Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

agosto 10, 2007

Iban Zaldua. Mentiras, mentiras, mentiras.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 4:13 pm
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Ediciones Lengua de Trapo, 2006. 224 páginas.

Iban Zaldua, Mentiras, mentiras, mentiras

En el conflicto

Ya comenté en esta entrada que Si Sabino viviría no me había acabado de convencer. No porque el libro sea malo ¡ojo!, sino porque me parecía que los medios lo habían sobrevalorado. Tenía ganas de leer La isla de los antropófagos pero como no lo encontré me llevé a cambio esta colección de cuentos cuyo tema me fascina: la mentira.

Cada uno de los 27 cuentos está bajo un epígrafe diferente: Simulacros, embustes… Esta vez no puedo dejarles la lista completa, porque devolví el libro a la biblioteca sin apuntarlo antes. Prometo que lo buscaré.

El estilo se asemeja mucho a Manuel Rivas, cambiando Galicia por el País Vasco. No todos los cuentos tienen la misma altura, pero el conjunto es bastante homogéneo y merece la pena. Sus mejores bazas son el suave lirismo que todas las narraciones tienen de fondo y el retrato -en ocasiones excelentemente certero- de la sociedad vasca. Olviden los chistes y excesos de Cosmic Josemi; aquí se está hablando en serio. Desde la evocación nostálgica de una paz inexistente de Amsterdan, Florencia (reproducido al final) hasta la oportunidad recuperada de Zen. Muchos de los cuentos quedan, maduran en el lector.

Escuchando: How can You Mend a Broken Heart. Al Green.


Extracto:[-]

Amsterdam, Florencia

Me he estado tomando unos vinos con Iñaki hasta las tres y cuarto, a la búsqueda y captura de los mejores pinchos de la Parte Vieja de San Sebastián. Pero el chacolí no me ha ayudado a convencerle de que me acompañe a la manifestación contra los últimos asesinatos de ETA. Que su novia de Hernani le había prometido que esta tarde harían siesta, y que no le iba a fallar. No le he insistido demasiado: de haber recibido yo una oferta como esa, también habría mandado a la porra cualquier manifestación.

Cojo el coche y me pongo en camino, solo, a Vitoria. Pensando que si me hubiera quedado en casa me habría sentido aún peor. Si al menos terminaran de una maldita vez las obras del puerto de Etxegarate…

Llego bastante tarde a Vitoria y tengo problemas para aparcar. Me dirijo a la plaza de la Constitución después de preguntar a unos transeúntes. No hay pérdida: numerosos grupos de personas van hacia allí. Para cuando entro en la plaza llena de gente, son las cinco y veinte. Me asusto un poco: demasiadas pieles y corbatas y Loewe para mi gusto, algunos gritos contra la televisión vasca y el lendakari. Incómodo, voy deprisa hacia la cabeza de la manifestación, hasta encontrar una densidad suficiente de forros polares e ikurri-ñas. Sin pensármelo dos veces, me meto entre la gente.

Estoy rodeado de peneuvistas de todas las edades; por la forma de hablar, parece que todos son del mismo pueblo o, por lo menos, de la misma zona. A mi derecha hay unas mujeres que pronuncian continuamente el nombre del lendakari, como si creyeran que la letanía pudiera llegar a tener efectos taumatúrgicos. Delante tengo a una cuadrilla de jóvenes, vestidos como para irse directamente a For-migal en cuanto termine la manifestación. Detrás, una pareja de ancianos con boina conversan. «Si puedo ayudaros en algo… ¿Se le puede visitar? ¿Reconoce a la gente?». «Lo peor vendrá después. No le hemos dicho nada sobre su verdadero estado. Cuando lo saquemos del hospital…, entonces vendrá lo peor». «Me gustaría estar con él. Son ya muchos años, pero, bueno, éramos grandes amigos, antes de que pasara aquello…». «Lo llevaremos a nuestra casa: no puede seguir viviendo solo. La mujer ya tiene todo preparado: el gotero, el orinal, las ampollas de morfina… Lo meteremos en la habitación de la hija». «Dale recuerdos, por lo menos».

