Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

abril 20, 2012

Ana María Matute. Los soldados lloran de noche.

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Ana María Matute, Los soldados lloran de noche
Orbis, 1984. 228 páginas.

Estupenda novela, con el mismo ambiente y casi continuación de Primera memoria (agradezco la suerte de haberlas leído en el orden correcto). Muy bien escrita, con un lenguaje sabroso y denso. Francisco Ortiz también la alaba: Los soldados lloran de noche.

Y es que por mucho que les duela a los admiradores de Olvidado Rey Gudú, Ana María Matute antes escribía muchísimo mejor.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (233/365)

Extracto:
Por este gran mar oscuro, por el mar de bocas oscuras que se abren y cierran a mi espalda, a mis costados, por el mar de párpados hipócritamente velados, entre siseos de dientes carnívoros, pidiendo algo con destino a | sus mismas fauces y colmillos. Puede ser rojo el incienso, como puede serlo el cielo, las noches que amenaza tormenta, como la luna las vísperas del temporal, siempre sobre un indescifrable mar. Un mar que me envuelve y me empuja hacia donde nunca he deseado…, y lo sé, lo sé, porque aún late en mí aquel muchacho que bajaba corriendo al huerto del declive, donde me esperaban los que me dieron por hermanos, con mis brazos llenos de paquetes y regalos de Navidad, declive abajo, gritando los nombres de mis hermanos: yo quiero estar con vosotros, madre, yo quiero estar contigo, con él, con mis hermanos, esta es mi familia. Y ella decía: hijo eres demasiado bueno. ¿Por qué razón era demasiado bueno? Si no lo sabía, si no me lo parecía. Si nunco lo pensé. Nadie es bueno. Nadie es malo, decía mi corazón de nueve años golpeando contra la verja del abad, asomado a una atónita primavera, donde el nacer de las flores blancas era síntoma de la indudable bondad del mundo. No lo sabía. Pero ahora, arrodillado aquí, lo sé. Hijo eres demasiado bueno. Ni siquiera eso: nadie es bueno, nadie es malo, palabras sin sentido). Miró a su alrededor y de súbito entendió la llamada insolencia de Sa Malene. (¿Qué importancia puede tener ser bueno o malo? El mundo está planeado de otra forma, construido martillazo a martillazo, clavo a clavo, ajuste con ajuste, de acuerdo a otro plan. Muy pronto me lo han demostrado, el mundo lleva otros rumbos, tiene una contextura diferente.) Sin pavor, sin bondad, miró a su alrededor y les vio, tal como allí estaban, arrodillados, ni mejores ni peores, arrodillados y como acechando o esperando algo que iba a suceder de un momento a otro, o dentro de mucho tiempo, o quizá sólo era un gran deseo o temor de que sucediese. A su lado, vacío, estaba el reclinatorio de doña Práxedes, prima de Jorge de Son Major. (Al menos ella, que le odiaba, ha sido consecuente, y la muerte no ha doblegado su forma de sentir y ser.) Se había excusado con su enfermedad, quizá real. En el contiguo reclinatorio, la prima de Jorge, Emilia. Apenas veía su perfil, vago y sonrosado, emergiendo del velo negro. Una masa informe, impersonal y ausente siempre, allí donde fuera. Volvió la cabeza a su derecha y algo le sacudió. Desde entonces, desde aquellos .días, no los había vuelto a ver. Pero allí estaban, junto al alcalde, ellos dos. El perfil de halcón del hermano mayor, sobrepuesto, como en una medalla gemela, al perfil mal imitado, más blando, redondeado, del hermano pequeño. (Los Taronjí, el ruido de sus pisadas en las piedras, la negrura de sus guerreras bajo el sol.

enero 25, 2012

Isaac Asimov (sel.). La Edad de oro de la Ciencia Ficción II.

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Varios, La Edad de oro de la Ciencia Ficción II
Orbis, 1986. 216 páginas.
Tit. Or. Before the golden age. Trad. Horacio González Trejo.

Segundo tomo de la colección que tengo y acabo de descubrir que hay dos más. En este enlace están todos los títulos, incluyendo sinopsis de todos los cuentos:

La edad de oro de la ciencia ficción

La lista es la siguiente:

Tumithak de los corredores (Tumithak of the corridors, 1932 Charles R. Tanner).
La era de la Luna (The moon era, 1932, Jack Williamson).
El hombre que despertó (The man who awoke, 1933, Lawrence Manning).
Tumithak en Shawn (Tumithak in Shawn, 1933, Charles R. Tanner).

