Cuchitril Literario

Febrero 26, 2008

Antimeme, Amis, Anagrama

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Me pasa The happy butcher el meme antimemes, el

Memes no, gracias

Que consiste en dar varias razones en contra de los memes. Aquí están las mías:

1.- Porque los memes no son memes, son cadenas que se ponen de moda y llamarlos así es una perversión del concepto de Dawkins

2.- Porque cuando te los pasan tienes que seguirlos si no quieres quedar mal con el que te los ha pasado, y para un bien queda como yo eso es fatal.

3.- Porque normalmente son poco interesantes, o poco originales o poco de nada.

4.- Porque son muy difíciles de matar; siempre hay alguien que te mandará uno nuevo.

Yo, como siempre, no lo mando a nadie ¡menuda contradicción, odiar los memes y difundirlos!

Ayer estuve en la entrevista que Rodrigo Fresán hizo a Martin Amis en la biblioteca Jaume Fuster. Cortita, con pocas preguntas del público y no especialmente deslumbrante, pero no siempre tiene uno la ocasión de ver a un pedazo de escritor como él. Aproveché para preguntarle sobre su sueldo como profesor de escritura creativa. En realidad la pregunta fue doble. Por un lado, si considera que estas clases sirven para algo, a lo que contestó que como decía Nabokov, la única escuela es la del talento y eso no se enseña, pero que él hubiera agradecido en su momento tener a un señor de 58 años que le hubiera explicado algunas cosas y le hubiera guiado un poco. Por otro le pregunté si sus clases valen lo que cuestan y comentó que su sueldo lo paga la universidad y es un intento de revitalizar culturalmente el norte de Inglaterra, y que por otro lado ahí se pagan sus veinte libros, su experiencia y que si lo comparan con lo que cobra un jugador de futbol tampoco es para tanto. Se metió con el mundo islámico, aunque no tanto como en sus últimas declaraciones -nadie preguntó al respecto-, habló de literatura, de Rusia y de la relación con su padre -que le regaló 144 condones cuando era adolescente-.

Martin Amis y Rodrigo FresánLibros de Martin Amis

Ya que estaba ahí aproveché para ver la exposición sobre Anagrama, editorial de mis amores. Básicamente se compone de fotos de Herralde con escritores de medio mundo -que envidia- y unos palés de libros en medio de la sala que dan ganas de robar. Aproveché para fotografiar algunas fotos, en especial en las que sale Bolaño:

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¡Que no se me olvide! En el FNAC del Triangle hay una exposición de portadas de la mítica revista Star:

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Y esta noche a las nueve en el Sex Shop Desig sesión de cuentos eróticos en la que participa un servidor. No se la pierdan.

Febrero 14, 2008

Martin Amis. Koba el Temible.

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Editorial Anagrama, 2004. 322 páginas.
Tit. Or. Koba the dread. Laughter and the twenty million. Trad. Antonio-Prometeo Moya.

Martin Amis, Koba el Temible
El otro holocausto

Hay ocasiones en las que es difícil criticar algo, por aquello de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Si a uno no le parece bien lo que está haciendo Israel con Palestina, enseguida le juntarán con grupos neonazis y le llamarán antisemita. Si le parece increíble que despidan a una escritora como Cristina Peri Rossi por temas lingüísticos pueden pensar que ideológicamente estás cerca de gente como ésta.

Quiero creer que esas son las razones por las que durante tanto tiempo la práctica totalidad de los intelectuales occidentales hicieron la vista gorda con los desmanes que se produjeron en la Unión Soviética. No les gustaría que les llamaran fascistas o imperialistas. Martin Amis no entiende por qué si los campos de concentración nazis nos estremecen apenas sabemos nada de las cosas terribles que pasaban en los gulags.

Este es el eje central del libro. Denunciar con una cantidad de datos escalofriante los desmanes que Stalin -Koba el temible, Iosif el terrible- cometió cuando estaba en el poder. Casi veinte millones de muertos, algunos en condiciones espantosas. La lista de horrores es interminable, pero lo peor es que todos sucedieron bajo el visto bueno del resto del mundo. Y no será que no estaban avisados. Ahí estaban Rebelión en la granja y 1984, escritos por alguien cuya afiliación izquierdista estaba fuera de toda duda, pero que denunció lo que pasaba -pueden escuchar el documental de RNE que colgamos aquí: George Orwell y 1984.

