Cuchitril Literario

Agosto 3, 2007

Rómulo Gallegos. Doña Bárbara.

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Ed. Espasa-Calpe, Col. Austral, 1941, 1942, 1942, 1943, 1943, 1944, 1944, 1945, 1946, 1947, 1948. 300 páginas.

Rómulo Gallegos, Doña Barbara
Mujer de armas tomar

Rómulo Gallegos no es nuevo en este Cuchitril. Empecé a leerlo porque Bolaño ganó el premio que lleva su nombre; un motivo pedestre pero que me ha llevado a conocer a un gran autor.

Doña Bárbara es el libro más famoso del autor. El ejemplar que tengo, de la famosa colección Austral que se me cae a cachos, es de 1948 y ya llevaba once ediciones. No quiero ni pensar las que tendrá ahora. Un verdadero éxito de ventas.

Santos Luzardo, un joven de ciudad, viaja a los llanos para hacerse cargo de una hacienda. Allí se encontrará con Doña Bárbara, la devoradora de hombres, salvaje, bella y terrible a la vez. Doña Bárbara es la cacique del territorio y tiene corrompida a la ley. Un hombrecito como Santos parece poca cosa para plantarle cara pero ¿quién sabe?

No es extraño que el libro haya tenido tanto éxito; tiene todos lo ingredientes para ello: acción, exotismo, una mujer arrebatadora con caracter, el paisaje inigualable de la cuenca del Orinoco. Personalmente prefiero Canaima, donde Rómulo Gallegos explota mejor su dominio del habla coloquial y dialectal, pero hay que reconocer que Doña Bárbara tiene más fuerza, es más fresco.

Su único defecto: el aire un poco de folletín de ciertas partes de la trama. Algo inevitable en un cuadro pintado con colores tan fuertes. El enfrentamiento entre la esperanza del progreso y la barbarie de la corrupción es una constante de toda la obra del autor, y es en este libro dónde se presenta en su forma más maniquea.

¿Quieren un relato interesante en un marco exhuberante? ¿Quieren entretenimiento de calidad? ¿Un best-seller sin templarios ni códigos secretos? Éste es su libro.

Escuchando: Las Chicas Son Guerreras. Coz.


Extracto:[-]

Y como él replicara, poseedor orgulloso.

—Sí. Cada uno de los hombres, todos aborrecibles para ti; pero, representándotelos, uno a uno, yo te hago amarlos a todos, a pesar tuyo.

Ella concluyó rugiente:

—Pero yo los destruiré a todos en ti.

Y este amor salvaje, que en realidad le imprimía cierta originalidad a la aventura con la bonguera, acabó por pervertir el espíritu ya perturbado de Lorenzo Barquero.

Ni aún la maternidad aplacó el rencor de la devoradora de hombres; por el contrario, se lo exasperó más: un hijo de sus entrañas, era para ella una victoria del macho, una nueva violencia sufrida, y bajo el imperio de este sentimiento concibió y dio a luz una niña, que otros pechos tuvieron que amamantar, porque no quiso ni verla siquiera.

Tampoco Lorenzo se ocupó de la hija, súcubo de la mujer insaciable y víctima del brebaje afrodisíaco que le hacía ingerir, mezclándolo con las comidas y bebidas, y no fué necesario que transcurriera mucho tiempo para que de la gallarda juventud de aquel que parecía destinado a un porvenir brillante, sólo quedara un organismo devorado por los vicios más ruines, una voluntad abolida, un espíritu en regresión bestial.

Y mientras el adormecimiento progresivo de las facultades —días enteros sumido en un sopor invencible— lo precipitaba a la horrible miseria de las fuentes vitales agotadas por el veneno de la pusana, la obra de la codicia lo despojó de su patrimonio.