Leyéndolos uno entiende porque pudieron gustar al joven Asimov, especialmente los de Tumithak. Aventuras, peleas, una lucha por la supervivencia de la humanidad… Leídos ahora algo de encanto conservan, pero vamos, que no son para tirar cohetes. Se me ha hecho más legible que el anterior, pero no pasa de curiosidad.

Sin embargo Asimov es más magro contándonos su vida, lo que es una pena.

Calificación: Más curioso que bueno.

Un día, un libro (147/365)

Extracto:
Tumithak permaneció un rato inmóvil, reflexionando. Se pregunto! por qué no lo habían asesinado, adivinando a medias que los salvajes no se dispondrían a sacrificar la víctima sino después de pre-:i parar el banquete. Porque aquellos salvajes no conocerían la síntesis química de los alimentos; debían vivir a expensas de Yakra y otras ciudades más pequeñas, muy alejadas en el sistema de los i corredores. Reducidos a tan terribles apuros, toda materia comestible devenía alimento. Eran caníbales desde hacía muchos siglos.
Poco después, Tumithak se puso en pie. Le había resultado fácil deshacer los nudos de la tela con que lo habían atado; aquellos salvajes no sabían mucho de nudos, y al looriano le costó menos de una hora desatarse. Se puso a palpar con precaución las paredes del I cubículo, tratando de averiguar la disposición de su cárcel. Medía poco más de diez metros cuadrados, y la única salida daba al corredor. Tumithak intentó salir, pero fue inmediatamente detenido por un gruñido feroz; un bulto de pelo áspero empujó sus piernas, obligándolo a regresar al habitáculo. Los salvajes habían dejado a los perros vigilando su prisión.
Tumithak regresó al calabozo y, al hacerlo, su pie chocó con uní objeto que echó a rodar por el suelo. Recordó el objeto metálico que habían arrojado a su lado y se preguntó qué sería. Lo buscó a tientas y comprobó con júbilo que era su lámpara. No pudo entender por qué la habían dejado allí los salvajes y supuso que para sus | mentes supersticiosas sería un objeto temible. Tal vez pensaron que lo mejor era encarcelar juntos a los dos factores de peligro. De todos modos, allí estaba, y Tumithak no pedía otra cosa.
Encendió su lámpara y miró a su alrededor. No se había equivocado en cuanto a las dimensiones y disposición del lugar. Ofrecía i pocas posibilidades de escapar o, mejor dicho, ninguna, pues era j necesario salir por entre aquellas fieras. A la luz, Tumithak vio que | los salvajes no le daban oportunidades de huir: había más de veinte perros en el corredor, deslumbrados por la súbita claridad.
Tumithak observó el pasadizo desde una distancia prudencial, advirtiendo que no había nadie. Se dijo que sin duda los salvajes descansaban, y comprendió que no tendría mejor oportunidad de huir que aquélla. Sentado en el suelo del cubículo, reflexionó febrilmente. En su mente germinaba una idea, una como convicción de que poseía medios para ahuyentar a los animales. Se puso en pie y los contempló, amontonados en el pasadizo como para cubrirse de los molestos rayos de su lámpara. Se volvió hacia el cuarto, pero, evidentemente, allí no había nada que pudiera servirle, ¡La inspiración acudió de repente! Rebuscó en la bolsa que llevaba al cinto. Tomando un objeto, lo arrojó en medio de la jauría después de sacarle un pasador y se echó de bruces al suelo.
Era la bomba, el segundo regalo de su padre. Cayó al lado opuesto del corredor y estalló con ensordecedor estampido. En el espacio cerrado del pasillo, los gases de expansión actuaron con fuerza terrible. Aunque se había tumbado en el suelo, Tumithak se vio levantado y proyectado con violencia contra la pared opuesta del habitáculo. En cuanto a las bestias, quedaron prácticamente destrozadas. Miembros descuartizados volaron en todas direcciones, y pocos minutos después, cuando un Tumithak herido y conmocionado salió al pasillo, no halló ni rastros de vida. La escena era caótica; había sangre y cuerpos destrozados en todas partes.
Alterado por aquel espectáculo de sangre y muerte, Tumithak se apresuró a poner la mayor distancia posible entre él y la espantosa carnicería. Corrió hendiendo el aire cargado de humo hasta que la atmósfera se aclaró y pudo olvidar los horrores de la escena. No vio a los salvajes, aunque por dos veces oyó un gemido que salía de uno de los nichos. Adivinó que alguien estaba agazapado allí, en la oscuridad, presa del pánico. Los salvajes de los corredores tenebrosos tardarían en olvidar al enemigo que había sembrado tal destrucción entre ellos.
Tumithak reanudaba su marcha hacia la Superficie. Por primera vez desde que se puso en camino, retrocedió, pero con un propósito definido. Llegó al escenario de su lucha con los perros y recogió su espada, que encontró sin dificultad, advirtiendo con satisfacción que no había sufrido daños. Entonces volvió sobre sus pasos, siempre hacia la Superficie, y anduvo largo rato sin hallar nada que fuese motivo de alarma. Cuando llegó a la conclusión de que ya había pasado la parte peligrosa de los corredores, entró en un habitáculo y se dispuso a tomarse el descanso que tanto necesitaba…

