Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

febrero 21, 2012

Andreu Martín. Doce cuentos cruentos.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 6:43 am
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Andreu Martín, Doce cuentos cruentos
Suma de letras, 2002. 350 páginas.

Este tipo de inventos promocionales están muy bien; siempre acaban en las mesas de saldo por cuatro duros para que agarrados como yo nos los llevemos a casa. En este caso una antología coordinada por Andreu Martín que incluye los siguientes cuentos:

Alicia Giménez Bartlett, La voz de la sangre
Julián Ibáñez, La ladrona
Juan Madrid, Hoy llego tarde a cenar
Andreu Martín, Ley de Fugas
Fernando Martínez Laínez, Sueño cumplido
Jorge M. Reverte, El donante
Carlos Pérez Merinero, Dicen que la distancia es el olvido
Manuel Quinto, Entrevista
Jaume Ribera, Dos de cinco
Mariano Sánchez Soler, Expreso de Lusitania en la noche
Suso de Toro, Llaman
Manuel Vázquez Montalbán, El niño y el perro

Que en contra de lo que he leído por ahí me parece bien escogida y equilibrada. Me han sorprendido Julián Ibáñez, que en un breve relato esboza una sitación a la vez cómica y negra y Manuel Quinto, cuya entrevista es hilarante.

Con “Dos de cinco” hacían un juego para el lector que implicaba adivinar al asesino. Como fue hace diez años no he sido capaz de encontrar información de la solución. Como no hay nada peor que un crimen no resuelto hago un llamamiento a quien pueda darme información sobre el asunto. He buscado en google, pero nadie sabe nada (parece que no todo está en internet).

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (174/365)

Extracto:
Tengo visita. Alguien ha entrado en mi despacho, i Veo la puerta abierta cuando yo la he dejado cerrada. ¿Un ladrón? Quizá… Debo ponerme en guardia: sacar las manos de los bolsillos y cerrar los puños… Entro. ¡Ahí lo tengo! Ha sido cruzar el vano de la puerta y encontrarme con… las curvas desdibujadas —tono lavanda— de un buen trasero cubierto con una falda de sarga, o algo así. Me da la espalda y parece estar escudriñando detrás del viejo sofá. Bisbisea… bsh, bsh, bsh… No me ha oído. ¿Qué hace esta mujer en mi despacho? ¿A esta hora?… Lo más probable es que sea una ladrona.
Sin que me oiga, me acerco al armario y tanteo en el techo hasta que encuentro la pistola. La empuño, no recuerdo si está cargada. Me acerco a la mujer.
—¿Busca algo?
Ni grita ni da un respingo, se limita a echarme^ un vistazo superficial por encima del hombro.
—Al gato, a mi gato… Busco a Pirracas… bsh, bsh, bsh… Está ahí detrás —alarga el cuello para mirar de- ‘ tras del sofá, bisbiseando—, bsh, bsh, bsh… Pirracas.-Pirracas… Vamos, no seas malo… Pirracas… Vamos..-
De su brazo derecho cuelga un enorme bolso azul de plástico, perfecto para meter en él medio despacho. La cojo de un codo, la zarandeo.
—¡El viejo truco del gato, eh! Hacía mucho que no lo veía hacer, ¿no resulta un poco anticuado? —Gira la cabeza, atónita. Le indico la puerta de la calle con la barbilla—. Esa puerta estaba cerrada, ¿sabe tu gato manejar una ganzúa?
Me contempla perpleja, con la boca abierta y el cuerpo echado hacia atrás, a la defensiva.
—… Yo… ¿Cómo? ¿Co-cómo dice?
Llevo la pistola en la mano, ¿la habrá visto? Mi mano busca la mesa a mi espalda, mientras zarandeo a la mujer de nuevo con fuerza. Me entran ganas de enlazarla por la cintura.
—¡Esa puerta que da a la escalera! ¡La única puerta a la calle que tiene este despacho! ¡Hace cinco minutos estaba cerrada! ¡Ningún gato sería capaz de abrirla y entrar por ahí! —Escondo la pistola debajo de unos papeles y luego empleo el dedo índice para indicar la puerta—. ¡Sólo tú has entrado por esa puerta, sin llamar y sin que nadie te abriera! ¿Pensabas que no había nadie en el despacho? ¡Vas a explicarme qué haces aquí! ¡Vamos!
La zarandeo un poco más. Su boca continúa abierta, incapaz de articular palabra, mirándome con terror, protegiéndose con el brazo libre. Dientecitos de ratón, muy blancos.

febrero 16, 2012

Juan José Millás. No mires debajo de la cama.