Un libro que fue tan polémico como sus recientes declaraciones pero con mucha más razón. No es una continuación de sus memorias, como se dice en la contraportada, pero no por eso deja de ser interesante. ¿Hemos aprendido? La tolerancia de la izquierda de este país con la dictadura de Fidel Castro demuestra que no. Señores, no repitamos la historia. Puede criticarse a Fidel sin estar a sueldo de las mafias de Miami. O eso me gustaría creer.

P.D. Acaba de salir una biografía -LLamadme Stalin- que parece dar una imagen completamente diferente de Stalin. Eso y más pueden leer en la excelente columna de Manuel Rodríguez ¿Hubo alguna vez once mil comunistas?.

Escuchando: Do the Dog. The Specials.


Extracto:[-]

GEORGIA
Las biografías de los grandes monstruos históricos son siempre tragicómicas cuando hablan de su infancia. En vez de decir, por ejemplo, que «a X lo educaron los cocodrilos en una fosa séptica de Kuala Lumpur», nos hablan de padres, hermanos, casas y patrias. Podría decirse que la atmósfera familiar que reinaba en la casa de los Dyugashvili, en Gori, Georgia, dejaba mucho que desear. Los padres de lósif se peleaban a bofetadas y lósif las recibía de ambos. Pero no hay nada en sus primeros años que prefigure la desmesura de Stalin. Lo mismo le ocurrió a Hitler. También éste nació en la periferia del país que gobernaría (en la Alta Austria) y de padres campesinos (aunque la situación del padre, que pasó a ser funcionario imperial, mejoró hasta el punto de que la posición social de Hitler se parecía a la de Lenin); tanto Adolf como lósif cantaron de niños en el coro de la iglesia; y los dos acabarían midiendo 1,62 m. El padre de Hitler se fue obsesionando por la apicultura en la vejez (en cierto modo, muy oportunamente). El padre de Stalin era un zapatero remendón medio analfabeto y empinaba el codo.

lósif Vissariónovich era el típico muchacho que se ponía apodo. Este apodo fue «Koba». Koba era el protagonista de una novela popular de título sugestivo: El parricida; pero Koba no era el parricida del título. Lo más destacado de Koba es que era una figura a lo Robin Hood, azote de los ricos y benefactor de los pobres. Stalin tenía otro sobrenombre, «Soso» (diminutivo georgiano de lósif), que en esta etapa resumía bastante bien su personalidad. Exceptuando su memoria (obligatoriamente descrita como «fabulosa»), fue un chico normal. «Stalin», como se sabe, fue otro apodo que se puso. Hombre de Acero. El de Acero.

Empezó a aprender ruso a los ocho o nueve años (sus padres eran georgianos monolingües). En 1894, a los quince años, dejó la escuela parroquial de Gori y obtuvo una especie de beca para estudiar en el seminario de teología de Tiflis. Lo expulsaron, o se marchó él, al cabo de cinco años. Desde entonces fue revolucionario a tiempo completo.

Dos detalles de la niñez. Un compañero de estudios diría más tarde que nunca había visto llorar a lósif. Viene a la memoria la célebre frase que fue moneda corriente en los años treinta: Moscú no cree en las lágrimas. En cambio, Koba era poeta. Se cree que estos versos salieron de su pluma:

Sabed que quien cayó en tierra como la ceniza, quien fue hecho esclavo hace mucho, volverá a levantarse con las alas de la esperanza, por encima de las cordilleras.

Robert Conquest sugirió en cierta ocasión que «con los poemas de Stalin, Castro, Mao y Ho Chi Minh podría prepararse un pequeño y curioso volumen, con ilustraciones de A. Hitler». A los veinte años, con sus sueños artísticos por los suelos, Hitler era un vagabundo: bancos de los parques, colas de la sopa boba. Con un poco más de talento tal vez se habría suicidado, no en el bunker, sino en un pequeño y acogedor estudio de Klagenfurt.

No sabemos qué pensaba Stalin de su infancia. Pero sabemos qué pensaba de Georgia. ¿Por qué desfogarnos con los padres cuando podemos desfogarnos con una provincia?

