Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

abril 17, 2007

Martin Amis. Mar gruesa.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 11:16 pm
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Editorial Anagrama, 1999. 234 páginas.
Tit. Or. Heavy Water and Other Stories. Trad. Jesús Zulaika.

Martin Amis, Mar Gruesa
Cabeza abajo

En la nueva biblioteca a la que voy de vez en cuando tienen una mesa con los libros más prestados. Todos ellos tienen una pegatina con el oscar a los más populares (supongo). Es una sorpresa ver que la mesa no está copada por pilares de la tierra, davincis, templarios y similares. También hay espacio para otro tipo de literatura, y entre ellos encontré este Mar gruesa de mi estimado escritor Martin Amis.

El libro es un compendio de nueve relatos, publicados en diferentes revistas (Granta, New Yorker, New Statement), de temáticas y estilos muy diferentes. Veamos la lista:

Un peldaño en la carrera

Mientras Alistair se las ve y se las desea para intentar colocar un guión en una sórdida revista, Luke disfruta de la buena vida y negocia los derechos de su último poema Soneto.

La muerte de Denton

Denton sabe que ocurrirá, serían tres, y actuarían con calma y determinación. Y que utilizarían la máquina.

El estado de inglaterra

Mal trabaja como gorila, aunque las cosas no le van muy bien ultimamente, se haya separado de su mujer, e intente ganarse el respeto y el cariño de su hijo.

Deja que cuente las veces

Vernon tiene una vida sexual milimetrada: tres veces y media a la semana. Pero en un viaje de negocios descubrirá un nuevo mundo lleno de promesas de felicidad ilimitadas: el onanismo.

La coincidencia de las artes

Rodney es un chico de buena familia que se gana bien la vida en Nueva York como retratista. El portero de su edificio está empeñado en que se lea su novela y acaba de comenzar un idilio con una chica que nunca le habla.

Mar gruesa

Una madre sobreprotectora está de crucero con su hijo de cuarenta años, deficiente mental.

El portero de Marte

Mientras en la tierra Pop Jones intenta averiguar quien ha violado a Timmy, en marte una delegación es recibida por un portero extraterrestre que tiene muy malas noticias para el planeta.

Narrativa hetero

En un mundo totalmente homosexual también hay valientes heteros que se atreven a salir del armario, y homos que admiten ser sus amigos.

Lo que me pasó en las vacaciones

Durante unas vacaciones también puede descubrirse lo que significa la muerte.

En la contraportada se afirma que estos cuentos son lo mejor que ha escrito el autor en años. Mi opinión es, sin embargo, que no es para tanto. La idea de que los poetas disfruten del éxito -y de la vida estresada- de los guionistas y viceversa no deja de ser curiosa, pero no da mucho de sí (lo mejor, la ironía encubierta: la vanguardia poética no va más allá del verso blanco)*. Un mundo donde la homosexualidad es la norma y la heterosexualidad marginal tampoco da lugar a situaciones especialmente sorprendentes.

En la línea habitual de Amis se inscriben El estado de inglaterra, La coincidencia de las artes y Mar gruesa, relato que da título al libro pero que considero el peor de los tres. Deja que cuente las veces es gracioso y fresco. Lo que me pasó en las vacaciones es un curioso experimento -escrito con faltas, como si fuera un niño- que creo que logra su objetivo.

Rozando la ciencia ficción se encuentra La muerte de Denton, extraño bucle obsesivo de un condenado y El portero de Marte, quizá el mejor relato del libro, donde expresa con maestría la indefensión básica del ser humano, tanto en la tierra como en el universo, y expone una curiosa genealogía cósmica bastante plausible con breves pero certeros trazos.

No es de lo mejor del autor, pero Amis en horas bajas sigue siendo más interesante que muchos autores en plena forma y los dos o tres relatos buenos salvan al libro.

(*) Curiosamente tanto este cuento como algunos de los demás me parecen mejores en el recuerdo -ya han pasado unos meses desde que escribí la reseña.

Escuchando: Nadar en tu sudor. Los Deltonos.


