Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

febrero 29, 2012

Martin Amis. La casa de los encuentros.

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Martin Amis, La casa de los encuentros
Anagrama, 2008. 258 páginas.
Tit. Or. House of meetings. Trad. Jesús Zulaika.

Busco información de este libro en internet porque hace tanto tiempo que lo leí que mis recuerdos son borrosos. Recuerdo perfectamente que lo acabé de leer en el autobús que va de Corbera a Barcelona, así que sin echar mano a mis apuntes tengo que suponer la lectura en agosto de 2010, con mi pequeño recien nacido y a punto de cumplir los 40.

La casa del título hace referencia a unas chozas donde se permitían las visitas conyugales en el Gulag. Dos hermanos, uno poeta y pacifista y otro más duro y supervivientes son rivales por el amor, aunque uno proteja al otro. Esta es una de las grandes virtudes del libro; sus personajes nada maniqueos en un ambiente que lo propicia.

Me sorprendió este cambio de registro de Amis, que deja sus temas habituales para irse al frío siberiano. La novela me gustó, no tanto como otras del mismo autor (o como gustó aquí: La casa de los encuentros), pero si lo bastante como para recomendarla. Amis escribe muy bien. Por una vez no puedo estar de acuerdo con el lamento de Portnoy, aunque entiendo lo que dice.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (182/365)

Extracto:
Estoy a punto de describir a una jovencita extraordinariamente atractiva, y la experiencia me dice que no va a gustarte, porque eso es lo que tú eres también. Estoy seguro de que piensas que has evolucionado y te has librado de ello -de la envidia-. Pero la evolución no es cosa de una tarde. Y la experiencia me dice también que una mujer atractiva no quiere ni oír hablar de otra mujer atractiva. Y aún te va a resultar más problemático, quizá, por el hecho de que va a despertar en ti un ánimo protector hacia tu ma-
dre, lo cual es natural. Así que te invito a ponerte en la piel de cualquier fémina contemporánea de Zoya. Tenía diecinueve años, y, ya desde el principio, su reputación era francamente terrible. Seguro que eso te anima. Y, aun así, las otras chicas la veían como un ser excepcional. Instintivamente la disculpaban, pues veían en ella una figura de vanguardia —l’esprit fort—. Vivía más que ellas, pero también sufría más que ellas; y les mostraba posibilidades.
Solía decirse que Moscú era el pueblo más grande de Rusia. En los arrabales, en invierno, había pequeños senderos en la nieve que comunicaban cada casa con las paradas de tranvía y las tiendas de comida (Leche, decían los letreros), y la gente andaba de un lado para otro arrastrando los pies como rústicos, con sus abrigos cortos de piel de borrego, y parecía que en cualquier momento ibas a ver un mamut o un iceberg. Pero es un recuerdo de la niñez (hoy día no hay leche). El panorama cambió: una maraña primitiva en la que se habían incrustado varios altos hornos y fundiciones y fábricas de gas y curtidurías en medio de las casitas y los empedrados. Teníamos un pueblo dentro del pueblo (el distrito del sureste conocido como El Codo), y cuando Zoya entró en él, en enero de 1946, cayó como un rapapolvo contra las condiciones imperantes, la falta de comida y combustible, la falta de libros, ropa, cristal, bombillas, velas, cerillas, papel, goma, pasta de dientes, cuerda, sal, jabón. No, más: era como un acto de desobediencia civil. Zoya era temerariamente llamativa, y judía -un blanco natural para la denuncia y la detención-. Porque así era como se resolvían en mi país desde hacía siglos los resentimientos y las envidias. Así era como podía resolverse de forma maravillosamente simple, por ejemplo, un «triángulo amoroso».

enero 15, 2010

Martin Amis. Perro callejero.

Filed under: Novela — Palimp @ 8:58 am
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Editorial Anagrama (compactos), 2005. 432 páginas.
Tit. Or. Yellow dog. Trad. Javier Calzada.

