Cuchitril Literario

Febrero 26, 2006

Pedro Zarraluki. Un encargo difícil.

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Círculo de lectores 2005. 251 páginas.

Zarraluki Encargo Dificil
Difícil de tragar

Acababa de reseñar en el antiguo Cuchitril la excelente novela Para amantes y ladrones cuando le concedieron el premio Nadal del 2005. Me alegré, porque el autor me gustaba y pensaba que lo merecía. Claro que todavía no había leído el libro…

Acabada la guerra civil dos mujeres son desterradas por los franquistas a una pequeña isla de Cabrera. Allí irá también Buroy, un rojo chantajeado por la policia, para cumplir un encargo no del todo limpio. Un alemán acusado de espía por los nazis completará el cuadro.

El responsable de las ranas me gustó, Hotel Astoria no estaba nada mal, Para amantes y ladrones es una pequeña joya, y Un encargo difícil es mala con ganas. El argumento es insustancial y el estilo correcto y gracias. Volviendo a hacer mío el dicho de Arguez sobre si al hablar no has de agradar, mejor callar y teniendo prisa como tengo sólo les diré que mejor gasten su tiempo y su dinero en otro libro.

(Un día, un libro 321/365)
Escuchando: Una mujer en mi vida. Putumayo Puerto Rico.

Noviembre 9, 2005

[*] Pedro Zarraluki. Para amantes y ladrones.

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Editorial Anagrama, 2000. 213 páginas.

El placer de la mirada

A Zarraluki lo descubrí, como a tantos otros, gracias a Anagrama. Su novela ‘El responsable de las ranas’ me dejó con ganas de repetir. Así lo hice comprando -en el mercadillo, por supuesto- ‘Hotel Astoria’. Y aunque esta novela no me llegó a fascinar, seguía pensando que era un autor que merecía la pena. No me ha hecho falta insistir mucho; con el tercer libro nos hemos encontrado.

La historia comienza bien; En un pueblo pequeño, un editor invita a varios de sus escritores para que celebren su cumpleaños con él. Una vez en la casa les pide, o les reta, un regalo de cumpleaños muy particular; deberán escribir un cuento sobre los malentendidos. Un muchacho del pueblo, convertido por casualidad en cocinero y mayordomo, nos relatará con una voz ya madura lo sucedido durante ese fin de semana.

Martin Amis dice en ‘Guerra al cliché’ que la mejor arma del reseñador de libros es la cita. Si tuviera que hacerlo en esta ocasión, copiaría el libro entero. Cada frase invita a la reflexión y al paladeo. Me limitaré a copiar la que da título al libro:

Podrías escribirlo tú, ¡claro que sí! Pero antes deberías leer a Flaubert. Ya estás preparado, ¡sin miedo! Era un hombre como todos, un gordo de Ruán. ¿Sabes que decía? Que la literatura no es otra cosa que unas zapatillas que no son tuyas en el cajón de tu escritorio. Eso decía. Éste es un oficio para amantes y ladrones. Y eso es lo que tú eres ¿o me equivoco? Robar con pasión, ¡eso es escribir!, enamorarte de lo que no te pertenece, arrancarle al mundo el corazón. Puedes hacerlo. Por fin te he convertido en un perfecto canalla.

El libro es un homenaje a la literatura, a los escritores y, sobre todo, a los lectores. Uno se pregunta quién estará detrás de los personajes que lo pueblan. ¿Quién es el editor que, cada vez que va al pueblo, maravilla a los presentes contando como propias las cosas que ha leído? ¿Quién el escritor de novelas policiacas alcohólico? ¿Quién la mujer invisible, caústica y tierna? ¿Quién la ingénua Polín? Quizá no sea una novela escrita en clave, y sólo sea el cariño con el que el autor ha escrito a sus personajes lo que les otorgue la capacidad de sentirlos vivos.

Un libro de los que quedan para siempre, de los que obligan a releerlos; yo, por si acaso, y ya que lo tomé prestado de la biblioteca, se lo he regalado a mi madre para reyes. Así estará a mano si alguna vez lo necesito. Si lo tienen a tiro, no lo duden; uno de los mejores libros que he leído este año.

(Un día, un libro 213/365)
Escuchando: Venus. Holst