Cuchitril Literario

Enero 6, 2006

[*] Varios autores. Cuentos del romanticismo alemán.

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Biblioteca general Salvat, 1972. 163 páginas.

Desafortunada selección

En esta colección he encontrado grandes libros. Gracias a mi disciplina he podido disfrutar de buenas lecturas, aunque ni el título ni el autor me resultaran sugerentes. No es el caso de este libro.

En esta ocasión sucedió precisamente al revés; me resultaba, a priori, interesante, por lo que la decepción ha sido mayor. De los cuatro autores, el único que se salva de la quema es Hoffman, y por los pelos; el resto me ha dejado completamente frío.

Los relatos son los siguientes:

Joseph Baron von Eichendorff. La estatua de mármol.

Una narración ininteligible acerca de una estatua viviente. Se salvan las canciones.

Ludwig Tieck.
El Runenberg.

Un joven cazador encontrará la fortuna por misteriosos medios, pero después se vuelve loco.

El rubio Eckbert

Una joven entra al servicio de una anciana conpoderes mágicos. Su mal comportamiento provocará su ruina.

Friedich von La Motte-Fouqué. Ondina.

Bastante decente dentro del conjunto, cuanta la historia de amor entre un noble socorrido por una pareja de ancianos y su hija adoptada, espíritu de las aguas.

E.T.A. Hoffmann. Vampirismo.

Psíquico más que sanguinolento. La terrible influencia de una baronesa algo malvadilla sobre su frágil hija.

Cuentos como estos me hacen aprecir la calidad del tan injustamente denostado Becquer (que tengo -tenía- en la pila de pendientes, o LPL). Para leer sólo si te obligan (bajo amenaza de muerte o de suspenso).

(Un día, un libro 270/365)
Escuchando: Parchman Blues. Blues Lounge.

Setiembre 22, 2005

Jenofonte. Recuerdos de Sócrates

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Biblioteca general Salvat, 1971. 172 pag.

Jenofonte Recuerdos Socrates
Sócrates sin Platón

La colección de la Biblioteca General Salvat la voy completando poco a poco, y causalmente había comprado el libro anterior de Platón y este en el mismo puesto. Decidí hacer doblete y leer los dos seguidos para poder apreciar mejor las diferencias entre el Sócrates al que nos tiene acostumbrado Platón, y el de estos recuerdos de los que, en un principio, ignoraba todo.

Jenofonte también fue discípulo de Sócrates, y se supone que uno de los propósitos de este libro fue hacer una defensa de su maestro. El último capítulo es también (como en el libro que reseñábamos hace unos días) una ‘Apología o defensa ante el jurado’, aunque a diferencia de la de Platón no está narrada en primera persona. Se cree que esta apología fue lo primero que escribió Jenofonte y que el resto del libro fue una ampliación de la misma.

Consta de cuatro libros, en los que va narrando, con una ligera unidad temática, diversas anécdotas protagonizadas por un Sócrates menos filosófico que el de Platón, más práctico, aunque preocupado por los mismos temas: la naturaleza del conocimiento, la justicia, la virtud, el buen gobierno. La estructura de lo relatado toma bastante el modelo del diálogo, lo que nos hace suponer que efectivamente ese debía ser el estilo característico de Sócrates.

Las notas a pie de página son de lo mejor del libro. No sólo ayudan a poner en relación el libro con el contexto de la Atenas del momento, sino que también nos sirven como programa del corazón al comparar los personajes que aparecen aquí con los de los textos de Platón. Como mínimo es curioso averiguar que mientras que Platón sólo aparece una vez en todo el libro, Jenofonte no aparece en ningún diálogo escrito por Platón.

La filosofía de Platón nunca ha sido de mi agrado y aunque respeto la figura de Sócrates siempre he pensado que la estructura del diálogo es un poco tramposa; los adversarios no están a la altura y son meros comparsas. Con unos interlocutores algo más vivos otro gallo nos cantara. Una de las mejores cualidades de este libro es que la figura de Sócrates no es tan omnipotente, quizá porque el motivo principal era, como decíamos al comienzo, defenderlo de la acusación que lo había llevado a la muerte.

Sé que recomendar la lectura de un combinado de Platón+Jenofonte no es precisamente lo que está de moda, sobretodo a los que como yo lo hacemos por puro placer. Pero no me voy a privar de ello; les aseguro que lo disfrutarán.

