Cuchitril Literario

Abril 7, 2008

Vladimir Bartol. Alamut.

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Editorial Salvat, 1994. 382 páginas.
Tit. Or. Alamut. Trad. Mauricio Waczec y Slavica Membrado Boursac.

Vladimir Bartol, Alamut
Visiones del paraíso

Es un lugar común que la palabra asesino viene de hashshashín, o consumidor de hachís, en referencia a una secta controlada por Hasan-i Sabbah. Así lo creía yo también pero por lo visto no es así. Quien divulgó la historia fue nada menos que Marco Polo y parece que hay más de fabulación que de verdad. En este artículo: Los asesinos se aclaran un poco las cosas y en este otro de la wikipedia: Nizaríes se arroja también más luz sobre el asunto.

Vladimir Bartol, sin embargo, novela la versión más cercana a Marco Polo. En Alamut, una fortaleza prácticamente inexpugnable, Hassan Ibn Saba ha montado unos jardines ocultos muy particulares. Ahí tiene escondido un harén y cuando algunos jóvenes demuestran su valor en el combate los droga con hachís, los traslada dormidos a los jardines, y les hace creer que están en el paraíso. A partir de entonces serán capaces de hacer cualquier cosa por su jefe, incluso cometer asesinatos suicidas.

Esto último parece ser históricamente cierto, pero por desgracia hoy día sabemos que no hace falta un montaje como el descrito en el libro para convencer a alguien de que se suicide cometiendo un atentado. Hassan Ibn Saba afirma en un momento dado que una antorcha no arde dos veces para indicar que si se quiere conseguir el mismo efecto que tuvo el profeta Mahoma se tendría que inventar algo nuevo o no funcionaría. No ha sido así.

En teoría el libro es una crítica a los sistemas totalitarios, aunque no sé si consigue muy bien su propósito; en muchas ocasiones se empatiza con el protagonista, que sacrifica a los jóvenes por un fin más elevado. El protagonismo va recayendo en diferentes personajes, así vemos el punto de vista de los soldados, del artífice de todo el movimiento e incluso de las jóvenes que esperan en el harén.

Como puede verse por los artículos enlazados al comienzo de la entrada la fidelidad histórica no es excesiva, y como literatura tiene sus fallos. Pero en general es una lectura correcta que hace reflexionar en muchas ocasiones y que tiene sus momentos entertenidos. En cualquier caso, no ha sido una elctura desaprovechada.

Reto 2008: Eslovenia.

Escuchando: I Want Your Love. Chic.


Extracto:[-]

Era la primera vez que Ibn Tahír bebía la quintaesencia de la doctrina ismaelita. Le pareció misteriosa y esperó con impaciencia nuevas revelaciones.

Abu Soraka se retiró. Una vez que se hubo ido, el griego Theodoros, al que llamaban Al–Hakim (el Médico) y que había abrazado la verdadera fe, hizo su entrada en la sala de estudios. Era un hombrecito corpulento, provisto de una barba negra y en punta, y de un bigotito del mismo color. Tenía un rostro redondo y sonrosado, extrañamente dividido por una nariz larga y recta que le bajaba hasta el nivel de los labios, gruesos y rojos como los de una mujer. Además, poseía una doble papada grasa y delicada, unos ojos redondos y reidores… y nunca se sabía si hablaba seriamente o en broma. Los alumnos lo honraban con el título de dey pese a no estar consagrado. De él se sabía una sola cosa: el jefe supremo en persona lo había traído de Egipto. Era un médico muy instruido y enseñaba muchas materias, aunque principalmente la constitución y el funcionamiento del cuerpo humano. Tenía reputación de ser una especie de sabio, que soñaba con armonizar las enseñanzas del Corán con la filosofía griega. Cuando describía las enfermedades, los venenos y las diferentes especies de muertes, salpicaba sus exposiciones con citas sacadas de los filósofos de su país, principalmente de los escépticos, de los cínicos y de los materialistas. Al escucharlo, los alumnos abrían desmesuradamente los ojos de asombro y más de uno encontraba que sus enseñanzas estaban algo teñidas de impiedad. Por ejemplo, tenía una manera muy personal de explicar los orígenes del hombre, mezclando los inventos de su cosecha con las lecciones de los pensadores griegos y los preceptos del Corán.