enero 15, 2012

Varios Autores. Antologia de novelas de Anticipacion I.

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Orbis, 1986. 256 páginas.
Varios, Antologia de novelas de Anticipacion I

Una antología con los siguientes relatos (que no llegan a novelas cortas):

Flores para Algernon (Relato) (Daniel Keyes, 1959)
Las trece brujas de Witch (Leigh Richmond, 1961)
El regalo del futuro (Edmund Cooper, 1958)
Rasgo de ingenio (Gordon R. Dickson, 1961)
Monumento (Lloyd Biggle, Jr., 1961)
Duelo en Syrtis (Poul Anderson, 1951)
¡Rumbo al este! (William Tenn], 1958)
La marciana tonta (John Wyndham, 1952)

En esta entrada hay enlaces con sinopsis de todos los relatos: Antología de novelas de anticipación.

Flores para Algernon es con diferencia lo mejor del libro, un relato que se amplió en una novela también buena. El resto de relatos bastante flojos, alguno incluso malo. Se dejan leer pero han envejecido bastante mal. Teniendo en cuenta que en esta misma colección se publicaron las visiones peligrosas, toda comparación es odiosa.

Calificación: Muy bueno Flores… regular los demás.

Un día, un libro (137/365)

Extracto:
enforme de progresos 1-marzo 5 1965
El doctor Strauss dise que devo escrivir lo que pienso y todas las cosas que me pasan a mi desde aora. No se porque pero el dise ques mui importante para que pueden ber si ellos pueden usarme a mi, Yo espero que ellos me usen a mi, Miss Kinnian dise que ellos quizás pueden acerme listo, Yo quero ser listo, Me yamo Charlie Gordon. Tengo 37 años y ace dos semanas que fue mi cumpelaños. No tengo nada mas para escrivir y temino por oy.
enforme de progresos 2-marzo 6
Oy he tenido una pueba. Yo creo que e fayado y yo creo que ellos no me usaran a mi. Lo que a pasado es que un goven guapo estava en el cuarto y el tenia unas cartas blancas con manchas de tinta que estavan llenas de manchas de tinta El goven le a dicho a Charlie que bes tu en esta carta Yo estava muy sustado aunque tenia mi pata de conego en el volsillo porque cuando yo era pequeño siempre fayaba las puebas en la escuela y yo tenía manchas de tinta,
Le e dicho que beia un vorron de tinta, El a dicho si y yo me siento megor. Yo creo que eso es todo pero cuando yo me lebanto para irme el goben me para a mi. El dise aora Charlie se sienta no emos terminado ahun. Luego yo no recuerdo mui bien pero el quería que yo diga lo que ay en la tinta, Yo no beo nada en la tinta pero el dise que ayi ay cosas alli otras personas ben cosas. Yo no puede ber ninguna cosa, Yo de berdad trato de ber. Yo pongo el carton cerca de mi y luego lo pongo legos de mi. Luego yo digo que si yo tengo mis gafas para ber el cine o la TV pero yo digo que estan en el armario del recividor. Yo boy a vuscarlas. Luego yo digo que me dan el carton otra bez y boy a buscarlo megor.
Miro mucho pero no puedo encontrar las cosas yo solo beo la tinta. Yo le digo a el que quisaz necesito gafas nuebas El escrive algo en un papel y yo estoy sustado de fayar la pueba. Yo le digo que es un vorron de tinta muy vonito con pequeños puntos alrededor de los vordes. El me mira muy triste de modo que no era eso. Yo digo por fabor me dega provar otra bez. Yo necesito mucho tiempo porque a bezes soy lento, Yo leo despacio también en la clase de Miss Kinnian para adultos lentos pero yo trato de ber.
El me da otra oportunidad con otro carton que tiene 2 clases de verrones de tinta roja y asul.
