
Biblioteca básica Salvat, 1970. 171 páginas.
Traducción: José Laín Entralgo.
Retrato del desengaño
Otro libro de la colección Salvat y otro clásico de la literatura rusa. Libro que recuerdo haber leído a la tierna edad de 12 añitos aunque no entendiera mucho lo que leía. Como decía Vailima, a mí también me gustaba curiosear entre las estanterías de libros; solía escoger los de relatos porque me parecían más asequibles que las novelas.
No sabía que un cuento puede condensar la misma intensidad que una novela. Los relatos de Chejov lo hacen. Si bien su fama se la debe al teatro (pese a que sus obras no tuvieron mucho éxito, hasta que llegó Stanislavsky), sus cuentos respiran el mismo ambiente sin esperanza. En el enfrentamiento entre sus personajes y la realidad esta última es siempre la vencedora.
En el libro encontramos los relatos siguientes: “La sala número seis”, “Vecinos”, “Un asesinato”, “Kashtanka”, “Ladrones”,”Cirugía”,”El camaleón”,”La boticaria”, “Una corista” y “Zinotchka”.
Leamos el comienzo de “La sala número seis”:
En el patio del hospital hay un pequeño pabellón rodeado de un verdadero bosque de cardos, ortigas y cáñamo silvestre. Su techumbre está oxidada, la chimenea medio caída, los escalones de la entrada se hallan podridos y cubiertos de hierba, y del yeso del enlucido no quedan más que las huellas. Su fachada da al hospital, y por la parte trasera empieza el campo, del que lo separa una valla gris coronada de clavos. Estos clavos, con las puntas hacia arriba, la valla y el propio pabellón tienen ese aspecto particular, triste y repulsivo, que en nuestro país sólo se encuentra en los hospitales y las cárceles.
Si no teméis que os piquen las ortigas, sigamos el estrecho sendero que lleva al pabellón y veremos qué pasa dentro. Abrimos la primera puerta y pasamos al zaguán. Aquí, junto a la pared y la estufa, hay verdaderas montañas de trastos y ropas. Colchonetas, viejas batas hechas un guiñapo, pantalones, camisas a rayas azules, zapatos rotos que no sirven para nada: todos estos harapos están amontonados, arrugados, revueltos, medio podridos, y de ellos emana un olor pestilente.
Sobre esta basura se halla siempre tumbado, con la pipa entre los dientes, el loquero Nikita, viejo soldado licenciado de galones descoloridos. Su cara es dura, de hombre aficionado a la bebida, de cejas arqueadas, que le infunden el aspecto de mastín de la estepa, y de nariz roja; es más bien bajo, enjuto y nervudo, pero su aspecto impone y posee unos puños
enormes. Pertenece al género de personas simples, cumplidoras de su deber y obtusas que ponen por encima de todo el orden y que por eso están convencidas de que hay que emplear los puños. Pega en la cara, en el pecho, en la espalda, en cualquier
sitio, y tiene la seguridad de que de otro modo no mantendría aquello en orden.
En este relato, el optimismo del médico protagonista se verá enfrentado al desengaño del loco habitante de la sala número seis. Entre los dos surgirá una curiosa amistad que tendrá un final desafortunado.
En “Kashtanka” encontraremos, sin embargo, las aventuras de un perro joven y canelo que pasará a formar parte de una extraña t “troupe”. En un relato tan breve como ‘Una corista” veremos quien tiene en realidad una moral más elevada; si la legítima esposa, el marido, o la amante de éste, una corista.
Para conocer el resto de relatos les conmino a leerlos. Quizá Chejov perdió la esperanza en la humanidad, pero no dejó de quererla.
(Un día, un libro 55/365)
Escuchando: ‘Guaraní’, Carmen París
P.D. A partir de hoy en las reseñas nuevas aparecerá la portada del libro, gentileza de mi amiga Laura que me ha regalado un fabuloso escaner. Espero que les guste la novedad.