–Recordad –le gustaba decir–, que Alá creó a Adán a partir de cuatro elementos. Primero necesitó la materia sólida, pero ésta era dura y desmenuzable. La redujo a polvo y la mezcló con un segundo elemento: el agua. Con esta mixtura de polvo y agua hizo barro, con el que modeló la figura del hombre. Pero esta figura era blanda y se deformaba al menor contacto. Así creó el fuego para secar el embotono externo de la figurita humana. Ahora el hombre tenía una piel, flexible pero demasiado pesada. Le sacó un poco de materia de en medio del pecho y por temor a que el vacío así formado comprometiera la solidez del conjunto, le insufló aire. De esta manera fue acabado el cuerpo del hombre, que hasta ahora se compone de estas cuatro sustancias: tierra, agua, fuego y aire.

»Para que el hombre posea la vida –prosiguió el sabio–, sabed que Alá le insufló un alma. De origen divino, el alma es extraordinariamente sensible a la armonía que debe reinar entre los distintos elementos que componen el cuerpo. En cuanto se rompe el equilibrio, la armonía desaparece y vuelve a su origen, que es el mismo Alá.

»Las perturbaciones del equilibrio entre los elementos pueden ser de dos órdenes: de orden natural o de orden mágico. Los trastornos naturales pueden entrañar cuatro especies de muertes. Si, como consecuencia de una herida, el cuerpo pierde su sangre, se produce un agotamiento del elemento acuoso y llega la muerte. Si se le aprieta la garganta a alguien, se lo priva del elemento aéreo: se asfixia y muere. Una persona que muere congelada es que ha perdido el elemento ígneo. Finalmente, en un cuerpo que se disloca es el elemento sólido el que se rompe y se disuelve; la muerte es también inevitable.

»Quedan las muertes mágicas, llamadas también médicas, que son más problemáticas… Están provocadas por misteriosas sustancias naturales que llamamos venenos. La tarea de las ciencias naturales es hacernos conocer el uso de los mencionados venenos y de enseñarnos a fabricarlos… Un arte útil y necesario para todo ismaelita militante.

Estas enseñanzas sorprendían a Ibn Tahír y no menos que las anteriores. ¡Aquellas cosas eran tan nuevas para él! Además, le costaba captar las razones por las cuales tenía que estudiar materias tan insólitas. El griego se inclinó sonriendo y se marchó. El dey Ibrahim volvió a aparecer delante de los alumnos. Su llegada produjo un silencio de muerte. Ibn Tahír adivinó que iba a hablarles de algo importante; en efecto, se trataba de dogmática ismaelita. Ante todo, el maestro hizo una pregunta indicando al alumno que debía responder. Preguntas y respuestas se sucedieron rápidamente, breves, extrañamente acompasadas. Ibn Tahír concentró toda su atención.

–¿Quiénes son los peris?

–Los peris son malos espíritus de sexo femenino que reinaban en el mundo de Zaratustra, quien los arrojó a los infiernos.

–¿Quién era Zaratustra?

–Zaratustra era un falso profeta, adorador del Fuego, que Mahoma arrojó a los demonios.

–¿Dónde viven los demonios?

–En la cima del monte Demavend.

–¿Cómo lo sabemos?

–Por los vapores que exhala la montaña*.

–¿Eso es todo?

–Y por los aullidos de las voces que oímos llegar de allí.

–¿Quiénes son los selyúcidas?

–Los selyúcidas son invasores: turcos llegados del país de Gog y Megog para apoderarse del poder en Irán.

–¿Cuál es su naturaleza?

–Su naturaleza es doble: mitad hombres, mitad demonios.

–¿Por qué?

–Porque unos devis o espíritus del mal se aparearon con mujeres de raza humana, que luego engendraron a los selyúcidas.

–¿Por qué abrazaron los selyúcidas el Islam?

–Para disimular su verdadera naturaleza.

–¿Cuáles son sus intenciones?

–Aniquilar el Islam e instaurar en la tierra el reino de los demonios.

–¿Cómo lo sabemos?

–Por el hecho de que apoyan a un falso califa en Bagdad.

–¿Quién es en Irán el peor enemigo de la causa ismaelita?

–El gran visir del sultán, Nizam al–Mulk.

–¿Por qué siente un odio mortal por la única y verdadera doctrina?

–Porque él mismo es un renegado.

–¿Cuál es su crimen más impío?

–Su crimen más impío es haberle puesto precio a la cabeza de Nuestro Amo en diez mil monedas de oro.