El era muy amable y ablaba despasio como Miss Kinnian y me esplica a mi que era un raw shok. El dise que la jente be cosas en la tinta, Yo le digo que me enseñe donde El me dise que yo tengo que pensar, Yo le digo que yo pienso en un vorron de tinta pero que no ay nada escrito. El dise que me ace recordar a mi el vorrom Yo sierro los ojos mucho tiempo para pensarlo, Yo le digo que yo pienso en una pluma astilgrafica con tinta que ba caiendo sobre un mantel, Luego el se lebanta y se marcha,
Yo creo que no e pasado la pueba del raw shok.
enforme de progresos 3 – 7 marso
El Dr. Strauss y el Dr. Nemur disen que no importan le verrones de tinta. Yo les digo que yo no tire la tinta en los cartones y que yo no puede ber nada en la tinta. Eyos disen que tal bez ahun pueden usarme a mi, Yo digo que Miss Kinnian nunca me a dado pruebas como esta solo escrivir y leer, Eyos dicen que Miss Kinnian dise que yo soy su megor alumno en la clase de adultos porque yo ago todas las cosas y quero aprender. Eyos disen como hirias tu a la escuela solo Charlie. Como la encontrarias. Yo digo que yo preguntaria a la jente y algien me dise donde tengo que hir para aprender a escrivir y leer bien. Eyos disen porque quieres ir. Yo digo a eyos poruqe toda la bida e deseado ser listo y no tonto, Pero es mui difisil ser listo, Eyos disen tu sabes que pobablemente es temporal. Yo digo que si. Miss Kinnian me lo ha dicho. No me importa si duele.
Mas tarde yo e tenido mas puebas locas. La muger simpática que me las a dado me dijo el nombre y yo le pregunto a ella como se escrive para ponerlo en mi enforme de progresos. TEST TEMATICO DE APERCEPCION. Las dos ultimas palabras son muy raras y yo no se lo que quere desir, pero se que test quere desir pueba. Tienes que pasarlo o te ponen malas notas. Esta pueba paresia fasil porque yo podia ber los cuadros. Pero esta bez eya no quiere que yo diga lo que ay en los cuadros. Esto me estraña mucho, Yo digo que el ombre dijo ayer que yo devia desirle lo que beo en la tinta eya dise que no importa. Eya dise que yo tengo que inbentar istorias sobre la jente que ay en los cuadros.
Yo le digo a eya como puedo contar istorias de una jente que yo no conosco. Yo le digo porque tengo que inbentar mentiras. Yo nunca digo mas mentiras porque siempre me an cojido.
Eya me dise a mi que esta pueba y la del raw-shok eran para saber la parsonalidad. Yo no beo claro como pueden saber esta cosa con vorrones de tinta y fotos. Eya se enfada mucho y se marcha con sus cuadros. No me importa. Era tonta. Creo que e fayado tamvien esta pueba.
Mas tarde unos ombres con batas blancas me yeban a otra parte del ospital y me dan un juego para jugar. Es como una carrera con un raton blanco, Eyos yaman al raton Algernon. Algernon estava en una caja con un montón de bueltas y rebueltas con toda clase de paredes y eyos me dan a mi un lapis y un papel con lineas y montones de cajas. A un lado dise PRINCIPIO y al otro lado dise FINAL. Eyos disen que es un laberinto y que Algernon y yo tenemos que aser el mismo laberinto, Yo no beo como podemos tener el mismo laberinto si Algernon tiene una caja y yo tengo el papel pero yo no digo nada. De todos modos no ay tiempo porque la carrera a empesado
uno de los ombres tiene un reloj y quere esconderlo para que yo no lo bea .y yo trato de no berlo y esto me ase poner nerbioso.
De todos modos esta pueba es peor que todas las otras porque eyos hacen mas de 10 bezes con laberintos diferentes y Algernos gana cada bez. Yo no sabia que los ratones son tan listos. Tal bez los ratones blancos son mas listos que los otros ratones.

