Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

abril 1, 2009

Richard Dawkins. Destejiendo el Arco Iris.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 6:36 pm
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Editorial Tusquets, Metatemas, 2000, 2002. 354 páginas.
Tit. Or. Unweaving the rainbow. Trad. JOandomènec Ros.

Richard Dawkins, Destejiendo el Arco Iris
Ciencia poética

Ya hemos hablado por aquí de Richard Dawkins, inventor del termino meme -que se ha convertido autoreferentemente en un meme. Si en El espejismo de Dios el tema era la defensa del ateismo como opción espiritual válida, en este caso lo que se defiende es la capacidad poética de la ciencia.

Siempre se ha considerado que arte y ciencia son dos reinos separados y, al menos en la práctica, así es. En muy pocos suplementos de cultura se incluyen artículos científicos y cuando se hace, son pocos. El autor propone muchos ejemplos en los que los poetas critican a la ciencia o se quejan de que el conocimiento que ésta proporciona quita belleza al mundo.

Richard Dawkins opina lo contrario: la ciencia nos muestra un mundo más maravilloso aún, y si los poetas fueran capaces de entenderlo sin duda lo aprovecharían. La ciencia es bella. Algunos poetas así lo han entendido, con resultados dispares. Coleridge hacía algunas afirmaciones pseudientíficas acerca del color bastante peregrinas:

[...]el color es la grvitación bajo el poder de la luz, siendo el amarillo el polo positivo, el azul el negativo y el rojo la culminación o ecuador[...]

Dedica un capítulo a la mala poesía científica que incluye a la pseudociencia. La astrología no queda muy bien parada y se sorprende que, si bien consideraríamos insultante que se nos etiquetara con estereotipos por ser de un determinado país nos quedamos tan contentos cuando nos clasifican por el signo del zodiaco. O sea, que si nos dicen que somos agarrados por ser catalanes o borrachos por ser riojanos lo tomamos mal, pero no nos importa que nos digan soberbios por ser Leo o mentirosos por ser Cáncer.

También aprovecha para criticar -suavemente- a colegas científicos, como Stephen Jay Gould, del que dice que su posición como divulgador ha dado a sus ideas científicas un peso desproporcionado al que realmente tienen.

Personalmente no es un libro que me haya llamado la atención. No tiene una unidad temática clara, y cada capítulo parece de un padre diferente. No veo mucha relación entre la defensa de la belleza de la ciencia, el ataque a las pseudociencias y la divulgación general. Algunos me han interesado, pero otros, sinceramente, me han aburrido.

Críticas elogiosas aquí El mundo más allá del arco iris y en la wikipedia: Destejiendo el arco iris. Aunque en los dos sitios se vende como un libro escéptico de ataque a las pseudociencias sólo hay un capítulo dedicado al tema.


Extracto:[-]

No se trata, desde luego, de declamar la ciencia en verso. Los pareados rimados de Erasmus Darwin, el abuelo de Charles, aunque tuvieron una acogida sorprendentemente buena en su tiempo, no mejoran la ciencia. Tampoco se trata de que (a menos que tengan el talento de un Cari Sagan, un Peter Atkins o un Loren Eiseley) los científicos tengan que cultivar un estilo de prosa deliberadamente poética en sus exposiciones. La claridad simple y sobria será suficiente, porque los hechos y las ideas hablan por sí solos. La poesía está en la ciencia misma.

Los poetas pueden ser oscuros, a veces por buenos motivos, y reclaman justamente que se les exima de la obligación de explicar sus versos. «Dígame, señor Eliot, ¿de qué manera mide uno su vida con cucharillas de café?» no sería la mejor manera de iniciar una conversación; pero un científico, justamente, espera que se le hagan preguntas equivalentes. Por utilizar algunos temas de mis libros: ¿en qué sentido puede un gen ser egoísta? ¿Qué es exactamente lo que fluye del río que sale del Edén? Todavía aclaro, cuando se me pide, el significado del monte Improbable, y cuan lenta y gradualmente se escala el mismo. Nuestro lenguaje debe esforzarse por iluminar y explicar, y si no conseguimos transmitir lo que queremos decir, debemos buscar otro enfoque. Pero, sin perder lucidez, de hecho con lucidez añadida, debemos reclamar para la ciencia real ese estilo de maravilla reverente que emocionó a místicos como Blake. La ciencia real tiene todas las cualidades para producir ese hormigueo en la espina dorsal que, a un nivel inferior, atrae a los admiradores de series televisivas tan populares como Star Trek y Doctor Who, y que, al nivel más bajo de todos, ha sido lucrativamente secuestrado por astrólogos, clarividentes y psíquicos televisivos.

