Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

noviembre 28, 2011

Terry Pratchett. ¡Voto a Bríos!

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DeBols!llo, 2009. 400 páginas.
Tit. Or. Jingo. Trad. Javier Calvo.
Terry Pratchett, ¡Voto a Bríos!
Antipatriotismo

Otra novela del mundodisco con la guardia como protagonista (mis preferidas), que tiene su propia entrada en la wikipedia: ¡Voto a Bríos!. Yo la leí hace mucho en traducción no oficial, siguiendo mi esquema habitual.

Ha aparecido una isla entre Ankh-Morpork y la ciudad Klatchiana de Al-Khali. Ambas ciudades intentarán conquistar el territorio, lo que provocará altercados dentro de Ankh-Morpork. El príncipe Khufurah es asesinado y Vimes viajará a Klatch con la misión de detener a su supuesto asesino. Vetinari es depuesto de su cargo y viajará en un curioso artefacto inventado por Leonardo de Quirm.

Los recelos que sienten los habitantes de Ankh-Morpork hacia los klatchianos es un trasunto muy reconocible de la paranoia desatada en muchos países contra los musulmanes. Si los ánimos están exaltados es muy fácil que las situaciones se descontrolen y que gente normalmente pacífica cometa actos de los que se arrepentirá después.

Impagable la escena en la que ofrecen a Vimes ojos de cordero para comer y éste da su opinión sobre el asunto (si quieren saber cual es, lean el libro).

Calificación: Muy bueno (es de Pratchett).

Un día, un libro (89/365)

Extracto:
—¿Cómo? Oh… no es más que algo que solían decir las mujeres a los hombres cuando los mandaban a la guerra. Vuelve con tu escudo o encima de él.
—¿Encima de tu escudo? —dijo Nobby—. ¿Quieres decir… como usándolo de trineo o algo así?
—Como muerto —dijo Angua—. Quería decir: vuelve como vencedor o no vuelvas.
—Bueno, yo siempre vuelvo con el escudo —dijo Nobby—. Por ahí no hay problema.
—Nobby —suspiró Colon—. Tú solías volver con tu escudo, con el escudo de todos los demás, con un saco de dientes y con quince pares de botas todavía calientes. En una carreta.
—Bueeeno, no tiene sentido ir a la guerra si no vas a estar en el bando ganador —dijo Nobby, embutiéndose la pluma blanca en el casco.
—Nobby, tú siempre estabas en el bando ganador, más que nada porque te quedabas escondido a un lado esperando a ver quién ganaba y entonces le afanabas el uniforme bueno a algún pobre fiambre. Yo oí una vez que los generales no le quitaban ojo a lo que tú llevabas, para saber cómo estaba yendo la batalla.
—Muchos soldados han servido en varios regimientos distintos —dijo Nobby.
—No, claro, si tienes razón. Pero normalmente no durante la misma batalla —replicó el sargento Colon.

Y entonces se dio cuenta de por qué estaba pensando así.
Era porque quería que hubiera conspiradores. Era mucho mejor imaginar a un grupo de hombres en una habitación llena de humo, enloquecidos e impulsados al cinismo por el poder y los privilegios, conspirando mientras se bebían su coñac. Uno tenía que aferrarse a aquella clase de imágenes, porque si no tal vez se viera obligado a afrontar el hecho de que las cosas malas pasaban porque la gente normal y corriente, la misma que cepillaba a su perro y contaba cuentos a sus niños en la cama, era capaz de salir después a la calle y hacerle cosas horribles a otra gente normal y corriente. Era mucho más fácil echarles la culpa a Ellos. Resultaba del todo deprimente pensar que Ellos eran Nosotros. Si eran Ellos, entonces nada era culpa de nadie. Pero si éramos Nosotros, ¿qué decía eso de Mí? Al fin y al cabo Yo soy uno de Nosotros. Por fuerza. Ciertamente nunca he pensando en Mí mismo como uno de Ellos. Siempre somos uno de Nosotros. Y son Ellos los que hacen las cosas malas.

noviembre 16, 2011

Terry Pratchett. Ronda de noche.

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DeBols!llo, 2011. 396 páginas.
Tit. or. Night watch. Trad. Javier Calvo.
Terry Pratchett, Ronda de noche
Vuelta atrás

Me regalaron este libro por mi cumpleaños. De Pratchett, la guardia y con viajes en el tiempo. No podía pintar mejor. ¿Se cumplieron las expectativas? Baste decir que lo empecé a las 6 de la tarde y a las 9 de la mañana del día siguiente ya me lo había acabado. Vale que estaba de vacaciones, pero si esto no es engancharse a un libro, que venga dios y lo vea.

Sam Vimes está persiguiendo a un peligroso asesino por los tejados de la UNiversidad Invisible cuando una explosión de magia lo envía hacia atrás en el tiempo. Justo en el momento de una famosa revuelta que acabó en un baño de sangre, y a tiempo de enseñar a un recién incorporado a la guardia los mejores trucos de un policía viejo.