diciembre 7, 2011

Isaac Asimov. La Edad de oro de la Ciencia Ficción I.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 5:35 pm
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Orbis, 1986. 224 páginas.
Tit. or. Before the golden age. Trad. Horacio González Trejo.
Varios, La Edad de oro de la Ciencia Ficción I
Nostalgia

En primer lugar, el título es engañoso, ya que la traducción correcta sería ‘Antes de la edad de oro’. Entiendo que vende más la edad de oro que lo que había antes. Pero esta antología la prepara Asimov, que considera la edad de oro del género del 38 en adelante, la era Campbell. Pero él tenía recuerdos de cómo se aficionó a la ciencia ficción y sus relatos preferidos de entonces. En esta primera selección están:

Edmond Hamilton, El hombre que evolucionó
Neil R. Jones, El satélite Jameson
Capt. S.P. Meek, Submicroscópico
Capt. S.P. Meek, Awlo de Ulm
P. Schuyler Miller, Tetraedros del espacio
Clifford D. Simak, El mundo del sol rojo

De los cuales aquí pueden encontrar un buen resumen: La edad de oro I, pero que a mí me han dejado más bien frío. Mucha acción, una credibilidad cientifica inexistente y poca calidad literaria.

Eso sí, acompañado de fragmentos biográficos de Asimov y de alguna relación entre estos relatos y otros que él escribió después. Bastante flojo, y todavía me queda la segunda parte. En el extracto pongo los datos de donde saqué la dirección de la entrada de ayer.

Calificación: Regular.

Un día, un libro (98/365)

Extracto:

De modo que si hubiéramos tardado un año más, no lo habríamos conseguido. Aunque hubiéramos podido entrar más adelante, no habría sido lo mismo. Cuando llegué tenía tres años, y naturalmente ya hablaba (en yiddish), pero era lo bastante pequeño como para aprender el inglés como lengua nativa y no adquirida, que no es lo mismo.
Mis padres hablaban ruso con fluidez, pero no se empeñaron en enseñarme esa lengua, sino que insistieron en que aprendiera el inglés tan bien y tan pronto como pudiera. Incluso ellos mismos se decidieron a aprender el inglés, con resultado razonable aunque no brillante.
En cierto sentido, lo lamento. Me habría gustado conocer la lengua de Pushkin, Tolstoy y Dostoievsky. Por otra parte, no habría permitido que nada me impidiera dominar realmente el inglés. Perdonadme este prejuicio: estoy convencido de que no hay idioma más majestuoso que el de Shakespeare, Milton y la King James Bible; si he de hablar un idioma y dominarlo como sólo un nativo puede conseguir, me considero increíblemente afortunado de que sea el inglés.
A partir de aquí comienzan los recuerdos propios. Recuerdo con toda claridad el primer sitio donde vivimos al llegar a los Estados Unidos. Incluso recuerdo las señas: Avenida Van Siclen 425, al este del neoyorquino barrio de Brooklyn.1 Viví en Brooklyn durante los diecinueve años siguientes a mi llegada a los Estados Unidos, y el acento de Brooklyn sigue acompañándome.
Nuestra vivienda de la Avenida Van Siclen no era lujosa; como no tenía electricidad, utilizábamos mecheros de gas. Carecía de calefacción central, pero teníamos una estufa de hierro colado que mi madre encendía con papel y teas.
Por fortuna, yo no sabía que esto significaba vivir en un barrio bajo. Era mi hogar y me sentía feliz. La estufa me fascinaba particularmente y siempre estaba cerca para ver a mi madre encender el fuego y amasar tallarines. En 1925, cuando nos mudamos a una vivienda mejor —-en la Avenida Miller 434—, a una manzana de distancia, lloré amargamente.
En febrero de 1925, poco después de mi quinto cumpleaños, comencé a asistir al parvulario. Si queréis más datos, se trataba de la Escuela Pública 182.
Normalmente habría ingresado al primer grado un año más tarde, después de cumplir seis años. Sin embargo, mi madre no quiso esperar.

1. Me parece un poco tonto el citar esta clase de datos. Quiero decir, ¿a quién le importarán las señas exactas? No obstante, ésta es una de las preguntas que me hacen a veces: «¿Dónde vivió exactamente al llegar a los Estados Unidos?» Espero que a nadie se le ocurra emprender una peregrinación a ese lugar. En aquel entonces era un barrio bajo y ha seguido bajando sin remedio.

enero 28, 2011

Angélica Gorodischer. Trafalgar.