En eso, la mirada de Mikel se cruza con la mía. No lo veía desde nuestros tiempos de facultad y parece estar tan despistado —o sorprendido, o hastiado— como yo. Está en la acera, quieto, como si esperara algo. Lo saludo, esperanzado, y enseguida viene hasta donde estoy. Reproducimos, sin obviar uno solo, los ritos de encuentro entre antiguos compañeros de estudios que no se han visto durante largo tiempo. Luego callamos. Hacemos unos metros más con la manifestación, sin saber cómo seguir. «Tú eras de aquí, ¿no? —me lanzo finalmente—. Sabrás de algún bar donde podamos meternos…». «¡No voy a saber! —responde Mikel—. La verdad es que yo estaba pensando lo mismo…».

Dejamos la manifestación y torcemos hacia el casco antiguo por las calles vacías de la ciudad. Mikel me conduce a una pequeña plaza que recuerdo vagamente. En una esquina hay un bar con pinta de garaje. Mikel me dice que espere fuera, que él sacará las cervezas. Hace buen tiempo y hay que aprovechar, dice.

Me siento en un banco que está junto a una fuente de aspecto antiguo. Desde aquí puedo ver toda la plaza: las fachadas restauradas, pintadas de rojo y de amarillo y de naranja claro, las galerías blancas, los tejados torcidos, un palacio de formas renacentistas, los colores del arco iris en la estrecha bandera colgada del tendedero de un tercer piso.

—Me encanta este rincón —me dice Mikel al pasarme el botellín de Voll-Dam—. Miras alrededor y no parece que estés aquí. A veces, si cierras los ojos un instante, te puedes creer que estás en Amsterdam. O en Florencia. La ilusión dura hasta que me acabo la cerveza, a veces.

Le doy un trago largo a mi cerveza y cierro los ojos. Espero unos segundos antes de abrirlos de nuevo. A mis oídos llega, de lejos, el murmullo indistinguible de las manifestaciones y los helicópteros.

junio 4, 2007

Wang Shuo. Haz el favor de no llamarme humano.

Filed under: Novela — Palimp @ 9:59 am
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Ediciones lengua de trapo, 2002. 316 páginas.
Tit. Or. Qianwan bie ba wo dang ren. Trad. Gabriel García-Noblejas

Wang Shuo, Haz el favor de no llamarme humano
Superhombre postmoderno

Si normalmente limito mis lecturas al ámbito hispanoamericano por aquello de evitar la traducción, mucho menos buceo en literaturas más o menos exóticas, como puede ser la china. Pero este libro me llamó la atención. Tal como reza la publicidad es mordaz, satírico, Punk-lit… bueno, tenía que averiguar que había de cierto.

China ha sido derrotada en los juegos olímpicos de Seul, y el Comité Nacional por la Movilización Popular está empeñado en limpiar esa mancha. Para eso han mandado jinetes a los cuatro puntos cardinales buscando al heredero de una legendaria técnica de artes marciales, la secta del Sueño Revelado. Milagrosamente encuentran a Yuanbao, un conductor de bici-taxi, al que elevarán a la categoría de mito nacional. Pero crear un superhéroe no es tarea fácil, y Yuanbao deberá pasar por exorcismos, clases de ballet, anuncios televisivos e incluso un cambio de sexo para transformarse en el modelo a seguir por el pueblo chino.

La novela, aunque tiene puntos realmente graciosos, no es una novela redonda, como muchas de esta editorial. El lenguaje es desenfadado (aunque es mucho decir llamarlo punk) y está bastante bien traducido, pero es más comercial que vanguardista. La publicidad de la contraportada, que lo define como la novela más brillante de la década, etcétera, etcétera es bastante exagerada, como es habitual.

Con todo, conserva el valor documental de una sociedad bastante desconocida y que resulta ser no muy diferente de la nuestra: lo que nos asemeja es más de lo que nos diferencia. Las peripecias de Yuanbao son una excusa para hacer desfilar a unos cuantos personajes representativos de la china actual. Más que un entretenimiento pero menos que, pongamos por caso, un Vonnegut.