La idea la sugirió un tal coronel Apolinar que apareció por allí en busca de tierras para comprar con el producto de sus rapiñas en la Jefatura Civil de uno de los pueblos de la región. Ducho en argucias de rábulas, como advirtiese la ruina moral de Lorenzo Barquero y se diese cuenta de que la barragana era conquista fácil, se trazó rápidamente su plan y, a tiempo que empezaba a enamorarla, entre un requiebro y otro, él insinuó:

—Hay un procedimiento inmancable y muy sencillo para que usted se ponga en la propiedad de La Barquereña, sin necesidad de que se case con don Lorenzo, ya que, como dice, le repugna la idea de que un hombre pueda llamarla su mujer. Una venta simulada. Todo está en que él firme el documento; pero eso no es difícil para usted. Si quiere, yo le redacto la escritura de manera que no pueda haber complicaciones con los parientes.

Y la idea encontró fácil asidero.

—Convenido. Redácteme ese documento. Yo se lo haré firmar.

Así se hizo, sin que Lorenzo se resistiera al despojo; pero cuando ya se iba a proceder al registro del documento, descubrió Bárbara que existía una cláusula por la cual reconocía haber recibido de Apolinar la cantidad estipulada como precio de La Barquereña y comprometía la finca en garantía de tal obligación.

Enero 25, 2006

Romulo Gallegos. Sobre la misma tierra.

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Ed. Espasa-Calpe, Col. Austral, 1944, 1946, 1950, 1961. 207 páginas.

SobreMismaTierra
Explotación petrolera

Éste es otro de los libros que compré en Granada, decidido a intentar leer la obra de Rómulo Gallegos. Me queda Doña Bárbara, pero ya caerá. Otro libro de la Colección Austral, a la que ya expliqué que le tengo especial cariño.

Demetrio Montiel Montiel de los Montieles, quizá abrumado por lo extremadamente linajudo de su apellido, y gracias a su carácter indómito, no está muy por la labor de seguir la tradición familiar:

—Pero yo nací desnudo en pelota —solía decir después— y como en mi casa me vistieron de ajeno sin pedirme permiso al echarme encima tantos Montieles de la Calle Derecha, fui a desvestirme de ellos en El Saladillo, para hacerme un traje a mi medida desde pequeño.

Y dejó tirados todos sus Montieles por las calles del barrio escandaloso, donde dio puñetazos, se enredó en palizas y vio dar puñaladas, sin que grimas de sangre le turbaran la sonrisa de su serenidad.

Pero no cuenta el libro las aventuras de Demetrio, sino las de su hija, que después de huir a los Estados Unidos regresará a una Venezuela en la que la riqueza del petróleo está comenzando a transformar todo.

Si al final de Canaima Gallegos parecía desencantado de la capacidad de un hombre con todas las de la ley para transformar su entorno, dejando como posible esperanza las realizaciones de su hijo, en este libro encontramos una confirmación. Al autor ya no le interesan las demostraciones de hombría de los aventureros con coraje y buen corazón. La protagonista es una hija que, aunando coraje y sentido común, quizá pueda tener mejor suerte.

La calidad de la prosa no es comparable -ni en riqueza ni en variedad de registros- a la de Canaima, pero no crean que estamos ante un mal libro. Todo lo contrario. Unos personajes memorables, una escritura a la altura del resto de sus obras, y un excelente cuadro sobre el origen de la explotación petrolífera en Venezuela conforman un libro más que recomendable.


Leyendo a Bolaño sabía que Rómulo gallegos vivió en Barcelona: él había visto una placa tal y como comentaba en esta entrada. Todos mis intentos de localizar la susodicha placa fueron en vano. Ni siquiera google sabía la respuesta.

Pues bien, aquí la tienen:

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Situada en esta esquina:

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(click para hacerlas más grandes)

Ignorante de mí pasaba todos los días frente a ella al volver del trabajo a casa. Sólo que nunca me había parado a observarla. Pueden imaginarse mi sorpresa cuando, no se todavía muy bien por qué, decidí fijarme un poco más en ella y descubrí que era la famosa placa que andaba tanto tiempo buscando.

Si es un perro, me muerde.

(Un día, un libro 289/365)
Escuchando: The good red road. Devendra Banhart.

Setiembre 8, 2005

Rómulo Gallegos. Canaima. La rebelión. El piano viejo.