(Un día, un libro 164/365)
Escuchando: Sable chino. Fito Paez.

Setiembre 20, 2005

Platón. Diálogos Socráticos.

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Biblioteca general Salvat, 1972. 1440 pag.

Platon Dialogos Socraticos

Primer Sócrates

No se que hacía yo de preadolescente leyendo un libro como éste. Mi dieta en aquella época eran novelas de Agatha Christie (vicio que abandoné en cuanto adivinaba al asesino a las treinta páginas) y los tebeos (vicio que continúo practicando). La lectura de la defensa de Sócrates ante el jurado lo convirtió a mis ojos en el paradigma de la injusticia. Las sátiras que de Sócrates hizo Aristófanes consiguieron que aborreciera a éste y me costó mucho trabajo volver a reconciliarme con él (aunque finalmente lo hice; la calidad manda).

El mayor problema de Sócrates es que siempre lo hemos visto con los ojos de Platón. Existen otros textos (entre ellos uno que se reseñará en breve), pero en menor cantidad y no con forma de diálogos -la marca de la casa-. El objetivo del autor de esta edición ha sido seleccionar los textos más socráticos entre los platónicos. Como dice el prólogo:

La suposición de que aquí partimos, de que estos diálogos los escribiera un Platón joven, con la voz de Sócrates reciente en los oídos, y cuando no estaba lejos de ser él mismo un estudiante distinguido y apasionado, como el Cármides o el Teages que en ellos aparecen, que luego poco a poco se hubiera ido liberando de ese influjo y consolidando de más en más en sus ideas propias, es una suposición que apenas se funda más que en la observación común de que los hombres suelen pasar de una juventud apasionadamente fiel a las palabras de algún otro a una vejez cada vez más fiel a sí misma y más segura en su fe propia cuanto más cercana de la muerte. Pero bien podría ser del todo falsa en este caso, y que nada sino Platón tuviéramos en estos diálogos; y así la propia persona de Sócrates está para nosotros condenada a la incertidumbre. No es, con todo, de la verdad histórica de Sócrates de lo que aquí se trata, sino acaso de otra que no fuera histórica justamente.

La selección, además de la ya citada ‘Apología de Sócrates o defensa ante el jurado’ la componen los diálogos Teages, los enamorados, Cármides y Clitofonte. En todos ellos el tema central es el mismo: cual debería ser la educación de los jóvenes, y que podemos entender o no por conocimiento. Sócrates no da ninguna receta o método del buen saber. Al contrario, confiesa que él lo desconoce y que todo su esfuerzo está en intentar averiguar que es; esa es su enseñanza.

Los cuatro diálogos son cortos y de fácil lectura. Ideales, pues, para un primer acercamiento a Sócrates. En los enamorados vemos que era normal entonces no sólo la homosexualidad, sino que los jóvenes quinceañeros tuvieran relaciones con adultos. Todos aquellos que se manifestaron en contra del matrimonio homosexual ¿cómo es que permiten publicaciones como ésta?

(Un día, un libro 162/365)
Escuchando: En un mercedes blanco. Kiko Veneno.

Setiembre 14, 2005

Gustave Flaubert. Tres cuentos.

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Biblioteca general Salvat, 1972. 140 pag.

Flaubert Tres Cuentos

Retrato del natural

Vaya por delante que no soy muy Flaubertiano. Tampoco es que haya leído mucho, sigo teniendo pendiente Bouvard y Pecuchet, que tengo ganas de leer. Pero aunque reconozco la calidad literaria, nunca me ha llegado a la tocar la fibra.

Este volumen recoje tres cuentos: Un corazón sencillo, La leyenda de Julián el Hospitalario y Herodías.

El primero nos narra la vida de Felicité, una sirvienta hacendosa de natural sencillo, sin más vida que su trabajo y un sobrino lejano. El segundo narra la leyenda San Julián, cazador compulsivo maldito por un animal con el terror de matar a sus padres. El último es la historia de Herodías antes de decapitar a San Juan.

Los dos últimos no me han dicho demasiado -insensible que es uno-. Pero el primero me ha encantado. Una historia suave, melancólica, de emociones susurradas por las grietas de una narración del más puro estilo realista.