En 1921, con el apoyo total de Stalin, Lenin volvió a anexionarse Georgia (que había obtenido la independencia el año anterior) invadiéndola. Stalin se desplazó al sur para asistir a un pleno del nuevo gobierno: la primera visita que hacía en nueve años. Se dirigió a un grupo de trabajadores del ferrocarril, que le obligaron a guardar silencio con gritos de «renegado» y «traidor».

Junio 25, 2007

Martin Amis. Experiencia.

Archivado en: Ensayo, Novela — Palimp @ 6:10 pm
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Editorial Anagrama, 2001. 500 páginas.
Tit. Or. Experience. Trad. Jesús Zulaika.

Martin Amis, Experiencia
Are you experience?

Cito la contraportada:

En la esperada autobiografía de Martin Amis se nos invita a recorrer la vida, los libros y los libros detrás de los libros de uno de los más extraordinarios narradores contemporáneos

Recorrido vital y personal, sí. Autobiografía, no. Ni siquiera memorias y sí hacer memoria. Ya lo define bien el título, lo que encontramos aquí son experiencias.

¿Qué son experiencias para Martin Amis? El asesinato de su prima, que desapareció misteriosamente en 1973 y fue descubierta veinte años más tarde en el jardín de un asesino en serie. El ser hijo de su padre, y sus constantes discusiones con él. Su sonada bronca con su amigo Julian Barnes, en la que hubo insultos para todos. Los libros, montones de libros. El sexo. Sus problemas con la dentadura, que le llevaron a gastarse cien mil dólares en arreglárselos (esta obsesión aparece en Niños muertos). La aparición de una hija de la que no tenía ninguna noticia. Los ataques de la prensa. La muerte de su padre.

Con estos hilos y cartas escolares, multitud de anécdotas, recuerdos y muchas notas al pie construye Martin Amis una novela con él mismo como protagonista. Uno lee este libro porque le gusta el autor y quiere saber más cosas de él, pero a las pocas páginas pierde importancia de quién se está hablando. La narración, la historia, interesan por si mismas. Podría leerlo con gusto alguien que no supiera quien es Amis.

Hay dos cosas que me sorprenden. Una, la sombra que proyecta Kingsley Amis en su hijo: no debe ser nada fácil escribir cuando tu padre es un escritor famoso. Lo curioso es que yo no he leído nada del padre, ni me interesa, y supongo que somos unos cuantos. Leyendo este libro uno se lo gritaría a través de las páginas y del tiempo. Dos, los ataques de la prensa amarilla. Vivimos en el país del tomate, pero no me imagino a ningún escritor en el sillón del Salsa Rosa; no creo que le interesara a nadie. No sé si que un escritor sea lo suficientemente interesante como para que los paparazzis se ceben en él es bueno o malo; como mínimo es curioso.

Un libro excelente, tanto si eres seguidor de Amis como si no.

Escuchando: Beverly hills. Weezer.


Extracto:[-]

La primera visita a Mike Szabatura había tenido lugar a las ocho de la mañana del miércoles anterior. Me llamaron por mi nombre y entré en la consulta. El apretón de manos de Mike Szabatura fue masónicamente médico. Las manos de los dentistas son cálidas, fuertes, divinamente inmaculadas. Dos bellas mujeres jóvenes, de luminosa piel morena y uniforme rosa, se bamboleaban a nuestro alrededor. No hizo falta que me invitaran dos veces a repantigarme en el sillón. Las palabras me salieron con fluidez. Las había estado escribiendo en mi cabeza desde hacía muchos años.

-Voy a pasármelo fatal. Pero también usted: va a tener que mirar dentro de mi boca. La parte inferior de mi dentadura es, sencillamente, muy mala. Pero la superior… Tengo un puente que me va de oreja a oreja, y lo único que lo mantiene ahí, que yo sepa, es la costumbre. El problema es hereditario, amén de la falta de adecuado cuidado cuando era más, joven. Mi madre tenía buena dentadura y malas encías. Mi padre tenía las encías bien y mala dentadura. Yo tengo mala dentadura y malas encías.

—Echemos un vistazo.