Filed under: Novela — Palimp @ 6:57 am
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Juan José Millás, No mires debajo de la cama
Suma de letras, 2001. 230 páginas.
Vida de los zapatos

Con lo que me gusta este hombre y la decepción que ha sido este libro. De las cuatro partes que lo componen tiene alguna buena, e incluso alguna página memorable. Pero todo junto, incluyendo esos paseos de los zapatos, me ha resultado infumable.

En reginairae encontrarán resumen y comentario y en Lo que leo les pareció genial. Para gustos…

Calificación: Regular.

Un día, un libro (169/365)

Extracto:
—¿Y no has intentado formar pareja con los otros zapatos impares de la casa?
—Sí, pero no hay nada más ridículo que dos zapatos izquierdos tratando de parecer un conjunto único, con las punteras disparadas hacia fuera. En mi vivienda hay dos zapatillas de andar por casa, una de fieltro y otra de piel, que van juntas con frecuencia, como si formaran un par, pero resultan más patéticas que los que hemos aceptado permanecer solos con dignidad. Además, soy el único mocasín de la casa: los demás zapatos son de cordones y aunque no tenemos nada los unos contra los otros, las diferencias se hacen más patentes cuando estamos juntos.
Los zapatos de Vicente Holgado, que eran de cordones, se sintieron algo incómodos por este comentario y movieron la puntera hacia arriba y abajo, en actitud nerviosa. De nuevo, fueron los zapatos de mujer quienes se encargaron de aliviar la tensión relatando que cierta vez, cuando aún no habían salido de la tienda, el dependiente, después de unas pruebas, los metió por equivocación en cajas separadas, haciéndoles formar pareja con un número menor, el 35 (ellos eran del 36), y aunque intentaron adaptarse, pues la diferencia no era tan
apreciable, estuvieron muy abatidos los dos pares hasta que en el establecimiento advirtieron el error y las parejas volvieron a encontrarse.
A los zapatos de Vicente Holgado les pareció una historia blanda. Alguna vez habían tenido también la fantasía de cambiar de pareja, incluso de convivir con un número mayor o menor, y no les parecía que fuera tan malo. En general, discrepaban del resto de los zapatos en esa visión sentimental de la existencia. De hecho, Vicente Holgado tenía dos pares de mocasines con los que los de cordones no guardaban prácticamente relación porque eran también muy emotivos. Las zapatillas de cuadros viejas, por su parte, aseguraron que en su larga vida no habían conocido a ninguna otra criatura cuyo modo de ser una exigiera este desdoblamiento en dos, excepto los calcetines, que sin embargo disfrutaban siendo confundidos y enrollados con parejas que no les correspondían.

noviembre 7, 2011

Javier Marías. Tu Rostro Mañana (fiebre y lanza).

Filed under: Novela — Palimp @ 6:02 am
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Suma de Letras, 2004. 540 páginas.
Javier Marías, Tu Rostro Mañana (fiebre y lanza)
Presciencia

Marías causa división de opiniones. Para algunos es de los mejores escritores de la literatura actual, mientras que otros opinan que es un juntaletras con dudosas construcciones. Alguna vez he comentado por aquí que yo estoy a medio camino. Creo que su estilo está sobrevalorado, aunque dista de ser nefasto. Lo que sí valoro es su capacidad para construir historias originales e interesantes.

En este caso el protagonista, Deza, tiene un don. Tiene un buen olfato para juzgar a las personas. Su intuición le indica si alguien es o no de confianza, si miente, sus debilidades, etcétera. Una agencia se dedica a explotar sus habilidades, en teoría para el gobierno británico.

Dos defectos le he visto a este primer volumen. El primero, que no me resulta muy creíble la habilidad del protagonista. La primera vez que lo ponen a prueba me resultó una puesta en escena bastante falsa, aunque las siguientes me parecieron más consistentes.