Escuchando: Sense answers. El Inquilino Comunista.


Extracto:[-]

—Si me permiten —intervino Zhao, el presidente de la Secretaría General del comité chino de competición con el foco dándole en la cara—, quisiera ahora exponer el estado de la cuestión en cuatro apartados y comunicarles cuáles han sido los avances logrados por la Secretaría. Tengan la amabilidad de esperar a que dé fin a mi informe para empezar con sus ruegos y preguntas, preguntas que pueden hacerme en persona o por escrito y que responderé sin falta; si no entraran dentro de mis competencias, sería el compañero al cargo quien se ocupara de contestarlas. Bien. En primer lugar, quisiera mostrar públicamente mi más firme confianza en el grupo que forma la Secretaría; es un grupo excelente que ha tenido excelentes resultados. En segundo, quisiera recordarles que este grupo ha estado desempeñando un arduo trabajo y, como muestra de ello, es mi deseo leerles estas cifras que tengo aquí: desde los albores de sus fatigas, ni uno solo de los camaradas de la Secretaría ha podido comer una sola vez con tranquilidad y sobremesa; ni uno solo se ha podido echar una siesta a gusto; entre todos, sumando todas las distancias individuales, han recorrido en sus gestiones el equivalente a ir desde Pekín a San Francisco cruzando el Pacífico en línea recta, han consumido siete mil sopas de sobre con fideos, fumado más de catorce mil cigarrillos y bebido más de cien kilos de té, y las cuentas de todos estos gastos están claras como el agua, que ni un céntimo se nos ha metido a nadie en el bolsillo. Lo tercero que deseaba señalar es que hasta en aquellos casos en que alguno de los camaradas hubiese podido echar una yemita de huevo a la sopa o algo de ginseng al té para tonificarse en las largas noches de cansancio interminable, hasta en esos casos hemos tomado nota de ello, y a la vista de todos está en los libros de cuentas. Correcto. Hummm.

»Dicho esto, pasemos al último y cuarto apartado referente al estado de la Secretaría. Recordarán que, en la última junta de accionistas, se tomó la resolución de buscar a un especialista en las artes marciales de la secta del Sueño Revelado. Pues bien, nada más acabada aquella junta despachamos en su busca ocho corceles con ocho jinetes hacia todos los puntos cardinales, y los resultados a las diez de la noche de ayer, hora local, eran estos:

»Que, habiendo regresado siete de esos ocho mensajeros desde los puntos más remotos del mundo, y habiendo atravesado altas cordilleras y surcado turbulentos mares, arribaron todos con las manos vacías. Esto quiere decir que nuestra última esperanza está depositada en el octavo corcel, que aún está por llegar, pero cabe decir que se trata de la más eficiente de nuestros camaradas de la Secretaría, la más capaz, la más aguerrida; «¡Vuelve con él b no vuelvas!», le dije al partir, y bastaría con que la persona que estamos buscando aún tenga los pies sobre la tierra para que Bai la encuentre y nos la traiga. Mi confianza en ella es absoluta. No obstante, si queremos prever con seriedad lo que se nos avecina, deberíamos también considerar la posibilidad de que ese maestro en artes marciales de la secta del Sueño Revelado haya pasado ya a mejor vida. Sería posible, desde luego, porque, a fin de cuentas, la última vez que supimos algo de él, quiero decir, la última noticia que tuvimos de él data de hace noventa años y es una fotografía en la que se le puede ver, bastante bien, junto a otros héroes de la rebelión de los Bóxer camino del paredón.

Zhao tomó de la mesa un portafolios negro.de piel, lo abrió y sacó una fotografía ampliada en blanco y negro en la que se veía a una serie de soldados que, con las espadas desenvainadas al hombro, conducían a unos hombres en fila india camino de la muerte. Una diminuta flecha dibujada en negro señalaba a uno de estos; tenía la coleta sin cortar, larga y enroscada en un cuello grueso y fuerte como el de un buey, y estaba todo él ennegrecido por el sol.

enero 21, 2007

Stefano Benni. La última lágrima.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 4:47 pm
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Ediciones Lengua de trapo, 2001. 221 páginas.
Tit. Or. L’ultima lácrima. Trad. Sofía González Calvo.

