Cuchitril Literario

Octubre 8, 2008

Rubén Martínez Santana. Magos, ranas, puertas y sucesos menores.

Archivado en: Cuentos — Palimp @ 9:33 am
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Editorial Comala.com, 2000. 44 páginas.

Rubén Martínez. Magos, ranas, puertas y sucesos menores
Breverías

El desfase que existe entre que escribo una reseña y aparece en estas páginas suele ser de medio año. Así que aunque ahora esté empezando un taller de narración oral, cuando ustedes lean esto probablemente ya estaré por ahí contando cuentos. El profesor que imparte el curso es Rubén Martínez Santana, y además de su labor como educador tiene en su haber unos cuantos libros de cuentos. Éste es uno de ellos.

Tal como indica el título encontramos cuentos sobre magos, ranas y sapos que no son lo que parecen, puertas difíciles de atravesar y sucesos menores pero extraordinarios. Son todos breves, tanto que apenas superan la página. Y ese es el único defecto del libro, su brevedad, porque cuando llegas al final tienes ganas de más. Sé que existe una edición ampliada y corregida que me encantaría conseguir; a ver si tengo suerte.

Una pequeña delicia.

Escuchando: Whirlwind In D Minor. Ed Harcourt.


Extracto:[-]

El Mago decidió retirarse definitivamente de la profesión el día que sintió un terrible halón de cabellos y, acto seguido, comenzó a salir de un enorme sombrero de copa, frente a un auditorio repleto de conejos blancos que aplaudían entusiasmados.

Por la puerta de atrás

A la muerte del Rey, el profeta de la montaña bajó y se dirigió al pueblo diciendo: “Las puertas del Castillo sólo accederán a ser abiertas por las manos de un hombre justo, puro de corazón, y que no ambicione el poder del reino sino servir al pueblo”.

La monarquía fue abolida, pasaron muchos años, y hoy en día el Castillo es visitado por infinidad de turistas curiosos que no se explican por qué tuvieron que entrar por la puerta de atrás.

Parte policial

En la mañana, la madre le dijo a su hijo: “Si no te cepillas los dienticos va a venir el Coco y te va a llevar”. Rumbo a la escuela, le advirtió que pasaría lo mismo si traía una boleta con notas en rojo. En la tarde, la única manera de hacerle dejar el juego para que viniera a comer fue recordarle que el Coco se lleva a los niños que no hacen caso. Y en la noche, antes de dormir, le dijo que el Coco se lleva a los niñitos que no quieren a su mamá.

A la mañana siguiente, la madre fue al cuarto a despertar a su hijo. Pero resultó que efectivamente.