Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

mayo 7, 2012

Leopoldo Alas “Clarín”. Doña Berta. Cuervo. Supercheria.

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RBA 2008. 60 páginas
Leopoldo Alas "Clarín", Obras completas
Tesón recompensado

Leopoldo Alas Clarín gustaba de escribir novelas cortas. Le molestaba que a diferencia de en otras lenguas el castellano no tuviera una palabra para designar este género, a diferencia del francés o el inglés.

Doñ Berta tuvo amores con un capitán que le prometió matrimonio. No pudo cumplirlo por morir en la batalla, y Doña Berta tuvo un hijo que su familia entregó a unos mercenarios diciéndole que había muerto. Pero uno de sus hermanos le revela en el lecho de muerte que su hijo está vivo, y más tarde hablando con un pintor cree que éste pudo pintar a su hijo. Encontrar y comprar el cuadro se convierte en su obsesión.

Ángel Cuervo es un habitual de los velorios y la novela ofrece una visión diferente de la muerte y de como los humanos nos enfrentamos a las pérdidas. En Superchería un encuentro ocasional y olvidado harán creer al protagonista en los poderes de una adivinadora.

Las tres son una muestra del talento del autor en este formato. Un al autor al que siempre volver.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (250/365)


Extracto:[-]

Hay un lugar en el norte de España adonde no llegaron nunca ni los romanos ni los moros; y si doña Berta de Rondaliego, propietaria de este escondite verde y silencioso, supiera algo más de historia, juraría que jamás Agripa,* ni Augusto,* ni Muza, ni Tarick* habían puesto la osada planta sobre el suelo, mullido siempre con tupida hierba fresca, jugosa, oscura, aterciopelada y reluciente, de aquel rincón suyo, todo suyo, sordo, como ella, a los rumores del mundo, empaquetado en verdura espesa de árboles infinitos y de lozanos prados, como ella lo está en franela amarilla, por culpa de sus achaques.

Pertenece el rincón de hojas y hierbas de doña Berta a la parroquia de Pie del Oro, concejo de Carreño, partido judicial de Gijón; y dentro de la parroquia. se distingue el barrio de doña Berta con el nombre de Zaornín, y dentro del barrio se llama Susacasa la hondonada* frondosa, en medio de la cual hay un gran prado que tiene por nombre Aren. Al extremo noroeste del prado pasa un arroyo orlado* de altos álamos, abedules y cónicos humeros* de hoja oscura que comienza a rodear en espiral el tronco desde el suelo, tropezando con la hierba y con las flores de las márgenes del agua.

El arroyo no tiene allí nombre, ni lo merece, ni apenas agua para el bautizo; pero la vanidad geográfica de los dueños de Susacasa lo llamó desde siglos atrás el río, y los vecinos de otros lugares del mismo barrio, por desprecio al señorío* de Rondaliego, llaman al tal río el regatu,* y lo humillan cuanto pueden, manteniendo incólumes capciosas servidumbres* que atraviesan la corriente del cristalino huésped fugitivo del Aren y de la llosa;* y la atraviesan ¡oh sarcasmo! sin necesidad de puentes, no ya romanos, pues queda dicho que por allí los romanos no anduvieron; ni siquiera con puentes que fueran troncos huecos y medio podridos de verdores redivivos* al contacto de la tierra húmeda de las orillas. De estas servidumbres tiranas, de ignorado y sospechoso origen, democráticas victorias sancionadas por el tiempo,* se queja amargamente doña Berta, no tanto porque humillen el río, cruzándole sin puente (sin más que una piedra grande en medio del cauce, islote de sílice, gastado por el roce secular de pies desnudos y zapatos con tachuelas), cuanto porque marchitan las más lozanas* flores campestres y matan, al brotar, la más fresca hierba del Aren fecundo, señalando su verdura inmaculada con cicatrices que lo cruzan como bandas un pecho; cicatrices hechas a patadas. Pero dejando estas tristezas para luego, seguiré diciendo que más allá y más arriba, pues aquí empieza la cuesta, más allá del río que se salta sin puentes ni vados,* está la llosa, nombre genérico de las vegas de maíz que reúnen tales y cuales condiciones, que no hay para qué puntualizar ahora; ello es que cuando las cañas crecen, y sus hojas, lanzas flexibles, se columpian ya sobre el tallo, inclinadas en graciosa curva, parece la llosa verde mar agitado por las brisas. Pues a la otra orilla de ese mar está el palacio, una casa blanca, no muy grande, solariega de los Rondaliegos, y ella y su corral, quintana,* y sus dependencias, que son: capilla, pegada al palacio, lagar (hoy con vertido en pajar), hórreo* de castaño con pies de piedra, pegollos,* y un palomar blanco y cuadrado, todo aquello junto, más una cabaña con honores de casa de labranza, que hay en la misma falda de la loma en que se apoya el palacio, a treinta pasos del mismo; todo eso, digo, se llama Posadorio.