Un Sam Vimes en estado de gracia y por partida doble, un Lord Vetinari todavía joven, y dos encargos que cumplir -evitar un desastre y atrapar a un asesino- junto con la participación de los monjes del tiempo. Un cóctel que, pese a una ligera moralina, me pegaron al libro.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (77/365)

Extracto:
Y resultaba creíble hasta que uno le miraba fijamente a aquellos ojos sonrientes y descarados y veía, al fondo de todo, cómo los demonios le devolvían la mirada.
Pero no convenía pasarse demasiado tiempo mirando aquellos ojos, porque eso quería decir que entretanto los tuyos se habían apartado de sus manos, y para entonces una de ellas ya tenía un cuchillo.
Al policía medio le resultaba difícil tratar con aquella clase de gente. Los guardias suponían que cuando alguien se veía ampliamente superado en número, se rendiría o trataría de negociar o por lo menos dejaría de moverse. No se esperaban que hubiera alguien capaz de matar por un reloj de cinco dólares. (Un reloj de cien dólares ya era otra cosa. Al fin y al cabo, esto era Ankh-Morpork.)
—¿Estaba casado Fuerteenelbrazo? —preguntó. —No, señor. Vivía en Nuevos Remendones con sus padres. Padres, pensó Vimes. Peor todavía.
—¿Ha ido alguien a decírselo? —preguntó—. Y no me digas que ha ido Nobby. No queremos que se repita aquella estupidez de «te apuesto un dólar a que eres la viuda de Jackson». —He ido yo, señor. En cuanto hemos recibido la noticia. —Gracias. ¿Se lo han tomado mal? —Se lo han tomado… con solemnidad, señor. Vimes gimió. Se imaginaba sus expresiones. —Yo les escribiré la carta oficial —dijo, abriendo el cajón de su escritorio—. Busca a alguien que se la lleve, ¿quieres? Y que les diga que pasaré en persona más tarde. Tal vez no sea el momento de… —No, un momento, eran enanos, y a los enanos no les avergonzaba hablar de dinero—. Olvídalo… diles que tendremos preparados todos los detalles de su pensión y esas cosas. Y además, ha muerto estando de servicio. Bueno, casi. Eso es más dinero. Todo cuenta. —Hurgó en sus armarios—. ¿Dónde está su expediente?
—Aquí, señor —dijo Zanahoria, dándoselo con presteza—. Tenemos que estar en palacio a las diez, señor. Comité de la Guardia. Pero estoy seguro de que lo entenderán —añadió, al ver la cara de Vimes—. Voy a vaciar la taquilla de Fuerteenelbrazo, señor, y me imagino que los muchachos harán una colecta para comprar las flores y todo…
Después de que el capitán se fuera, Vimes se quedó pensativo delante de una página con membrete. Un expediente, tenía que consultar un maldito expediente. Pero últimamente había tantos guardias…
Una colecta para las flores. Y un ataúd. Hay que cuidar de los tuyos. Lo dijo el sargento Dickins, ya hace mucho tiempo…
No se le daban bien las palabras, y mucho menos las escritas, pero después de echar unos cuantos vistazos al expediente para refrescarse la memoria escribió lo mejor que se le ocurrió.
Y eran todo buenas palabras, y más o menos las correctas. Pero la verdad era que Fuerteenelbrazo no era más que un enano honrado que había cobrado por hacer de policía. Se había alistado porque en los tiempos que corrían apuntarse a la Guardia era una buena opción profesional. No pagaban mal, había una pensión decente, había un plan médico maravilloso si uno tenía agallas para someterse a los cuidados de Igor en el sótano y, después de un año más o menos, un agente formado en Ankh-Morpork podía marcharse de la ciudad y encontrar trabajo en las Guardias de las demás ciudades de la llanura con ascenso automático. Era el pan de cada día. Los llamaban los Sammies hasta en las ciudades donde nadie había oído hablar de Sam Vimes. Aquello lo enorgullecía un poquito. «Sammies» quería decir agentes de la Guardia que eran capaces de pensar sin mover los labios, qu e no aceptaban sobornos, o por lo menos no muchos, y solo si se trataba de cerveza y rosquillas, que hasta Vimes reconocía que eran la grasa que ayuda a que las ruedas giren suavemente; y eran, en general, hombres de confianza. Por lo menos para cierto valor de «confianza».

noviembre 5, 2011

Terry Pratchett. ¡Zas!

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Plaza y Janés, 2011. 384 páginas.
Tit. Or. Thud!. Trad. Gabriel Dols Gallardo.
Terry Pratchett, ¡Zas!
Estrategia

Me presta mi amigo Mezkal el último de mi admirado Pratchett y por una vez me doy prisa con la reseña. Los fans británicos la eligieron como la mejor de la serie, y algo de eso hay.

Los enanos y los trolls están a la greña desde tiempos inmemoriales. Una batalla en un valle perdido que se recuerda de diferente manera por unos y otros y que se rememora anualmente mantiene vivo el odio. Pero la presencia de enanos radicales y el asesinato de uno con unas pistas que apuntan claramente -demasiado- a un troll están a punto de provocar la bronca… otra vez.

Ver a Sam Vimes ejercer de padre me ha emocionado. Hay una página del libro que podría firmar:

Llegaría a casa a tiempo. ¿Hubiera importado un minuto? No, probablemente no, aunque el joven Sam parecía tener un reloj interno muy preciso. Posiblemente hasta dos minutos hubiesen colado. Tres, incluso. Podía estirarse a cinco, quizá, pero hasta ahí. Si uno podía retrasarse cinco minutos después llegaría a diez, luego a media hora, un par de horas… y no vería a su hijo en toda la tarde. De modo que no había más que hablar. Seis en punto, sin demora. Todos los días. Leer al joven Sam. Sin excusas. Se lo había prometido a sí mismo. Sin excusas. Ni una sola. Una buena excusa abría la puerta a las malas.

Tenía pesadillas sobre llegar tarde.