Filed under: Ci-Fi,Cuentos — Palimp @ 11:07 am
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Ediciones Orbis, 1986. 238 páginas.

Angélica Gorodischer, Trafalgar
Más café

Algunos de los mejores cuentos que he leído están escritos por Angélica Gorodischer. Y son de ciencia ficción. No es una autora muy conocida, pero sus admiradores sabemos que en ocasiones los cafés más acogedores están fuera de las rutas comerciales, en avenidas escondidas, donde se reunen los amigos para compartir un buen rato.

Trafalgar es un hombre de mundos. Comercia entre los planetas, consume café por litros, y siempre tiene una buena historia que contar. Hay mundos en los que se ha perdido el idioma, pero no la música y el baile. Planetas en los que los muertos están siempre presentes. Civilizaciones tan organizadas que su color es gris. Todo se puede contar si hay una taza humeante y alguien dispuesto a escuchar.

La lista completa es la siguiente:

A la luz de la casta luna electrónica
Sensatez del círculo
De navegantes
El mejor día del año
La lucha de la familia González por un mundo mejor
Trafalgar y Josefina
El señor Caos
Constancia
Trafalgar y yo

Uno de los mejores libros de Arthur C. Clarke son los cuentos de la taberna del ciervo blanco. Parecida estratagema utiliza la autora, y supera a Clarke en imaginación, profundidad y ternura.

Pero no puedo hablar, no soy muy objetivo. Otros solo lo ven entretenido Trafalgar, así que tendrán que decidir ustedes. Lean algún cuento de la autora y después me dan las gracias.


Extracto:[-]

—A todo esto Marina dividía su atención entre la civilización prodigiosa y los monos flacos que bailaban. El día que oyeron por primera vez la música casi se infartan porque no se la esperaban y fueron a ver qué pasaba. Armados, por si acaso. Todos menos Veri Halabi que de entrada les había tomado repugnancia y que dijo que esa música era irritante. Y cada vez que la oía cerraba todo y se quedaba adentro y si le parecía que oía algo se tapaba los oídos. Eso me lo contó Simónides después. Para cuando yo llegué estaban acostumbrados a la música y al baile y les gustaba. Me contó Marina que de repente, no todos los días sino de vez en cuando y a intervalos irregulares, sin que hubiera ninguna señal ni pasara nada, sacaban palos, cuerdas, unos instrumentos muy simples que ella describió y que yo vi pero ni me acuerdo, y algunos tocaban música y todos los demás bailaban. Bailaban horas y horas sin cansarse y era increíble la resistencia que tenían, tan flacos y arruinados, alimentados a gusanos molidos y agua. Pero bailaban a veces todo el día, a veces toda la noche. ¿Ustedes han probado bailar una noche entera sin parar? Bueno, ellos podían. Bailaban en la oscuridad más completa, sin verse, sin empujarse, sin caerse. O bailaban de día, eso que era día bajo el sol púrpura. O bailaban parte del día y parte de la noche. Y de pronto, porque sí, la música se terminaba y se tiraban por ahí mirando vaya a saber qué y se quedaban sin hacer nada horas o días. Impresionante. Les juro que era impresionante.

A esa altura de la noche y del cuento a nadie le parecía necesario seguir tomando nada pero Tra-falgar no abandonaba la cafetera eléctrica. Hacía frío y Cirito se levantó a prender la calefacción mientras Flynn y el Payo esperaban y Trafalgar pensaba a lo mejor en los días oscuros de Anandaha-A.

—El baile también me gustó, como me gustaban ellos aunque no les haya podido vender nada —siguió cuando lo vio entrar a Cirito—. Y a los del campamento también les gustaba. No digo a Marina Solim que es una tipa dispuesta a que todo le guste, ni a Lundgren que aprendió el sin tu y eso ya habla en favor de la buena disposición de cualquier individuo, ni al sociólogo que acepta lo que venga y compone en seguida un cuadro sinóptico y que no me acuerdo cómo se llama pero sí que se pasa las horas fumando Craven A y escribiendo a máquina. A todos les gustaba y cada vez que oían la música se iban a mirar. Todos menos Halabi.

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