El segundo es su estilo, más de lo mismo de otras obras suyas, quizás más recargado que de costumbre. Seguramente habrá quien lo aprecie, pero yo no: hubiera agradecido menos reflexiones encadenadas. Hay ocasiones en que para una situación que se podría explicar en dos páginas el autor ocupa 50. Eso es la literatura, claro, pero si no te termina de convencer el estilo se te hace largo.

Cosas curiosas, según se afirma en el extracto siguiente Andreu Nin aparece en una novela de James Bond:

Y allí estaba Nin en la novela de Fleming, bastante al principio, no tardé en encontrarlo, Wheeler había marcado el párrafo como había hecho con otros en el Doble Diario y en los demás libros, un lector minucioso y atento a la vez que impulsivo, escribía en los márgenes interjecciones burlescas, o notas despreciativas hacia el autor (no pasaba un razonamiento falso, ni la mentira, ni la ignorancia, ni la tontería: íSilly\ o Toolish’, dictaminaba parco y contundente a veces), o también entusiastas según los casos, y llamadas meramente rememorativas, y signos de admiración o de interrogación cuando no daba crédito a algo o lo juzgaba ininteligible[...]

Una justificación del don del protagonista:

apenas tarda unos segundos y sin poder remediarlo, aunque sea rudimentario y adopte la forma menos elaborada de todas, que es el gusto o el desagrado (los cuales sin embargo ya son juicios o su anticipación posible, lo que suele antecederlos, aunque mucha gente no dé nunca el paso ni cruce la raya, y así nunca salga de sus simples e inexplicables atracción o rechazo: para ellos inexplicables, al jamás dar ese paso y detenerse en lo epidérmico siempre). Y uno se sorprende diciéndose, casi sin querer, a solas ante la pantalla: ‘Me cae bien’, ‘A este tío no lo aguanto’, ‘Me la comería a besos’, ‘Me cae como un tiro’, ‘A ese lo que me pidiera’, ‘La abofetearía por esa cara’, ‘Un engreído’, ‘Está mintiendo’, ‘Su compasión es falsa’, ‘Qué mal le va a ir en la vida’, ‘Menudo capullo’, ‘Es un ángel’, ‘Es un creído, un soberbio’, ‘No soporto a estos dos cursis’, ‘Pobre, pobre’, ‘Lo fusilaría sin pestañear, en el acto’, ‘Me da lástima’, ‘Me revienta’, ‘Finge’, ‘Qué ingenuidad’, ‘Vaya jeta’, ‘Qué mujer inteligente’, ‘Qué asco me da’, ‘Me hace gracia’. El registro es infinito, cabe todo. Y el veredicto instantáneo es certero, o así se siente cuando llega (en el segundo instante ya no tanto). Se tiene una convicción, sin pasar por un solo argumento. Sin que razón alguna la sostenga.

Y una justificación de lo que me parece el fallo principal de lo que vertebra la trama. No creo que nadie pueda deducir el comportamiento de nadie con un vistazo, porque no somos de una pieza:

También podía saberse de antemano quién sería capaz de matar a sangre fría y quién de dejarse matar si se hacía preciso o se le ordenaba, aunque esto último es siempre lo más difícil de asegurar en todos; quién se echaría atrás y quién daría cualquier paso adelante, hasta el más demente; quién delataría, quién respaldaría, quién enmudecería, quién se enamoraría, quién envidiaría o sentiría celos, quién nos abandonaría a la intemperie o nos cubriría siempre. Quién podría vendernos; y quién caro y quién barato. Puede que las personas que hablaban rara vez contaran nada muy grave ni interesante, pero acababan por decirlo casi todo sobre ellas mismas, hasta cuando fingían. Eso fue lo que comprobaron. Eso es lo que sigue ocurriendo hoy en día, y es eso lo que sabemos.’
‘Pero las personas no son de una pieza’, dije yo. ‘Dependen de las circunstancias, de lo que les toque, y además van cambiando, se estropean
o mejoran o se confirman. Mi padre suele decir que, de no haber habido una guerra como la que tuvimos, la mayoría de los individuos que cometieron vilezas durante su transcurso, o a su conclusión y más tarde, habrían tenido seguramente una vida decorosa, o al menos sin grandes manchas; y nunca habrían averiguado de lo que eran capaces, para su suerte y la de sus víctimas. Mi padre fue una de éstas, usted lo sabe.’
‘Sí, las personas no son de una pieza, Jaco-bo, y tu padre está en lo cierto. Y nadie es para siempre así o de esta manera, quién no ha visto asomar de pronto en alguien querido un alarmante e inesperado rasgo (y entonces se le hunde a uno el mundo); siempre hay que estar alerta y nunca dar por definitivo nada; o no todo, mejor dicho, porque algunas cosas sí son sin vuelta. Y sin embargo, sin embargo: también es cierto que desde el principio vemos, en otros y en nosotros mismos, mucho más de lo que nos reconocemos. Ya te he dicho que el mayor problema es que no solemos querer ver, no nos atrevemos. Casi nadie se atreve a mirar de veras, y menos aún a confesarse o contarse lo que ve de veras, porque a menudo no es grato lo que se contempla o vislumbra con esa mirada que no se engaña, con la más profunda que no se conforma nunca con atravesar todas las capas, sino que después de la última todavía insiste.

