Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

mayo 22, 2012

Juan Aparicio-Belmonte. El disparatado círculo de los pájaros borrachos.

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Juan Aparicio-Belmonte, El disparatado círculo de los pájaros borrachos
Lengua de trapo, 2006. 252 páginas.

Si no me equivoco lo vi recomendado aquí: El disparatado círculo de los pájaros borrachos, Juan Aparicio-Belmonte y he hecho mal no en leerlo, sino en empezar por este libro que hace referencia a otros anteriores.

El escritor Pellitero está detenido por un crimen que dice no haber cometido, mientras la inspectora Micol, antigua amante suya, sigue sospechando de él. Quizás en el texto de su última novela, donde aparece un Mesias bromista y un fin del mundo que parece inminente, esté la clave.

Los textos de la novela dentro de la novela y la novela propiamente dicha (si es que existe tal) se relacionan e influyen. Que la supuesta realidad aparezca en una novela es normal, el proceso inverso tan solo se da en la ficción, porque si A escribe un personaje B y éste a su vez escribe a A ¿Cómo es posible? Si hay un escritor C que los ha escrito a ambos. Si a esto le añadimos una estructura circular ya tenemos un andamiaje que en manos de algún escritor pretencioso tendría alabanzas de la crítica miope. Como está al servicio de un espíritu lúdico, no tendrá esos aplausos.

Aquí hay palos para todo el mundo: desde el editor incompetente hasta la artista conceptual un poco cerril. Para la política, para la sociedad y, en definitiva, para la estupidez humana. Un paquete completo, vamos. A mí me ha convencido y ya estoy buscando sus dos libros anteriores. Leanlo antes de que sea tarde.

Calificación: Muy bueno (y divertido).

Un día, un libro (265/365)

Extracto:
—No es lo mismo dar de mamar que alimentar de biberón —te decía ahora, remontándose cada vez más lejos en su vida, mientras la falsa Gumersinda recogía las tazas del té que apenas habíais probado—. Recuerdo de memoria un pasaje de Oliver Twist, el comienzo del capítulo segundo: «Durante los ocho o diez meses siguientes, Oliver fue víctima de una serie sistemática de felonías y engaños. Criáronle a biberón…». Criar a biberón es eso, una felonía y un engaño… Yo no engañé al primero, pero sí al segundo, a Luis, y por eso ha salido tan problemático, tan tímido, tan débil. Él no tiene culpa de nada… Al mayor le estuve dando pecho durante los seis primeros meses, como mandan los cánones. Recuerdo con especial dolor el primer mes. Tenía una grieta enorme en el pecho derecho y cada vez que el niño mamaba yo veía las estrellas, pero como no era capaz de olvidar la cita de Oliver Twist, no me resignaba a abandonar la lactancia natural. Venía mi madre o mi marido (que en paz descansen los muy necios) y me metían en la boca un pañuelo empapado de ginebra para que soportara mejor el trance. La estampa debía de ser tremenda. Yo era una mujer dando de mamar a un niño alegre, que sonreía cuando se alimentaba, y de mis ojos caían lagrimones que surcaban mis mejillas hasta desembocar en la ginebra del pañuelo… Pero estoy convencida de que esa resistencia hizo a mi hijo alegre y sano. Sin embargo, con Luis no fui capaz de darle el pecho… El pobre nació prematuro y rechazaba mi alimento. Y, créeme, lo he lamentado toda mi vida. El niño vino al mundo tan alegre como su hermano, pero el biberón lo convirtió en el niño difícil que luego fue, en el adulto bondadoso pero con problemas que ahora es. Un buen día, cuando no tendría más de un mes de vida, se despertó y no paró de llorar durante toda la noche, de una a seis de la
mañana. Se pasó cinco horas seguidas llorando. Llorando, llorando y llorando… Tú no tienes hijos —suerte que tienes, hermosa—, pero te aseguro que no hay nada más traumatizante que el llanto inconsolable de un hijo… Es un maullido muy difícil de soportar. Yo creo que la naturaleza dota a los niños de ese arma letal, que habría desquiciado incluso al Santo Job. El necio de mi marido —que el Señor lo guarde donde le venga en gana—, que además de necio, era borrachín, amorfo, poco dado a la agresividad salvo desde la pasividad, un día agarró a Luis y amenazó con lanzarlo por la terraza. El necio de mi marido era notario y trabajar, trabajaba poco, pero madrugaba horrores… Y el niño se pasaba las noches llorando, con lo que mi marido apenas sí podía levantarse por las mañanas. Tenía los nervios crispados… Luis lloraba tanto que parecía que se iba a ahogar, tosía, se congestionaba como una cerecita, le entraba un hipo horroroso que parecía incrementar su malestar. Y nada le calmaba… Ni siquiera el biberón, que durante esas horas rechazaba gritando aún más, agitando frenéticamente manos y piernas. Lo llevamos al pediatra. El hombre, que era un santo varón, nos escuchó con atención.
«¿Han deseado ustedes tirarlo por la ventana?», nos preguntó de sopetón.
Y ni siquiera esperó nuestra respuesta, sino que al ver nuestros semblantes confirmó sus temores.
«Si cuando le dan esos llantos nocturnos, ustedes sienten ganas de arrojarlo por la ventana —dijo—, entonces es que estamos ante un cólico del lactante. La peor tortura para una madre».

