Cuchitril Literario

Junio 10, 2005

Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

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wildeDorianGrey
Biblioteca básica Salvat, 1970. 204 páginas.
Traducción: Julio Gómez de la Serna.

Descenso al abismo

La lectura de la obra ‘La importancia de llamarse Ernesto’ hizo que me entrara el gusanillo de releer esta obra -que además tenía pendiente-. Si bien también la leí en mi adolescencia, lo que me tenía sorbido el seso eran sus cuentos. De esta estupenda novela me quedé tan sólo en el argumento.

Creo que la historia es bien conocida. Un joven de alma pura comenta mientras le hacen un retrato que daría lo que fuera por mantenerse siempre joven y bello. Su deseo es concedido y desde ese momento será el retrato quien envejezca por él, y en donde se muestren los turbios reflejos de su alma.

‘El retrato…’ es la historia de una corrupción. Si al principio el protagonista es estimulado por lord Henry, liberado de la moral por el cuadro (situándose ‘más allá del bien y del mal’) se lanza a una carrera vertiginosa en busca del placer más depravado. Todo esto bien delineado por la pluma de Wilde y trufado con esas frases de ingenio en las que era un maestro indiscutible. De múltiples y sabrosas lecturas, y tan vigente hoy como antaño, ha sido todo un placer -inocente, eso sí- reencontrarlo.

Como cosa a destacar de esta edición, las palabras de justificación del prólogo de Martín Gaite (y es que eran -afortunadamente- otros tiempos):

A pesar de haber sido tachada con frecuencia de superficial e inmoral, creemos que supone una importantísima aportación a la novela psicológica y fantástica de todos los tiempos

(Un día, un libro 60/365)
Escuchando: ‘Amor al arte’, Orishas

Junio 5, 2005

Anton P. Chejov. Narraciones.

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chejovnarraciones
Biblioteca básica Salvat, 1970. 171 páginas.
Traducción: José Laín Entralgo.

Retrato del desengaño

Otro libro de la colección Salvat y otro clásico de la literatura rusa. Libro que recuerdo haber leído a la tierna edad de 12 añitos aunque no entendiera mucho lo que leía. Como decía Vailima, a mí también me gustaba curiosear entre las estanterías de libros; solía escoger los de relatos porque me parecían más asequibles que las novelas.

No sabía que un cuento puede condensar la misma intensidad que una novela. Los relatos de Chejov lo hacen. Si bien su fama se la debe al teatro (pese a que sus obras no tuvieron mucho éxito, hasta que llegó Stanislavsky), sus cuentos respiran el mismo ambiente sin esperanza. En el enfrentamiento entre sus personajes y la realidad esta última es siempre la vencedora.

En el libro encontramos los relatos siguientes: “La sala número seis”, “Vecinos”, “Un asesinato”, “Kashtanka”, “Ladrones”,”Cirugía”,”El camaleón”,”La boticaria”, “Una corista” y “Zinotchka”.

Leamos el comienzo de “La sala número seis”:

En el patio del hospital hay un pequeño pabellón rodeado de un verdadero bosque de cardos, ortigas y cáñamo silvestre. Su techumbre está oxidada, la chimenea medio caída, los escalones de la entrada se hallan podridos y cubiertos de hierba, y del yeso del enlucido no quedan más que las huellas. Su fachada da al hospital, y por la parte trasera empieza el campo, del que lo separa una valla gris coronada de clavos. Estos clavos, con las puntas hacia arriba, la valla y el propio pabellón tienen ese aspecto particular, triste y repulsivo, que en nuestro país sólo se encuentra en los hospitales y las cárceles.

Si no teméis que os piquen las ortigas, sigamos el estrecho sendero que lleva al pabellón y veremos qué pasa dentro. Abrimos la primera puerta y pasamos al zaguán. Aquí, junto a la pared y la estufa, hay verdaderas montañas de trastos y ropas. Colchonetas, viejas batas hechas un guiñapo, pantalones, camisas a rayas azules, zapatos rotos que no sirven para nada: todos estos harapos están amontonados, arrugados, revueltos, medio podridos, y de ellos emana un olor pestilente.

Sobre esta basura se halla siempre tumbado, con la pipa entre los dientes, el loquero Nikita, viejo soldado licenciado de galones descoloridos. Su cara es dura, de hombre aficionado a la bebida, de cejas arqueadas, que le infunden el aspecto de mastín de la estepa, y de nariz roja; es más bien bajo, enjuto y nervudo, pero su aspecto impone y posee unos puños
enormes. Pertenece al género de personas simples, cumplidoras de su deber y obtusas que ponen por encima de todo el orden y que por eso están convencidas de que hay que emplear los puños. Pega en la cara, en el pecho, en la espalda, en cualquier
sitio, y tiene la seguridad de que de otro modo no mantendría aquello en orden.

En este relato, el optimismo del médico protagonista se verá enfrentado al desengaño del loco habitante de la sala número seis. Entre los dos surgirá una curiosa amistad que tendrá un final desafortunado.

En “Kashtanka” encontraremos, sin embargo, las aventuras de un perro joven y canelo que pasará a formar parte de una extraña t “troupe”. En un relato tan breve como ‘Una corista” veremos quien tiene en realidad una moral más elevada; si la legítima esposa, el marido, o la amante de éste, una corista.