Tenía muchas pesadillas sobre el joven Sam. Las protagonizaban cunas vacías, y la oscuridad.

Todo había ido demasiado… bien. En el transcurso de unos pocos años él, Sam Vimes, había ascendido en el mundo como un globo. Era duque, dirigía la Guardia, era poderoso, estaba casado con una mujer cuya compasión, amor y comprensión sabía que un hombre como él no merecía, y era más rico que Creosoto. La fortuna había hecho llover su maná, y él había sido el hombre del cuenco grande. Y todo había pasado tan, tan rápido.

Entonces había llegado el joven Sam. Al principio había estado bien. El bebé era, en fin, un bebé: bamboleos de cabeza, eructos y ojos desenfocados, dominio exclusivo de su madre. Y después, una tarde, su hijo se había vuelto, había mirado directamente a Vimes con unos ojos que para su padre eclipsaron todos los fanales del mundo, y el miedo había entrado en tromba en la vida de Sam Vimes. Toda esa buena suerte, toda esa alegría desbocada. .. estaba mal. Sin duda el universo no iba a permitir semejante cantidad de dicha en un solo hombre, no sin pasar factura. En alguna parte se estaba formando una gran ola oscura, y cuando rompiera sobre su cabeza se lo llevaría todo por delante. Había días en los que estaba seguro de oír su lejano rugido…

Cuantas veces, con mi luminosa y recién estrenada felicidad, me he sentido como si fuera demasiado para una sola persona.

La crítica del arte contemporáneo no tiene desperdicio:

—¡Epa, esso debe de ser una pista, sargento! —exclamó Nobby, que había retomado su actividad habitual de deambular toqueteando cosas para ver si eran valiosas—. ¡Mire, alguien ha tirado aquí cantidad de basura apestosa!

Su vagar lo había llevado junto a un pedestal sobre el que, en efecto, parecía elevarse un montón de trapos.

—¡No toque esso, por favor! —dijo sir Reynold mientras se le acercaba a toda prisa—. ¡Esto es No me hables de los lunesl ¡Se trata de la obraaa más polémicaaa de Daniellarina Mohína! ¿No ha movido nada, verdad? —añadió con nerviosismo—. ¡Su valor es literalmente incalculableah, y la artissta tiene muy malas pulgas!

—Solo es un montón de basura vieja —protestó Nobby, mientras retrocedía.

—El arte ess más grande que la sumaaa de sus meros componentes mecánicos, caboah —dijo el conservador—. Sin duda ussted no diría que las Tres mujeres gruesas rosadas y un trozoah de gasa de Caravati es solo, ejem, «un montón de pigmento vie-joah»?

—¿Y qué pasa con este? —replicó Nobby señalando el pedestal adyacente—. ¡Solo es un palo gordo con un clavo! ¿También es arte?

—¿Libertad? Si alguna vez saliera al mercadoah, probable-menteah no bajaría de los treinta mil dólaress —dijo sir Reynold.

—¿Por un cacho de madera con un clavo atravesado? —preguntó Fred Colon—. ¿Quién lo hizo?

—Después de vissitar No me hables de los lunes, lord Vetina-ri tuvo la gentilezaaa de hacer que clavasen a la sseñora Mohína a la esstaca por la oreja —explicó sir Reynold—. Sin embargooo, consiguió liberarse a base de tirones esa missma tarde.

—¡Estaría cabreada! —dijo Nobby.

—No después de ganar varioss premios por ella.

Pero dejando de lado los méritos del libro -que los tiene y muchos, y estoy de acuerdo con los británicos, si no es la mejor es de las mejores novelas de Pratchett- lo que más me ha sorprendido es la traducción. Es la primera vez que creo que la traducción está a la altura del original, y eso que han pasado por aquí buenos traductores. No sólo es que se intenten mantener los acentos de los diversos personajes, que ya iba siendo hora. Es que se mantienen juegos de palabras con acierto y originalidad. Desde el aparato agenda electrónico, llamado Gamberry hasta cuando Vimes piensa en aparecer con la cara lavada y recién peinada. Firmaría por una revisión de las novelas anteriores con la misma calidad.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (66/365)

enero 22, 2010

Terry Pratchett. Mort.

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Ediciones Altaya, 2008. 288 páginas.
Tit. Or. Mort. Trad. Cristina Macía.

Terry Pratchett, Mort
Curioso aprendiz

Relectura gracias a mi hermano y a la nueva colección de Altaya que me permitirá completar los números que me faltan. Pratchett no necesita presetnación en esta bitácora, y aunque no todos sus libros tienen la misma calidad, siempre es un placer leerlo.

Mort es un joven bastante patoso al que su padre quiere meter de aprendiz para que espabile. Pero nadie lo quiere… o casi. La MUERTE necesita un ayudante y le enseñará los trucos del oficio. Pero Mort tiene su corazoncito y cuando tiene que llevarse a una bella princesa vacila un poco, y empieza a cambiar la estructura del universo. Mientras tanto la MUERTE le va cogiendo gusto a delegar y a disfrutar de la vida, lo que provocará un montón de graciosas situaciones.

Todos los libros con la MUERTE como protagonista me causan un placer agridulce. Las reacciones que el autor pone en los personajes que van muriendo y lo que les sucede. A uno le gustaría que las cosas fueran así y que cuando todo se acaba, viniera un esqueleto que habla con mayúsculas a llevarte a tu última morada.