—Ármese de valor —dije, y abrí la boca.

Media hora después Millie me ayudó a quitarme el chaleco de plomo en el que me habían embutido para protegerme de la descarga cerrada de rayos X. Siempre pienso en mi prima Lucy cuando me están dando rayos X, cuando me sujetan y oprimen de algún modo; y siempre pienso en ella cuando estoy en una iglesia… Esperé en la sala de espera. Aún no eran las nueve de la mañana y ya había en ella otros sufridores dentales. ¿De qué padecían ellos? De temblores y molestias locales, sin duda; no de auténticos movimientos tectónicos. Millie me hizo una seña. Me hizo entrar -de forma harto ominosa, tuve la impresión— en otra sala, una sala más silenciosa y oscura, una sala que bien podría llamarse la Sala de las Malas Noticias, donde Mike Szabatura estaba de pie, inclinado sobre una radiografía. Mike es un hombre grande y robusto de cara carnosa, viva, con una expresividad casi de cómic. Cuando habla mueve la cabeza y frunce los labios y se le ponen los ojos saltones. Es una cara adiestrada durante años a dramatizar lo positivo y lo negativo, para decir: «Por un parte, esto; por la otra, esto otro.» Pero mi caso no iba a poner a prueba su repertorio. No había «por la otra».

-La parte de arriba no tiene remedio. La de abajo también está muy mal. Mire.

Examinamos el paisaje lunar de la radiografía. Había una «patología» en la mandíbula inferior: un bulto oscuro justo encima de la barbilla, que —según aprendí en aquel mismo momento— podía deberse a una de las tres causas siguientes: un tumor canceroso; un tumor de nombre muy largo, que sería recurrente; y un tumor, sin más (tratable y nada exótico). Sea lo que fuere, acabaría manifestándose. Llevaba meses y meses sintiendo que algo nuevo y extraño se estaba desarrollando en aquella zona de mi boca: presión, actividad, ocupación…

-Los de arriba no tienen remedio. En mitad de cualquier comida puede usted quedarse con los dientes en la mano. Se los sacaré el lunes. No le queda otra opción.

Abril 17, 2007

Martin Amis. Mar gruesa.

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Editorial Anagrama, 1999. 234 páginas.
Tit. Or. Heavy Water and Other Stories. Trad. Jesús Zulaika.

Martin Amis, Mar Gruesa
Cabeza abajo

En la nueva biblioteca a la que voy de vez en cuando tienen una mesa con los libros más prestados. Todos ellos tienen una pegatina con el oscar a los más populares (supongo). Es una sorpresa ver que la mesa no está copada por pilares de la tierra, davincis, templarios y similares. También hay espacio para otro tipo de literatura, y entre ellos encontré este Mar gruesa de mi estimado escritor Martin Amis.

El libro es un compendio de nueve relatos, publicados en diferentes revistas (Granta, New Yorker, New Statement), de temáticas y estilos muy diferentes. Veamos la lista:

Un peldaño en la carrera

Mientras Alistair se las ve y se las desea para intentar colocar un guión en una sórdida revista, Luke disfruta de la buena vida y negocia los derechos de su último poema Soneto.

La muerte de Denton

Denton sabe que ocurrirá, serían tres, y actuarían con calma y determinación. Y que utilizarían la máquina.

El estado de inglaterra

Mal trabaja como gorila, aunque las cosas no le van muy bien ultimamente, se haya separado de su mujer, e intente ganarse el respeto y el cariño de su hijo.

Deja que cuente las veces

Vernon tiene una vida sexual milimetrada: tres veces y media a la semana. Pero en un viaje de negocios descubrirá un nuevo mundo lleno de promesas de felicidad ilimitadas: el onanismo.

La coincidencia de las artes

Rodney es un chico de buena familia que se gana bien la vida en Nueva York como retratista. El portero de su edificio está empeñado en que se lea su novela y acaba de comenzar un idilio con una chica que nunca le habla.

Mar gruesa

Una madre sobreprotectora está de crucero con su hijo de cuarenta años, deficiente mental.

El portero de Marte

Mientras en la tierra Pop Jones intenta averiguar quien ha violado a Timmy, en marte una delegación es recibida por un portero extraterrestre que tiene muy malas noticias para el planeta.