Martin Amis, Perro callejero
Mordiscos

Ya llevo unas cuantas reseñas de Amis en el cuchitril. Es uno de mis escritores preferidos y aunque sus últimas obras me gustan menos que las antiguas (esto, que pasa frecuentemente en literatura y música, sólo quiere decir dos cosas: o el autor está perdiendo fuelle, o el lector se está anquilosando) siempre es un placer leerlo.

Al protagonista, el actor y escritor Xan Meo, le dan una paliza aparentemente sin comerlo ni beberlo. Un golpe en la cabeza le cambia el carácter; su sexualidad se desboca e incluso toma tintes pederásticos. Su manera de ser se transforma también y pasa a ser alguien desagradable. Alrededor, otros personajes -que incluyen al rey de inglaterra- viven sus propias tramas.

No creo que sea uno de sus mejores libros, pero la prosa está a la altura y la galería de personajes tan excéntrica como siempre. El tema del libro es la paternidad, algo que Amis ya había tratado en otros libros pero desde el punto de vista del hijo. Ahora es padre.

Destacable el personaje Clint Smoke, periodista de prensa amarilla obsesionado por el escaso tamaño de su pene (prácticamente no se nota que Amis ha sufrido mucho por culpa de este tipo de prensa) y las aventuras de la realeza con un final sorprendente que no quiero desvelar, pero que deja clara la postura del autor al respecto. Y no nos olvidemos de las aventuras de los personajes de los bajos fondos, de una crudeza casi increíble.


Extracto:[-]

-En los dos últimos años, Ainsley Car y el Morning Lark han gozado de una relación especial -decía Clint Smoker-. ¿No es un hecho?

Ainsley no lo negó. Durante sus años en la cumbre se había sincerado con una serie de diarios de gran circulación acerca de sus juergas y sus programas de desintoxicación, sus accidentes de coche debidos a la embriaguez, los hoteluchos que frecuentaba y las jóvenes aspirantes a estrella que se tiraba. Pero eso ocurría en los tiempos en que, con una simple finta de su hombro y un regate con su bota, Ainsley podía herir a toda una nación al mismo tiempo que exaltaba a la suya. Pero ya no estaba en su mano hacerlo. Ahora hasta sus actos condenables eran nimiedades.

-En la vida de todo atleta -estaba diciendo Smoker en voz alta y aparentemente objetiva- llega un punto en que tiene que darse cuenta de sus limitaciones y considerar la seguridad financiera de su familia. Tú has llegado a ese punto…, o eso es lo que nos parece en el Lark.

No…, ya no podía seguir haciéndolo; no en el campo, al menos. En su anterior condición, Ainsley era un futbolista por todos los poros; incluso cuando aparecía de esmoquin, en alguna ceremonia de entrega de premios…, si se daba la vuelta, uno hubiera esperado ver su nombre y su número cosidos en su espalda. Pelirrojo, ojos pequeños, la boca abierta… En el dialecto del clan, era escurridizo (es decir, de baja estatura) y combativo (es decir, marrullero), pero poseía indudablemente un cerebro futbolístico. No tenía un espíritu
Itivado o educado…, pero su pie derecho lo estaba con creces Luego al muchacho todo le salió mal. Aún conservaba su agresividad, pero había perdido todos sus reflejos. Ahora, habitualmente, Ainsley era retirado en camilla del terreno de ¡uego antes de que el balón hubiera salido del círculo central: lesionado al intentar lesionar a un contrario (o a un compañero del propio equipo, o al arbitro). La entrevista en profundidad más reciente que le había hecho el Lark hablaba del «momento de locura» que se había apoderado de él en un encuentro benéfico, cuando, apenas comenzaban a apagarse las vibraciones del silbato inicial, Ainsley cargó violentamente contra Sir Bobby Miles, el ex extremo del equipo de Inglaterra (que a la sazón contaba sesenta y seis años de edad): fractura de pierna para cada uno.