Extracto:[-]
»Caímos en una espiral. A las carreras armamentísticas les se guían indefectiblemente masivos conflictos. Nos acribillábamo mutuamente con todo tipo de arsenales sobremanera exóticos, en deliciosas y alambicadas secuencias de estocadas, fintas y contraataques. Pero al cabo nada pudo compararse a los drásticos efectos del intercambio termonuclear entre ambos bandos. Siempre acabábamos lanzándonos todo lo que teníamos a mano, en sucesivos despliegues de liquidación de arsenales. Después de una devastación, volvíamos a reconstruirlo todo con vistas a nuevas devastaciones. Nadie se quejaba. La tecnología de los refugios se había desarrollado enormemente. Las bajas podían recomponerse hasta quedar como nuevas. Y los muertos eran sencillamente resucitados (salvo, claro está, en los casos de volatilización absoluta de los cuerpos). Llegamos a considerar los inviernos nucleares como autóctonos de Marte. Los paréntesis de calma duraban siglos. Las batallas se dirimían en una tarde.

»No parece tener mucho sentido, ¿no? Más tarde, los marcianos dieron en argüir que se trataba de una etapa necesaria en su desarrollo militar. Sentían que eran… ricos en tiempo. No sabían, como yo sé, que esto les sucede a todos los mundos de tipo V en la fase poshistórica. Sin excepción. Se vuelven locos.

»La Guerra de Hidrógeno de las Dos Naciones duró 112 millones de años, y seis meses después le siguió la Guerra de los 70 Millones de Años, en la cual el uso de armas basadas en la gravedad cuántica incrementaron a extremos inimaginables la potencia de fuego de ambos bandos. Para entonces otro factor estaban haciendo presa de la salud mental de los marcianos: la inmortalidad. En realidad esta palabra no resulta de gran utilidad. Pongámoslo de este modo: en Marte todo el mundo anhelaba una identidad personal sin término en el tiempo. Y en el contexto de los mundos de tipo V eso siempre afectaba a la cabeza. Hubo otra gran guerra, la Guerra de la Gran Fuerza Nuclear, que se prolongó por espacio de 284 millones de años. Cuando salieron de ella, el sentimiento general era que Marte se había estancado. Así que decidieron dejar de hacer gilipolleces. A propósito: vosotros, en esta fase, seguíais siendo un mero remedo de un pozo séptico. Bien, ¿y por qué no? Erais un magnífico remedo de un pozo séptico.

»Para empezar, había asuntos que atender en nuestro patio trasero. La Gente del Miedo y la Gente del Pánico se unieron para enfrentarse a un enemigo común. Un enemigo cercano.
El portero de Marte guardó silencio. Su cabeza, con su arco de acero, adoptó una postura inquisitiva. Vladimir Voronezh, uno de los Laureados rusos (su campo era la formación de las galaxias), tomó la palabta y dijo:

-Estimado señor, presiento que ahora va a decirnos que, en un pasado remoto, la vida surgió en alguna otra parte del sistema solar.

-En efecto. Tenéis que dejar esa costumbre de pensar en el «milagro» de la vida, en el fabuloso «accidente» de inteligencia, etcétera. Puedo aseguraros que en este universo la cognición es tan común como la saliva. Al ser un mundo de tipo V, Marte, en su fase de Riqueza Total, era extremadamente insular. Pese a disponer de la adecuada tecnología, no sentía ningún interés por la exploración espacial. Pero era perfectamente consciente de la coexistencia de dos mundos de tipo W: Júpiter y…

-¿Júpiter? -exclamó lord Kenrick Douglas, un científico alto, barbado y célebre, del campo de los quásares-. Señor, nosotros sabemos algo del sistema solar. Júpiter es un gigante de gas. Tiene una cotona de nubes heladas de un espesor de 1.000 kilómetros y una corteza de hidrógeno líquido. Nuestras sondas suicidas nos dicen que no hay superficie sólida en ese planeta. ¿Nos va a decir qué aspecto tenían los habitantes de Júpiter? ¿De medusas con transformadores? ¿Con trajes de submarinistas?

Esta chanza arrancó risas inquietas en el auditorio. El portero de Marte se puso tenso ante las risas, pero no como quien se siente agraviado, sino con concentración y curiosidad. Dijo:

-¿Puedo hacerte una pregunta? -Parecía dirigirse a Miss Mundo-. ¿Os reís porque os ha parecido gracioso o porque pensáis que ha dicho una gilipollez? No. No importa. Déjame decirte, señor lord laureado con el Nobel, que Júpiter no fue siempre un gigante de gas. Originalmente era mucho más pequeño y más denso.

noviembre 5, 2006

Martin Amis. Niños muertos.