Ibn Tahír se entusiasmó. Sí, el gran visir que había hecho decapitar a su abuelo era un criminal. Y ahora atentaba contra la misma vida del jefe supremo de los ismaelitas…

Marzo 12, 2008

Cuentos Rusos.

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Editorial Salvat, 1970. 180 páginas.

Cuentos Rusos
Grandeza del alma rusa

Alguna vez he comentado que la colección Salvat de tapa amarilla acompañó mi infancia. Como se quemó en el incendio de mi biblioteca me hice el propósito de vover a comprarla. Se me resistían estos Cuentos rusos y 1984, y ya los tengo. Colección completada.

Siempre me ha gustado la literatura rusa, y esta antología es una buena muestra del buen hacer de sus narradores. Como tengo muchas reseñas pendientes me van a perdonar que utilice las propias palabras del prólogo de Augusto Vidal en vez de las mías:

Los ocho cuentos que componen el presente volumen constituyen una excelente ilustración de ese carácter popular y nacional de la literatura rusa, a la vez que ofrecen valiosos ejemplos de su rica variedad temática y estilística.

La serie se inicia con un famoso relato de Gorki: Chelkash, escrito en 1895. Un simple episodio, una operación de contrabando en un puerto de mar, basta a Gorki para crear dos prototipos humanos, Chelkash y Gavrila. Para éste, la libertad está en el dinero, pero su libertad es, en el fondo, esclavitud: la que impone el apego desesperado a los bienes materiales — un pedazo de tierra, una casa, unas vacas —. Para Chelkash, que vive casi al margen de la ley, la libertad está por encima del dinero, y se halla en el vivir incierto, sin más sostén que el de las propias fuerzas. Pero el alma humana no es monocorde ni simple: tanto en la de Gavrila como en la de Chelkash surgen sentimientos e ideas encontrados, arranques de generosidad y de egoísmo, de afecto y de odio. Y a través de ellos se percibe el peso brutal del medio ambiente sobre la condición de los individuos.

A este cuento de Gorki sigue Una buena vida (1910), de Bunin, relato de velado dramatismo en el cual vemos cuan mala es la vida que la protagonista califica de buena aun presintiendo ella misma que se equivoca. Korolenko, en La necesidad, recurre a una bella alegoría para afirmar la libertad del hombre frente a su destino. Babel nos ofrece, en El despertar, un episodio autobiográfico, a la vez que un cuadro magistral de la vida de los judíos de Odessa antes de la revolución. Con La víbora, Alexéi N. Tolstói muestra cómo pueden coexistir en el alma humana la pureza y la brutalidad, la ternura y el odio, en situaciones tan extraordinarias como las que provoca la revolución. Iliá Ilf y Evgueni Petrov, humoristas preeminentes de la literatura soviética, se burlan, en El conde de Mediterráneo, del infantil formalismo de los catecúmenos de la revolución triunfante, mientras que Tatiana Tess, en La luz del sol, exalta la aclara y pura luz de la fuerza espiritual», capaz de «iluminar el camino del hombre» incluso en circunstancias trágicas.

El último de los ocho cuentos es El telegrama (1946), de Paustovski. La protagonista, Nastia, es una típica joven soviética. Se desvive por el bien de sus compañeros de estudio y trabajo, pintores y escultores leningradenses. Pero tampoco en la nueva sociedad soviética las cosas resultan tan sencillas como pudiera parecer. En una aldea lejana vive, sola, la anciana madre de Nastia, que siempre piensa en su «.entrañable hija», a la que no ve desde hace años. La joven está absorbida por su propio quehacer, no tiene tiempo ni para acudir al lado de su madre moribunda. En Leningrado se habla de «la solicitud por el hombre» y se ensalza a Nastia, pero la madre fallece en la aldea apartada sin el consuelo de ver por última vez a su hija. Quienes la ayudan y le proporcionan calor humano son Mániushka, la hija del zapatero del koljós, y Tijon, un guarda del servicio de bomberos, gente sencilla, desinteresada, que parece salida de ese fondo ancestral de la historia rusa, cuyo pueblo es compasivo, generoso, desinteresado, como lo era su Iliá de Múrom, a despecho de todos los defectos que pueda poseer — que posee —, como todas las criaturas humanas.