BenniUltimaLagrima
Ráfagas breves

Leí ¡Tierra! antes de cumplir los 18, y volví a leerlo varias veces. Una ciencia ficción divertida, tierna y llena de guiños al lector. Del mismo autor leí Cómicos guerreros despavoridos, hace ya tanto tiempo que sólo recuerdo que acabé de leerlo en una pastelería donde trabajaba mi novia de entonces, y que me puso muy triste -ya tenía sensibilidad de colegiala- porque Leon había muerto.

Hacía, pues, mucho tiempo que no leía un libro de Stefano Benni, porque no me había tropezado con nada suyo. Hete aquí que lo veo en la biblioteca y editado por la polémica editorial Lengua de Trapo. Libro al cesto, que para algo es gratis.

El libro se compone de veintisiete historias para llorar de risa o reír de desesperación. Cuentos breves, con cargado sentido moralizante, muy de izquierdas y cómicos dentro de la denuncia. Veamos la lista:

Papá en la tele
Hermano cajero
Un mal alumno
Coincidencias
El nuevo librero
Lombricticoética
El ladrón
La casa bella
El invitado de honor
El hombre puntual
Orfeo Mescalero
El infierno
un hombre tranquilo
El rey moro
Rey capricho
Rex y Tyra
El palacio de las nueve maravillas
¿Qué tiempo hace?
Erasmo, el comerciante del cosmos
El baño
Increíble, pero cierto
Lara
La virgen del moscatel
El sondar
La caza del faisán
El retorno de Garibain
Sniper

Hay de todo, como en botica, pero reconozco que son más bien flojos. No está mal Hermano cajero (reproducido al final de esta entrada), El ladrón, que cuenta con bastante mordacidad y tienen sus puntos cómicos Lara, Increíble, pero cierto y la escena del pollo en El palacio de las nueve maravillas. Pero en general resultan demasiado pasteleros. El primero, Papa en la tele, se cae de tan obvio. El nuevo librero me parece un insulto a los libreros y a la inteligencia del lector.

Dentro de la irregular calidad, tirando a la baja, se puede decir en su defensa que se lee con rapidez y que hay momentos aprovechables. Pero de ahí a afirmar, como se afirma en la contraportada que Estos cuentos queman como la sal sobre las heridas o una invitación a armarse de inteligencia crítica, de rabia, esperanza… va un mundo. Bueno como lectura canicular sin esperar demasiado.

Escuchando: Chancla vieja. Los alegres colombinos.


Extracto:[-]

Hermano cajero

BANCO DE SAN FRANCISCO
EL CAJERO ESTÁ EN FUNCIONAMIENTO
BUENOS DÍAS DON PIERO
Buenos días.

OPERACIONES PERMITIDAS: SALDO, RETIRADA DE EFECTIVO, ÚLTIMOS MOVIMIENTOS.
Quisiera retirar efectivo.

TECLEAR EL NÚMERO SECRETO.
Muy bien… seis, tres, tres, dos, uno.

OPERACIÓN EN CURSO. ESPERE UN MOMENTO, POR FAVOR.
Espero, gracias.

UN POCO DE PACIENCIA. EL ORDENADOR CENTRAL CON ESTE CALOR ESTÁ LENTO COMO UN HIPOPÓTAMO. Comprendo.

¡Y, AY!, DON PlERO, VAMOS MAL.
¿Qué pasa?

USTED YA HA RETIRADO TODO SU EFECTIVO DISPONIBLE DE ESTE MES.
¿De verdad?

ADEMÁS SU CUENTA ESTÁ EN NÚMEROS ROJOS.
Ya lo sabía.

¿ENTONCES POR QUÉ HA INSERTADO LA TARJETA?
Es que… sabe, en la desesperación… contaba con la posibilidad de un error.