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Ed. Aguilar, 1968. 478 pag.

Gallegos Canaima

Exhuberante Orinoco

Otro autor que leo gracias a mi ignorancia. No podía ser que estuviera leyendo a autores con el premio ‘Romulo Gallegos’ y no supiera nada del escritor que da nombre al premio. Me terminó de decidir un ensayo de Bolaño en ‘Entre paréntesis’; comentaba que vio una placa por la calle Sepúlveda donde decía que Gallegos había vivido ahí. Desde entonces ando a la búsqueda de la placa, porque yo vivo cerca, pero no he tenido ningún éxito. Si alguien sabe donde se encuentra, que me lo diga; prometo recompensarle.

Más éxito tuve a la hora de buscar sus libros. Me fui a estantería de libros y encontré unos cuantos. Bastantes en la librería Praga de Granada. Así que cuando estas vacaciones pasé por allí, me acerqué y aproveché para comprar dos libros de Gallegos y conversar con el amable librero que me atendió sobre el futuro de las librerías de viejo. No hay que preocuparse; no les va mal.

Como otras veces he descubierto que ya había leído otro libro del autor: Tierra bajo los pies. Mi problema es que soy un completo desmemoriado para los nombres. Con un poco de suerte me acuerdo del argumento, y esta es una de las razones por las que mantengo esta bitácora; para poder refrescar en un momento el argumento del libro y lo que me pareció.

Por citar el prólogo, Canaima transcurre en la selva cauchera venezolana, que, con su pujanza tropical, domina y consume a los hombres que se aventuran en ella. Pues Canaima, espíritu maligno, acecha siempre en la espesura y las tempestades. La novela se articula alrededor de la figura de Marcos Vargas, un hombre valiente que parece dispuesto a plantar cara al destino. De jovenzuelo arrojado pasa a ser aprendiz de empresario, enfrentado al caciquismo local. La aventura le llama en la selva, donde se convertirá en capataz de un campamento purgüero, donde se extrae el caucho. Y más tarde… mejor lo descubren ustedes.

El protagonista no es Marcos, ni los Ardavines, caciques locales a quienes todos temen. Tampoco los hermanos Vellorini -comerciantes de éxito- ni sus hermosas hijas. El centro de todo es el Orinoco, y los paisajes salvajes, y las emociones desatadas. Un lugar primitivo, duro, donde los hombres son hombres o mueren. Y el lenguaje lleno de exclamaciones que se va torneando en la boca de quien lo habla:

—Infiero que ya usté debe de terié su gente completa y los recortes repartios—díjole a Marcos Vargas—; pero, por vía suyita, déme un desechito aunque sea pa hacerle barro en la pata de los palos del morao. A mí no tiene que proauparme tren, porque ya lo traigo en el guayare, ni yo a usté quiero engañarlo. Vengo picureao de las cabeceras del Cuyubini, porque si hambre y paloapique ya aprendí a llevarlos juntos sn las tripas, lomo mío y plan de machete ajeno no me gusta que anden reunios. Ya se ajuntaron allá una vez, y por eso cogí mi cachachá. Y ya estaba rumbiando pal lao inglés, pa ponerme juera del alcance de los ardavineros cuando un toc-toc que escuché en la montaña silencia me hizo detenerme mirando parriba. Era un monstro de los infiernos tratando de subí a los cielos. Este que digo: un purgüero de los suyos, con tó y espuelas calzas, dándole al morao con su machetico tocón, encaramao en la horqueta. Lo saludé desde abajo, me contestó desde arriba, entramos en conversación y asina vine a saber que en esta empresa había, por equivocación, un jefe bueno con quien se podía trabaja.

El destino que encuentra Marcos quizá no era el suyo y tenga que ser su hijo quien lo recoja. Pero el caudal impetuoso de emociones seguirá resonando después de su lectura. ¿Se atreven a enfrentarse cara a cara con Canaima?

(Un día, un libro 150/365)
Escuchando: Recuerdo Prestado. Café Tacuba.

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