Platón. Diálogos Socráticos.
Biblioteca general Salvat, 1972. 1440 pag.
Primer Sócrates
No se que hacía yo de preadolescente leyendo un libro como éste. Mi dieta en aquella época eran novelas de Agatha Christie (vicio que abandoné en cuanto adivinaba al asesino a las treinta páginas) y los tebeos (vicio que continúo practicando). La lectura de la defensa de Sócrates ante el jurado lo convirtió a mis ojos en el paradigma de la injusticia. Las sátiras que de Sócrates hizo Aristófanes consiguieron que aborreciera a éste y me costó mucho trabajo volver a reconciliarme con él (aunque finalmente lo hice; la calidad manda).
El mayor problema de Sócrates es que siempre lo hemos visto con los ojos de Platón. Existen otros textos (entre ellos uno que se reseñará en breve), pero en menor cantidad y no con forma de diálogos -la marca de la casa-. El objetivo del autor de esta edición ha sido seleccionar los textos más socráticos entre los platónicos. Como dice el prólogo:
La suposición de que aquí partimos, de que estos diálogos los escribiera un Platón joven, con la voz de Sócrates reciente en los oídos, y cuando no estaba lejos de ser él mismo un estudiante distinguido y apasionado, como el Cármides o el Teages que en ellos aparecen, que luego poco a poco se hubiera ido liberando de ese influjo y consolidando de más en más en sus ideas propias, es una suposición que apenas se funda más que en la observación común de que los hombres suelen pasar de una juventud apasionadamente fiel a las palabras de algún otro a una vejez cada vez más fiel a sí misma y más segura en su fe propia cuanto más cercana de la muerte. Pero bien podría ser del todo falsa en este caso, y que nada sino Platón tuviéramos en estos diálogos; y así la propia persona de Sócrates está para nosotros condenada a la incertidumbre. No es, con todo, de la verdad histórica de Sócrates de lo que aquí se trata, sino acaso de otra que no fuera histórica justamente.
La selección, además de la ya citada ‘Apología de Sócrates o defensa ante el jurado’ la componen los diálogos Teages, los enamorados, Cármides y Clitofonte. En todos ellos el tema central es el mismo: cual debería ser la educación de los jóvenes, y que podemos entender o no por conocimiento. Sócrates no da ninguna receta o método del buen saber. Al contrario, confiesa que él lo desconoce y que todo su esfuerzo está en intentar averiguar que es; esa es su enseñanza.
Los cuatro diálogos son cortos y de fácil lectura. Ideales, pues, para un primer acercamiento a Sócrates. En los enamorados vemos que era normal entonces no sólo la homosexualidad, sino que los jóvenes quinceañeros tuvieran relaciones con adultos. Todos aquellos que se manifestaron en contra del matrimonio homosexual ¿cómo es que permiten publicaciones como ésta?
(Un día, un libro 162/365)
Escuchando: En un mercedes blanco. Kiko Veneno.