abril 25, 2012

Raymond Smullyan. Satán, Cantor y el infinito.

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Raymond Smullyan, Satán, Cantor y el infinito
RBA, 2007. 262 páginas.
Tit. or. Satan, Cantor and infinity. And other mind-boggling puzzles. trad. José A. Álvarez.

Ni sé cuantos libros he leído de Smullyan, así que encontrar este, nuevo y a buen precio en el mercado de San Antonio sólo podía tener una conclusión: comprarlo.

He hecho bien, porque puede decirse que es un resumen de todos los temas tratados en sus libros: problemas de mentirosos y veraces, acertijos matemáticos, recursividad, máquinas de Gödel -en esta ocasión en forma de robots-, el infinito, etcétera. Es como un equilibrado compendio de sus aficiones.

Resultado: se hace muy ameno al tener tanta variedad de temas, y es una excelente introducción al peculiar universo matemático del autor. A destacar los palos que le da al astrólogo de la tribu. Muy recomendable.

Como extracto les dejo algunos acertijos:

“Recuerdo”, continuó el Brujo, “que una vez mi tío me preguntó: ‘¿Qué es más, seis docenas de docenas o media docena de docenas?’”
“Eso es obvio”, dijo Annabelle.
“Por supuesto que lo es”, dijo Alexander.
“Es verdad”, dijo el Brujo, “pero muchas personas, sin embargo, se equivocan.”
¿Cuál es la respuesta correcta?

“Vivíamos cerca de una granja”, dijo el Brujo. “El granjero vendía la mayor parte de su producción a mayoristas y una parte menor al menudeo, en un pequeño puesto de verduras. Mi tío me contó que el granjero vendía el 90 % de su producción al por mayor y el 10 % al por menor, pero que obtenía el doble por cada ítem al menudeo de lo que obtenía cuando vendía el mismo ítem al mayoreo. Mi tío me preguntó entonces si podía descubrir qué porcentaje o fracción de su ingreso bruto venía del puesto minorista.”
¿Cuál es la respuesta?

“Otro problema aritmético simple: Supongamos que ustedes y yo tenemos el mismo número de monedas de cobre. ¿Cuántas debería darles para que tengan diez más que yo?”

“Un hombre llevó una vez a un joyero seis cadenas de cinco eslabones cada una. Quería unirlas todas en una
cadena grande circular y cerrada, y le preguntó al joyero cuánto le costaría. El joyero respondió: ‘Cada eslabón que tenga que abrir y luego cerrar le cuesta un dólar. Como usted quiere una cadena circular y tiene seis cadenas, le costará seis dólares’.
“‘No’, dijo el hombre, ‘la tarea puede hacerse por menos.’
“El hombre tenía razón”, dijo el Brujo. “¿Por qué?”

“Una vez, mi tío me dijo que cierta persona tenía un hermano y que el hermano había muerto. Pero que mientras el hermano estuvo vivo, éste nunca había tenido un hermano. ¿Cómo se explica esto?”