Filed under: Novela — Palimp @ 11:28 pm
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Editorial Anagrama, 2002. 286 páginas.
Tit. Or. Dead babies. Trad. Marta Heras.

AmisNiñosMuertos
Muerte, drogas y perversión

Con lo que a mí me gusta Martin Amis, y este libro -publicado en 1975- no lo había leído. Me extrañaba porque tuve mi época Amis, me leía todo lo que veía de él. ¿Cómo se me había escapado este título? La solución, que Anagrama lo ha publicado con 27 años de retraso.

En la rectoría de Appleseed el brillante Quentin y su esposa Celia, la guapa Diana y el macarrilla de Andy , el obsesionado con su dentadura y rico Giles y el gordo y deforme Keith están esperando a unos invitados para el fin de semana. Lucy, que trabaja de prostituta y tres americanos; Marvell, Skip y Roxeanne. Los americanos traen drogas en abundancia como para alcanzar cualquier estado de conciencia (miedo, deseo, libertad) y parece prometer un fin de semana intenso. Pero nadie cuenta con que tendrán un invitado sorpresa, Johnny, que parece tener muy mala leche.

La idea de meter a unos jóvenes de buena familia con una buena provisión de droga en una mansión y dejar que pase de todo puede parecer -a estas alturas- un poco superada y arquetípica. Y no es así. Treinta y un años después de la publicación del libro todavía me parece una novela moderna y nada pasada de moda. El tinglado que monta Amis me parece menos falso, incluso, que la sordidez de otras novelas suyas como Dinero.

Que alguien me dé pistas de autores británicos, porque con los que leo parece que en inglaterra sólo existen dos tipos de personas; el lumpen y los aristócratas. O mi selección de lecturas es deficiente, o es que allí la diferencia de clases es brutal. ¿Alguien sería capaz de citar novelas españolas en las que se reflejen la nobleza patria?

Si te gusta Amis, te gustará Niños muertos. Y si no te gusta, puede que también. Una novela que me ha sorprendido agradablemente. Tomen nota.

Escuchando: Instituto Sangriento. F.A.N.T.A..


Extracto:[-]

-Un momento -dijo-. Son Conceptualistas. -¿Que son qué? -preguntó Marvell.

—Conceptualistas. —Andy se había puesto a escudriñar la sala con aprensión.

-Ah, ya, he oído hablar de ellos. Una especie de cruce entre los antiguos Angeles del Infierno y Chuck Manson.

-Nada de eso -dijo Andy, con tanta aversión que por un instante pareció mirar a Marvell con los agujeros de la nariz en lugar de con los ojos—. Nada de eso, ni mucho menos. Son algo nuevo, diferente. Creo que son los únicos que han sabido utilizar creativamente lo que le está ocurriendo al mundo actual. Para mí son los únicos que han sacado algo en limpio de lo que la tecnología ha hecho con el sexo y la violencia. Y durarán. -¿Sí?

-Más vale que te lo creas, tío.

-¿Cómo es eso?

Las dos marcas de fábrica de las actividades conceptualistas eran la precisión y la arbitrariedad. Inauguraron sus «Gestos», como ellos los llamaban, una mañana en la que quince humildes funcionarios fueron encontrados en su cama con el cuero cabelludo arrancado. Todos ellos eran funcionarios del servicio de depuración de aguas residuales. ¿Se trataba acaso de una organización política? Quince días después, cortaron el tendón de Aquiles de un grupo de médicos, inspectores de sanidad, asistentes sociales, secretarias de organizaciones de caridad y oficiales del Ejército de Salvación elegidos al azar, en una operación relámpago de ataques sincronizados. El primer día del siguiente mes, los periódicos informaron de que treinta propietarios de ferreterías de todo el país habían sufrido la extracción del ojo izquierdo. Cuatro semanas más tarde, unos cuantos helicópteros robados dejaron caer sobre algunas ciudades clave un peculiar confetti de postales pornográficas, fotografías de atrocidades, reproducciones médicas censuradas, placas de rayos X vetadas y análisis de orina que estaban en la lista negra. (Para entonces la policía no estaba exactamente preocupada, sino completamente histérica.) Periódicamente salían a la luz los restos de los escenarios de sus perversiones sexuales; no se les daba publicidad, pero se suponía que eran obra de la misma organización… Un accidente de automóvil cuidadosamente montado; los destrozados salpicaderos de los dos coches presentaban manchas de semen. Una sala de operaciones en la que entraron por la fuerza una noche para celebrar una sangrienta bacanal; hangares de aviación, laboratorios químicos, establos de los hipódromos, plantas de experimentación farmacológica y salones de exposición de aparatos eléctricos también sufrieron el mismo ultraje. Lisiados y dementes robados de diferentes asilos que regresaban mudos de asombro. Un cirujano secuestrado obligado a punta de pistola a realizar una extraña operación anal a un paciente enmascarado. Una niña de dieciocho meses de edad encontrada en la cuneta con graves heridas en los genitales.