La lista de los cuentos incluídos en el volumen es la siguiente:

Máximo Gorki: Chelkash
Iván A. Bunin: Una buena vida
Vladímir G. Korolenko: La necesidad
Isaac E. Babel: El despertar
Alexéi N. Tolstói: La víbora
Iliá Ilf y Evgueni Petrov: El conde de Mediterráneo
Tatiana Tess : La luz del sol
Konstantín G. Paustovski: El telegrama

Esta colección se suele encontrar en muchas librerías. Si ven este ejemplar, no duden en comprarlo.

Escuchando: The music is magic. Abbey Lincoln.


Extracto:[-]

Puso el pie en un taburete, yo me incliné para limpiarle la bota y él me agarró del cuello, tiró del pañuelo y me llevó detrás del horno. Yo no podía evadirme y él, congestionado, trataba de dominarme, de cogerme la cara y besarme.

—¿Qué hace usted? Va a entrar la señora. ¡Vayase, por Cristo se lo pido!

— ¡ Si me amas, te daré cuanto quieras!

— ¡Ya sabemos el valor de esas promesas!

—¡Que me muera aquí mismo sin confesión!

Bueno, y así por el estilo. ¿Qué podía yo comprender entonces de todo esto? Hubiera podido suceder muy bien que diese oído a sus palabras, pero, a Dios gracias, no se salió con la suya. Volvió a apretarme contra la pared, pero yo pude evadirme, toda despeinada y furiosa, en el momento mismo en que ella, la señora, bajaba del piso alto muy engalanada, toda verde y gorda. Parecía una difunta y gemía, y aún me parece oír el frufrú de su vestido por la escalera. Yo estaba con el pañuelo caído y ella se dirigió directamente hacia nosotros. El coronel se escurrió y yo me quedé como una tonta, sin saber qué hacer. Se plantó frente a mí recogiendo su falda de seda — todavía lo recuerdo: iban de visita y llevaba un vestido color café, mitones blancos, sombrilla y un pequeño sombrero que parecía una cestita—, se contuvo, lanzó un gemido y siguió adelante. Cierto que entonces ni a él ni a mí nos dijo una sola palabra; pero, cuando el coronel se fue a Kíev, me despidió.

Recogí mis pobres cosas y volví a casa de la cuñada (Vania vivía con ella). Al verme sin trabajo, volví a pensar: «Se pierde mi inteligencia, no puedo ahorrar nada, no conseguiré encontrar un buen marido y tener mi propio negocio; Dios se ha olvidado de mí. Pero empezaré de nuevo y, aunque me cueste mucho, conseguiré mis propósitos, ¡ tendré un capital! » Después de darle muchas vueltas, puse a Vania de aprendiz con un sastre y me coloqué de doncella con Samojválov, un tendero, con quien estuve siete años… Entonces empecé a levantar cabeza.

Ganaba dos rublos y veinticinco kopeks. Eramos dos criadas: Vera y yo. Un día servía yo la mesa y ella fregaba la vajilla, y otro fregaba yo la vajilla y ella servía la mesa. No puede decirse que la familia fuera muy numerosa: el dueño, Matvei Ivánich, la dueña, Liubov Ivánovna, dos hijas mayores y dos hijos. El dueño era un hombre serio, de pocas palabras; en los días de labor nunca se le veía en casa y los domingos se los pasaba arriba, en su cuarto, leyendo periódicos y fumando un cigarro. La dueña era sencilla y buena, de origen modesto, como yo. Sus hijas, Ania y Klasha, no tardaron en casarse con dos militares; en un mismo año se celebraron las bodas. Entonces, a decir verdad, empecé yo mis ahorros: los militares eran muy generosos. Cualquier cosa que les hiciera — traerles cerillas, el capote o los chanclos — y ya me daban veinte o treinta kopeks… Además, íbamos limpias y agradábamos a los oficiales. Bien es verdad que Vera se creía una señorita, caminaba con pasos menudos, era cariñosa y en seguida se enfadaba; a las primeras de cambio arqueaba sus espesas cejas, temblaban sus labios rojos como cerezas y las lágrimas le brillaban en las pestañas, unas pestañas rnuy grandes, como a nadie he visto nunca. Yo era más lista. Me ponía una blusa sencilla con entre -doses, de manga corta, una cofia con su lazo de terciopelo negro, el delantal almidonado… y así hasta resultaba agradable. Vera se apretaba el corsé tanto, que le dolía la cabeza y le daban ganas de vomitar, mientras que yo nunca utilicé corsé alguno, porque estaba muy bien formada. Y, cuando los militares se fueron, los hijos del amo empezaron a darme propinas.

