Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

enero 18, 2010

Paul Auster, Trilogia de Nova York.

Filed under: Novela — Palimp @ 9:07 am
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Edicions 62 (labutxaca), 2007. 348 páginas.
Tit. Or. The New York Trilogy. Trad. Joan Sellent.

Paul Auster, Trilogia de Nova York
Vigilancia subterránea

Pensé que nada mejor que leer este libro camino de Nueva York, pero como el viaje se torció me sirvió de pobre sustituto. Pobre, porque releyendo a Auster veo que ya no me emociona como antes. Me sigue gustando, pero menos.

Tres historias con entrada propia en la wikipedia (aunque escasa): La trilogía de Nueva York. Las tres comparten el mismo ambiente misterioso y opresivo, hablan acerca del observar y ser observados. Los protagonistas bajan en algún momento a los infiernos -y a veces se quedan allí.

Me han recordado mucho a la artista Sophie Calle (otros enlaces: El largo adiós de Sophie Calle, Sophie Calle) que en una de sus obras se hizo seguir por un detective privado y luego comparó sus informes con el diario que llevó esos días. En Leviatán Auster se inspira en esta artista para el personaje Maria Turner.

Con menos entusiasmo que cuando era más joven, pero lo sigo recomendando.


Extracto:[-]

El tren anava ple, i tant va ser començar els passatgers a omplir l’andana i caminar en direcció a ell com formar-se una turba. Quinn s’anava donant copets nerviosos amb el bloc vermell a la cuixa esquerra, es posava de puntetes i escrutava la multitud. La gent aviat es va anar aglomerant al voltant seu. Hi havia homes i dones, nens i gent gran, adolescents i criatures, gent rica i gent pobra, homes negres i dones blanques, homes blancs i dones negres, orientals i àrabs, homes vestits de marró, de gris, de blau i de verd, dones vestides de vermell, de blanc, de groc i de rosa, nens amb vambes, nens amb sabates, nens amb botes de cowboy, gent grassa i gent prima, gent alta i gent baixa, cada persona diferent de totes les altres, cada persona irreductiblement singular. Quinn observava a tothom, ancorat en el seu lloc, com si tot l’ésser se li. hagués exiliat en els ulls. Cada cop que s’acostava un home gran, ell es preparava per si era Stülman. Anaven i venien tan de pressa que no li vagava de desanimar-se, però en cada cara de persona gran li semblava descobrir-hi un pronòstic de com seria l’autèntic Stülman, i anava desplaçant ràpidament les esperances d’una cara a l’altra com si l’acumulació d’homes grans anunciés la imminent arribada de Stülman en persona. Per un breu instant, Quinn va pensar: «Ara veus què és, realment, fer de detectiu». Però, tret d’això, no pensava res. Vigüava. Allà plantat, entre la gentada que es movia, ell anava vigüant.

Quan van ser fora més o menys la meitat dels passatgers, Quinn va veure Stülman per primera vegada. La semblança amb la fotografia era inequívoca. No, no s’havia quedat calb, com Quinn s’imaginava. Tenia el cap blanc i el duia despentinat, amb flocs de cabells que se li enlairaven aquí i allà. Era un home alt i prim, sens dubte de més de seixanta anys i una mica carregat d’espatlles. En contradicció amb l’època de l’any, duia un abric marró, llarg i tronat, i caminava arrossegant una mica els peus. La fesomia semblava plàcida, amb una expressió entre pensativa i estupefacta. No es mirava el que hi havia al seu voltant ni semblava que l’interessés. Duia una sola maleta, una maleta de pell en altre temps esplèndida però ara molt atrotinada, Uigada amb una corretja. Un parell de vegades, mentre avançava per l’andana, va deixar la maleta a terra per reposar un moment. Semblava que es mogués sense esforç, una mica arrossegat per la gent, sense saber si anar al mateix pas que els altres o deixar que l’avancessin.

Quinn va recular unes quantes passes i es va situar de manera que pogués desplaçar-se ràpidament a dreta o a esquerra, segons el que passés. Al mateix temps, li convenia mantenir-se prou lluny de Stülman perquè no notés que el seguien.