Entre las perlas del libro se encuentran esta descripción de Ankh-Morpork:

Los poetas han intentado describir Ankh-Morpork. Y no lo han logrado. Quizá se deba a la animada vitalidad del lugar, o quizá sea sencillamente que una ciudad con un millón de habitantes y ni una sola cloaca resulta más bien fuerte para los poetas, que prefieren los narcisos, y con razón. De modo que digamos nada más que Ankh-Morpork está tan llena de vida como un queso pasado en un día caluroso, que resulta tan llamativa como una maldición en una catedral, tan brillante como una capa de aceite, tan colorida como un cardenal y tan llena de actividad, industria, bullicio y de exuberante concurrencia como un perro muerto tendido sobre un nido de termitas.

Había templos con las puertas abiertas de par en par que llenaban las calles con sonidos de gongs, címbalos y, en el caso de algunas de las religiones más conservadoras y funda-mentahstas, los breves gritos de las víctimas. Había tiendas cuyas extrañas mercancías aparecían desparramadas en la calle. Al parecer había también una ligera profusión de muchachas amistosas que no podían permitirse el lujo de comprarse mucha ropa. Había bengalas, y malabaristas, y vendedores variados de trascendencia instantánea.

La diferencia entre sacerdotes y magos:

—Es increíble —dijo Mort—. No sé, da usted la impresión de querer morirse.

—Echaré de menos algunas cosas —dijo—. Pero empieza a escasear, sabes. Me refiero a la vida. Ya no se puede confiar en el propio cuerpo, y es hora de marcharse. Supongo que me ha llegado la hora de probar otra cosa. ¿Te ha dicho que los magos podemos verla siempre?

—No —respondió Mort.

—Pues sí, la vemos.

—No le gustan mucho los hechiceros y las brujas —le informó Mort.

—A nadie le caen bien los sabelotodos —dijo ella no sin cierta satisfacción—. Le causamos problemas, ¿sabes? Los sacerdotes no, por eso le gustan los sacerdotes.

—Nunca me lo ha dicho —comentó Mort.

—Ah. Se pasan la vida diciéndole a la gente lo bien que van a estar cuando se mueran. Y nosotros lo que hacemos es decirles que aquí también se lo pueden pasar muy bien si se lo proponen.

Mort titubeó. Quería decirle: se equivoca, él no es así, no es así en absoluto, no le importa si la gente es buena o mala con tal de que sea puntual. Y además, es amable con los gatos, habría querido añadir.

Pero se lo pensó mejor y se le ocurrió que la gente necesitaba tener cosas en las que creer.

La eficacia de los métodos adivinatorios:

—Bueno, aquí tenemos las cartas del Caroc —dijo no muy seguro—. La sabiduría destilada de los Antiguos y cosas por el estilo. También tengo el Ching Aling del Eje. Está haciendo furor entre la gente bien. Pero no leo las hojas de té.

—Probaré con el Ching no sé cuántos.

—Entonces lanza al aire estos tallos de milenrama.

Ella obedeció y luego los dos se quedaron mirando el efecto.

—Mmmm —murmuró Buencorte al cabo de unos instantes—. Pues bien, uno ha caído en la chimenea, otro en el tazón del chocolate, otro ha ido a parar a la calle, lo que más siento es la ventana, otro sobre la mesa y uno, no, dos detrás de la cómoda. Espero que la señora Nugent logre encontrar los demás.

—No me dijiste con cuánta fuerza había que lanzarlos. ¿Pruebo otra vez?

—Nooo, mejor no. —Buencorte hojeó un libro amarillento que momentos antes había aguantado la pata de la mesa y dijo—: Al parecer, el dibujo tiene sentido. Sí, aquí está, Octo-grama ocho mil ochocientos ochenta y siete: La Ilegalidad, la Oca de la No Expiación. Esto nos remite a… un momento… un momento… sí. Ya lo tengo.

—¿Y bien?

—«Sin verticalidad, el emperador escarlata avanza sabiamente a la hora del té; por la noche, el molusco permanece silencioso entre la flor del almendro.»

—¿Sí? —dijo Keli, respetuosa—. ¿Y qué significa?

—Probablemente muy poco, a menos que seas un molusco —respondió Buencorte—. Creo que con la traducción puede haber perdido algo.

La muerte buscando trabajo:

—¿De verdad es usted la Muerte? —inquirió Keeble.

Sí.

—¿Por qué no me lo dijo antes?

LA GENTE PREFIERE QUE NO LO HAGA

Keeble rebuscó entre sus papeles riéndose como un histérico.

—¿Quiere dedicarse a otra cosa? —preguntó—. ¿Hada de los Dientes? ¿Hombre del saco? ¿Coco?

NO SEA TONTO. Yo SOLO SIENTO NECESIDAD DE UN CAMBIO.

Finalmente, después de rebuscar frenéticamente, Keeble logró dar con el papel que necesitaba. Lanzó una risotada enajenada y se lo entregó a la Muerte.

La Muerte lo leyó.

¿Y ESTO ES UN TRABAJO? ¿A LA GENTE LE PAGAN POR ESTO?

Descárgalo gratis:

Terry Pratchett – Mundodisco 04 – Mort.pdf

(Necesitarás el programa EMule)

noviembre 2, 2007

Pratchett a granel

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Existe tal retraso entre la publicación de una nueva obra de esta autor y su traducción y edición en España que hay una serie de fans que se dedican a traducirlas por amor al arte y a distribuir el resultado de sus esfuerzos para deleite de los que no sabemos inglés pero amamos profundamente a Pratchett.