Para conocer el resto de relatos les conmino a leerlos. Quizá Chejov perdió la esperanza en la humanidad, pero no dejó de quererla.

(Un día, un libro 55/365)
Escuchando: ‘Guaraní’, Carmen París


P.D. A partir de hoy en las reseñas nuevas aparecerá la portada del libro, gentileza de mi amiga Laura que me ha regalado un fabuloso escaner. Espero que les guste la novedad.

Junio 3, 2005

Leon Tolstoi. La muerte de Ivan Ilich. El diablo. El padre Sergio.

Archivado en: Cuentos — Palimp @ 2:14 pm
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Biblioteca básica Salvat, 1969. 189 páginas.

Tres visiones del alma rusa

Siguiendo con la clásica -y estupenda- colección Salvat, el libro que reseñamos hoy es de ese gigante de las letras que fue Leon Tolstoi. El autor de las enciclopédicas novelas ‘Guerra y Paz’ y ‘Ana Karenina’ nos muestra aquí su maestría en las distancias cortas. Tres relatos de corte muy diferente que nos presentan, más que un retrato psicológico, una excelente disección del alma de sus protagonistas.

En ‘La muerte de Ivan Ilich’ asistimos al sepelio del protagonista, un funcionario de vida rutinaria, al que un accidente de poca monta le provoca una enfermedad que acabará con él. A medida que se acerca el momento de la muerte, la conciencia de Ivan Ilich se irá tornando más lúcida.

El diablo es la historia de un hacendado rural que tuvo un ‘arreglo’ con una señora del pueblo y que, una vez casado, se obsesiona de tal manera por lo sucedido, que llega a creer que es el diablo quien anda tras de él.

En el último relato el príncipe Stepan Kasatski abandona una prometedora carrera a causa de un desengaño amoroso e ingresa en un monasterio, convirtiéndose en El padre Sergio. Pero no acabarán aquí sus cuitas; sus roces con la jerarquía harán de él un anacoreta, y su fama de santo harán que vuelva a mudar de vida.

Algo tienen en común el aburrido Ivan Ilich, el obsesivo Evgueni Irténev y el orgulloso Stepan Kasatski. Todos buscan algo que no son capaces de encontrar. Su vida se ha malgastado; o ellos lo creen así. Por fortuna, se equivocan: la pluma de Tolstoi los ha redimido para todos nosotros.

Un libro que he releído con agrado dada mi afición a la literatura rusa. Anótenlo en su lista.

(Un día, un libro 53/365)
Escuchando: ‘Maldita ciudad’, Albert Plá

Mayo 17, 2005

Dashiell Hammett. La maldición de los Dain.

Archivado en: Novela — Palimp @ 10:57 am
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Biblioteca básica Salvat, 1971. 181 páginas.

Detective sin nombre

Como relativo aficionado al género, comparto la opinión de muchos críticos que afirman que la novela negra esconde autores de gran calidad literaria. Creo que Hammett es uno de ellos. Famoso sobre todo por su novela ‘El halcón Maltés’, llevada con éxito al cine, y por su detective Sam Spade, el resto de su producción es tambíen interesante. Como este libro, publicado en 1929, un año antes que ‘El halcón…’, que me gustó cuando lo leí, hace ya unos años, y cuya relectura no me ha decepcionado.

Una maldición parece perseguir a Grabielle Dain; todos los que le rodean acaban muertos en misteriosas circunstancias. Pero el detective encargado del caso opina que ninguna maldición funciona de un modo tan sistemático. Seguro que detrás de los crímenes existe un responsable y él se encargará de descubrirlo.

Más que una novela son tres novelas con un hilo conductor que enlaza las tres sin dejar resquicio. Aparece la figura del detective solitario, aunque de ánimo optimista y no el personaje cínico y desencantado que llegaría a crear escuela con escritores como Chandler. Destacables los diálogos del detective y que el nombre de éste no aparezca en toda la novela. Para amantes del género y público en general; estas novelas también son clásicos.

(Un día, un libro 36/365)

Mayo 15, 2005

Stendhal. Relatos.

Archivado en: Cuentos — Palimp @ 11:11 pm
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Biblioteca básica Salvat, 1970. 160 páginas.

Crónicas italianas

Una colección de relatos de este clásico (del que puede encontrarse información en la wikipedia), en el que el autor incide varias veces en que no son suyos, sino ‘que adquirió el derecho de reproducirlos’. Y elaborarlos, porque muchas veces no es tanto la historia sino como se cuenta. Y si no, que se lo digan a Shakespeare.

Los relatos son:

Italianos:
Vanina Vanini
Los Cenci
Victoria Accoramboni

Alemán:
Mina de Vanghel

Españoles:
El arca y el aparecido
El filtro

Nos sirven tanto para disfrutar de la prosa de Stendhal como para echar un vistazo a los procesos judiciales y costumbres de la época. Como además el autor añade notas a pie de página (que son de lo mejor del libro) vemos que opinión le merecía a un escrito francés del siglo XIX los sucesos de la italia del XVI.

Como tantos otros clásicos entretenido y muy recomendable.

(Un día, un libro 34/365)

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