Narrativa hetero

En un mundo totalmente homosexual también hay valientes heteros que se atreven a salir del armario, y homos que admiten ser sus amigos.

Lo que me pasó en las vacaciones

Durante unas vacaciones también puede descubrirse lo que significa la muerte.

En la contraportada se afirma que estos cuentos son lo mejor que ha escrito el autor en años. Mi opinión es, sin embargo, que no es para tanto. La idea de que los poetas disfruten del éxito -y de la vida estresada- de los guionistas y viceversa no deja de ser curiosa, pero no da mucho de sí (lo mejor, la ironía encubierta: la vanguardia poética no va más allá del verso blanco)*. Un mundo donde la homosexualidad es la norma y la heterosexualidad marginal tampoco da lugar a situaciones especialmente sorprendentes.

En la línea habitual de Amis se inscriben El estado de inglaterra, La coincidencia de las artes y Mar gruesa, relato que da título al libro pero que considero el peor de los tres. Deja que cuente las veces es gracioso y fresco. Lo que me pasó en las vacaciones es un curioso experimento -escrito con faltas, como si fuera un niño- que creo que logra su objetivo.

Rozando la ciencia ficción se encuentra La muerte de Denton, extraño bucle obsesivo de un condenado y El portero de Marte, quizá el mejor relato del libro, donde expresa con maestría la indefensión básica del ser humano, tanto en la tierra como en el universo, y expone una curiosa genealogía cósmica bastante plausible con breves pero certeros trazos.

No es de lo mejor del autor, pero Amis en horas bajas sigue siendo más interesante que muchos autores en plena forma y los dos o tres relatos buenos salvan al libro.

(*) Curiosamente tanto este cuento como algunos de los demás me parecen mejores en el recuerdo -ya han pasado unos meses desde que escribí la reseña.

Escuchando: Nadar en tu sudor. Los Deltonos.


Extracto:[-]
»Caímos en una espiral. A las carreras armamentísticas les se guían indefectiblemente masivos conflictos. Nos acribillábamo mutuamente con todo tipo de arsenales sobremanera exóticos, en deliciosas y alambicadas secuencias de estocadas, fintas y contraataques. Pero al cabo nada pudo compararse a los drásticos efectos del intercambio termonuclear entre ambos bandos. Siempre acabábamos lanzándonos todo lo que teníamos a mano, en sucesivos despliegues de liquidación de arsenales. Después de una devastación, volvíamos a reconstruirlo todo con vistas a nuevas devastaciones. Nadie se quejaba. La tecnología de los refugios se había desarrollado enormemente. Las bajas podían recomponerse hasta quedar como nuevas. Y los muertos eran sencillamente resucitados (salvo, claro está, en los casos de volatilización absoluta de los cuerpos). Llegamos a considerar los inviernos nucleares como autóctonos de Marte. Los paréntesis de calma duraban siglos. Las batallas se dirimían en una tarde.

»No parece tener mucho sentido, ¿no? Más tarde, los marcianos dieron en argüir que se trataba de una etapa necesaria en su desarrollo militar. Sentían que eran… ricos en tiempo. No sabían, como yo sé, que esto les sucede a todos los mundos de tipo V en la fase poshistórica. Sin excepción. Se vuelven locos.

»La Guerra de Hidrógeno de las Dos Naciones duró 112 millones de años, y seis meses después le siguió la Guerra de los 70 Millones de Años, en la cual el uso de armas basadas en la gravedad cuántica incrementaron a extremos inimaginables la potencia de fuego de ambos bandos. Para entonces otro factor estaban haciendo presa de la salud mental de los marcianos: la inmortalidad. En realidad esta palabra no resulta de gran utilidad. Pongámoslo de este modo: en Marte todo el mundo anhelaba una identidad personal sin término en el tiempo. Y en el contexto de los mundos de tipo V eso siempre afectaba a la cabeza. Hubo otra gran guerra, la Guerra de la Gran Fuerza Nuclear, que se prolongó por espacio de 284 millones de años. Cuando salieron de ella, el sentimiento general era que Marte se había estancado. Así que decidieron dejar de hacer gilipolleces. A propósito: vosotros, en esta fase, seguíais siendo un mero remedo de un pozo séptico. Bien, ¿y por qué no? Erais un magnífico remedo de un pozo séptico.