Esta vez sí que me has tocado.

(Un día, un libro 156/365)
Escuchando: Plan B. Looney Tunes.

Julio 25, 2005

Gustavo Adolfo Bécquer. Antología.

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BecquerAntologia
Biblioteca básica Salvat, 1970. 172 páginas.

Que bonita es la pasión

Becquer no necesita presentación. Pocos poetas pueden presumir de tener tanto tirón popular, resistiendo incólume al paso de los tiempos. Tanto tirón tiene que raro es que un intelectual de pro reconozca que le gusta. Como yo no soy uno, me atreveré a hacerlo.

Ya he comentado que la biblioteca Salvat presidió mis lecturas juveniles. Y éste será, con casi total seguridad, el libro que más leí. Se trata de una antología que recoge una selección de sus rimas, las leyendas ‘El monte de las ánimas’, ‘Los ojos verdes’, ‘El rayo de luna’, ‘La venta de los gatos’ y ‘La rosa de pasión’, las cartas ‘Desde mi celda’, dos cartas literarias a una mujer, un fragmento de la historia de los templos de españa, el artículo ‘Las hojas secas’ y dos cartas familiares. Seleccionado para ofrecer un amplio abanico de la obra de Becquer. Haré un comentario breve de cada apartado.

Rimas

Reconozco que la ingenuidad de los versos de Becquer poco tienen que hacer ante un oído sofisticado moderno. Condenados parecen a ser repetidos por los adolescentes. Pero no podemos negarles ni su calidad, ni su frescura -incluso transcurridos 140 años-. Quién puede negarle la fuerza a:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡yo no sé
qué te diera por un beso!

o a esto otro:

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…
¡Hoy creo en Dios!

Que nos transportan en el tiempo a nuestro primer amor adolescente, absoluto. Y ¡que caray! ¿Acaso cuando nos enamoramos -seamos jóvenes o viejos, ingénuos o sofisticados- no retornamos de golpe a nuestra adolescencia? ¿No nos volvemos un poco chiquillos? Morenaza, vayan por ti estos versos, porque criatura me vuelvo cuando veo tus ojos.

Leyendas

El romanticismo se hizo eco de muchas de las leyendas tradicionales populares. Becquer no iba a ser menos: tumbas, almas en pena, tragedias, terribles crimenes, maldiciones… todos los temas clásicos. Este tipo de relatos han envejecido, por lo general, bastante mal. No es el caso de estas leyendas que siguen conservando la misma capacidad de asombro de hace un siglo. Si no lo creen, busquen, comparen, y me cuentan si han encontrado algo mejor.

Cartas

Estea sección me la saltaba en mi niñez, pensaba que a mis años sería capaz de leerlas enteras, pero no; me las he vuelto a saltar leyéndolas en una diagonal muy pronunciada. Evito comentarios.

Artículos

La ‘Historia de los tempos de España’ fue de lo poco que publicó Becquer (entre 1857 y 1858) obra que dejó inacabada y de la que sólo he leído este breve fragmento. ‘Las hojas secas’ son perfectamente olvidables.

Con todo, lo que más me sigue conmoviendo es esta breve carta, escrita a su esposa en 1869 con la que finaliza el libro, y que muestra a un Becquer nada apasionado y tormentoso, pero al que es difícil no coger cariño:

Querida Casta: Adjunta es una letra de ciento cuarenta reales, que es cuanto te puedo enviar por ahora, pues el periódico no comenzará hasta primeros de año. No sé precisamente qué día, pero dentro del mes que viene te mandaré algún dinero más.
Me alegro que estés mejor y que el Emilín siga tan bueno. Gustavín y Jorge también están de mejor color que en el verano.
Ahora voy a ver si les arreglan las cosillas de invierno que quedaron trazadas, pues por aquí hace mucho frío.
Si puedo, hacia el mes que viene arreglo las cosas para venirme a Madrid de hecho. Te enviaré algún dinero más para que manden las sillas. Allá veremos. Consérvate bien, dale un beso al Emilín y manda lo que gustes.

Al creador de versos tan exaltados y relatos tan de ultratumba también le preocupaban el dinero y los hijos. No se por qué, pero me enternece.

(Un día, un libro 105/365)
Escuchando: ‘La flor de la canela’, María Dolores Pradera

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