El secuestro por los pseudocientíficos no es la única amenaza a nuestro sentido de la maravilla. Otra es la «estupidización» populista, de la que luego hablaré. Una tercera es la hostilidad de algunos académicos sofisticados. Una moda caprichosa ve la ciencia como uno de tantos mitos culturales, no más verdadero ni válido que los mitos de cualquier otra cultura. En Estados Unidos esta moda está alimentada por un sentimiento de culpabilidad justificado hacia el tratamiento histórico de los nativos norteamericanos. Pero las consecuencias pueden ser ridiculas; tal es el caso del Hombre de Kennewick.

El Hombre de Kennewick es un esqueleto descubierto en el estado de Washington en 1996, y cuya edad, estimada por el método del carbono radiactivo, es de más de 9000 años. Los antropólogos estaban intrigados por ciertos rasgos anatómicos que indicaban que podía no estar relacionado con los amerindios típicos, y por lo tanto podía representar una migración antigua y distinta a través de lo que ahora es el estrecho de Bering, o incluso desde Islandia. Cuando se disponían a realizar pruebas de ADN de suma importancia, las autoridades legales se apropiaron del esqueleto con la pretensión de cederlo a representantes de las tribus indias locales, que propusieron enterrarlo e impedir cualquier estudio ulterior. Naturalmente, hubo una protesta generalizada por parte de la comunidad científica y arqueológica. Incluso si el Hombre de Kennewick es un amerindio de alguna clase, es muy improbable que tenga afinidades con cualesquiera de las tribus que viven casualmente en la misma región 9000 años después.

Los nativos norteamericanos tienen una fuerza legal impresionante, y «El Antiguo» podría haber sido cedido a las tribus locales de no ser por un giro inesperado. La Asamblea Popular Asatru, un grupo de adoradores de los dioses escandinavos Tor y Odín, interpuso una reclamación legal afirmando que el Hombre de Kennewick era en realidad un vikingo. Esta secta nórdica, cuyo ideario puede consultarse en el número de verano de 1997 de la publicación de magia y misterio The Runestone, obtuvo el permiso de las autoridades para realizar una ceremonia religiosa sobre los huesos. Pero esto enfadó a la comunidad Yakama, cuyo portavoz temía que el rito vikingo pudiera «impedir que el espíritu del Hombre de Kennewick encontrara su cuerpo». La disputa entre indios y escandinavos podría zanjarse mediante el estudio del ADN, y los nórdicos están completamente dispuestos a aceptar esta prueba. El estudio científico de estos restos arrojaría una luz fascinante sobre la cuestión de los primeros pobladores de América. Pero los cabecillas indios rechazan la idea misma de investigar esta cuestión, porque creen que sus antepasados han vivido en Norteamérica desde la creación. Como dice Armand Minthorn, líder religioso de la tribu Umatilla: «Por nuestras tradiciones orales, sabemos que nuestro pueblo ha formado parte de esta tierra desde el principio de los tiempos.

enero 16, 2009

Richard Dawkins, El espejismo de Dios.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 4:26 pm
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Editorial Espasa Calpe, 2007. 452 páginas.
Tit. Or. The God delusion. Trad. Regina Hernández.

Richard Dawkins, El espejismo de Dios
Evangelización atea

Todas las religiones tienen la extraña costumbre de convencer a los no creyentes de que son los poseedores de la única verdad. En el caso de que uno sea ateo ¿Qué tiene que hacer? ¿Respetar las creencias religiosas aunque no las compartan? ¿O hacer como el enemigo y hacerles ver lo equivocados que están? El biólogo Richard Dawkins escoge la segunda opción y a través de este libro se propone explicar, de una manera clara, que es casi seguro que no hay Dios.

La existencia de Dios debería tratarse como cualquier otra hipótesis científica, y eso es lo que hace el autor en el capítulo 2. De momento no se ha encontrado ninguna confirmación experimental, y eso que en Estados Unidos se han gastado fuertes sumas de dinero para realizar experimentos sobre el poder de la oración.

Los que piensen que filósofos y teólogos han dado buenas razones para creer en Dios probablemente cambien de opinión tras leer el capítulo 3. Las famosas Cinco vías de Santo Tomás no resisten un análisis profundo. La Biblia -y otros libros religiosos- está llena de contradicciones y parece poco probable que tenga una inspiración divina. Otros argumentos -como el de la experiencia personal- son aún más endebles.