»Para empezar, había asuntos que atender en nuestro patio trasero. La Gente del Miedo y la Gente del Pánico se unieron para enfrentarse a un enemigo común. Un enemigo cercano.
El portero de Marte guardó silencio. Su cabeza, con su arco de acero, adoptó una postura inquisitiva. Vladimir Voronezh, uno de los Laureados rusos (su campo era la formación de las galaxias), tomó la palabta y dijo:

-Estimado señor, presiento que ahora va a decirnos que, en un pasado remoto, la vida surgió en alguna otra parte del sistema solar.

-En efecto. Tenéis que dejar esa costumbre de pensar en el «milagro» de la vida, en el fabuloso «accidente» de inteligencia, etcétera. Puedo aseguraros que en este universo la cognición es tan común como la saliva. Al ser un mundo de tipo V, Marte, en su fase de Riqueza Total, era extremadamente insular. Pese a disponer de la adecuada tecnología, no sentía ningún interés por la exploración espacial. Pero era perfectamente consciente de la coexistencia de dos mundos de tipo W: Júpiter y…

-¿Júpiter? -exclamó lord Kenrick Douglas, un científico alto, barbado y célebre, del campo de los quásares-. Señor, nosotros sabemos algo del sistema solar. Júpiter es un gigante de gas. Tiene una cotona de nubes heladas de un espesor de 1.000 kilómetros y una corteza de hidrógeno líquido. Nuestras sondas suicidas nos dicen que no hay superficie sólida en ese planeta. ¿Nos va a decir qué aspecto tenían los habitantes de Júpiter? ¿De medusas con transformadores? ¿Con trajes de submarinistas?

Esta chanza arrancó risas inquietas en el auditorio. El portero de Marte se puso tenso ante las risas, pero no como quien se siente agraviado, sino con concentración y curiosidad. Dijo:

-¿Puedo hacerte una pregunta? -Parecía dirigirse a Miss Mundo-. ¿Os reís porque os ha parecido gracioso o porque pensáis que ha dicho una gilipollez? No. No importa. Déjame decirte, señor lord laureado con el Nobel, que Júpiter no fue siempre un gigante de gas. Originalmente era mucho más pequeño y más denso.

Noviembre 5, 2006

Martin Amis. Niños muertos.

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Editorial Anagrama, 2002. 286 páginas.
Tit. Or. Dead babies. Trad. Marta Heras.

AmisNiñosMuertos
Muerte, drogas y perversión

Con lo que a mí me gusta Martin Amis, y este libro -publicado en 1975- no lo había leído. Me extrañaba porque tuve mi época Amis, me leía todo lo que veía de él. ¿Cómo se me había escapado este título? La solución, que Anagrama lo ha publicado con 27 años de retraso.

En la rectoría de Appleseed el brillante Quentin y su esposa Celia, la guapa Diana y el macarrilla de Andy , el obsesionado con su dentadura y rico Giles y el gordo y deforme Keith están esperando a unos invitados para el fin de semana. Lucy, que trabaja de prostituta y tres americanos; Marvell, Skip y Roxeanne. Los americanos traen drogas en abundancia como para alcanzar cualquier estado de conciencia (miedo, deseo, libertad) y parece prometer un fin de semana intenso. Pero nadie cuenta con que tendrán un invitado sorpresa, Johnny, que parece tener muy mala leche.

La idea de meter a unos jóvenes de buena familia con una buena provisión de droga en una mansión y dejar que pase de todo puede parecer -a estas alturas- un poco superada y arquetípica. Y no es así. Treinta y un años después de la publicación del libro todavía me parece una novela moderna y nada pasada de moda. El tinglado que monta Amis me parece menos falso, incluso, que la sordidez de otras novelas suyas como Dinero.

Que alguien me dé pistas de autores británicos, porque con los que leo parece que en inglaterra sólo existen dos tipos de personas; el lumpen y los aristócratas. O mi selección de lecturas es deficiente, o es que allí la diferencia de clases es brutal. ¿Alguien sería capaz de citar novelas españolas en las que se reflejen la nobleza patria?