marzo 18, 2012

Tom McCarthy. Residuos.

Filed under: Novela — Palimp @ 10:27 pm
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Tom McCarthy, Residuos
Lengua de trapo, 2006. 314 páginas.
Tit. or. Remainder. Trad. Andrea Vidal Escabí.

Como muchos libros en mi biblioteca lo compré porque estaba barato, sin ninguna referencia salvo la de la editorial (y no es que sea una de cabecera). Luego JJ ha reseñado C, que es posible que esté mejor que este. Recuerdo que lo acabé de leer mientras daba un curso de Excel en a tomar viento a mano derecha.

El protagonista ha sufrido un accidente que le ha dejado un poco tocado y una indemnización más que cuantiosa. Pero vive en un estadio de abatimiento más o menos perpetuo, hasta que le da por recrear situaciones pasadas, en lo que encuentra algo de alivio. Como tiene dinero a espuertas para gastar, a ello se dedica.

El lenguaje está bien, y la historia también se deja leer, aunque que no se dirija a ningún lado hace que cuando acabes el libro te deje una sensación parecida a la del protagonista. Tanta recreación y obsesión llega, más que a hacerse angustiosa, a hacerse algo pesada. No me impresionó demasiado, aunque malo no es.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (200/365)

Extracto:
Lo reunió todo para el día siguiente. Obtuvo la licencia de la Junta Municipal y las licencias de la Policía, organizó a todo el personal y al personal de apoyo, a los proveedores de comida, a los conductores y quién sabe qué más cosas. Se me ocurrió mientras esperaba que todas las grandes empresas se basan en la logística. No en el genio o la inspiración, ni en vuelos de la imaginación, ni en el talento o la astucia, sino en la logística. El construir pirámides o aterrizar naves espaciales en Júpiter, o invadir continentes enteros o pintar escenas divinas sobre los tejados de las capillas: logística. Decidí que en la escala de castas de las cosas, la gente que trabajara con logística estaba más arriba, incluso más que los que hacían conexiones. Decidí hacer que Matthew Younger invirtiera en la industria de la logística, si existía alguna.
Mientras esperaba, también hice que Roger me construyera una maqueta del área en la que había tenido lugar el tiroteo: la cabina telefónica, la acera, los postes, la calle, las tiendas y los pubs. La maqueta tenía pequeños coches que podías mover de un lado a otro, y una pequeña bicicleta roja. Incluso tenía pequeñas figuras humanas: los dos asesinos con sus ametralladoras y la víctima. Roger me la envió la noche anterior a la recreación. Quité la maqueta de mi edificio de encima de la mesa de centro del salón y puse la nueva en su lugar. Me quedé despierto toda la noche mirándola. Ubiqué a las figuras humanas en las posiciones indicadas en los diagramas del informe forense. Hice que los dos asesinos aparcaran su coche, salieran a la calle y avanzaran hacia delante. Hice que el muerto dejara la cabina telefónica, se montara en su bicicleta, se cayera, avanzara tambaleándose unos cuantos pasos, y se derrumbase. Observé cada fase de la secuencia desde todos los ángulos.

junio 14, 2010

Ronaldo Menéndez. De modo que esto es la muerte.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 8:37 am
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Lengua de trapo, 2002. 125 páginas.