Lo cierto es que, al contrario de lo que opinan muchas personas de fe religiosa, el diseño del universo no nos conduce a la existencia de un diseñador. En el capítulo 4 vemos que los seres vivos están llenos de remiendos e imperfecciones. La teoría de la evolución explica la causa de tanta ineficiencia; en caso contrario deberíamos pensar que el creador es un chapucero.

Pero si esto es así ¿Por qué en todas las culturas aparece la religión? El capítulo 5 explica el tema estrella de Dawkins: el meme. Que no es lo que se entiende en la blogosfera como tal, sino la unidad mínima de transmisión de la herencia cultural. Las ideas religiosas son buenas en propagarse y mantenerse, así que no es extraño que tengan una larga vida y aparezcan por doquier.

¿Nos hace falta la religión para ser buenos? El capítulo 6 afirma que no, que nuestra moralidad ha evolucionado junto con nosotros, y sólo hay que ver como se comportan nuestros primos los chimpancés para darse cuenta de que no hace falta religión para tener comportamientos nobles y altruistas. No sólo eso, en el capítulo 7 el autor va más allá al poner de manifiesto como la moralidad de los grandes libros sagrados como la Biblia o el Corán ha quedado obsoleta y lo difícil que es conciliar sus brutalidades con el pensamiento moderno. Algo que en este Cuchitril dejamos claro en la reseña de La Biblia ante la Biblia.

La religión no sólo no nos hace falta para ser buenas personas, sino que además nos empeora. Citando a Steven Weinberg:

Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión.

Ya Dawkins habia rodado un documental titulado La raíz de todo mal que puede verse (junto con otros también interesantes) en Google Video: The God delusion. La intolerancia, las guerras de religiones, la inquisición, el terrorismo islámico… ¿hace falta decir más?

Si usted ha nacido en España, lo más probable es que sea católico. No es una cuestión de elección, sino de adoctrinamiento. Quizás exageradamente el autor considera que este lavado de cerebro es peor que los abusos infantiles, pero tiene su parte de razón ¿Por qué extirpamos de los niños esa capacidad de elección?

Hasta aquí los argumentos del autor. Como ateo recalcitrante estoy, en general, más de acuerdo que en desacuerdo, pero tengo mis objeciones.

Lo primero que llama la atención es que Dawkins diga que es casi seguro que no hay Dios. ¿Por qué este casi? Porque la ciencia nunca nos permitirá dar una respuesta a esta pregunta, lo mismo que a otras como ¿Por qué el ser y no la nada?. Podemos poner a prueba hipótesis del tipo Dios se comunica con algunas personas o Dios se preocupa por el ser humano, pero nunca podremos falsar la hipótesis Dios existe. Tiene razón al afirmar que entre un teísta que relegue a Dios al simple acto de crear el universo y luego irse y un ateo no hay una diferencia sustancial. Pero la cuestión sigue abierta.

El ataque está más orientado a la religión organizada que a la metafísica, y ahí, hay que reconocerlo, da de lleno. Hay que tener en cuenta que en los Estados Unidos las organizaciones religiosas tienen mucho poder; tanto que el debate sobre el diseño inteligente -una artera estrategia para introducir el creacionismo en las escuelas- está más vivo que nunca. Para captar hasta que punto es importante la religión esn ese país sólo hay que ver las series de televisión que nos llegan. En todas la gente va los domingos a la iglesia. Hemos visto un presidente demócrata con el Nobel de economía -El ala oeste de la casa blanca-, un presidente negro -24- y una presidenta -Señora presidenta-. Pero es inimaginable un presidente ateo. El propio autor da los datos de la siguiente encuesta sobre si darían su voto a una persona cualificada para un cargo público que fuera mujer (95%), católico (94%), judío (92%), negro (92%), mormón (79%), homosexual (79%) o ateo (49%).

Soy ateo pero nunca he querido evangelizar. Creo que todo el mundo tiene perfecto derecho a estar equivocado. Siempre he comulgado con la postura que tenía el gran biólogo y divulgador Stephen Jay Gould de los ministerios separados, que viene a decir que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Que la ciencia se ocupe de las leyes de la naturaleza y la religión de temas morales. Dawkins preferiría que la religión ni existiera.

