Antonio Ortà y Josep Sampere. Leyendas urbanas.
MartÃnez Roca, 2000, 2006. 440 páginas.
Ya me declaré fan de las leyendas urbanas en la entrada El fabuloso libro de las leyendas urbanas. ConocÃa la existencia de esta versión autóctona pero me la encontré por casualidad en la biblioteca al buscar el libro de José MarÃa Merino sobre las leyendas españolas que puse antes de ayer. Además se trata de la edición corregida y aumentada; un dÃa de suerte.
El talante del libro se puede ver en la introducción que aparece en la solapa sobre los dos autores:
Antonio Ortà nació en Plutón, en una vasta región de cuerpos rocosos situada más allá de la órbita de Neptuno. En Valencia le esperaban Amparin y TonÃn, sus padres. Miembro honorario de la Asociación de Artistas Suburbanos y hombre de pueblo, su pluma ha salpicado -y a veces manchado- periódicos y revistas con un coeficiente intelectual superior a la media. En la actualidad trabaja en Men’s Health, aunque sus glúteos no hagan justicia a la publicación. Entre sus debilidades se encuentra la carne humana y, muy en concreto, la que sirven en La Muralla Amarilla. Su otra gran pasión es la polÃtica. «Los extraterrestres, con Bush y Blair a la cabeza, ya dominan el mundo. La cuestión es qué podemos hacer nosotros», escribe en voz alta.
Josep Sampere reside en el inconsciente colectivo, allà donde sueñan las verdes hormigas. Ha sobrevivido al ántrax en polvo y al mal de las vacas locas, si bien no descarta morir la primavera menos pensada, en cuanto vuelvan las oscuras golondrinas (portadoras de pandemias). A pesar de la radiación ambiental (o puede que gracias a ella), aún no ha visto mermadas sus facultades mentales, que emplea en tareas anacrónicas como leer libros y, en ocasiones, escribirlos. (Véase 32 d’octubre.) En 2004 ganó el premio Vaixell de Vapor con la novela El Mar de la Tranquilitat. Su personalidad contradictoria (acaso múltiple) le permite ser un escéptico dispuesto a creer cualquier cosa, siempre y cuando lleve delante un «Érase una vez».
Si el de Brunvand era una recopilación de leyendas urbanas con un estudio acerca de sus orÃgenes y posibles focos, este libro comprende una serie de capÃtulos que, a modo de artÃculo perodÃstico, nos presentan una serie de leyendas agrupadas por un eje común. Se nota que hay una documentación seria detrás del trabajo de los autores e incluso una labor de investigación para tratar de encontrar las fuentes de las noticias cuando éstas han aparecido en los periódicos.
Si bien son pocas las leyendas urbanas que puedan considerarse fabricadas aquà no es infrecuente encontrarse en periódicos y radios adaptaciones de leyendas extranjeras consideradas como verÃdicas. Los autores desmenuzan con rigor y un buen sentido del humor la credibilidad de tan extravagantes historias.
Les encantará.
Escuchando: The Outdoor Type. The Lemonheads.
Extracto:[-]
No todos los accidentes grotescos que describen las leyendas urbanas se producen por jugarretas del azar. Algunos de ellos son el resultado de llevar ciertas bromas demasiado lejos. El tema ha sido recogido puntualmente por los cronistas de la narrativa tradicional, como lo confirma la referencia N334 del Motif-Index de Stith Thompson: Desenlace fatal de un juego o una broma. Ernest Baughman, otro eminente estudioso de los temas tradicionales, amplÃa el dato en su Ãndice, asignándole la referencia N.384.0.1 (a): Iniciado de una fraternidad muere por presunta pérdida de sangre. Los miembros le vendan los ojos, le pasan un cubito de hielo por el brazo y, al mismo tiempo, dejan gotear un grifo. Acto seguido se marchan. Cuando vuelven al cabo de unas horas lo encuentran muerto.
Percibimos ecos evidentes de la referencia N334 en una leyenda urbana muy difundida en Catalunya —y tal vez en otros puntos de España—, pero de la que no hemos localizado equivalentes extranjeros. La hemos titulado La corbata del novio y la sierra mecánica. La versión que sigue nos la cuenta Teresa Mas, una informadora de Igualada (Barcelona):
En un restaurante de la comarca de Anoia (Barcelona) se celebraba un banquete de bodas. Cuando llegó el momento de los acostumbrados rituales o bromas, se decidió cortar la corbata al novio con un método inédito hasta el momento: una sierra mecánica. Involuntariamente, la persona encargada de efectuar el corte de corbata seccionó el cuello del novio, que falleció.
Entre los dÃas 10 y 15 de marzo de 1991, la «noticia» causó tal conmoción en Igualada, que una publicación bisemanal de la ciudad tuvo que desmentirla en un suelto titulado Las serpientes de primavera. El texto, que traducimos del catalán, decÃa asÃ:
Parece que, a caballo de la primavera, se desaten los casos rocambolescos referidos a nuestra comarca. Aún esta semana hay quien nos ha llamado por si podÃamos ampliar la noticia, que no era tal. Se propagó que habÃa habido un novio muerto al cortarle la corbata con una sierra mecánica. Insólito.
Efectivamente. La historia contenÃa todos los rasgos de las leyendas urbanas: impacto colectivo; protagonistas anónimos; escenarios concretos que iban variando según las versiones y que cada vez se alejaban más del «foco» inicial del relato, y deformación progresiva de los hechos: en las primeras versiones, el «bromista», desesperado, huÃa en coche y sufrÃa un accidente mortal, mientras que la viuda prematura se suicidaba al dÃa siguiente (pura tragedia griega).
Variaban asimismo las causas de la muerte y la naturaleza del «arma homicida»: algunos sostenÃan que el novio falleció desangrado; otros, en cambio, juraban que murió estrangulado por su propia corbata al enredarse en ella la cadena de la sierra. Tampoco estaba claro si ésta era eléctrica o de gasolina. HabÃa además numerosas personas que aseguraban codearse con «amigos de amigos» de quienes habÃan presenciado la tragedia o que incluso conocÃan personalmente a alguno de tales testigos.
Nuestros obstinados intentos de encontrar nuevas referencias en los archivos de un canal de televisión local no dieron resultado. Con el tiempo fuimos recopilando versiones orales que situaban el suceso en otras ciudades (Manresa, Vilanova i la Geltrú, Vilafranca del Penedés, Barcelona), de lo cual parecÃa desprenderse que la leyenda ya circulaba anteriormente. Y si se trataba de una leyenda «migratoria», cabÃa suponer que terminarÃa traspasando los lindes de las comarcas catalanas.