Si te gusta Amis, te gustará Niños muertos. Y si no te gusta, puede que también. Una novela que me ha sorprendido agradablemente. Tomen nota.

Escuchando: Instituto Sangriento. F.A.N.T.A..


Extracto:[-]

-Un momento -dijo-. Son Conceptualistas. -¿Que son qué? -preguntó Marvell.

—Conceptualistas. —Andy se había puesto a escudriñar la sala con aprensión.

-Ah, ya, he oído hablar de ellos. Una especie de cruce entre los antiguos Angeles del Infierno y Chuck Manson.

-Nada de eso -dijo Andy, con tanta aversión que por un instante pareció mirar a Marvell con los agujeros de la nariz en lugar de con los ojos—. Nada de eso, ni mucho menos. Son algo nuevo, diferente. Creo que son los únicos que han sabido utilizar creativamente lo que le está ocurriendo al mundo actual. Para mí son los únicos que han sacado algo en limpio de lo que la tecnología ha hecho con el sexo y la violencia. Y durarán. -¿Sí?

-Más vale que te lo creas, tío.

-¿Cómo es eso?

Las dos marcas de fábrica de las actividades conceptualistas eran la precisión y la arbitrariedad. Inauguraron sus «Gestos», como ellos los llamaban, una mañana en la que quince humildes funcionarios fueron encontrados en su cama con el cuero cabelludo arrancado. Todos ellos eran funcionarios del servicio de depuración de aguas residuales. ¿Se trataba acaso de una organización política? Quince días después, cortaron el tendón de Aquiles de un grupo de médicos, inspectores de sanidad, asistentes sociales, secretarias de organizaciones de caridad y oficiales del Ejército de Salvación elegidos al azar, en una operación relámpago de ataques sincronizados. El primer día del siguiente mes, los periódicos informaron de que treinta propietarios de ferreterías de todo el país habían sufrido la extracción del ojo izquierdo. Cuatro semanas más tarde, unos cuantos helicópteros robados dejaron caer sobre algunas ciudades clave un peculiar confetti de postales pornográficas, fotografías de atrocidades, reproducciones médicas censuradas, placas de rayos X vetadas y análisis de orina que estaban en la lista negra. (Para entonces la policía no estaba exactamente preocupada, sino completamente histérica.) Periódicamente salían a la luz los restos de los escenarios de sus perversiones sexuales; no se les daba publicidad, pero se suponía que eran obra de la misma organización… Un accidente de automóvil cuidadosamente montado; los destrozados salpicaderos de los dos coches presentaban manchas de semen. Una sala de operaciones en la que entraron por la fuerza una noche para celebrar una sangrienta bacanal; hangares de aviación, laboratorios químicos, establos de los hipódromos, plantas de experimentación farmacológica y salones de exposición de aparatos eléctricos también sufrieron el mismo ultraje. Lisiados y dementes robados de diferentes asilos que regresaban mudos de asombro. Un cirujano secuestrado obligado a punta de pistola a realizar una extraña operación anal a un paciente enmascarado. Una niña de dieciocho meses de edad encontrada en la cuneta con graves heridas en los genitales.

La enérgica defensa que Andy había hecho de los Conceptualistas no era completamente desinteresada. Conocía a unos cuantos; era bastante amigo de uno o dos de ellos, y hacía mucho que se sentía impresionado por su calma y su crueldad, por su misterioso anonimato, por la vehemencia cas’ erótica con la que hablaban de sus Gestos, y sobre todo por su helada eficacia. De joven, Adorno había soñado con establecer su propio cabildo Conceptualista en Earl’s Court, donde él dirigiría a sus hombres con invisible destreza y presentaría sus propios proyectos al Cuartel General Conceptualista, llamando la atención sobre los miembros del equipo más endurecidos, escalando puestos en la organización hasta convertirse en un directivo y hacerse indispensable, hasta que por último le pidieran que se encargara de la organización de todos los Gestos… Aunque Andy ya contaba con uno de los dos requisitos para ser mismbro de los Conceptualistas (medía más de un metro ochenta) y pronto conseguiría el segundo (una licenciatura en humanidades), hacía mucho que su sueño había empezado a desvanecerse.

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