Cuando yo entré en la casa, el mayor había cumplido los veinte años y el menor tenía trece. Este era un pobre paralítico, a cada momento se rompía los brazos y las piernas. En cuanto le pasaba una cosa de éstas, acudía el doctor, le ponía una capa de algodón y gasa, le vendaba y luego echaba encima algo así como cal, que al secarse con la gasa se quedaba todo duro. Luego, después de algún tiempo, el doctor lo cortaba, se lo quitaba todo y el brazo aparecía sano, como antes. No podía andar, pero se arrastraba por la sala. A veces llegaba a bajar la escalera. Hasta solía cruzar todo el patio para ir al jardín. Su cabeza era muy grande, parecida a la del padre, su pelo era basto y rojizo, como las lanas de un perro, y su cara ancha, como la de un viejo. Porque comía que era un espanto: salchichón, bombones, rosquillas, pasteles… todo le apetecía. Los brazos y las purrias eran muy finos, como las patas de una oveja, llenos de cicatrices; en seguida se le rompían. Durante mucho tiempo anduvo sin más ropa que unas blusas muy largas. A leer le enseñó una maestra del seminario que venía a casa. ¡ Qué listo era! Y tocaba el acordeón como muy pocos. Tocaba y cantaba. Tenía una voz fuerte, estridente. Solía cantar muy a menudo «Soy un cura guapo».

Julio 4, 2007

Pío Baroja. Zalacaín el aventurero.

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Editorial Salvat, 1971. 164 páginas.

Pío Baroja, Zalacain el aventurero
Héroe popular

Sigo decidido a recuperar el tiempo perdido con Baroja, así como a leer todos los libros que de esta colección puedo ir consiguiendo. Dos tareas que en esta ocasión se hacen una.

Martín Zalacaín de Urbía era de niño una buena pieza, tanto que su tío Tellagorri, también de mala fama (Cada cual que conserve lo que tenga y que robe lo que pueda), lo toma bajo su protección. No desaprovecha Zalacaín las enseñanzas de su tio y se convierte en un pícaro redomado, pero valiente y noble. Pese a su enemistad con Carlos de Ohando (la familia bien del pueblo) se enamora de su hermana Catalina. Estamos en plena guerra Carlista y Zalacaín aprovechará para hacer sus negocios; una serie interminable de aventuras en las que no faltará el amor.

El protagonista es todo un personaje que a pesar de estar construído con trazos muy simples no resulta acartonado; todo lo contrario, enseguida se le coje cariño a pesar de sus trapicheos. Sus aventuras tienen un tono de folletín del XIX, pero claro, es que está escrita en 1909. Pese a todo, el libro se aguanta. Muy bien.

Las razones hay que buscarlas en dos sitios. Primero, en la prosa de Baroja: fresca y llena de localismos, de habla popular. De calidad. Por eso no ha envejecido aunque la trama sí. Segundo, en los personajes. Baroja tenía mucho ojo para el retrato. Con cuatro líneas te dibujaba un carácter a la perfección. Y tenía muchos y variados tipos para retratar. Sabrosos, llenos de vida. Apuntalan el entramado narrativo y lo salvan de la vulgaridad.

¿El resultado? Un libro de aventuras de calidad apto para todas las edades. Muy recomendable.

Escuchando: Los Rockeros Van Al Infierno. Barón Rojo.


Extracto:[-]

En la primavera, el camino próximo al río era una delicia. Las hojas nuevas de las hayas comenzaban a verdear; el helécho lanzaba al aire sus enroscados tallos; los manzanos y los perales de las huertas ostentaban sus copas nevadas por la flor, y se oían los cantos de las malvises y de los ruiseñores en las enramadas. El cielo se mostraba azul, de un azul suave, un poco pálido, y sólo alguna nube blanca, de contornos duros, como si fuera de mármol, aparecía en el cielo.

Los sábados por la tarde, durante la primavera y el verano, Catalina y otras chicas del pueblo, en compañía de alguna buena mujer, iban al camposanto. Llevaba cada una un cestito de flores, hacían una escobilla con los hierbajos secos, limpiaban el suelo de las lápidas en donde estaban enterrados los muertos de su familia y adornaban las cruces con rosas y con azucenas. Al volver hacia casa todas juntas, veían cómo en el cielo comenzaban a brillar las estrellas y escuchaban a los sapos, que lanzaban su misteriosa nota de flauta en el silencio del crepúsculo…

Muchas veces, en el mes de mayo, cuando pasaban Tellagorri y Martín por la orilla del río, al cruzar por detrás de la iglesia, llegaban hasta ellos las voces de las niñas, que cantaban en el coro las flores de María.

