Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (II)
Editorial Espasa-Calpe, (34 ediciones de 1940 a 1986). 680 páginas.
Seguimos con la segunda parte de Don Quijote. Éste vuelve de aventuras con Sancho porque el bachiller Sansón Carrasco tiene un plan; lo vencerá en combate y le obligará a abandonar para siempre la vida de caballero errante. Lo que no se puede imaginar es que será él el vencido y Don Quijote seguirá camino sucediéndole las también famosas aventuras del encantamiento de Dulcinea, la de los leones, las bodas de Camacho, el caballo Claviceño, el gobierno de la Ínsula Barataria y la visita a Barcelona, entre muchas otras.
Si en la primera parte había muchos cuentos y pocas aventuras, en la segunda nos encontramos todo lo contrario. Don Quijote y Sancho son los protagonistas absolutos. Ganan cuerpo. Don Quijote ya no es el loco del pueblo, ni Sancho el tonto. Se convierten en el arquetipo que todos conocemos; estamos ante el nacimiento de la novela moderna.
La primera parte había sido una novela de éxito; tanto que le habían salido imitadores. Como decía Santino en este comentario Cervantes escribió la segunda parte por culpa del Quijote de Avellaneda. A tanto llegó la cosa que, aunque en la primera parte se dice que Don Quijote estuvo en Zaragoza, Cervantes cambió su destino por Barcelona para llevar la contraria a la continuación espúrea. Durante toda la novela son constantes las alusiones al éxito de la primera parte, en una especie de discurso metaliterario. Los protagonistas no son unos desconocidos; son unas estrellas allá por donde van.
Incluso podemos ver una especie de antecesor a la inversa de Magritte. Si éste afirmaba en algunos de sus cuadros que lo allí dibujado ‘no era una pipa’, veamos lo que le pasaba al pintor Orbaneja,
-Ahora digo -dijo don Quijote- que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algún ignorante hablador, que, a tiento y sin algún discurso, se puso a escribirla, salga lo que saliere, como hacía Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba, respondió: ”Lo que saliere”. Tal vez pintaba un gallo, de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: “Éste es gallo”. Y así debe de ser de mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla.
En la entrada anterior comentaba que yo ya había leído el Quijote antes de que me lo mandaran en la escuela. Bien, no exactamente. Había leído una espléndida adaptación a tebeo. Muy respetuosa con el texto original (que sigue prácticamente al pie de la letra), y con una ambientación realista de paisajes de La Mancha. Una adaptación que se quemó en el incendio pero que mi mujer me regaló en nuestras primeras navidades juntos. Vean una muestra:
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
(Pinchando en las imágenes podrán verlas más grandes)
Seguro que tienen un ejemplar del Quijote en su casa, porque ya lo tenían o porque lo han compraado en este año. Olvídense de que es un clásico y léanlo; les aseguro que se divertirán.
(Un día, un libro 248/365)
Escuchando: Tu boca. Ely Guerra