El ciclo para mí de lectura de un libro del autor es el siguiente: Primero me leo en formato electrónico la traducción no oficial, después se lo pido en préstamo a Mezkal cuando sale en castellano, y cuando aparece en bolsillo me lo compro para completar la colección. Estas traducciones algunas veces tienen un estilo silvestre, y en muchos casos están llenas de modismos latinoamericanos. Pero al estar realizadas por seguidores del MundoDisco tienen más aciertos que fallos, y suelen tener anotaciones extra.

En estos momentos he leído todo lo no-oficial, y se me han acumulado tantos que en vez de hacer una reseña individual haré un pupurrí general. Cuando vuelva a leerlos -no tardaré mucho- prometo dedicarles más tiempo. Les dejo un breve resumen, un extracto de cada uno de los libros, y enlaces a críticas más serias.

Terry Practhett, JingoJingo

Ya ha salido en castellano como ¡Voto a brios!. Ha aparecido un continente nuevo y Ankh-Morpork entrará en guerra con Klatch. Eso provocará una ola de xenofobia en las calles de la ciudad más cosmopolita del Mundo Disco. Leonardo de Quirm mostrará un curioso invento.
Reseña en el archivo de Nessus y en Miaullidos.

No había, en general, mucha excitación geológica. El hundimiento de continentes está habitualmente acompañado por volcanes, terremotos y también gran cantidad de pequeños botes llenos de hombres viejos y ansiosos por construir pirámides y círculos místicos de piedra en alguna nueva tierra, donde el hecho de ser los poseedores de una genuina antigua sabiduría oculta podía servirles para atraer muchachas. Pero el surgimiento de éste apenas causó un murmullo en el esquema puramente físico de las cosas. Se movió más o menos sigilosamente, como el gato que ha estado fuera unos días y sabe que te has preocupado.
Por las costas del Mar Circular una gran ola, de sólo cinco o seis pies al llegar a ellas, produjo comentarios. Y en varias áreas pantanosas el agua inundó algunos poblados de personas que a nadie importaban mucho. Pero en el más puro sentido geológico, no sucedió verdaderamente mucho.
En el más puro sentido geológico.

Terry Practhett, MascaradaMascarada

Parodia del fantasma de la ópera -con un toque de cantando bajo la lluvia- y protagonizada por las brujas. Estas deberán convencer a una bruja novata para no dejar de ser las tres brujas que toda tradición decente deba tener. La reseña en dreamers, y como es un libro con muchas referencias, aquí las anotaciones

Tres era el número natural para las brujas.

Y ellas habían perdido una. Bien, no perdido, exactamente. Magrat ahora era reina, y las reinas eran difíciles de extraviar. Pero… eso quería decir que solamente había dos de ellas en lugar de tres.

Cuando tenías tres, tenías una para andar de un lado para otro tratando que las personas se organizaran cuando había que hacer una fila. Magrat había sido buena para eso. Sin Magrat, Tata Ogg y Yaya Ceravieja se crispaban los nervios mutuamente. Con ella, las tres habían sido capaces de crispar los nervios de absolutamente todos los demás en el mundo entero, que era mucho más divertido.

Terry Practhett, La VerdadLa verdad

William de Worde acaba de crear algo extraordinario: The Ankh-Morpork Times, el primer periódico del Mundo Disco. Pero los problemas no tardan en aparecer, y también la competencia. Reseña en Bibliópolis y en El bidorto

El rumor se esparció a través de la ciudad como un incendio (el cual se esparcía bastante frecuentemente a través de Ankh-Morpork ya que sus ciudadanos habían aprendido las palabras ‘seguro de incendio’)
Los enanos pueden convertir el plomo en oro…
Zumbó a través del aire fétido del cuartel de los Alquimistas, donde habían estado tratando de hacer lo mismo por siglos sin éxito, pero que estaban seguros de lograrlo para mañana, o el siguiente martes al menos, o a fin de mes definitivamente.
Causó especulación entre los hechiceros de la Universidad Invisible, donde ellos podían convertir un elemento en otro, siempre y cuando no importara que se volviera a lo anterior al día siguiente, y ¿donde estaba lo bueno de eso? Además, la mayoría de los elementos eran felices donde estaban.
Se escurrió dentro de las orejas marcadas, hinchadas y algunas veces inexistentes del Gremio de Ladrones, donde las personas ponían borde a sus palancas. ¿A quién le importaba de dónde venía el oro?
Los enanos pueden convertir el plomo en oro…
Llegó hasta los oídos fríos pero increíblemente agudos del Patricio, y lo hizo tan bastante rápido porque no se permanece como gobernante en Ankh-Morpork por mucho tiempo si se es el segundo en conocer las noticias. Suspiró y tomó nota de ello, y la agregó a un montón de otras notas.
Los enanos pueden convertir el plomo en oro…
Llegó hasta las puntiagudas orejas de los enanos.
—¿Podemos?
—Maldita sea si lo sé. Yo no puedo.
—Sí… pero si pudieras no lo dirías. Yo no lo diría, si yo pudiera.
—¿Puedes?
—¡No!
—Ah… ¡ha!

Terry Practhett, El último heroeEl último heroe

Una novela breve que tiene dos historias paralelas; por un lado Cohen el bárbaro va a devolverles a los dioses el fuego robado. Por el otro Rincewind se verá embarcado en un viaje espacial similar a las misiones Apolo. Uno de los mejores libros de la saga del Mundodisco. Reseña enMarea de papel.