Quan va arribar al llindar de l’estació, Stülman va tornar a deixar la maleta a terra i es va aturar. En aquell moment Quinn es va permetre de donar un cop d’ull a la dreta de Stülman, per inspeccionar la resta de la gent i confirmar per partida doble que no s’equivocava. El que va passar llavors no té explicació possible. Darrere mateix de Stülman, visible a penes uns centímetres per sobre la seva espatlla dreta, un altre home es va aturar, es va treure un encenedor de la butxaca i va encendre un cigarret. La seva fesomia era clavada a la de Stülman. Per un moment, Quinn va pensar que era una il·lusió, una espècie d’aura que exhalaven els corrents electromagnètics del cos de Stülman.

marzo 18, 2009

Paul Auster. El palacio de la luna.

Filed under: Novela — Palimp @ 7:37 am
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Editorial Anagrama, 1990, RBA 2009. 310 páginas.
Tit. Or. Moon Palace. Trad. Maribel de Juan.

Paul Auster, El palacio de la luna
Luna llena

Vuelvo al antiguo Auster gracias a la colección RBA de Anagrama, una buena oportunidad de comprar por poco precio y en tapa dura algunos de los clásicos del siglo XX. No es como para hacerla entera, pero sí para mirar de vez en cuando en el quiosco a ver cual es la novedad.

El argumento se encuentra en la wikipedia (ojo que cuenta el final): El palacio de la luna. Narra la historia de Marco, que crece con su tío sin saber quien es su padre, vive una temporada como un sin techo en Central Park hasta que es rescatado por un amigo y una chica que conoció en una fiesta. Después entra al servicio de un anciano cascarrabias empeñado en que escriba su biografía.

Fiel a los temas que se harán comunes en la obra de Auster, la casualidad tiene un protagonismo especial y las revelaciones se van sucediendo casí como en un folletín -no diré ninguna para no chafar finales.

Recuerdo que no es una de mis novelas preferidas del autor, pero desde luego muy superior a lo último que he leído, como La noche del oráculo. Que está mejor escrita, pero tiene menos gracia. Me sigue pareciendo que hay una afinidad entre Murakami y Auster.

Leerlo en esta época de internet me ha permitido comprobar algunas de las referencias del texto y, sobre todo, contemplar los cuadros de Blakelock, con sus lunas misteriosas.

Descárgalo gratis:

Auster, Paul – El Palacio de la Luna.doc

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

Pero la verdad era que yo no tenía el menor deseo de adaptarme. Si mis compañeros me colocaban la etiqueta de bicho raro, ése era su problema. Yo era el intelectual sublime, el futuro genio arisco y obstinado, el rebelde inconformista que se mantiene apartado de la manada. Casi me ruborizo al recordar las ridiculas poses que adoptaba en aquella época. Era una grotesca amalgama de timidez y arrogancia, y alternaba largos e incómodos silencios con furiosos ataques de verborrea. Cuando me daba la vena, pasaba noches enteras en los bares, fumando y bebiendo como si quisiera matarme, citando versos de poetas menores del siglo XVI y oscuras frases en latín de filósofos medievales, y haciendo todo lo posible por impresionar a mis amigos. Los dieciocho años es una edad terrible, y aunque yo iba por ahí convencido de que en cierto modo era más maduro que mis compañeros de clase, la verdad era que únicamente había encontrado una manera diferente de ser joven. Más que nada, el traje era una divisa de mi identidad, el emblema de la forma en que yo deseaba que me vieran los demás. Objetivamente considerado, el traje no tenía nada de malo. Era un tweed oscuro, de un tono verdoso, a cuadritos y con solapas estrechas, una prenda sólida y bien hecha, pero después de varios meses de uso constante empezó a dar una impresión azarosa; colgaba de mi descarnada osamenta como una ocurrencia tardía, un torbellino de lana deformada. Lo que mis amigos no sabían, claro está, era que lo llevaba por razones sentimentales. Bajo mi postura inconformista, satisfacía también el deseo de tener a mi tío cerca de mí, y el corte de la prenda no tenía casi nada que ver en el asunto. Si Victor me hubiese dado un traje morado de petimetre, sin duda lo habría llevado con el mismo espíritu con que usaba el de tweed.

[...]

