Cuchitril Literario

Julio 16, 2007

Francesca Romana Paci. James Joyce, vida y obra.

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Ediciones península, 1987. 330 páginas.
Tit. Or. Vita e opere di James Joyce. Trad. J. Montserrat Torrens.

Francesca Romana Paci, James Joyce
Retrato del artista

Es poca la información que he encontrado de la autora del libro Francesca Romana Paci, así que apenás les puedo decir que es profesora de literatura inglesa y que ha traducido a poetas como Coleridge y Shelley. Todo lo contrario que James Joyce, conocido incluso por quienes no lo han leído, o mejor dicho conocido por ser muy poco leído.

El respeto que causa su obra maestra, Ulises ha conseguido que sea un libro que todos conocen, pero que muy pocos se atreven a leer. Creo que hay libros mucho más duros pero ya lo dice el refrán, unos llevan la lana y otros cardan la lana. Un consejo: hagan la prueba y verán que no es pa’tanto.

Me ha gustado mucho esta biografía porque en vez de tratar por un lado la biografía de joyce y por otro su obra va comentándolo todo a la vez, siguiendo un orden cronológico. Así el saber que le ocurría a Joyce cuando escribió Dublineses nos ilumina su obra, y al revés. La recepción por parte del público y la crítica de sus textos influyó mucho en su vida.

Con el género biográfico hay que tener mucho cuidado; es difícil encontrar obras que informen y resulten interesantes. Este libro lo consigue. El único defecto, que será prácticamente inencontrable.

Escuchando: Power Out. Arcade Fire.


Extracto:[-]
El comienzo de la obra, según la conservamos, viene constituido por una descripción física de Stephen, descripción que se encuentra en una posición incluso demasiado hábil y estratégica para ser fruto de una casualidad. Stephen Hero se inicia con lo que debiera haber sido la última parte del capítulo quince de la obra completa. El tema es la vida de Stephen en el University College, algunas de sus lecturas y de sus ideas sobre el lenguaje. A continuación viene el capítulo dieciséis, en el que se habla todavía de la vida en el colegio y de las lecturas del joven. En los capítulos siguientes viene presentada su familia, su modo de vivir y las conversaciones con los amigos sobre el arte. Después el encuentro con Emma Clery y las clases de irlandés antiguo, la lectura de una obra suya en una asociación de estudiantes y todavía sus reflexiones sobre la naturaleza del arte. En particular, concede especial importancia a las conversaciones de Stephen con sus compañeros y con sus profesores. A continuación se refiere a la carta de protesta contra Yeats, que Joyce se negó a firmar, y de las relaciones con Cranly. Emma Clery aparece todavía de vez en cuando, pero dedica más atención a sus amigos. En el capítulo veintitrés narra la muerte de su hermanita Isabel, que en la realidad era su hermano George. En los últimos capítulos vienen expuestas las más importantes conversaciones sobre la naturaleza del arte y de la estética, conversaciones a través de las que se deducen los principales motivos de la poética de Joyce. En el último capítulo se subraya el empeoramiento de su actitud hacia el colegio, los jesuítas y la familia, y el libro acaba sin conclusión, dejando al protagonista sumergido en su vida cotidiana, sin mutaciones concretas, pero echadas ya las bases para los cambios futuros.

Entre las diversas actividades, que él mismo reconoció como dispersivas, del año 1904, se cuentan las lecciones de canto y piano y la participación en el festival tradicional de música irlandesa, denominado en gaélico «Feis Ceoil». No ganó, pero le hicieron muchos cumplidos y obtuvo una mención de honor.32 Sin embargo, estas agradables actividades no eran remunerativas; al contrario, importaban notables gastos, por lo que al mismo tiempo Joyce buscaba afanosamente trabajo. Encontró un empleo de maestro de escuela y lo ejerció algún tiempo. También Stephen Dedalus enseña en una escuela en el segundo capítulo de Ulysses; se trata precisamente de un recuerdo de las actividades de aquel año. Joyce concibió además cantidad de ideas bizarras para ganarse la vida. Entre otras, acarició la eventualidad de recorrer la isla cantando como un antiguo juglar, solo, acompañando sus canciones con el laúd. Afortunadamente, el precio de los laúdes le disuadió.

