Cuchitril Literario

Mayo 29, 2005

[*] Manuel Rivas. En salvaje compañía.

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Editorial Suma de Letras, 2001.
Tit. Or. En salvaxe compaña, 1994. 261 páginas.

Amores tristes y cotidianos

Por esa misteriosa dama que resulta la memoria, recuerdo que el primer libro que leí de Manuel Rivas, ‘Un millón de vacas’, lo acabé en frente del hotel Londres en San Sebastián, en el autobús camino de casa. Me gustó y me apunté el nombre del autor para repetir experiencia, y, después de 10 años, cumplo con mi promesa.

Son diez años de retraso porque es un autor que merece la pena. No se si será cierto que Galicia es una tierra de gente nostálgica y triste, pero todos los autores y autoras gallegos que he leído tienen una ternura y una sensibilidad especial. Llamadme sensiblero, pero mientras leía este libro más de una vez me asomaban las lágrimas a los ojos.

El libro trata, como tantos otros, del amor. De como a veces las parejas equivocan los caminos y después es tarde para rectificar. De como el amor nos alcanza a todos, cada cual a su manera. Y para presentar todo esto tenemos, nada más y nada menos, que al último rey de Galicia con sus trescientos guerreros, los trescientos cuervos de Xallas, más poetas que guerreros. Y, entre una cohorte de antiguos paisanos transmutados en animales, iremos conociendo la vida de Rosa y Simón, dos hermanos que, como si de una maldición familiar se tratara, sufrirán la tristeza del amor perdido.

Narrado son una soltura engañosa, y una capacidad poética muy de agradecer y de disfrutar, la historia se aposenta en el corazón sin prisa, y deja su huella en la memoria. Me reafirmo; Manuel Rivas es un escritor del que hay que repetir.

(Un día, un libro 48/365)

Abril 26, 2005

Juan Benet. Trece fábulas y media y fábula decimocuarta.

Archivado en: Cuentos — Palimp @ 3:55 pm
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Suma de letras, 2004. 136 páginas.

Caminando hacia el mar desde el Hospital Clínico de Barcelona, nos encontramos con el mercado del ninot, y en la esquina de Villaroel con Mallorca hay un pequeño puesto de libros de segunda mano. No paso mucho, pero cuando lo hago me gusta detenerme un momento a ver que es lo que encuentro. Ahí compre este libro, el de ‘La flaqueza del bolchevique’ -por leer algo de Silva-, y dos más que ya tenía, para regalar o prestar sine die.

A primera vista parecía un libro ligero, de fácil lectura, y pensé que podría ser recomendable como iniciación a Benet del que, como sabrán los lectores de esta bitácora, soy admirador. Pero este no es mi Benet que me lo han cambiado. Nada de estilo alambicado y tortuoso. Nada de sentimientos sórdidos. Ni rastro de Región.

Las trece fábulas y media y una decimocuarta -que podrían estar firmadas por Monterroso, un Monterroso en horas bajas- se leen de un tirón, y aunque hay alguna que otra joya, debo decir que no me han gustado. No porque no fueran lo que me esperaba, sino porque, en general, me parecen bastante flojas. No lo utilizaré, pues para promocionar a Benet. Un libro olvidable del que, sin embargo, quisiera rescatar esta fábula que sí que me ha gustado:

Tentó Dios a Abraham y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a la tierra de Moriah, y ofrécele allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Y Abraham se levantó muy de mañana y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y levantose y fue al lugar que Dios le dijo.
Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos.
Entonces dijo Abraham a sus mozos: Esperemos aquí con el asno y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos y volveremos a vosotros.
Y tomó Abraham la leña del holocausto y púsola sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo y fueron ambos juntos.
Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi ihjo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña, más ¿Dónde está el cordero para el holocausto?
Y respondió Abraham: Dios proveerá del cordero para el holocausto, hijo mío.
E iban juntos.
Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo y púsole en el altar sobre la leña.
Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
Y con la mano extendida y el cuchillo bien sujeto miró Abraham por el rabillo del ojo para ver si venía el ángel de Jehová dando voces desde el cielo. Porque conocía muy bien Abraham su propia historia, repetida por generaciones y generaciones dle pueblo elegido, y de sobra sabía que tenía que venir el ángel de jehová dando voces por el cielo.
Entonces Abraham alzó de nuevo la mano y tomó el cuchillo y degolló un carnero que antes había escondido en un zarzal, trabado por sus cuernos. Y fue Abraham y soltó a su hijo y tomó el carnero y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo.
Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y le dijo: Padre mío. Y Abraham respondió: Heme aquí, mi hijo. Y habló Isaac y dijo: Pues no vino el ángel de Jehová dando voces por el cielo para traer el carnero. ¿Vas a hacer lo que no hizo Jehová? ¿Pretenderás engañar a Jehová y suplantarle cuando no cumple lo que está escrito?
Y dijo Abraham ¿Y tengo yo que dar explicaciones para que tú y yo nos comamos un carnero como Dios manda?

(Un día, un libro 15/365)

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