Ronaldo Menendez, De modo que esto es la muerte
Islas y hambre

Acostumbrado a que los libros de la editorial Lengua de trapo que he leído tengan siempre un aire humorístico entre socarrón y surrealista me ha sorprendido la seriedad de esta colección de cuentos de Ronaldo Menéndez. El libro incluye los siguientes:

Primera parte: Hambre
Carne
Últimas escenas conyugales
ABC diario
Cerdos y hombres o El extraño caso de A

Segunda parte: La isla de Pascalí
La verticalidad de las cosas
La isla de Pascalí
Eguereguá, la potencia
De modo que esto es la muerte

Hambre y muerte aparecen más o menos directamente en todos los relatos, algunos -como el primero- de una crudeza extraordinaria. La calidad media de los relatos es alta, lo suficiente para haber ya comprado otro libro del autor. Recomendable.


Extracto:[-]

Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, pude haber pensado. Y eso que Yeni pertenecía al oriente de la isla, donde la sinceridad ortogonal del sol y la irresponsable costumbre de no aplicarse cremas (pues no las hay) garantizan cierta condición apergaminada de la piel. Imagino que Yeni tenía algo de mulata, aunque no se notara a simple vista. Para percibirlo se necesitaba una mirada activa, es decir, cerrar los ojos, desnudarse y hacer contacto con su carne. Con la brutalidad de las maniobras de su carne. En honor a la verdad, no puedo afirmar que aquella noche troté el mejor de los caminos, ni siquiera que mi potra era de nácar (pues ya se sabe que tenía algo de mulata), ni siquiera que se trató de algo extraordinario. Peculiar. Esa es la palabra exacta. Llegamos a su cubículo, donde un interruptor quebró la penumbra con una luz que parecía gastada como una ropa vieja. Ella enseguida tiró su ropa, que no era más que aquel vestido a cuadros, pues mi vista cayó al instante en la mancha de su sexo sin ropa interior. Nunca hubiera imaginado este atrevimiento. Sacarse la ropa de un solo golpe contra la luz de mi vista, casi fríamente. Andar por las calles con un vestido que la mantenía descubierta. Fue necesario apagar la luz para que las otras internas no saltaran del sueño aburrido a la fruición gratuita de un sex show. Aunque de show hubo muy poco: Yeni ardía sobre la cama, pero sólo eso. Yo estaba acostumbrado al sexo sofisticado de las muchachas de una Escuela Superior, filósofas del amor libre, barrocas en el preludio, cubistas durante el recorrido, y en el climax puro expresionismo abstracto. Lo de Yeni tenía más que ver con el realismo limpio. Apenas nos acariciamos levemente en vertical, ella cayó sobre la cama como si se tratara más bien de un examen clínico, hecha un temblor de carne, y se hizo penetrar.

febrero 18, 2010

Iban Zaldua. Porvenir.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 7:40 am
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Lengua de trapo, 2005. 190 páginas.
Tit. Or. Etorkizuna. Trad. Iban Zaldua.

Iban Zaldua, Porvenir
Futuro inamovible

Leí Si Sabino viviría y aunque me gustó no me pareció para tanto. Lo seguí leyendo (Mentiras, mentiras, mentiras) un poco a la contra pero he acabado cogiéndole cariño. Con este libro ha acabado de convencerme.