El 10 de junio de 1904 Joyce tuvo la aventura más grande de su vida: encontró a Nora, habló con ella y se enamoró. El 16 de junio obtuvo la primera cita. La fecha descrita en Ulysses es precisamente este 16 de junio de 1904. Joyce lo escogió en homenaje a Nora, manifestando de esta manera cuánto valor concedía a su encuentro con la muchacha de Galway.

Marzo 30, 2007

Piero Boitani. La sombra de Ulises.

Archivado en: Ensayo — Palimp @ 11:06 am
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Ediciones Península, 2001. 216 páginas.
Tit. Or. L’ombra di Ulisse. Trad. Bernardo Moreno Carrillo.

BoitaniSombraUlises
Imágenes de un mito en la literatura occidental

Un miserable euro costaba un ejemplar de este libro en un puesto de la feria del libro de Barcelona (y tenían muchos). ¿Tan poco interés tienen las aventuras de Ulises? Aunque el libro fuera muy malo, por un euro tenía que comprarlo.

La Ilíada es una sucesión de batallas, pero la Odisea es una historia, una serie de aventuras por las que parece no pasar el tiempo. Ulises se ha convertido en un arquetipo capaz de integrarse en todas las épocas. De la capacidad de adaptación del mito a cada momento trata este libro.

No se trata de hacer un catálogo sobre la aparición de Ulises en diversas obras de la literatura universal, catálogo que además de incompleto sería innecesario, sino de analizar como se interpreta el mito de Ulises en diferentes épocas y culturas. La interpretación de Dante en la divina comedia no es la misma que la de Tennyson.

Aviso; el libro, aunque didáctico, no es divulgativo. Para un lector medio como yo tiene párrafos que se hacen cuesta arriba. No estoy acostumbrado al lenguaje técnico que maneja, aunque supongo que cualquier estudiante de filología no tendrá los problemas que he tenido yo.

No se dejen asustar por la dificultad de la empresa; el esfuerzo merece la pena, sobre todo en la segunda mitad del libro. Una visión erudita y original de uno de los mitos más vivos de occidente.

Escuchando: He sido infiel. Sonotones.


Extracto:[-]

Ulises se ha convertido en prisionero de un campo de concentración. La alta mar abierta quiere decir «cuando el horizonte se cierra sobre sí mismo, libre, recto y simple», cuando no hay más que el olor a mar, una «dulce cosa ferozmente lejana» de la realidad de Auschwitz. La poesía es capaz de expresar la experiencia presente y de evocar con transida nostalgia la experiencia pasada, de unir el otro mundo con éste, que es el verdadero otro.
En la memoria se produce otra laguna. Levi quiere relatar el loco vuelo allende las Columnas de Hércules en prosa («un sacrilegio»); y, sin embargo, sólo ahora, en el lager, nos percatamos de que la orden aceto che Vuom piú oltre «non si metta» tiene que ver precisamente con el impulso personal de Ulises {misi me). Como si la poesía cobrara un sentido más profundo en el recuerdo y en la exaltación súbita en medio de la «muerte en la vida» de Auschwitz; como si la crítica literaria pudiera tener origen precisamente en este suprema hora de sufrimiento.

La prisa, la ansiedad, se adueñan del comentador. Habría tantas otras cosas que decir… Hay una frase especial: «Considerad vuestra naturaleza». Levi puntualiza a Pilcólo que se trata de un pasaje crucial. Pero este apostrofe lo impresiona a él más que a nadie. «Como si también yo lo sintiera por primera vez; como un toque de clarín, como la voz de Dios». Durante un instante, ha olvidado quién es y dónde está, pues éste es un mensaje dirigido a «todos los hombres dolientes» y, en particular, a los prisioneros del campo de concentración y a ellos dos, que se atreven a «razonar de estas cosas con los varales de la marmita a cuestas». En un abrir y cerrar de ojos, desde el lager de Auschwitz, Levi da al traste con la interpretación ortodoxa y tradicional del terceto. En medio de la catástrofe de la civilización europea, la realidad del presente y la cultura clasico-humanista de un judío italiano hacen coincidir el deseo pagano de conocimiento y la virtud con el destino primigenio del hombre, antes del pecado original, en el Génesis: el hombre no fue hecho para vivir como un bruto, sino, según «la voz de Dios», a su imagen y semejanza.