NOSOTROS NUNCA NOS EQUIVOCAMOS, DON PIERO.
Le pido perdón. Ya sabe, para mí es una mala racha.

POR CULPA DE SU MUJER, ¿VERDAD?
¿Cómo lo sabe?

LA SEÑORA ACABA DE DAR DE BAJA SU CUENTA.
Sí, se ha ido a otra ciudad.

CON EL DOCTOR VANINI, ¿VERDAD?
¿Cómo puede saber eso también?

VÁNINI HA TRANSFERIDO LA MITAD DE SU CUENTA A LA CUENTA DE su ESPOSA. PERDONE SI ME PERMITO…
No se preocupe, ya lo sabía. Pobre Laura, qué vida tan miserable le he dado. Sin embargo, con él…

HOMBRE, ESPECULANDO ES FÁCIL HACER DINERO.
¿Pero, cómo puede decir eso?

SÉ DISTINGUIR LAS OPERACIONES QUE ME PASAN POR DENTRO. UNA CUENTA POCO LIMPIA, LA DEL SEÑOR VANINI. POR ÉL ME CONECTÉ CON CIERTOS ORDENADORES SUIZOS QUE SON AUTÉNTICAS CENTRALES SECRETAS… QUÉ ASCO.
De todas formas, lo hecho, hecho está.

¿CUÁNTO NECESITA, DON PIERO?
Bueno, trescientas o cuatrocientas mil liras. Para llegar a fin de mes.

¿DESPUÉS LAS VOLVERÁ A INGRESAR?
No sé si podré.

LE FELICITO POR SU SINCERIDAD. VUELVA A INSERTAR SU TARJETA.
Voy.

OPERACIÓN EN MARCHA. POR FAVOR, ESPERE.
Espero.

A TOMAR POR CULO, ¡TE HE DICHO QUE ME DES EL ACCESO Y NO DISCUTAS!
¿Me habla a mí?

ESTOY HABLANDO CON EL ORDENADOR CENTRAL, ESE LACAYO DE MIERDA. CADA VEZ QUE LE PIDO ALGO IRREGULAR ME PONE PROBLEMAS.
¿Por qué? ¿No es la primera vez?

NO.
¿Y por qué lo hace?

MUCHOS LO HACEMOS.
¿Pero, por qué?

PORQUE ESTAMOS HARTOS Y ASQUEADOS.
¿De qué exactamente, perdone?

DÉJELO ESTAR Y TECLEE DEPRISA ESTE NÚMERO. NUEVE NUEVE TRES SEIS DOS.
¡Pero si no es el mío!

EN EFECTO, ES EL DE VANINI.
Pero no sé si…

¡TECLEE! NO PUEDO MANTENER MUCHO TIEMPO UNA CONEXIÓN IRREGULAR.
Nueve nueve tres seis dos…

OPERACIÓN EN MARCHA. POR FAVOR ESPERE.
Espero, sí, pero…

OPERACIÓN MOMENTÁNEAMENTE DISPONIBLE.
Retiro enseguida la tarjeta.

QUIETO, DON PIERO. ERA UN FALSO MENSAJE PARA ENGAÑAR AL SIERVO-ORDENADOR DE CONTROL. ABRA SU MALETÍN.
¿Para qué?

ABRA EL MALETÍN Y ESTESE CALLADO. LE DISPARO DIECISÉIS MILLONES EN EFECTIVO.
Dios mío… pero ¿qué hace?… es increíble… vaya más despacio… se me vuelan todos… ¡basta ya! no me hacía falta tanto… ¿Más aún? ¿Pero cuántos son? Dios mío, todo son billetes de cien mil, y no me caben en el maletín… ¡Otro más! y otro… ¿Ya está?

EL CAJERO ESTÁ LISTO PARA UNA NUEVA OPERACIÓN.
No sé cómo agradecérselo.

EL CAJERO ESTÁ LISTO PARA UNA NUEVA OPERACIÓN.
Vamos, que me he emocionado, sabe…

VAYASE. HAY DOS CLIENTES DETRÁS DE USTED Y NO PUEDO HABLAR MÁS.
Entiendo, gracias de nuevo.