Publicado en euskera originalmente el propio autor se ha encargado de traducir los siguientes relatos:

El sofá
La cosa no tiene remedio
La Bella Durmiente: una historia económica
La fábrica, o a, e, i, o, u
Adulterio
Lo único que cambia
El Gargantúa
Siete cosas
La Mancha
La solución al problema de la vivienda
Viaje de verano
Gusanos de seda
El doctor Iriarte
Primero de mayo
Rostro
Porvenir
Unidos por dos temas; la imposibilidad de cambiar el futuro -o el pasado- con incursiones en la ciencia ficción y la ruptura de las parejas. Combinados dan un tono sombrío y desesperanzado al conjunto.

El sofá o La Mancha nos hablan de crisis de parejas. La Bella Durmiente: una historia económica da una vuelta de tuerda al cuento clásico en tiempos de crisis. La solución al problema de la vivienda mezcla elementos de ciencia ficción con la dureza de un divorcio. Si La cosa no tiene remedio explora la posibiildad de cambiar el pasado, en Rostro se nos habla de lo inexorable del futuro.

Además, tiene una característica que me gusta en un libro. Sus cuentos te siguen viniendo a la cabeza después de leídos, te acuerdas de ellos. Señal de que en algún sitio de tu cabeza han encontrado aposento.

Otra particularidad. En la contraportada aparece el siguiente texto:

« Y tú… ¿de dónde has salido?». «Vengo del porvenir para matarte». «Pero. .. ¿quién eres?». «Soy tu nieto, que no ha nacido aún». «¿Y por qué quieres matarme?». «Porque eres un criminal de guerra». «¿No te das cuenta de la paradoja? Si me matas tú nunca llegarás a nacer». «Ya lo sé: de hecho, hace tiempo que tomé la decisión de suicidarme». «Espera…». «No queda tiempo…». Disparo dos veces y el cuerpo del oficial, mi abuelo, se desploma sobre el barro. Pero no me he desvanecido. El fragor de los cañonazos resuena cada vez más cerca. Me siento en el fondo de la trinchera y pienso en la extraña manera que he tenido de saber que el abuelo no era, en realidad, el padre de mi padre.

Que imaginaba fragmento de cuento. Pero no aparece en todo el libro, así que tenemos que considerarlo un microcuento independiente.


Extracto:[-]

Érase una vez, en un reino muy lejano, un rey y una reina que veían pasar los días con gran tristeza porque no lograban tener descendencia. Finalmente, después de mucho rogar a los cielos, su deseo se vio cumplido y la reina dio a luz a una hermosa niña. Los monarcas, entonces, organizaron una gran fiesta para celebrar el acontecimiento y llamaron a todas las hadas del reino para que amadrinaran a la recién nacida. Siguiendo la costumbre, cada una de las hadas concedería un precioso don a la criatura, pero en el transcurso de la ceremonia hizo su aparición una anciana hada a la que se habían olvidado de invitar, la cual, enfurecida, en lugar de otorgarle una gracia le lanzó una terrible maldición: «Al cumplir los dieciséis años se clavará en el dedo el huso de una rueca y morirá»; por fortuna, una joven hada que aún no le había ofrecido su regalo a la pequeña, pudo añadir sin demora: «No morirá; la princesa se quedará dormida durante varios años y el beso de amor de un príncipe la despertará».

El rey, pese a todo, quiso proteger a su hija de la desgracia y publicó un edicto ordenando la destrucción de todas y cada una de las ruecas que hubiera en el reino. Las protestas de los gremios de los hilanderos, de los tejedores, de los pelaires y de las guildas de mercaderes fueron infructuosas: quien conservara una rueca perdería la cabeza, y sólo quien voluntariamente entregara las suyas podría acceder a la compensación monetaria prometida por la corona.