—Se suponía que no teníamos que saber lo que era -dijo-, pero yo lo descubrí. Si hay que encontrar una información, se puede estar seguro de que Charlie Bacon la encontrará. Primero fue el Gran Chico, la que tiraron en Hiroshima con el coronel Tibbets. Yo estaba incluido en la tripulación del siguiente avión, tres días después, el que iba a Nagasaki. Por nada del mundo iban a obligarme a hacer eso. La destrucción a esa escala es cosa de Dios. Los hombres no tienen derecho a meterse en algo así. Les engañé fingiendo que estaba loco. Una tarde salí y eché a andar por el desierto, bajo aquel calor espantoso. No me importaba que me pegaran un tiro. Lo de Alemania ya había sido bastante horrible, pero no iba a permitirles que me convirtieran en agente de la destrucción. No, seftor, prefería volverme loco a tener eso sobre mi conciencia. En mi opinión, no lo habrían hecho si los japoneses fuesen blancos. Los amarillos les importan un comino. Sin ofender —añadió de pronto, volviéndose hacia Kitty-, por lo que a ellos respecta, los amarillos no valen más que los perros. ¿Qué cree que hacemos ahora en el sudesde asiático? La misma historia, matar amarillos allá donde podamos. Es como repetir otra vez las matanzas de indios. Ahora tenemos bombas H en lugar de bombas A. Los generales siguen fabricando nuevas armas en Utah, lejos de todo, donde nadie puede verlos. ¿Recuerdan esas ovejas que murieron el año pasado? Seis mil ovejas. Echaron un nuevo gas venenoso en el aire y todo murió en varios kilómetros a la redonda. No, señor, por nada del mundo aceptaré tener sangre en las manos. Amarillos, blancos, ¿qué diferencia hay? Todos somos iguales, ¿no es verdad? No, señor, por nada del mundo conseguirán que Charlie Bacon les haga el trabajo sucio. Prefiero estar loco a manejar esos bombazos.

[...]

En este punto, la novela de Barber empieza a fallar de mala manera. Sin el menor escrúpulo de conciencia, Kepler decide quedarse a vivir con los Humanos, renunciando para siempre a la idea de reunirse con su mujer y su hijo. Abandonando el tono preciso e intelectual de las primeras treinta páginas, Barber da rienda suelta a lascivas fantasías en largos y floridos pasajes, fruto de la desbocada lujuria masturbatoria de un adolescente. Las mujeres no parecen indias norteamericanas sino juguetes sexuales polinesios, hermosas doncellas de senos desnudos que se entregan a Kepler con alegre abandono. Es pura invención: una sociedad de inocencia paradisíaca poblada por nobles salvajes que viven en completa armonía con los demás y con el mundo. Kepler no tarda mucho en comprender que la forma de vida de ellos es muy superior a la suya. Se sacude las ataduras de la civilización decimonónica y entra en la edad de piedra, uniendo su suerte a la de los Humanos alegremente.

febrero 13, 2006

Paul Auster. La noche del oráculo.

Filed under: Novela — Palimp @ 8:50 pm
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Círculo de lectores, 2004. 267 páginas.
Tit. or. Oracle night. Trad. Benito Gómez Ibáñez.

Nocheoraculo
Decepción

Auster es uno de mis escritores preferidos. En la biblioteca siempre buscaba las tres As; Adams, Amis y Auster. Pero desde aquel libro con los guiones de ‘Smoke’ y ‘Blue in the face’ y la recopilación ‘Creí que mi padre era Dios’ no había leído nada suyo. Y tenía ganas. Empecé esta noche del oráculo con bastante ilusión.

Nos cuenta la historia de un escritor que se está recuperando de una enfermedad. Compra un cuaderno azul en una papelería nueva propiedad de M.R. Chang, con el que hace buenas migas. En ese especial cuaderno comenzará una nueva novela.

Para decirlo claro y pronto: no me ha gustado. El protagonista no sabe que hacer con su el personaje de la novela que comienza y lo mismo le pasa a Auster, que da la sensación de que va escribiendo sin rumbo fijo, de no saber hacia donde quiere dirigir el libro. El final abrupto nos deja un poco en suspenso. Después de tanto tiempo sin leer nada de Auster leer este libro ha sido una profunda decepción.

Hay opiniones para todos los gustos (aquí tienen una muestra) y la novela tiene momentos buenos, pero esperaba bastante más del autor. Un fiasco.

(Un día, un libro 308/365)
Escuchando: Dos salidas de emergencia. Nadia and Bea