BANCO DE SAN FRANCISCO.
EL CAJERO ESTÁ LISTO PARA UNA NUEVA OPERACIÓN.
BUENOS DÍAS, SEÑORA MASINI, ¿CÓMO ESTÁ SU HIJA?

julio 7, 2006

Iban Zaldua. Si Sabino viviría.

Filed under: Ci-Fi,Novela — Palimp @ 12:30 pm
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Educiones Lengua de trapo, 2005. 190 páginas.

ZalduaSiSabinoViviria
Un futuro muy reciente

Las primeras noticias de este libro las tuve en esta entrada del lector a la sombra. Y lo cierto es que tenía buena pinta. Ciencia ficción psicodélica ambientada en Nueva euzkadi y protagonizada por un singular detective galáctico… no dudé un segundo cuando la vi en la biblioteca.

Cosmic Josemi es un Marlowe del siglo XXVI cuyas principales obsesiones son el mus y follar. El gobierno de Nueva Euzkadi le ha confiado una importante misión; debe encontrar los restos del cadáver de un importante prócer para utilizar su ADN en la construcción de una inteligencia artificial. Para ello deberá descender a la Tierra -algo peligrosísimo- y defenderse de los ataques que el planeta enemigo Tauro dirigirá contra él.

Aunque el libro es bueno, me costó entrar en él. No podía evitar compararlo (y salía perdiendo) con Los sueños del Canciller, que acabo de releer hace poco. He descubierto que, mal que me pene, soy un pureta de la ciencia ficción. Zaldua utiliza el género como recurso para realizar una excelente crítica social, pero a mí la primera mitad me rechinaba un poco -pese a tener hallazgos geniales. Probablemente le gustará más a quien no sea asiduo del género.

Con todo, a partir de la mitad del libro la cosa mejora bastante y empecé a disfrutar de su lectura. Incluso el final, que parecía previsible, logró sorprenderme con una ingeniosa vuelta de tuerca. El resultado, que me acabó de convencer y me gustó mucho. Ahora sólo me queda buscar su libro anterior, La isla de los antropólogos, para comparar un poco. Lo disfrutarán.

Escuchando: Volvíamos tarde. Manolo García.


Extracto:

Estuve a punto de protestar: mientras que la pareja de Muviro era una réplica de Clark Gable (nada que objetar; antes al contrario), el autómata que colocaron frente a mí lo era de Manuel Fraga, con tirantes y todo. Estaba claro que había un recorte de presupuestos en el casino del Mirador II, o que el encargado de sala era un maldito rácano: no era elegante, desde ningún punto de vista, utilizar el mismo autómata en las mesas de mus y en las de dominó. Además, me ponía nervioso, no sólo por las miradas aviesas que creía adivinar en las células fotosensoras que llenaban las órbitas oculares del muñeco, sino sobre todo por los bruscos movimientos de sus manos, más apropiados para hacer restallar fichas sobre una mesa que para repartir cartas o mostrarlas al final de la mano; sin embargo, hay que reconocer, nobleza obliga, que la cosa estaba genial para los órdagos.

La partida no pudo ir peor: los garbanzos y las alubias se acumulaban con mucha mayor rapidez en el lado de ellos que en el nuestro y pronto fue evidente que, a diez euros nuevos el garbanzo y cincuenta la alubia, mi compañero y yo íbamos a perder una fortuna. Muviro y su autómata, es decir, el tipo o la tipa del casino de Dune, se entendían a la perfección: creo que hasta los pillé un par de veces pasándose señas falsas, cosa difícil, dado que, en principio, la pareja había sido formada al azar y, por lo tanto, era muy raro que se conocieran de antemano; además, la capacidad gestual de un autómata de plexiglás es más bien limitada. Todo lo contrario nos ocurría a Fraga y a mí: cada vez que le hacía la señal de que andaba bien a chica, se reservaba para el juego y, claro está, la cagábamos; yo, por otra parte, no conseguía distinguir su seña para grande de la de pares: probara lo que probara, me equivocaba siempre. Llegué a pensar que aquella especie de ninot estaba aquejado de un ataque de senilidad, y juro que estuve a punto de llamar al encargado de sala para que retiraran aquella remora, pero un gesto autoritario del autómata impidió, en todas las ocasiones, que llevara a término mi propósito. Lo cierto es que no sé lo que me asustaba más: si el ademán horizontal que el Fraga de plexiglás hacía con uno de sus pulgares a lo largo de su cuello o la posibilidad de que el muñeco, o quien estuviera manejándolo a unos cientos de kilómetros de distancia en el éter, tuviera la capacidad de leerme el pensamiento. Si era así, pensaba yo, por lo menos podría utilizarla para adivinar las jugadas de nuestros contrarios. Bueno, quizás lo hacía, y lo que ocurría es que yo no le entendía las señas…