Interpretación ejemplarmente revolucionaria, que va incluso más allá que la exégesis «romántica» de la que se ha hablado en el segundo capítulo. A esta lectura nadie se atreverá a negar una verdad de fondo. Es verdadera para quien lee la poesía en circunstancias extremas, en el otro mundo. Y contra esta verdad no hay filología (no hay reconstrucción del
contexto epistémico-cultural originario del poema dantesco) que valga. Es el hombre en la historia quien presta sentido al texto poético.

Pero el mismo texto que estamos leyendo ahora aparece también dividido. Otra laguna memorística hace a Levi saltarse los cuatro tercetos del viaje allende las Columnas bajo las estrellas y la luna. Aquí está la montaña, oscura por la distancia como las que se ven al atardecer cuando se vuelve en tren de Milán a Turín («dulces cosas ferozmente lejanas» «que se piensan, pero no se dicen»), y el naufragio. Levi daría el rancho cotidiano por conseguir enlazar «non ne avevo alcuna» con el final; pero le bailan en la cabeza otros versos dantescos que no tienen nada que ver. A las puertas de la cocina, la nave es ludibrio del mar tempestuoso, se hunde popa arriba y proa abajo «como a otro plugo». Levi encarece a Pikolo:

Es absolutamente necesario y urgente que escuche, que comprenda este «come altrui piaeque» antes de que sea demasiado tarde, mañana, él o yo podemos estar muertos, o no volver a vernos, debo hablarle, explicarle lo de la Edad Media, del tan humano y necesario y sin embargo inesperado anacronismo y de algo más, de algo gigantesco que yo mismo sólo he visto ahora, en la intuición de un instante, tal vez el porqué de nuestro destino, de nuestro estar hoy aquí…

Las historias de prisioneros de Auschwitz, nos había dicho Levi anteriormente, son todas «sencillas e incomprensibles» como las de la Biblia; todas están «llenas de una trágica y sorprendente necesidad». El anacronismo del relato dantesco, el conflicto entre el pasado pagano de Ulises y su presente cristiano en el infierno, el encuentro de los dos horizontes culturales, hacen del canto XXVI del Infierno el equivalente de la Biblia y, al mismo tiempo, de la tragedia, cuya trama, según Aristóteles, se desarrolla según lo necesario y lo verosímil, y donde hechos terribles y lamentables nacen el uno del otro «contra toda expectativa».

Noviembre 12, 2005

Chatwin, Bruce: En la Patagonia

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Península, Altaïr viajes, 2000
ISBN: 84-8307-259-9

Por Bruce Chatwin (1940-1989).

Un trozo de supuesta piel de brontosaurio, y unos recuerdos de infancia son el pie para emprender el viaje que se narra, lleno de historias perpendiculares a los personajes y lugares.

La forma de ver las cosas de Chatwin, al menos en este libro, quizás pueda parecer un poco distante, pero no cabe duda que se trata de un gran libro de viajes; las historias son ricas, tienen raices y personajes reales, y las exageraciones o fantasías es difícil atribuirlas sólo a la imaginación de autor. Quien haya leído “Sailing alone around the world” de Joshua Slocum sabrá a qué me refiero; episodios y personajes de las aventuras de Slocum en los canales magallánicos vuelven de la mano de Chatwin en su parte del viaje, pero desde otro punto de vista, al igual que otros personajes más conocidos por el cine.

Pablo Otero, fotógrafo chileno tiene una galeria de fotos de la cueva del milodonte, lugar del que arranca en origen el libro.

(Un día, un libro 216/365)


Sigue nuestro posteador invitado Luis liberandome de trabajo y obsequiándonos con sus reseñas.