“Mi tío también me contó acerca de un profesor muy distraído que conocía, y que tenía tres hijas. Cierta vez le preguntó qué edad tenían sus hijas. El profesor respondió: ‘No estoy del todo seguro. Sé que una de las tres es la más joven.’
“‘Eso no es muy sorprendente’, replicó mi tío. ‘¿Cuál es la más joven?’
“‘No lo sé con seguridad; es Alice o Mabel.’
“‘Bien, ¿cuál es la mayor?’
“‘Tampoco estoy muy seguro de eso. Recuerdo que Alice es la mayor o Lillian es la más joven, pero no puedo recordar cuál de ellas.’
“¿Cuál”, preguntó el Brujo, “es la mayor y cuál es la más joven?”

“Otro conocido problema que mi tío me contó es éste: Un niño tenía tantos hermanos como hermanas. Su hermana Grace tenía el doble de hermanos que hermanas. ¿Cuántos hermanos y hermanas había en la familia?”

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (238/365)

abril 24, 2012

Leopoldo Alas “Clarín”. Doña Berta. Cuervo. Supercheria.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 10:02 pm
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RBA 2008. 60 páginas
Leopoldo Alas "Clarín", Obras completas
Tesón recompensado

Leopoldo Alas Clarín gustaba de escribir novelas cortas. Le molestaba que a diferencia de en otras lenguas el castellano no tuviera una palabra para designar este género, a diferencia del francés o el inglés.

Doñ Berta tuvo amores con un capitán que le prometió matrimonio. No pudo cumplirlo por morir en la batalla, y Doña Berta tuvo un hijo que su familia entregó a unos mercenarios diciéndole que había muerto. Pero uno de sus hermanos le revela en el lecho de muerte que su hijo está vivo, y más tarde hablando con un pintor cree que éste pudo pintar a su hijo. Encontrar y comprar el cuadro se convierte en su obsesión.

Ángel Cuervo es un habitual de los velorios y la novela ofrece una visión diferente de la muerte y de como los humanos nos enfrentamos a las pérdidas. En Superchería un encuentro ocasional y olvidado harán creer al protagonista en los poderes de una adivinadora.

Las tres son una muestra del talento del escritor en este formato. Un autor al que siempre volver.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (237/365)


Extracto:[-]

Hay un lugar en el norte de España adonde no llegaron nunca ni los romanos ni los moros; y si doña Berta de Rondaliego, propietaria de este escondite verde y silencioso, supiera algo más de historia, juraría que jamás Agripa,* ni Augusto,* ni Muza, ni Tarick* habían puesto la osada planta sobre el suelo, mullido siempre con tupida hierba fresca, jugosa, oscura, aterciopelada y reluciente, de aquel rincón suyo, todo suyo, sordo, como ella, a los rumores del mundo, empaquetado en verdura espesa de árboles infinitos y de lozanos prados, como ella lo está en franela amarilla, por culpa de sus achaques.

Pertenece el rincón de hojas y hierbas de doña Berta a la parroquia de Pie del Oro, concejo de Carreño, partido judicial de Gijón; y dentro de la parroquia. se distingue el barrio de doña Berta con el nombre de Zaornín, y dentro del barrio se llama Susacasa la hondonada* frondosa, en medio de la cual hay un gran prado que tiene por nombre Aren. Al extremo noroeste del prado pasa un arroyo orlado* de altos álamos, abedules y cónicos humeros* de hoja oscura que comienza a rodear en espiral el tronco desde el suelo, tropezando con la hierba y con las flores de las márgenes del agua.