-Me quedan años, hombre -dijo Ainsley amenazadoramente-. ¿Sabes dónde tengo lo que me permite aguantar el ritmo? -Y se dio dos golpecitos en la sien-. Aquí. Esto sigue funcionándome. Aún lo tengo en condiciones.

-Seamos realistas, Ains… Ya no volverás a vestir la camiseta de Gales. Te queda un año en primera división, y te lo pasarás en el banquillo. No te renovarán. Tendrás que bajar de categoría. Y en un par de temporadas te estarán haciendo trizas en tercera división.

-Yo no tengo madera de suplente, hombre. Y no pienso jugar para un cochino equipo de tercera. ¿Sabes quién se interesa por mí? ¡La Juventus, nada menos!

-¿La Juventus? Debe de ser por tus recetas de pasta

febrero 26, 2008

Antimeme, Amis, Anagrama

Filed under: Sin categoría — Palimp @ 11:00 am
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Me pasa The happy butcher el meme antimemes, el

Memes no, gracias

Que consiste en dar varias razones en contra de los memes. Aquí están las mías:

1.- Porque los memes no son memes, son cadenas que se ponen de moda y llamarlos así es una perversión del concepto de Dawkins

2.- Porque cuando te los pasan tienes que seguirlos si no quieres quedar mal con el que te los ha pasado, y para un bien queda como yo eso es fatal.

3.- Porque normalmente son poco interesantes, o poco originales o poco de nada.

4.- Porque son muy difíciles de matar; siempre hay alguien que te mandará uno nuevo.

Yo, como siempre, no lo mando a nadie ¡menuda contradicción, odiar los memes y difundirlos!

Ayer estuve en la entrevista que Rodrigo Fresán hizo a Martin Amis en la biblioteca Jaume Fuster. Cortita, con pocas preguntas del público y no especialmente deslumbrante, pero no siempre tiene uno la ocasión de ver a un pedazo de escritor como él. Aproveché para preguntarle sobre su sueldo como profesor de escritura creativa. En realidad la pregunta fue doble. Por un lado, si considera que estas clases sirven para algo, a lo que contestó que como decía Nabokov, la única escuela es la del talento y eso no se enseña, pero que él hubiera agradecido en su momento tener a un señor de 58 años que le hubiera explicado algunas cosas y le hubiera guiado un poco. Por otro le pregunté si sus clases valen lo que cuestan y comentó que su sueldo lo paga la universidad y es un intento de revitalizar culturalmente el norte de Inglaterra, y que por otro lado ahí se pagan sus veinte libros, su experiencia y que si lo comparan con lo que cobra un jugador de futbol tampoco es para tanto. Se metió con el mundo islámico, aunque no tanto como en sus últimas declaraciones -nadie preguntó al respecto-, habló de literatura, de Rusia y de la relación con su padre -que le regaló 144 condones cuando era adolescente-.

Martin Amis y Rodrigo FresánLibros de Martin Amis

Ya que estaba ahí aproveché para ver la exposición sobre Anagrama, editorial de mis amores. Básicamente se compone de fotos de Herralde con escritores de medio mundo -que envidia- y unos palés de libros en medio de la sala que dan ganas de robar. Aproveché para fotografiar algunas fotos, en especial en las que sale Bolaño:

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¡Que no se me olvide! En el FNAC del Triangle hay una exposición de portadas de la mítica revista Star:

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Y esta noche a las nueve en el Sex Shop Desig sesión de cuentos eróticos en la que participa un servidor. No se la pierdan.

febrero 14, 2008

Martin Amis. Koba el Temible.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 9:55 am
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Editorial Anagrama, 2004. 322 páginas.
Tit. Or. Koba the dread. Laughter and the twenty million. Trad. Antonio-Prometeo Moya.