Las consecuencias de la medida se dejaron sentir inmediatamente: mientras la princesa crecía alegre y feliz, la pañeríadel reino, famosa en toda la cristiandad, se sumió en una gran decadencia. Los hilados de lino, algodón y lana tuvieron que importarse de otros lugares, lo que elevó los costos de producción y dañó gravemente la competitividad de los paños fabricados en el reino. Tras la práctica desaparición del oficio de hilandero, los telares fueron parándose uno a uno; los productos extranjeros, más baratos, invadieron el país, y el paro y la mendicidad crecieron sin tasa en las ciudades.
La hacienda del reino sufrió pronto las consecuencias: por una parte, la recaudación de los impuestos sobre la producción artesanal se desplomó, tanto que el aumento de los ingresos por los aranceles sobre la importación fue incapaz de compensar las pérdidas; y, por otra, las ayudas pecuniarias solicitadas por todos los hilanderos, tejedores, pelaires, bataneros, tintoreros, arrieros, tenderos y trabajadores de otros tantos oficios que habían caído en el paro —y que, conforme a lo que magnánimamente había prometido el rey, se concedieron sin dilación— vaciaron en poco tiempo las arcas reales. El estado tuvo que recurrir a préstamos y asientos de los grandes banqueros de Genova, Augsburgo y Amberes, pero eso no hizo sino agravar el desequilibrio financiero del reino: como garantía del pago de los intereses, tuvo que recurrirse a la exportación masiva de lana, mineral y otras primeras materias, aumentando la dependencia exterior de la economía nacional y, en un segundo momento, a instancias de los acreedores, se suspendieron los subsidios concedidos a todos los afectados por la orden de destruir las ruecas; a la mañana siguiente estalló una revuelta en el distrito de los menestrales de la capital, la primera de las muchas que prenderían los siguientes años. La princesa, entre tanto, había cumplido ya los quince años y, un día, aprovechando que el rey se había ausentado para aplastar un alboroto en alguna región del reino, decidió explorar un ala del palacio que no conocía. Allí, en una habitación abandonada y llena de polvo, encontró a una anciana sorda que no sabía nada de la prohibición del rey, sentada frente a una extraña máquina que no reconoció: la princesa no podía saber que se trataba de una rueca, porque jamás había visto una, y en cuanto, impulsada por la curiosidad, la tocó, se pinchó en un dedo con un extremo del huso y cayó al suelo profundamente dormida. Aquel sueño extraño no restó ni brillo ni color, sin embargo, a las mejillas de la princesa.

Al saber aquello, el hada que acertó en atenuar la maldición dejó su morada y se dirigió hacia el palacio real, con la intención de encantar y adormecer todo el reino, para que así, al romperse la maldición, la princesa encontrara todo tal y como lo había dejado. Pero no pudo cumplir su designio: los representantes del Fondo Monetario Internacional y la junta de acreedores, del estado no podían admitir, en aquella situación, que la actividad económica del reino se detuviera ni siquiera por un instante, y ordenaron deportar al hada. Es más, previendo que la Bella Durmiente podría llegar a convertirse en una excelente atracción turística, en pocos meses se llevó a cabo la construcción de un parque temático alrededor de la cúpula de cristal que protegía a la princesa. Pero los ingresos de dicho parque tampoco fueron suficientes para disminuir el monto de la deuda externa del reino. Lo cierto es que ocurrió justamente lo contrario, tal y como continúa ocurriendo hoy en día.

Han pasado muchos siglos desde entonces, y allí sigue la princesa, siempre dispuesta a ser visitada. Hace poco que he estado, y puedo jurar que, como afirman los prospectos turísticos, los colores de su rostro siguen siendo tan vivos como el primer día.

La Bella Durmiente sigue esperando el beso de amor de un príncipe. Pero no parece que haya en el mundo nadie que sueñe con convertirse en rey consorte de un país tan en decadencia como este.

febrero 8, 2008

Rafael Reig. Guapa de cara.

Filed under: Novela — Palimp @ 10:29 am
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Editorial Lengua de Trapo, 2004. 219 páginas.

GuapadeCara
Mi vida como fantasma

En enero leía esta entrada de ReginaIrae y ya me llamó la atención el autor. Lo primero que encontré fue Sangre a borbotones, ya reseñada por aquí y en la biblioteca encontré este libro, ambientado, al igual que el anterior, en un Madrid inundado y navegable, una España ocupada por los Estados Unidos y un mundo en el que el petróleo está agotado.