Dicen que volar ha sido siempre uno de los mayores sueños de la Humanidad. De hecho es un mera reminiscencia de los antecesores del Hombre, cuyo mayor sueño era descender de los árboles. De cualquier forma, otro de los grandes sueños de la Humanidad ha sido, por ejemplo, ser perseguido por enormes botas con dientes. Y nadie dice que ese tenga sentido.
Tres ocupadas horas después, Lord Vetinari, el Patricio de Ankh—Morpork se encontraba de pie en el recibidor principal de la Universidad Invisible y estaba impresionado. Los magos, una vez han entendido la urgencia de un problema, almorzado y discutido sobre el pudin, pueden realmente trabajar bastante rápido.
Su método para encontrar una solución era, por lo que pudo ver el Patricio, el bullicio creativo. Si la pregunta era: “¿Cuál es el mejor hechizo para convertir un libro de poesía en una rana?”, entonces la única cosa que no harían sería mirar en algún libro que tuviera un título del tipo: “Principales Hechizos Amfíbicos en un Medio Literario: una Contraposición”. Eso sería, de alguna forma, hacer trampa. En vez de eso se pasarán el rato discutiendo el asunto, reunidos alrededor de una pizarra, pasándose la tiza de uno a otro y escribiendo sobre lo que el anterior poseedor de la tiza estaba escribiendo antes de que este hubiera terminado la segunda parte de su frase. De alguna forma, pero, parecía que la cosa funcionaba. Ahora algo se elevaba en el centro del vestíbulo. Al Patricio, que había sido educado en las artes, le parecía una gran lupa rodeada de basura.

Terry Pratchett, The Science of discworldCiencia mundo dico

Un relato de Pratchett sirve de excusa para realizar divulgación científica. El relato es bueno, pero la divulgación deja bastante que desear; no es muy profunda y en algunas ocasiones demasiado especulativa. Me decepcionó mucho. Reseña en Sitio de ciencia ficción

ALGUNAS PREGUNTAS NO DEBERÍAN SER FORMULADAS. De todos modos, alguien siempre lo hace.
—¿Cómo funciona? —dijo el ArchiCanciller Necesitoron Ridículo, el Director de la Universidad Unseen.
Esa era la clase de preguntas que Caviloso Stibbons odiaba casi tanto como, ‘¿Cuánto cuesta?’ Eran dos de las preguntas más duras que tenía que enfrentar un investigador. Como el director, de facto, de los desarrollos mágicos de la universidad, se había especializado en evitar preguntas sobre financiamiento, a todo costo.
—De manera bastante compleja —finalmente aventuró.
—Ah.
—Lo que yo quisiera saber —dijo el Discutidor Mayor—, es cuándo tendremos la cancha de squash otra vez.
—Tú nunca juegas, Discutidor Mayor —dijo Ridículo, mirando hacia la alta y negra construcción que ocupaba el centro de la vieja cancha de la universidad.[3]
—Podría quererlo un día. Será condenadamente difícil con esa cosa en el medio, esa es mi opinión. Tendremos que re-escribir las reglas completamente.

Monstruoso regimiento

En todas partes hay historias acerca de mujeres que se disfrazan de hombres para entrar en el ejército siguiendo a su amado. Polly es una de ellas y descubrirá que no es fácil aparenter ser un hombre. Reseña en No siga leyendo.

Olvida que alguna vez fuiste Polly. Piénsate muchacho, ésa era la cuestión. Tirarse pedos ruidosamente y con la satisfacción de un trabajo bien hecho, moverse como una marioneta con un par de cordeles cortados, nunca abrazar a nadie y, si te encuentras con un amigo, golpearlo. Algunos años de trabajo en el bar le habían provisto de abundante material de observación. No tenía problemas en no balancear sus caderas, al menos. La naturaleza también había sido muy escasa allí.

Y entonces, para completar, estaba la caminata de muchacho. Al menos las mujeres sólo balanceaban sus caderas. Los muchachos balanceaban todo, desde los hombros para abajo. Tienes que tratar de ocupar mucho espacio, pensó. Te hace parecer más grande, como un gato mullendo su cola. Lo había visto muchas veces en la posada. Los muchachos trataban de caminar a lo grande en defensa propia contra todos esos otros muchachos grandes de ahí. Soy malo, soy feroz, estoy tranquilo, me gustaría una pinta de cerveza con limonada y mi mami me quiere en casa antes de las nueve…

Veamos, ahora… brazos lejos del cuerpo como si sujetara un par de bolsas de harina… revisado. Los hombros deben balancearse como si se estuviera abriendo camino a través de una multitud… revisado. Las manos ligeramente cerradas y haciendo movimientos cíclicos y rítmicos como si giraran dos asas independientes conectadas a la cintura… revisado. Las piernas moviéndose hacia adelante con holgura y como las de un simio… revisado…

Resultó durante unas pocas yardas hasta que hizo algo mal y la resultante confusión muscular la lanzó dentro de un arbusto de acebos. Después de eso, se rindió.

Pratchett, Terry , Carpe YúgulumCarpe yugulum

Magrat Ajostiernos ha tenido una hija y ha cometido dos errores: extraviar la invitación a Yaya ceravieja -y ya sabemos lo que un hada madrina contrariada puede hacer- e invitar a unos vampiros de Uberwald. Que no son unos vampiros cualquiera: son modernos. Reseña en Dreamers y El biblioblog.