Martin Amis, Koba el Temible
El otro holocausto

Hay ocasiones en las que es difícil criticar algo, por aquello de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Si a uno no le parece bien lo que está haciendo Israel con Palestina, enseguida le juntarán con grupos neonazis y le llamarán antisemita. Si le parece increíble que despidan a una escritora como Cristina Peri Rossi por temas lingüísticos pueden pensar que ideológicamente estás cerca de gente como ésta.

Quiero creer que esas son las razones por las que durante tanto tiempo la práctica totalidad de los intelectuales occidentales hicieron la vista gorda con los desmanes que se produjeron en la Unión Soviética. No les gustaría que les llamaran fascistas o imperialistas. Martin Amis no entiende por qué si los campos de concentración nazis nos estremecen apenas sabemos nada de las cosas terribles que pasaban en los gulags.

Este es el eje central del libro. Denunciar con una cantidad de datos escalofriante los desmanes que Stalin -Koba el temible, Iosif el terrible- cometió cuando estaba en el poder. Casi veinte millones de muertos, algunos en condiciones espantosas. La lista de horrores es interminable, pero lo peor es que todos sucedieron bajo el visto bueno del resto del mundo. Y no será que no estaban avisados. Ahí estaban Rebelión en la granja y 1984, escritos por alguien cuya afiliación izquierdista estaba fuera de toda duda, pero que denunció lo que pasaba -pueden escuchar el documental de RNE que colgamos aquí: George Orwell y 1984.

Un libro que fue tan polémico como sus recientes declaraciones pero con mucha más razón. No es una continuación de sus memorias, como se dice en la contraportada, pero no por eso deja de ser interesante. ¿Hemos aprendido? La tolerancia de la izquierda de este país con la dictadura de Fidel Castro demuestra que no. Señores, no repitamos la historia. Puede criticarse a Fidel sin estar a sueldo de las mafias de Miami. O eso me gustaría creer.

P.D. Acaba de salir una biografía -LLamadme Stalin- que parece dar una imagen completamente diferente de Stalin. Eso y más pueden leer en la excelente columna de Manuel Rodríguez ¿Hubo alguna vez once mil comunistas?.

Escuchando: Do the Dog. The Specials.


Extracto:[-]

GEORGIA
Las biografías de los grandes monstruos históricos son siempre tragicómicas cuando hablan de su infancia. En vez de decir, por ejemplo, que «a X lo educaron los cocodrilos en una fosa séptica de Kuala Lumpur», nos hablan de padres, hermanos, casas y patrias. Podría decirse que la atmósfera familiar que reinaba en la casa de los Dyugashvili, en Gori, Georgia, dejaba mucho que desear. Los padres de lósif se peleaban a bofetadas y lósif las recibía de ambos. Pero no hay nada en sus primeros años que prefigure la desmesura de Stalin. Lo mismo le ocurrió a Hitler. También éste nació en la periferia del país que gobernaría (en la Alta Austria) y de padres campesinos (aunque la situación del padre, que pasó a ser funcionario imperial, mejoró hasta el punto de que la posición social de Hitler se parecía a la de Lenin); tanto Adolf como lósif cantaron de niños en el coro de la iglesia; y los dos acabarían midiendo 1,62 m. El padre de Hitler se fue obsesionando por la apicultura en la vejez (en cierto modo, muy oportunamente). El padre de Stalin era un zapatero remendón medio analfabeto y empinaba el codo.

lósif Vissariónovich era el típico muchacho que se ponía apodo. Este apodo fue «Koba». Koba era el protagonista de una novela popular de título sugestivo: El parricida; pero Koba no era el parricida del título. Lo más destacado de Koba es que era una figura a lo Robin Hood, azote de los ricos y benefactor de los pobres. Stalin tenía otro sobrenombre, «Soso» (diminutivo georgiano de lósif), que en esta etapa resumía bastante bien su personalidad. Exceptuando su memoria (obligatoriamente descrita como «fabulosa»), fue un chico normal. «Stalin», como se sabe, fue otro apodo que se puso. Hombre de Acero. El de Acero.