En ese escenario encontramos a la escritora Lola Eguíbar, que acaba de morir de un tiro y que deambula como fantasma acompañada de Benito Viruta, un niño repelente incapaz de amar que es el protagonista de sus libros infantiles. Para averiguar quien ha ordenado su muerte vagará entre los protagonistas de la historia, incapaz de actuar pero con la ventaja de observar sin ser vista.

Como soy un ignorante me acabo de enterar de que Reig tuvo mucho éxito con la novela Sangre a Borbotones. No es de extrañar que repita ambiente e incluso algún que otro personaje. Pero dónde allá seguía el esquema típico de novela de detectives aquí intenta ser más intimista. Nos encontramos menos explosiones verbales y más comedimiento en las referencias literarias, aunque por suerte no desaparecen del todo. Lamento decir que el final -como en la otra novela- también me decepcionó un poco, y además es el mismo -o parecido-.

No me ha gustado tanto como Sangre…, es menos divertido y no tan original, pero virtudes no le faltan. Yo de momento ya he hecho propósito de seguir leyendo todo lo que encuentre de Rafael Reig. Les animo a hacer lo mismo.

Escuchando: Danza Germana Op 33. Schubert.


Extracto:


Ahora me doy cuenta de que a mí, de pequeña, me hacían mucha ilusión cosas que luego he comprobado que en realidad estaban al alcance de cualquiera: tener carnés con foto y firma, saber los nombres de las calles, viajar en metro.

O ser norteamericana, como lo somos todos desde hace años.

O ser hombre, sin ir más lejos.

El problema era que mis dos deseos tenían que cumplirse a la vez, pues no le veía ni la más mínima gracia a convertirme en chico, por ejemplo, pero sin hacerme mayor. Entonces me quedaría durante los recreos jugando al churro mediamanga mangotero. O mucho peor todavía, la opción B: acabar siendo de la noche a la mañana eso que llaman «una mujer de mediana edad». Muchas gracias, pero no: o las dos cosas o ninguna. Para eso que me quede como estoy, Virgencita. Mejor seguir así, alimentándome de flashgolosinas y bocadillos de mantequilla con azúcar, con la falda escocesa y la pulsera de plástico que exige ver pasar por la calle cinco embarazadas, cuatro cojos, tres calvos, dos niños en carrito y una mujer con sombrero, porque entonces y sólo entonces se cumplirá el deseo que he pedido en secreto, con los ojos cerrados, mientras Marisol, mi mejor amiga, me la anudaba a la muñeca.

—Pide un deseo, Lolita.

¿Un solo deseo? ¿Uno sólo?

Con un solo deseo, yo nunca he tenido suficiente. No quepo en un deseo. Soy como las nueces: es imposible abrir una sola con las manos. Para partir una, hay que apretar dos juntas. Para alcanzar el fondo de mi corazón, yo también necesitaba que se cumplieran dos deseos, apretados el uno contra el otro.

Al final ha sucedido lo que más miedo me daba, la espantosa opción B: me hice mayor sin llegar a ser chico, lo que acabó por convertirme en una «mujer de mediana edad», una de tantas mujeres fáciles en una edad difícil.

Y todo esto para acabar asesinada en mi propio domicilio, ¡las vueltas que da la vida!
Los freudianos de obediencia estricta, como mi padre, aseguran que a partir de los seis años nada importante sucede en la vida de una persona. Nada en absoluto. Solo vuelve a pasar lo mismo una y otra vez, pero con otro decorado. La misma película con otros actores, como en uno de esos remakes de los clásicos que hacen en Hollywood.

No lo sé, no tengo recuerdos de infancia. Soy como uno de esos contestadores automáticos en los que los mensajes entrantes se graban encima de los antiguos. Cada acontecimiento nuevo ha ido borrando un recuerdo para ocupar su sitio.

Sin embargo, el argumento de la película ha sido siempre el mismo: no hay nada de-mi tamaño. No quepo en nada, salvo en la vida.

Seguir viva, por encima de todo, contra todos y contra mí misma. Vivir, ese ha sido siempre mi único deseo, adoptar la forma del recipiente que me contiene.

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