Hay muchas clases de vampiros. Efectivamente, se dice que hay tantas clases de vampiros como tipos de enfermedades.[1] Y ellos no son exactamente humanos (si los vampiros fueran humanos). A lo largo de todas las Montañas del Carnero se puede hallar la creencia de que cualquier herramienta aparentemente inocente, sea martillo o sierra, buscará sangre si no se la usa durante más de tres años. En Ghat creen en sandías-vampiro, aunque el folclore permanece silencioso sobre qué creen sobre las sandías-vampiro. Posiblemente chupan a la inversa.

Dos cosas han desconcertado a los investigadores de vampiros tradicionalmente. Una es: ¿por qué los vampiros tienen tanto poder? Los vampiros son tan fáciles matar, señalan. Hay docenas de maneras de despacharlos, además de la estaca a través del corazón, que también resulta en personas normales de modo que si usted tiene estacas que le sobren no tiene que desecharlas. Clásicamente, ellos pasaban el día en algún ataúd en algún lugar, sin otro guardián aparte de un anciano jorobado que no parece demasiado activo, y que debería sucumbir ante una turba bastante pequeña. Sin embargo, sólo uno puede mantener a toda una comunidad en estado de sombría obediencia…

El otro enigma es: ¿por qué los vampiros son siempre tan estúpidos? Como si llevar ropa de noche todo el día no fuera una revelación involuntaria de no-muerto, ¿por qué eligen vivir en viejos castillos que ofrecen tanto en el camino de derrotar a un vampiro, como cortinas que se rompen fácilmente y adornos de pared que fácilmente pueden ser retorcidos en símbolos religiosos? ¿Piensan realmente que deletrear su nombre de atrás para adelante engaña a alguien?

[1] Que presumiblemente quiere decir que algunos son violentos y mortales, y que otros sólo le hacen caminar de una manera graciosa y evitar la fruta. (Nota del autor)

Terry Pratchett, El asombroso Maurice y sus educados roedoresEl asombroso Maurice y sus educados roedores

Deambular por los alrededores de la Universidad Invisible puede tener extrañas consecuencias; como conseguir que un gato y unos ratones se vuelvan inteligentes. Junto con un chaval que hará de flautista se dedicarán a ganarse la vida por los pueblos. Reseña en Bem online.

—Supongo que sí —dijo—. Graciosa manera de decirlo. El concejo del pueblo hace las leyes, en realidad. Él sólo dirige el sitio y discute con todos. Y dice que no deberíamos tener más raciones que las otras personas, para demostrar solidaridad en estas épocas difíciles. Fue bastante malo que los turistas dejaran de visitar nuestros baños termales, pero las ratas lo han empeorado. —Tomó un par de platillos del gran aparador de la cocina—. Mi padre dice que si somos sensatos habrá suficiente para salir adelante —continuó—. Lo cual creo que es muy loable. Estoy de acuerdo completamente. Pero creo que ya que has demostrado solidaridad, se debería permitir que tomes sólo un poquito más. De hecho, creo que tomamos un poco menos que todos los demás. ¿Puedes imaginar? Por cierto… de modo que realmente eres un gato mágico, entonces. —terminó, mientras vertía leche en un platillo. Rezumó más que chorreó, pero Maurice era un gato de la calle y bebería leche tan podrida que trataría de alejarse gateando.

—Oh, sí, eso es correcto, mágico —dijo, con un anillo amarillo-blanco alrededor de la boca. Por dos cabezas de pescado sería cualquier cosa para cualquiera.

—Probablemente pertenecías a una bruja, supongo, con un nombre como Griselda o uno de esos nombres —dijo la niña, poniendo las cabezas de pescado sobre otro platillo.

—Sí, correcto, Griselda, correcto —dijo Maurice, sin levantar la cabeza.

—Que vivía en una cabaña de pan de jengibre en el bosque, probablemente.

—Sí, correcto —dijo Maurice. Y entonces, porque no sería Maurice si no pudiera ser un poco ingenioso, añadió—: Sólo que era una cabaña de pan de salvado, porque estaba adelgazando. Bruja muy sana, Griselda.

Los hombrecillos libres

Si Rowling tiene a Harry Potter, Pratchett tiene a Tiffany. Junto con esos extraños pitufos escoceses a los que nadie conseguirá arrebatarles su libertad tendrá que rescatar a su hermano, secuestrado por la Reina de un extraño mundo de sueños. Reseña en P. Jorge.

Algunas cosas empiezan antes que otras cosas.

Era una llovizna de verano pero no parecía saberlo, y la lluvia caía a cántaros tan rápidamente como una tormenta de invierno.

La Srta. Perspicacia Tick estaba sentaba en el pequeño refugio que un deshilachado seto podía brindarle, y exploraba el universo. No notaba la lluvia. Las brujas se secan rápidamente.

La exploración del universo estaba siendo hecha con un par de ramitas atadas con cordel, una piedra con un hoyo, un huevo, una de las medias de la Srta. Tick que también tenían un hoyo, un alfiler, un trozo de papel y un diminuto cabo de lápiz. A diferencia de los magos, las brujas aprenden a salir del paso con muy poco.

Los artículos habían sido atados y retorcidos para hacer un… dispositivo. Se movía curiosamente cuando lo tocaba. Una de las ramitas parecía pasar justo a través del huevo, por ejemplo, y salir por el otro lado sin dejar marca.