Empezó a aprender ruso a los ocho o nueve años (sus padres eran georgianos monolingües). En 1894, a los quince años, dejó la escuela parroquial de Gori y obtuvo una especie de beca para estudiar en el seminario de teología de Tiflis. Lo expulsaron, o se marchó él, al cabo de cinco años. Desde entonces fue revolucionario a tiempo completo.

Dos detalles de la niñez. Un compañero de estudios diría más tarde que nunca había visto llorar a lósif. Viene a la memoria la célebre frase que fue moneda corriente en los años treinta: Moscú no cree en las lágrimas. En cambio, Koba era poeta. Se cree que estos versos salieron de su pluma:

Sabed que quien cayó en tierra como la ceniza, quien fue hecho esclavo hace mucho, volverá a levantarse con las alas de la esperanza, por encima de las cordilleras.

Robert Conquest sugirió en cierta ocasión que «con los poemas de Stalin, Castro, Mao y Ho Chi Minh podría prepararse un pequeño y curioso volumen, con ilustraciones de A. Hitler». A los veinte años, con sus sueños artísticos por los suelos, Hitler era un vagabundo: bancos de los parques, colas de la sopa boba. Con un poco más de talento tal vez se habría suicidado, no en el bunker, sino en un pequeño y acogedor estudio de Klagenfurt.

No sabemos qué pensaba Stalin de su infancia. Pero sabemos qué pensaba de Georgia. ¿Por qué desfogarnos con los padres cuando podemos desfogarnos con una provincia?

En 1921, con el apoyo total de Stalin, Lenin volvió a anexionarse Georgia (que había obtenido la independencia el año anterior) invadiéndola. Stalin se desplazó al sur para asistir a un pleno del nuevo gobierno: la primera visita que hacía en nueve años. Se dirigió a un grupo de trabajadores del ferrocarril, que le obligaron a guardar silencio con gritos de «renegado» y «traidor».

junio 25, 2007

Martin Amis. Experiencia.

Filed under: Ensayo,Novela — Palimp @ 6:10 pm
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Editorial Anagrama, 2001. 500 páginas.
Tit. Or. Experience. Trad. Jesús Zulaika.

Martin Amis, Experiencia
Are you experience?

Cito la contraportada:

En la esperada autobiografía de Martin Amis se nos invita a recorrer la vida, los libros y los libros detrás de los libros de uno de los más extraordinarios narradores contemporáneos

Recorrido vital y personal, sí. Autobiografía, no. Ni siquiera memorias y sí hacer memoria. Ya lo define bien el título, lo que encontramos aquí son experiencias.

¿Qué son experiencias para Martin Amis? El asesinato de su prima, que desapareció misteriosamente en 1973 y fue descubierta veinte años más tarde en el jardín de un asesino en serie. El ser hijo de su padre, y sus constantes discusiones con él. Su sonada bronca con su amigo Julian Barnes, en la que hubo insultos para todos. Los libros, montones de libros. El sexo. Sus problemas con la dentadura, que le llevaron a gastarse cien mil dólares en arreglárselos (esta obsesión aparece en Niños muertos). La aparición de una hija de la que no tenía ninguna noticia. Los ataques de la prensa. La muerte de su padre.

Con estos hilos y cartas escolares, multitud de anécdotas, recuerdos y muchas notas al pie construye Martin Amis una novela con él mismo como protagonista. Uno lee este libro porque le gusta el autor y quiere saber más cosas de él, pero a las pocas páginas pierde importancia de quién se está hablando. La narración, la historia, interesan por si mismas. Podría leerlo con gusto alguien que no supiera quien es Amis.