Emenchen gauzcatzu, ama. (Aquí nos tienes, madre.)

Escuchaban un momento, y Martín distinguía la voz de Catalina, la chica de Ohando.

—Es Catalia, la de Ohando — decía Martín.

—Si no eres tonto tú, te casarás con ella —replicaba Tellagorri.

Y Martín se echaba a reír.

Abril 10, 2006

Eça de Queiroz. Alves & Cía.

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Biblioteca general Salvat, 1971. 130 pag.

Queiroz Alves & Cia
El perdón de la burguesía

Enfrente de la cama de mi hermano había una estantería con la colección RTVE de libros (de tapas amarillas) y enfrente de la mía estaba ésta, hermana de la anterior y de tapas verdes. El título de este libro lo leí muchas veces y siempre me llamaba la atención junto con otro La verdadera historia de AQ. No sé por qué no me decidí a leerlos entonces, pero hacerlo ahora me despierta la nostalgia.

Alves y Cía. es la historia de un pequeño empresario que un buen día, queriendo dar una sorpresa a su mujer, se encuentra con que le está poniendo los cuernos, y nada menos que con su socio comercial. Se armó el belén; expulsión de casa, duelo con el adúltero, rotura de la sociedad…¿no se puede encontrar una solución pacífica?

La novela está escrita en clave de comedia, y uno no sabe si el autor se ríe del talante burgués de los protagonistas, y nos encontramos ante una crítica de la esclavitud de las apariencias, o si lo que se ridiculiza es un trasnochado sentido del honor que no tiene cabida en una sociedad burguesa. Posiblemente un poco de todo.

Descubro gracias a este libro que Eça de Queiroz es el autor de la novela ‘El crimen del padre Amaro’, de la que recientemente se ha hecho una película. Una lectura grata y doméstica, de tarde de domingo.

(Un día, un libro 364/365)
Escuchando: Sube el tocadiscos. Fundación Tony Manero.

Febrero 12, 2006

Banesh Hoffmann. Einstein.

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Biblioteca científica Salvat 19, 1993. 212 pág.
Tit. or. Albert Einstein, creator and rebel. Trad. Jesús Fernández Zulaica.

Einstein
Biografía del mito

El año pasado fue el año mundial de la física, como conmemoración del centenario del famoso ‘año de los milagros’, 1905 cuando Einstein publicó cuatro artículos que revolucionaron la física. Para hacer mi conmemoración privada me compré este libro, uno de los pocos que me faltan de la colección Salvat. Esta colección la tenía en su primera versión de tapas blandas, pero se quemó toda en el incendio. Cuando la volvieron a sacar puesta al día (aunque no mucho) y en tapa dura aproveché para comprarla.

Albert Einstein es uno de los mayores físicos de todos los tiempos -si no el mayor-. Puso los cimientos de la mecánica cuántica y desarrolló la teoría de la relatividad, la primera que plantó cara a las ecuaciones de Newton. Pero además fue una figura muy popular -como no lo ha sido ningún físico antes ni después. Su imagen sacando la lengua es un icono de nuestra cultura y todo joven con aspiraciones científicas ha tenido un póster suyo en la habitación.

El libro nos va contando la biografía de Einstein desde su nacimiento en Ulm, Alemania en 1879 hasta su muerte en Princeton en 1955, pasando por su estancia en la oficina de patentes, la concesión del premio Nóbel y su traslado a los Estados Unidos. Al mismo tiempo el autor nos hace una breve descripción de sus trabajos más importantes: el efecto fotoeléctrico, la explicaicón del movimiento Browniano, la mecánica estadística y, como no, la relatividad especial -de la que se deduce la equivalencia entre masa y energía, su fórmula más famosa: E=mc2- y general.

No es una biografía exhaustiva ni de autor, pero explica de una manera amena la vida y aportaciones de este científico rebelde que desde un humilde despacho de una oficina de patentes transformó la física para siempre.

(Un día, un libro 307/365)
Escuchando: Sugar mama. Muddy Waters.


En la Wikipedia pueden encontrar bastante información sobre él.

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