Pedro Marchán. Donde todo se acaba.
A Pedro Marchán lo conocí cuando este blog estaba en bloxus. Allí sigue teniendo su blog Cruzando el rio estigia, uno de mis preferidos de bloxus, en el que habla de todo un poco. El caso es que Pedro ha acabado hace poco su primera novela y yo he tenido la suerte de ser uno de sus primeros lectores. En el salón del cómic me hizo solemne entrega del manuscrito (bueno, impreso por ordenador y muy bien encuadernado) mientras compartíamos un café.
Existe un barquero encargado de guiar las almas de los muertos hacia el lugar donde todo se acaba. Cada vez que lo hace, siete niñas pequeñas vestidas de novia lloran por las penas de los difuntos, que van amarradas en las redes del pescador, y acompañan a los fallecidos hasta que sus espíritus se pierden en la profundidad del océano. Pero es tanto el dolor que soportan las siete que el lamento se convierte en locura.
En plena guerra civil un niño asustado y una prostituta se ven envueltos por los horrores de la guerra. El niño será adoptado por una familia rica, pero sus vidas ya se han cruzado para siempre. Además, parece haber sido elegido para un destino singular; ser el barquero que conduce las almas de los muertos al lugar donde todo se acaba. Pero las cosas son mucho más de lo que aparentan.
Pedro me hablaba de la influencia que había tenido Loriga en su escritura. Mala cosa, dije yo. Loriga no es santo de mi devoción. Por suerte tan perniciosa influencia ha contaminado la prosa de Pedro lo justo para hacerla interesante. Me ha gustado el estilo. Sí, se nota que es primerizo, y que lo que le importa es contar una historia, pero está bien contada y con un deje de melancolía que se puede paladear.
La historia también está bien, aunque aquí es el único sitio dónde pondría alguna pega; el final me ha parecido un poco confuso, aunque no revelaré el qué. No vamos a desvelar las tramas, claro. Sólo les diré que te atrapa desde el principio y que estás deseando ver cómo acaba todo.
Lo leí en Clavijo, casi dejándome los ojos porque se iba haciendo de noche, pero se estaba muy bien al fresco, y no paré hasta acabarlo. Lo recomiendo, por supuesto, pero hasta que un editor no se anime no podrán leerlo ¿voluntarios?
Escuchando: Regina coeli laetare, Alleluia. François Couperin.
Extracto:
Ahora mi padre se llama Juan Luis Alcázar, es chupado y esmirriado, tan recto como una escarpia, viste con levita negra, se atusa el bigote cuidadosamente y aguanta con dos dedos el monóculo de su ojo izquierdo, seguramente para ocultar con esmero un tic que dimana en la ceja, mientras me señala acentuadamente con su bastón de marfil.
Dicen que conoce a familias inglesas y jeques árabes y por eso viaja a menudo a El Cairo, una colonia británica donde está la lonja de los estraperlistas. Ése es el cuchitril ilícito donde se reúne con marchantes asiáticos y realiza trueques con mercancías robadas de Portugal, Túnez y Mallorca. Dicen también que sólo quiere a su mujer para olvidarla o venderla en uno de los intercambios, que la maltrata y la ha intentado ahogar en más de una ocasión porque es estéril y no puede tener hijos, dicen que sus impulsos espontáneos un día la llevarán a la tumba.
Eso es lo que dicen.
En cualquier caso, dicen demasiadas cosas de él.
La Sra. Dña. Sofía de Ramos es una dama emperifollada en sí misma, tan discreta como un naipe escondido en la manga, tan elegante como el laúd de un trovador provenzal.
Deslizándose por los pasillos de la mansión como una sombra para que su marido no la oiga recibir a los hombres que satisface en el dormitorio, por supuesto enseña su cuerpo desnudo y hace el amor con la soltura de una serpiente que muda la piel.
Con el tiempo me doy cuenta de que mis padres adoptivos discuten a menudo y se gritan, se encierran en diferentes habitaciones y lloran como si hubiesen perdido una brújula y fuesen dejando huellas, uno detrás del otro, desorientados hacia ninguna dirección.