Hay dos cosas que me sorprenden. Una, la sombra que proyecta Kingsley Amis en su hijo: no debe ser nada fácil escribir cuando tu padre es un escritor famoso. Lo curioso es que yo no he leído nada del padre, ni me interesa, y supongo que somos unos cuantos. Leyendo este libro uno se lo gritaría a través de las páginas y del tiempo. Dos, los ataques de la prensa amarilla. Vivimos en el país del tomate, pero no me imagino a ningún escritor en el sillón del Salsa Rosa; no creo que le interesara a nadie. No sé si que un escritor sea lo suficientemente interesante como para que los paparazzis se ceben en él es bueno o malo; como mínimo es curioso.

Un libro excelente, tanto si eres seguidor de Amis como si no.

Escuchando: Beverly hills. Weezer.


Extracto:[-]

La primera visita a Mike Szabatura había tenido lugar a las ocho de la mañana del miércoles anterior. Me llamaron por mi nombre y entré en la consulta. El apretón de manos de Mike Szabatura fue masónicamente médico. Las manos de los dentistas son cálidas, fuertes, divinamente inmaculadas. Dos bellas mujeres jóvenes, de luminosa piel morena y uniforme rosa, se bamboleaban a nuestro alrededor. No hizo falta que me invitaran dos veces a repantigarme en el sillón. Las palabras me salieron con fluidez. Las había estado escribiendo en mi cabeza desde hacía muchos años.

-Voy a pasármelo fatal. Pero también usted: va a tener que mirar dentro de mi boca. La parte inferior de mi dentadura es, sencillamente, muy mala. Pero la superior… Tengo un puente que me va de oreja a oreja, y lo único que lo mantiene ahí, que yo sepa, es la costumbre. El problema es hereditario, amén de la falta de adecuado cuidado cuando era más, joven. Mi madre tenía buena dentadura y malas encías. Mi padre tenía las encías bien y mala dentadura. Yo tengo mala dentadura y malas encías.

—Echemos un vistazo.

—Ármese de valor —dije, y abrí la boca.

Media hora después Millie me ayudó a quitarme el chaleco de plomo en el que me habían embutido para protegerme de la descarga cerrada de rayos X. Siempre pienso en mi prima Lucy cuando me están dando rayos X, cuando me sujetan y oprimen de algún modo; y siempre pienso en ella cuando estoy en una iglesia… Esperé en la sala de espera. Aún no eran las nueve de la mañana y ya había en ella otros sufridores dentales. ¿De qué padecían ellos? De temblores y molestias locales, sin duda; no de auténticos movimientos tectónicos. Millie me hizo una seña. Me hizo entrar -de forma harto ominosa, tuve la impresión— en otra sala, una sala más silenciosa y oscura, una sala que bien podría llamarse la Sala de las Malas Noticias, donde Mike Szabatura estaba de pie, inclinado sobre una radiografía. Mike es un hombre grande y robusto de cara carnosa, viva, con una expresividad casi de cómic. Cuando habla mueve la cabeza y frunce los labios y se le ponen los ojos saltones. Es una cara adiestrada durante años a dramatizar lo positivo y lo negativo, para decir: «Por un parte, esto; por la otra, esto otro.» Pero mi caso no iba a poner a prueba su repertorio. No había «por la otra».

-La parte de arriba no tiene remedio. La de abajo también está muy mal. Mire.

Examinamos el paisaje lunar de la radiografía. Había una «patología» en la mandíbula inferior: un bulto oscuro justo encima de la barbilla, que —según aprendí en aquel mismo momento— podía deberse a una de las tres causas siguientes: un tumor canceroso; un tumor de nombre muy largo, que sería recurrente; y un tumor, sin más (tratable y nada exótico). Sea lo que fuere, acabaría manifestándose. Llevaba meses y meses sintiendo que algo nuevo y extraño se estaba desarrollando en aquella zona de mi boca: presión, actividad, ocupación…

-Los de arriba no tienen remedio. En mitad de cualquier comida puede usted quedarse con los dientes en la mano. Se los sacaré el lunes. No le queda otra opción.

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