Pero vamos, que ya me estoy leyendo el segundo, en el que voy por la página 100 y todavía no ha pasado prácticamente nada :)

Calificación: Regular.

Un día, un libro (68/365)

septiembre 13, 2011

Dietrich Schwanitz. La cultura.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 6:45 am
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Suma de letras, 2005. 190 páginas.

Dietrich Schwanitz, La cultura
Breviario

Este libro me lo encontré llevando a mi hija a la guardería, a los dos nos dio pena y nos lo llevamos a casa. Por lo que veo es un fragmento de otro libro más gordo y más sesudo de igual título, es una edición que regalarían seguramente con otro libro o en alguna fiesta.

Es un breve repaso de la literatura, sin entrar en mucho detalle (mas extenso que profundo). A destacar la pasión con la que habla de Shakespeare (que comparto, hasta cierto punto) y la obra de teatro que cierra el libro, donde en un manicomio los locos son autores de teatro que explican sus puntos de vista sobre la dramaturgia.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (13/365)


Extracto:[-]

William Shakespeare
Inglaterra fue el país que tuvo el privilegio de dar a la humanidad el mayor poeta y el mayor dramaturgo que ha conocido el mundo después de Dios: William Shakespeare (1564-1616), nacido en
Stratford-upon-Avon el día de San Jorge, patrón de Inglaterra, el 23 de abril de 1564. Casado con Anne Hathaway, ocho años menor que él, abandonó a su familia y se instaló en Londres, donde sus colegas se burlaban de él por querer serlo todo a la vez: actor, socio, autor de las piezas representadas en el teatro de Lord Chamberlain’s Men, autor de comedias, dramas históricos y tragedias. Shakespeare fue un hombre de imaginación inagotable, favorito de los reyes y del público, autor de obras taquilleras y el genio por excelencia del teatro, admirado por los poetas del romanticismo alemán y convertido en su punto de referencia. Hermano menor de Dios, multiplica la obra divina el octavo día de la Creación con su propia creación poética. Murió el día de su cumpleaños, el 23 de abril de 1616, fue enterrado en la iglesia parroquial de Stratford, pero sigue eternamente vivo en sus obras inmortales. Amén.


PlRANDELLO: ¡Qué buena explicación, Eugéne! Sí, B. B., mis obras también recogen experiencias sociales. Cuando era un niño, estaba firmemente convencido de mi capacidad para hacerme entender. Pero con mi mujer era incapaz de comunicarme. Cuanto más lo intentaba, tanto más corría ella hacia la locura. Cuanto más intentaba disipar sus celos, cuantas más razones le daba de mi fidelidad, tanto más veía ella en mis juramentos una demostración de mi infidelidad. Extremé mi argumentación hasta el paroxismo (exaltación violenta), pero sólo logré fortalecer su convencimiento de que yo la engañaba. Mis dramas se inspiran precisamente en la experiencia de que el intento desesperado de comunicarse acaba impidiendo la comunicación, en la experiencia de que cada uno de nosotros está herméticamente encerrado en su propio mundo interior.
SHAW: Permíteme, no obstante, que relativice esta experiencia desde un punto de vista social, Luigi. No, no es necesaria tu protesta para conferir a esta experiencia una dimensión social. Pues muestra por sí misma la estrechez claustrofóbica y la pérdida de realidad de la esfera privada: en su interior, como en el último círculo del infierno, habita el matrimonio burgués de siempre, recorriendo eternamente la órbita de unos conflictos que se alimentan de sí mismos.

diciembre 1, 2010

Max Aub. Campo Francés.