—Sí —dijo tranquilamente, mientras la lluvia chorreaba del borde de su sombrero—. Allí está. Una notable onda en las murallas del mundo. Muy preocupante. Probablemente haya otro mundo haciendo contacto. Eso nunca es bueno. Debería ir allí. Pero… de acuerdo con mi codo izquierdo, ya hay una bruja ahí…

—Ella lo solucionará, entonces —dijo una pequeña y, por ahora, misteriosa voz desde algún sitio cerca de sus pies.
—No, no puede estar bien. Está el país de creta por ese rumbo —dijo la Srta. Tick—. No puedes volverte una buena bruja sobre la creta. Las cosas apenas son más duras que la arcilla. Necesitas de la buena roca dura para volverte bruja, créeme. —La Srta. Tick sacudió la cabeza, rociando gotas de lluvia—. Pero mis codos son en general muy confiables.

Terry Pratchett, Ladron de TiempoLadrón de tiempo

Jeremy Clockson es un buen relojero; quizás el mejor. Por eso los Auditores le encargan que construya un reloj de cristal perfecto. Las consecuencias pueden ser terribles y por eso un joven aprendiz de los monjes de la historia tratará de impedirlo. Como curiosidad decir que aparece un personale llamado “Soto”, que es el apellido de Marco Soto, que ganó en una subasta de caridad el derecho de aparecer como un personaje en una novela de Mundodisco. Reseñas en la Wikipedia y en el Biblioblog

De acuerdo con el Primer Rollo de Wen el Eternamente Sorprendido, Wen salió de la cueva donde había recibido la iluminación y hacia la luz del amanecer del primer día del resto de su vida. Se quedó mirando el sol naciente durante algún tiempo, porque nunca lo había visto antes.

Pateó con la sandalia la dormida forma de Torpón el aprendiz, y dijo:

—He visto. Ahora comprendo.

Entonces paró, y miró la cosa junto a Torpón.

—¿Qué es esa cosa asombrosa? —dijo.

—Er… er… es un árbol, maestro —dijo Torpón, todavía no muy despierto—. ¿Recuerda? Estaba ahí ayer.

—No había ayer.

—Er… er… yo creo que había, maestro —dijo Torpón, poniéndose de pie con esfuerzo—. ¿Recuerda? Llegamos hasta aquí y cociné una comida, y me comí la cáscara de su sklang porque usted no la quería.

—Recuerdo ayer —dijo Wen pensativo—. Pero el recuerdo está en mi cabeza ahora. ¿Era ayer real? ¿O solamente el recuerdo es real? Realmente, ayer no había nacido.

La cara de Torpón se convirtió en una máscara de angustiada incomprensión.

—Mi querido estúpido Torpón, he aprendido todo —dijo Wen—. En la palma de la mano no hay ningún pasado, ningún futuro. Hay solamente ahora. No hay ningún tiempo sino el presente. Tenemos mucho que hacer.

Torpón vaciló. Había algo nuevo en su maestro. Había un brillo en sus ojos y, cuando se movía, había extrañas luces azul-plata en el aire, como reflejos de espejos líquidos.

—Ella me lo dijo todo —continuó Wen—. Sé que el tiempo fue hecho para los hombres, no lo contrario. He aprendido cómo darle forma y doblarlo. Sé cómo hacer que un momento dure para siempre, porque ya ha durado. Y puedo enseñarte estas destrezas incluso a ti, Torpón. He escuchado el palpitar del universo. Sé las respuestas para muchas preguntas. Pregúntame.

El aprendiz le lanzó una mirada legañosa. Era demasiado temprano por la mañana para ser temprano por la mañana. Era lo único que en ese momento sabía con seguridad.

—Er… ¿qué desea el maestro para desayunar? —dijo.

Wen miró hacia abajo de su campamento y a través de los campos de nieve y las montañas púrpura a la luz dorada del día que creaba el mundo, y meditó sobre ciertos aspectos de la humanidad.

—Ah —dijo—. Una de las difíciles.

Un sombrero lleno de cielo

Sigue la educación de Tiffany, y Yaya Ceravieja ha decidido que la mejor instructora para ella es Miss Level. En su aprendizaje se cruzará una especie de mente colmena que está buscando un cuerpo, aunque contará con la ayuda de los Nac Mac Feegle. Reseña en No siga leyendo

Los Nac Mac Feegle, la más peligrosa de las razas de hadas, particularmente cuando están borrachos. Adoran beber, pelear y robar, y de hecho robarán cualquier cosa que no esté clavada. Si está clavada, también robarán los clavos.

Sin embargo, aquellos que han logrado llegar a conocerlos, y sobrevivir, dicen que también son asombrosamente leales, fuertes, obstinados, valientes y, a propia manera, muy virtuosos. (Por ejemplo, no les robarán a las personas que no tienen nada.)

El hombre Feegle corriente (las mujeres Feegle son raras —ver más adelante) mide aproximadamente seis pulgadas de estatura, de pelo rojo, la piel azul por los tatuajes y la tintura llamada woad y, ya que usted está tan cerca, probablemente está a punto de golpearlo.

Viste una falda escocesa hecha de cualquier tela vieja, porque entre los Feegle la lealtad al clan es mostrada por los tatuajes. Puede llevar un yelmo de cráneo de conejo, y los Feegle a menudo decoran sus barbas y pelo con plumas, cuentas y cualquier otra cosa que atraiga su fantasía. Casi seguramente lleva una espada, aunque sea principalmente para aparentar; los métodos preferidos por los Feegle para pelear son con la bota y la cabeza.

Aquí hay un resumen de toda la saga: La idea fija.

Escuchando: Showdown. The Isley Brothers.

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