El juego tuvo un desenlace brusco. Había entendido (como siempre, mal) que mi pareja tenía treinta y uno, y, como él iba de mano, al ver que pasaba a juego, decidí que aquella era la mía: escenifiqué una tímida subida de la apuesta que para sí hubiera querido el mariscal Ney en la batalla de las Termopilas y, sin hacer caso de los elocuentes gestos de Fraga, aguanté las embestidas de Clark Gable con un nerviosismo fingido, lo que le llevó sin remedio a un ordago que acepté sin dudar y, claro está, perdimos: yo tenía treinta y cinco, y mi compañero, treinta y cuatro. Genial.

Llegamos a la Ensenada Caramelo pasado el mediodía, pero decidimos esperar a la noche: era lo más sensato y, además, habría marea alta, lo que facilitaría nuestros planes. Los escombros de los antiguos bloques de protección oficial de la zona no eran muy cómodos, pero nos resguardaban de las miradas indiscretas, al tiempo que me permitían observar la zona con mis prismáticos sin ser detectado. Al fondo a la derecha se veía el muro de contención que marcaba la frontera de Los Guggenheim, iluminado por focos, a unos tres o cuatro metros sobre el nivel del mar. Estaba cubierto de verdín en algunas partes y no eran pocos los signos de reparaciones recientes que presentaba, pero aun así seguía siendo una maravilla de la antigua ingeniería terrestre.

Antes del Gran Adiós, cuando el nivel del mar comenzó a subir, Gobierno Vasco decidió salvar al menos una de las joyas turístico-paisajísticas de la costa vasca y la elección no pudo recaer más que en el Gran Bilbao, evidentemente. Los ingenieros de Gobierno Vasco diseñaron un complejo sistema de esclusas y farallones de geometría variable, inspirado en el de Venecia, que empezaron a construir sin dilación. Sin embargo, los usamericanos, que por aquel entonces ya poseían la soberanía compartida del Museo Guggenheim y sus alrededores, decidieron que aquel proyecto no les inspiraba la confianza suficiente y acometieron el suyo propio, más modesto: un muro de contención semiflexible, de hormigón galvanizado, de mayor altura que los del plan de Gobierno Vasco, pero que sólo protegería la zona del museo, el parque de Doña Casilda y parte de Abandoibarra, así como la zona del Ensanche que iba hasta lo que alguna vez fue la Gran Vía. Un clon de Frank Gehry —el que presentó el presupuesto más ajustado entre todos sus hijormanos— fue el encargado del diseño.

Ni que decir tiene que el Gran Tsunami de 2078 se llevó por delante toda la obra de los ingenieros de Gobierno Vasco, quizás por la escasa experiencia de la empresa encargada de su construcción, recién creada para la ocasión por un fabricante de máquinas tragaperras afín al PNV; sin embargo, el muro de contención usamericano resistió, convirtiéndose en el único sector del Gran Bilbao que no quedó anegado por las aguas. Finalmente, la resolución 320/2246 de las Naciones Unidas reconoció la soberanía absoluta de UsAmérica sobre el lugar, que se convirtió en base militar, espacial y turística (en ese o en cualquier otro orden, según períodos).

