Nicola Griffith. Río lento.

Ed. B, 1998. 361 pág.
Tit. or. Slow river. Trad. Pedro Jorge Romero.
Descenso a las cloacas
Poco a poco, dosificando las dosis, voy acabando con los más de veinte libros de ciencia ficción de la colección Nova que compré a finales de 2004. Reconozco que una de las causas de esta férrea disciplina se debe a que el estilo de los que llevo leídos no es, en general, de mi agrado.
Lore van de Oest, una chica bien, acaba de escapar de sus secuestradores. Tirada en la calle, es recogida por Spanner, que le dará cobijo. No quiere volver con su familia porque no quisieron pagar el rescate. Así se iniciará una nueva vida para Lore, que se verá mezclada en el mundo de las drogas y la prostitución, hasta que decide cambiar radicalmente de vida y encuentra trabajo en una planta de procesado químico.
Fue premio Nébula en 1996, y si este galardón lo otorgan los profesionales a sus iguales, cada vez me decepcionan más. Más normal es que ganara el premio Lambda de 1995, por ser lesbianas sus protagonistas. Pero si las estrellas de fuego de Anderson me dejaron frío, las tórridas -y en ocasiones gratuitas- escenas de sexo lésbico apenas me han dejado tibio. Aunque incluye algunos aciertos, el argumento en general es bastante flojo y simplista. Que un empleado de una planta intente suicidarse porque su jefe le ha echado una bronca me pareció risible; en algunas empresas que he conocido yo me gustaría verle trabajar. Que una chica tan inteligente como la protagonista demuestre ser tan tonta en otras ocasiones como mínimo sorprende.
Entretenido en general, pero con muchos agujeros. No apto para paladares exigentes.
(Un día, un libro 107/365)
Escuchando: ‘For unto us a child is born’, Händel