Agosto 3, 2005

[*] Ernst H. Gombrich. Breve historia de la cultura.

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Ediciones Península, 2004. Trad. Carlos Manzano y Luis Alonso López, 1977.
Tit. Orig. In search of cultural history, 1969.

Erudición divulgadora

Cuando cogí este libro en la biblioteca, no se muy bien que esperaba. La contraportada me informaba de que ‘nos transmite, de forma inteligible, amor e interés por la historia que nos promete su título’. Un famoso historiador del arte, una amable portada, y la perspectiva de una divulgación suave y tranquila.

El libro es una serie de conferencias que el autor dio en inglaterra (tierra de conferencias, que luego todo el mundo aprovecha para publicar) y que, al contrario de lo que afirma el título, no es una ‘Historia de la cultura’ sino una ‘Historia de la historia de la cultura’. Pero como este autor tiene otro libro llamado ‘Breve historia del mundo’, para aprovechar el tirón (supongo yo) le han llamado de la misma manera.

La primera en la frente. El libro comienza con la conferencia que da título al libro, y que básicamente nos habla del sistema imperante hegeliano en la historia de la cultura, de como está superado, pero aún se sigue utilizando como sustrato a falta de nada mejor. Al igual que el autor, no puedo tragar a Hegel. A diferencia de él, y para mi vergüenza y oprobio, he de reconocer que no he leído nada de Hegel (ni ganas que tengo, aquí va la anécdota, sacada de este libro, que me justifica:’Bernard Shaw observó que nunca había leído ‘La doncella de Orleans’, pero que el tono de voz con que la gente hablaba de Schiller le hacía estar seguro de que le aburriría’). Y esta primera conferencia transmite erudición, pero se hace algo durilla de digerir. No dudo de que para un historiador del arte será pecata minuta, pero para un consumidor ingenuo como yo resulta, aunque interesante, difícil de contextualizar en ocasiones.

Y cuando ya estaba blasfemando contra la contraportada, y haciendo de tripas corazón, me encuentro con que las otras tres conferencias del libro sí que son perfectamente legibles por un profano como yo, y de muy interesante lectura.

En ‘La tradición del conocimiento general’ habla acerca de como los iconos culturales constituyen un ‘mapa’ de referencias en el se mueven las personas, y como constituyen un ‘venero de metáforas’ que cualquiera puede utilizar. Y que, por desgracia, estos mapas se están perdiendo por la falta de ‘cultura general’ cada vez más generalizada. Y eso es cierto; aunque conozco a mucha gente con formación universitaria, fuera de los temas de su especialidad no encontraremos ni conocimientos, ni curiosidad por adquirirlos.

‘La historia del arte y las ciencias sociales’ es un conjunto de reflexiones muy interesantes acerca del relativismo en el arte. El autor no cree, por un lado, en la inevitabilidad hegeliana, por otro, en el relativismo cultural. Una postura con la que coincido plenamente. Ofeciendo muchas preguntas y algunas soluciones, es una conferencia que define y delimita a la perfección el estado de la historia del arte. Ya me gustaría extenderme sobre este tema, pero ya lo haré cuando caiga en mis manos alguna obra de Umberto Eco.

Para acabar, la ‘Lógica en la feria de las vanidades’ entrelaza la moda y el arte, poniendo de relieve como se pueden hacer interpretaciones ‘psicologistas’ a la manera de Popper de muchos aspectos de la historia del arte. Y aunque sus conclusiones no parecen gustarle, espera que alguien (quizá Popper) pueda rebatirle para tranquilidad de su espíritu.

Escrito, cierto es, con una erudición inteligible, un propósito divulgador, y un ánimo pragmático y optimista, me ha interesado de cabo a rabo, me ha hecho reflexionar y me ha enganchado desde la segunda conferencia. No se desanimen por la presencia de Hegel, y dedíquenle un hueco de su tiempo; merece la pena.

(Un día, un libro 114/365)
Escuchando: ‘Casa Babylon’. Mano Negra