelo.
Utilizo la forma de la serpiente por comodidad y al mismo tiempo para hacerme entender. También hubiera podido decir que su trazo se asemeja a las alas de un pájaro cuando las tiene en posición horizontal y tirantes y completamente extendidas; es decir, cuando el pájaro planea. Esta forma evita que desde la entrada de la calle se vea la salida y viceversa, a pesar de ser una calle tan corta. Y todavía es más, pues desde su centro tampoco se ve ni la entrada ni la salida.
En esta calle no he visto, a pesar de mis esfuerzos y buena voluntad, ningún elemento sublime ni pintoresco; tiene una nota de una obviedad indiscutible: realmente es estrecha. En sus dos orillas hay un bordillo de piedra sobre el cual puede circular un ser humano con una evidente facilidad. De todas formas si esta persona fuera muy voluminosa, como aquellos hombres tan gordos que antes se veían con frecuencia por el país y que ahora parece que se hayan marchado al otro mundo por delicadeza, silenciosamente, los bordillos de la calle serían insuficientes. Por el centro de la calle — que está adoquinada con baldosas salpicadas de ojos de culebra — puede circular un carro o una tartana fácilmente.