El arroyo no tiene allí nombre, ni lo merece, ni apenas agua para el bautizo; pero la vanidad geográfica de los dueños de Susacasa lo llamó desde siglos atrás el río, y los vecinos de otros lugares del mismo barrio, por desprecio al señorío* de Rondaliego, llaman al tal río el regatu,* y lo humillan cuanto pueden, manteniendo incólumes capciosas servidumbres* que atraviesan la corriente del cristalino huésped fugitivo del Aren y de la llosa;* y la atraviesan ¡oh sarcasmo! sin necesidad de puentes, no ya romanos, pues queda dicho que por allí los romanos no anduvieron; ni siquiera con puentes que fueran troncos huecos y medio podridos de verdores redivivos* al contacto de la tierra húmeda de las orillas. De estas servidumbres tiranas, de ignorado y sospechoso origen, democráticas victorias sancionadas por el tiempo,* se queja amargamente doña Berta, no tanto porque humillen el río, cruzándole sin puente (sin más que una piedra grande en medio del cauce, islote de sílice, gastado por el roce secular de pies desnudos y zapatos con tachuelas), cuanto porque marchitan las más lozanas* flores campestres y matan, al brotar, la más fresca hierba del Aren fecundo, señalando su verdura inmaculada con cicatrices que lo cruzan como bandas un pecho; cicatrices hechas a patadas. Pero dejando estas tristezas para luego, seguiré diciendo que más allá y más arriba, pues aquí empieza la cuesta, más allá del río que se salta sin puentes ni vados,* está la llosa, nombre genérico de las vegas de maíz que reúnen tales y cuales condiciones, que no hay para qué puntualizar ahora; ello es que cuando las cañas crecen, y sus hojas, lanzas flexibles, se columpian ya sobre el tallo, inclinadas en graciosa curva, parece la llosa verde mar agitado por las brisas. Pues a la otra orilla de ese mar está el palacio, una casa blanca, no muy grande, solariega de los Rondaliegos, y ella y su corral, quintana,* y sus dependencias, que son: capilla, pegada al palacio, lagar (hoy con vertido en pajar), hórreo* de castaño con pies de piedra, pegollos,* y un palomar blanco y cuadrado, todo aquello junto, más una cabaña con honores de casa de labranza, que hay en la misma falda de la loma en que se apoya el palacio, a treinta pasos del mismo; todo eso, digo, se llama Posadorio.

abril 16, 2012

Benito Pérez Galdós. Gloria.

Filed under: Novela — Palimp @ 6:27 am
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Benito Pérez Galdós, Obras completas
RBA.

Sigo con Don Benito, con el que tengo lectura, y buena, para rato. En este caso una novela protagonizada por el enamoramiento entre personas de diferente religión.

Gloria es una joven que se enamora de un caballero rescatado de un naufragio por el cura del pueblo, que es de armas tomar. Es extranjero, aunque habla bien el castellano, y enseguida surge el amor. Pero hay un impedimento, nadie sabe si el joven es católico, y, como tiene que ser para que haya un conflicto, resultará no serlo.

El autor aprovecha para denunciar la falsa religiosidad española que, preciándose de ser católicos a machamartillo y adalides de la moral resultan serlo sólo en apariencia. El joven Daniel, pese a tener otro credo, despreciado por la sociedad española, resulta tener un sentimiento religioso más profundo y sincero.

Pocas cosas han cambiado desde entonces; hoy en día la iglesia católica es mayoría en este país, y pocos son los niños que no se bautizan, pero menos son los que van a misa todos los domingos y cumplen los preceptos religiosos.

En cuanto a la novela es la que me ha gustado menos de las que llevo leídas de Galdós, no sé si porque el drama me resulta menos creíble por el tema religioso o por que tiene tintes más folletinescos. Pero leerla, la he leído con placer. Buenas reseñas aquí: Gloria y aquí: Gloria.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (229/365)

Descárgalo gratis:

Todas las obras de Benito Pérez-Galdós

Extracto:
-¿Será posible que en el fondo no pensemos lo mismo, Sr. Morton? Se me figura que sí. Óigame usted con atención. Yo creo que la fe religiosa tal como la han entendido nuestros padres, pierde terreno de día en día, y que tarde o temprano todos los cultos positivos tendrán [123] que perder su vigor presente. Yo creo que los hombres buenos y caritativos pueden salvarse y se salvarán fácilmente, cualquiera que sea su religión. Creo que muchas cosas establecidas por la Iglesia, lejos de acrecentar la fe, la disminuirán, y que en todas las religiones y principalmente en la nuestra sobran reglas, disposiciones, prácticas. Creo que la salvación de los cultos consistirá, si llega a verificarse, en volver a la sencillez primitiva. Creo que si los poderes religiosos se empeñan en acrecentar demasiado su influencia, la crítica acabará con ellos. Creo que la conciliación entre la filosofía y la fe es posible, y que si no es posible, vendrá el caos espantoso. Creo que cada vez es menor, mucho menor, el número de los que creen, lo cual me parece funesto. Creo que ninguna Nación ni pueblo alguno pueden subsistir sin una ley moral que le dé vida; y si una ley moral desaparece, vendrá necesariamente otra… Esto que declaro, y que es lo que pensamos ¿a qué negarlo? todos los hombres del día, es de esas cosas que pocas veces se dicen, y yo las callo siempre porque la sociedad actual se sostiene, no por el fervor, sino por el respeto a las creencias generales. Las circunstancias en que nos encontramos oblíganme a abrir a usted mi pensamiento, mostrándole todo lo [124] que hay en él, y a hablarle con entera franqueza; pues ni mi nombre, ni el respeto que debo a la memoria de mi hermano muerto y a las virtudes acrisoladas del que vive concuerdan bien con estas ideas que a pesar mío exhibo. Y al hacerlo así, revelando lo que nadie hasta hoy ha oído de mis labios, espero hallar un eco en su pensamiento, cierta concordancia remota, porque teniéndole a usted por hombre instruido en las ideas corrientes, no es posible que esté tan rigurosa y tenazmente aferrado a la secta más desautorizada de todas. Creo, finalmente y para decirlo todo de una vez, que el fondo moral es con corta diferencia uno mismo en las religiones civilizadas… mejor dicho, que el hombre culto educado en la sociedad europea es capaz del superior bien, cualquiera que sea el nombre con que invoque a Dios.

abril 13, 2012

Martin Gardner. ¡Ajá! Inspiración.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 6:55 am
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Martin Gardner, ¡Ajá! Inspiración
RBA, 2007. 340 páginas.
Tit. Or. Aha! Insight. Trad. Luis Bou.

Mucho le debo a Martin Gardner, cuyos libros he leído con deleite. Pero todo empezó con los dos de la colección ¡Ajá!, uno azul y otro rojo, si no recuerdo mal, que compré por recomendación de un compañero del instituto, Salazar -que seguro que no se acuerda de mí- y que acabó de matemático (y si no recuerdo mal lo que me comentó una noche en una discoteca, dedicado a criptografía).

Pues este libro es una reedición en otro formato (el original era casi cuadrado) de uno de ellos, y lo he releído con casi el mismo placer que entonces. Y casi porque a pesar del tiempo transcurrido todavía me acordaba de muchos de los acertijos de todo tipo (geométricos, aritméticos, verbales, de lógica…) que nos propone el autor.

Les dejo con algunos ejemplos de los que son fácil copiar:

Elena vino con el encargo de su padre de la ferretería.
-¿Cuánto te ha costado?
- Los 500 me han costado 30 euros.
- Así que cada pieza vale 10 euros.
- Así es, papá.
¿Qué compró Elena?

Esta mañana se me cayó un pendiente en el café. Y aunque la taza estaba llena, no se mojó ¿Por qué?

Ayer apagué la luz y conseguí meterme en mi cama antes de que la habitación quedase a oscuras. Y eso que hay tres metros entre el interruptor y la cama. ¿Cómo lo hice?

Espero que encuentren las soluciones, y el libro, que está de saldo en varios mercadillos y que merece la pena.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (226/365)

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