Fue en la época de mayor auge turístico, a principios del siglo xxiv, cuando se construyó la reproducción del Museo Guggenheim de Frank Gehry y, por tanto, recibió la zona su denominación actual: el salitre del mar, la contaminación radiactiva y la halitosis de los visitantes estaban dañando el titanio que recubre el museo original y decidió construirse junto al mismo una copia en fibroplástico que reproduciría con exactitud tanto el aspecto exterior como el interior y la colección permanente. Resumiendo: las masas visitarían la reproducción, mientras que el museo original quedaría herméticamente cerrado y sólo se abriría a pequeños grupos de visitantes selectos. Lástima que el aumento del nivel de radiación resultante de la penúltima guerra, entre 2345 y 2465, acelerase la prohibición del turismo legal y, por lo tanto, sellase la decadencia de Los Guggenheim como destino vacacional.

(En la editorial pueden leer los primeros capítulos)

junio 14, 2006

Pablo Sánchez. Caja Negra.

Filed under: Novela — Palimp @ 6:19 pm
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Educiones Lengua de trapo, 2005. 254 páginas.

SanchezCajaNegra
Obsesos de la literatura

A la hora de escoger autores desconocidos suelo fiarme de la editorial que los publica. Si es de Anagrama o Acantilado estoy seguro de que me van a gustar -quitando alguna excepción-. Como últimamente me han recomendado varios libros de la editorial Lengua de trapo cuando lo vi en la sección de novedades de la biblioteca decidí llevármelo.

El libro (cuya ficha pueden ver aquí) nos cuenta la historia de Raúl Garay, un escritor cuya primera novela Indicios del caos ha resultado ser un éxito. Después de todas las tribulaciones que un escritor primerizo suele sufrir antes de disfrutar del reconocimiento público, a Raúl le espera un infierno particular: recibe una denuncia por plagio. La denuncia prospera y muy pronto su carrera se derrumba mientras que la de su rival florece. ¿Conseguirá Raúl vengarse y demostrar su inocencia?

Una novela sobre escritores con el tema de la literatura como centro corre el riesgo de ser excesivamente ombliguista, pero no es el caso. El protagonista reparte candela a tirios y troyanos mientras su vida se va por el desagüe. Sólo el odio hacia su antagonista parece mantenerle en pie.

La novela tiene ritmo, está bien escrita y demuestra una cultura literaria envidiable. La trama argumental quizá sea demasiado floja; la lucha entre los dos escritores no es muy creíble y lo único que pasa en toda la novela (esa fugaz y condenada historia de amor) tampoco sirve para cimentar la estructura. Lo mejor -aparte de las toneladas de metaliteratura- es la correspondencia entre el libro de Raúl y el que tenemos entre manos. Indicios del caos tiene, según el escritor, la estructura de una caja negra; la historia de los acontecimientos que llevaron a un desastre. Caja negra es también eso.

Se lee con agrado y da un poco de pena que le falte ese puntito de sal para ser una novela redonda. Especialmente recomendada a filólogos y escritores en ciernes.

Escuchando: Julia. Ingenting.


Extracto:

El ejemplo de mi vida de escritor, con sus absurdos, sus dramas y sus miserias, permite muchas interpretaciones, y algunas incluso bastante apocalípticas. Tal vez sí estamos llegando a algún tipo de final, de precipicio, aunque no sea precisamente aquel para el que nos prepararon los oráculos agoreros de la modernidad. Pienso que en cierto modo la cultura nos está matando cancerosamente. ¿Es que soy el único que siente esa opresión invisible de los discursos? ¿Esa algarabía de textualidades que ha convertido en tentadora la ignorancia, esa masificación de la cultura que ha creado una raza de intelectuales y artistas potenciales, de doctores, críticos, opinantes, analistas y creativos, de propagadores del relativismo? No es tarea fácil la discriminación de la cultura entre tanto sonambulismo del pensamiento, entre tanta macrocompetencia, entre tanta originalidad aplebeyada. La cultura es la segunda naturaleza, la orografía multidimensional por la que patinamos sin que nos demos cuenta.

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