La enérgica defensa que Andy había hecho de los Conceptualistas no era completamente desinteresada. Conocía a unos cuantos; era bastante amigo de uno o dos de ellos, y hacía mucho que se sentía impresionado por su calma y su crueldad, por su misterioso anonimato, por la vehemencia cas’ erótica con la que hablaban de sus Gestos, y sobre todo por su helada eficacia. De joven, Adorno había soñado con establecer su propio cabildo Conceptualista en Earl’s Court, donde él dirigiría a sus hombres con invisible destreza y presentaría sus propios proyectos al Cuartel General Conceptualista, llamando la atención sobre los miembros del equipo más endurecidos, escalando puestos en la organización hasta convertirse en un directivo y hacerse indispensable, hasta que por último le pidieran que se encargara de la organización de todos los Gestos… Aunque Andy ya contaba con uno de los dos requisitos para ser mismbro de los Conceptualistas (medía más de un metro ochenta) y pronto conseguiría el segundo (una licenciatura en humanidades), hacía mucho que su sueño había empezado a desvanecerse.

julio 19, 2005

Martin Amis. La guerra contra el cliché.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 8:44 pm
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AmisGuerraCliche
Ed. Anagrama, 2003. 511 pág.
Tit. Or. The war against cliché. Trad. Francesc Roca.

¡Esto es reseñar!

Este libro fue mi regalo de San Jordi y poco tardé en empezar su lectura. Martin Amis es uno de mis escritores favoritos; el primer libro que leí de él fue también el que primero escribió; ‘El libro de Rachel’. Con ‘Dinero’ terminó de conquistarme. Todo lo que he leído de él me ha gustado, y alguno me ha maravillado: en ‘La flecha del tiempo’ consigue escribir toda una novela en la que el sentido del tiempo está invertido, va de atrás adelante, sin que parezca ciencia-ficción o realismo mágico.

Con tales antecedentes, al descubrir que Anagrama había publicado un libro exclusivamente de reseñas literarias los ojos empezaron a brillarme. Apenas he podido aguantar a que me lo regalaran, y de paso aproveché para regalarme el libro ‘Entre paréntesis’ de Bolaño, de similar temática.

Resumir el libro es tarea vana. Es una selección de reseñas que abarcan desde los primeros tiempos del escritor hasta las más recientes. Amis es honesto; no nos maquilla ninguna aunque su opinión cambie con el tiempo (así con Ballard, del que empieza diciendo pestes y acaba siendo un admirador). Nos descubre sus filias (Nabokov, Bellow) y sus fobias (‘El Quijote’, espero que no le convoquen en ningún acto del centenario). Y en todo momento nos deleita con unas reseñas bien escritas y mejor pensadas.

Para aquellos que se sorprenden de que acabe libros que no me gustan, valga esta pequeña cita:

Y, con todo, al libro no le falta viveza ni animación. Lo leí dos veces y, aunque mi sensación de desaprobación fue constante en ambas, su lectura nunca dejó de resultarme interesante y placentera.

Esto al final de una reseña bastante desfavorable sobre ‘Mi vida como hombre’ de Philip Roth. Lo lee con desaprobación, pero lo vuelve a leer y lo sigue desaprobando. Y con todo la experiencia le resulta interesante. Si señor.

No todo van a ser alabanzas; en ocasiones las reseñas de libros desconocidos no nos dicen demasiado. Otras veces la prosa de Amis se retuerce de tal manera que uno no sabe si está a favor o en contra del escritor (¿quizá todo a la vez?). Y no siempre estamos de acuerdo con la opinión del autor, o con su argumentación. En cualquier caso, la profesionalidad y la calidad están fuera de toda duda. Debo recomendarlo aunque me arriesge a que, por comparación, pierda a mis escasos lectores. Lo confieso: de mayor quiero reseñar como él.

(Un día, un libro 99/365)
Escuchando: ‘Y tú no estás’, El señor Antipirina

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