Filed under: Novela — Palimp @ 4:32 pm
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Suma de Letras, 2004. 264 páginas.

Max Aub, Campo Francés
Error

En la cuarta entrega del laberinto mágico Aub intenta un experimento. Escribir un libro como si fuera un guión de cine. Es algo que le va bien al estilo del escritor, que tan buena mano tiene para los diálogos y las escenas. Sin embargo, en mi opinión, resulta ser el libro más flojo de los seis.

Se describe la vida de los prisioneros en los campos de refugiados franceses. Digo bien, prisioneros, porque se trataron más bien de campos de concentración, una antesala de lo que después serían los campos nazis. No es Aub el único que describe así la situación, y yo he podido hablar con gente que lo vivió en persona y así lo dicen. Se les trató como auténticos prisioneros de guerra.

Por eso dejo en segundo plano los fallos que pueda encontrar a la estética del libro y recomiendo su lectura aunque sólo sea por saber la historia. Aub aprovecha sus libros para discutir sobre ideología y a veces para enjuciar las decisiones de los dirigentes, pero en este y en su último libro denuncia una situación que no ha tenido mucho eco. El mal trato que dio Francia a los refugiados españoles fue un gran error histórico, un preámbulo al horror de la segunda guerra mundial.

Descárgalo gratis:

Campo Francés

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

Alemania y Rusia firman un pacto de no agresión. En Dantzig se publica un Decreto nombrando a
Forster jefe del Estado de la ciudad. El embajador inglés en Berlín, sir Neville Henderson, entrega a
Hitler un mensaje personal del jefe del gobierno británico, señor Chamberlain.

Actualidades alemanas: Letrero: 24 de agosto de 1936, superpuesto a la llegada de Ribbentrop a
Moscú.

INTERIOR DE UN BARRACÓN DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE VERNET D’ARIEGE

En una tarima de un metro de ancho están acostados Leo Weicsen y Juan. Hablan en voz baja.

WEICSEN. Me van a expulsar y me duele horriblemente. Desde que recuerdo, fui del partido.

JUAN ¿Qué has hecho?

WEICSEN. Provocar yo mismo mi expulsión.

JUAN. No te entiendo.

WEICSEN. Siempre luché por lo que consideré no sólo justo, sino irremediable.

JUAN ¿Y? ¿Ya no crees en la victoria del proletariado?

WEICSEN. Sí. Pero a este precio, no vale la pena.

JUAN ¿Qué precio?

WEICSEN. La guerra.

JUAN ¿Crees que la firma del pacto germano-soviético es la guerra?

WEICSEN. Sí.

JUAN ¿Te das cuenta de lo que va a ganar la URSS?

WEICSEN. Desde aquí, encerrados, fuera de juego como estamos, es posible que se pueda considerar así. Pero piensa en los millones de trabajadores que van a morir.

JUAN ¿No habíamos quedado en que de todos modos habría guerra?

VOZ DE KARPATY ¿Queréis callar?

WEICSEN. (Más bajo.) Es otra cosa. No se puede hacer lo que Stalin ha hecho. No es decente.

JUAN. Pues lo hizo.

WEICSEN. Contra ello me rebelo.

JUAN. Te vas a quedar solo.

WEICSEN. Lo sé.

JUAN. Ni yo te dirigiré la palabra.

WEICSEN. Lo sé.

JUAN. Pediré que me trasladen a otra barraca.

WEICSEN. No te preocupes, ya lo harán ellos por su cuenta.

JUAN. Acabarás vendido.

WEICSEN ¿Lo crees?

JUAN. No, pero… podrías pensarlo un poco más.

WEICSEN. Es inútil: le di la carta a Carlos.

VOZ DE KARPATY ¿Queréis callar, hijos de Satanás? ¿No podéis discutir tonterías a otra hora?

VOCES. ¡Chist! ¡Chist!

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