El problema es que la religión no se limita a marcar las reglas que tienen que seguir sus fieles. Opina como deben comportarse los demás -como en la polémica sobre el matrimonio homosexual-, censura libros o películas y decide sobre que se puede o no se puede investigar. La religión no juega limpio en los ministerios separados. Mientras las cosas estén así cualquier libro que aporte un poco de racionalidad al mundo será bienvenido.

Descárgalo gratis:

Dawkins El Espejismo De Dios.pdf

Dawkins Richard – El Espejismo De Dios.pdf

Escuchando: Underneath a Distant Moon. Rialto.


Extracto:[-]

LA RELIGIÓN COMO SUBPRODUCTO DE ALGUNA OTRA COSA

En cualquier caso, me gustaría ahora dejar de lado la selección de grupo y volver a mi propio punto de vista del valor de supervivencia darwinista de la religión. Soy uno de los cada vez más numerosos biólogos que ven la religión como un subproducto de alguna otra cosa. De forma más general, creo que quienes especulamos acerca del valor de la supervivencia darwinista necesitamos «pensar en subproductos». Puede que cuando preguntemos acerca del valor de supervivencia de cualquier cosa estemos haciendo la pregunta errónea. Necesitamos reescribir la cuestión en una forma más útil. Quizá la característica en la que estamos interesados (en este caso, la religión) no tiene un valor de supervivencia directo por sí misma, pero es un subproducto de algo que sí lo tiene. Encuentro que esto puede ser útil para introducir la idea del subproducto con una analogía que proviene de mi especialidad del comportamiento animal.

Las mariposas nocturnas vuelan hacia la llama de la vela y esto no parece ser accidental. Se salen de su camino para incinerarse en una ofrenda de fuego. Podemos denominarlo «comportamiento de autoinmolación» y, bajo este provocativo nombre, imaginar cómo podría favorecerlo en la tierra la selección natural. Mi idea es que debemos reescribir la cuestión antes de incluso intentar una respuesta inteligente. Esto no es suicidio. El aparente suicidio surge como efecto colateral involuntario o subproducto de cualquier otra cosa. Un subproducto… ¿de qué? Bien, esta es una posibilidad, que servirá para este propósito. La luz artificial es un invitado reciente a la escena nocturna. Hasta hace poco tiempo, las únicas luces nocturnas a la vista eran la Luna y las estrellas. Están en el infinito óptico, por lo que los rayos que salen de ellas son paralelos. Esto hace que sean adecuadas para utilizarse como compases. Se sabe que los insectos utilizan objetos celestiales tales como el Sol y la Luna para guiarse correctamente en línea recta y pueden utilizar la misma brújula, con signo opuesto, para regresar al hogar tras una escapada. El sistema nervioso de los insectos es un experto en establecer una regla de tres temporal de este tipo: «dirígete en un curso tal que los rayos de luz incidan en tu ojo en un ángulo de 30 grados». Dado que los insectos tienen ojos compuestos (con tubos rectos o guías de luz irradiando desde el centro del ojo como las espinas de los erizos), esto podría corresponder en la práctica a algo tan simple como guardar la luz en un tubo particular u omatidio. Pero la brújula de luz confía críticamente en el objeto celestial que está en el infinito óptico. Si no lo está, los rayos no son paralelos, sino que divergen como los radios de una rueda. Un sistema nervioso aplicando la regla de tres de los 30 grados (o cualquier otro ángulo agudo) a una vela cercana, tal como si fuera la Luna en el infinito óptico, dirigirá a la mariposa nocturna, mediante una trayectoria espiral, hacia la llama. Trasládelo a usted mismo, utilizando cualquier ángulo agudo como el de 30 grados, y generará una elegante espiral logarítmica hacia la vela.

Aunque en esta circunstancia particular es fatal, la regla de tres de la mariposa nocturna es, de media, una buena regla porque para una mariposa nocturna la observación de las velas es extraña en comparación con la observación de la Luna. No nos damos cuenta de los cientos de mariposas que silenciosa y eficazmente están dirigidas por la Luna o por una brillante estrella, o incluso por el brillo de una ciudad lejana. Solo vemos a las mariposas revoloteando hacia nuestra vela, y hacemos la pregunta incorrecta: ¿por qué se suicidan todas esas mariposas? En vez de eso deberíamos preguntar por qué tienen sistemas nerviosos que las dirigen manteniendo un ángulo fijo hacia los rayos de luz, una táctica que solo percibimos cuando es errónea. Cuando la pregunta se reelabora, el misterio desaparece. Nunca fue correcto denominarlo suicidio. Es un subproducto fallido de una brújula normalmente útil.