Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

julio 22, 2012

Terry Pratchett. El atlético invisible.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 10:31 am
          0 votos

Terry Pratchett, El atlético invisible

Después de la pequeña decepción que me supuso Dinero a mansalva, me alegra ver en esta novela que Pratchett recupera su mordacidad, su habilidad para hilvanar historias reflejando nuestra sociedad, y su fe en el género humano.

El protagonista es el fútbol, la Universidad Invisible deberá jugar un partido si no quiere perder unas rentas. Pero antes se cambiarán las reglas del juego, que ha degenerado en una batalla campal en la que apenas se marcan goles, ya que lo importante es masacrar al adversario. Entre todo este barullo dos enamorados de dos equipos rivales, al estilo de los Montescos y Capuletos, trasladarán al Mundodisco la eterna relación entre futbolistas y modelos (aunque para que ocurra se tendrá que inventar esa profesión).

Además de todo esto tenemos a un orco intentando demostrar su valía, a un Vetinari en plenas facultades que se atreve a emborracharse y a nuestro querido bibliotecario convertido en un imbatible guardameta.

Humor, amor y ternura. El Pratchett de siempre. La traducción de Gabriel, brillante.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (324/365)

Extracto:

—Me estaba preguntando, señor… La vela que nunca se apaga, ¿cuántas veces… no se ha apagado?

Smeems se tragó la réplica hiriente. Por algún motivo, supo que no haría sino crear problemas a largo plazo.

—La vela que nunca se apaga ha dejado de apagarse tres veces desde que soy paje de velas, muchacho —respondió—. ¡Es un récord!

—Una hazaña envidiable, señor.

—¡Y que lo digas! Y eso con todas las cosas raras que están pasando últimamente.

—¿De verdad, señor? —dijo Huebo—. ¿Han estado pasando cosas más raras de lo normal?

—Joven, las cosas más raras de lo normal suceden a todas horas.


—Ejem, aquí sale una tradición que, por desgracia, no parecemos haber cumplido durante un tiempo considerable, archicanciller —dijo, logrando no sonar preocupado.

—Bueno, ¿acaso importa? —preguntó Ridcully mientras se estiraba.

—Es tradicional, archicanciller —le reprochó Ponder—. Aunque me atrevería a decir que no observarla, por desgracia, se ha convertido ya en la tradición.

—Bueno, pues no se hable más, ¿no? —dijo Ridcully—. Si podemos hacer una tradición de no observar otra tradición, pues doblemente tradicional, ¿verdad? ¿Qué problema hay?

febrero 23, 2012

Terry Pratchett. Dinero a mansalva.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 6:52 am
          0 votos

Terry Pratchett, Dinero a mansalva
Mondadori, 2012. 396 páginas.
Tit. or. Making money. Trad. Gabriel Dolls Gallardo.

La banca gana

No suelo comprar nuevos los libros de Pratchett, pero de vez en cuando hay que darse un lujo. Sobre todo si los puedes encontrar muy rebajados en el marcado de San Antonio.

Húmedo von Mustachen, timador reconvertido en jefe de correos, ha conseguido que la institución a su mando funcione como un reloj. Pero se aburre. Hasta que Lord Vetinari consiga, muy a su pesar, y mediante una carambola testamentaria con perro implicado, hacerle director del banco nacional de Ankh-Morpok, y de la casa de la moneda. Mientras intenta conseguir que no le maten se le ocurrirá introducir una novedad: el papel moneda. Mientras, su adorada Buencorazón ha encontrado a unos golems increíblemente antiguos…

Podría decir que Pratchett ha perdido punch, pero después de 36 novelas del mundo disco lo sorprendente es que todavía consiga hacerme reír con sus agudezas, y de que siga en la brecha pese al Alzheimer prematuro que padece (y supongo que por eso figuran él y su mujer como autores). Eso sí, ha ganado en estructura narrativa y ¡que demonios! me sigue gustando un montón.

En plena crisis financiera la parodia del sistema bancario parece suave, pero el autor no podía saber que apenas un año después del libro se desencadenaría el caos. La traducción está muy bien pero sin alcanzar lo sublime como en ¡Zas!. El protagonista tiene carisma suficiente como para tener más libros en la saga.

La novedad provoca que no haya muchas reseñas en la web: entrada en la wikipedia, Dinero a Mansalva, en Crónicas literarias: Dinero a mansalva, y en Zona Fandom: Dinero a mansalva.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (176/365)

Extractos:

Al señor Doblado le gustaba contar. En los números se podía confiar, salvo tal vez en pi, pero ya trabajaba en él en su tiempo libre y tarde o temprano acabaría rindiéndose.
Estaba sentado en su cama, observando cómo los números bailaban en su cabeza. Siempre habían bailado para él, hasta en los malos tiempos. Y los malos tiempos habían sido malísimos. Ahora, tal vez, se avecinaban otros.

—Una dicotomía interesante, en realidad, puesto que tampoco lo son los payasos —dijo Vetinari.
—Siempre lo he pensado —dijo Adora Belle.
—Son trágicos —añadió Vetinari—, y nos reímos de su tragedia como nos reímos de la nuestra. La sonrisa pintada nos asalta desde la oscuridad y se burla de nuestra demencial fe en el orden, la lógica, el estatus, la realidad de la realidad. La máscara sabe que nacemos sobre la piel de plátano que solo conduce a la alcantarilla abierta de la perdición, y que lo único que podemos esperar es el aplauso de la multitud.
—¿Dónde encajan esos animales de globos que chirrían? —preguntó Húmedo.

—Aun así, sería espantoso que cayera en las manos equivocadas, Igor. Me pregunto si debería entregar el Borbotrón al gobierno. ¿Qué opinas?
Igor recapacitó. En su experiencia, una definición excelente de «las manos equivocadas» era «el gobierno».

noviembre 28, 2011

Terry Pratchett. ¡Voto a Bríos!

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 6:02 am
* * *     1 votos

DeBols!llo, 2009. 400 páginas.
Tit. Or. Jingo. Trad. Javier Calvo.
Terry Pratchett, ¡Voto a Bríos!
Antipatriotismo

Otra novela del mundodisco con la guardia como protagonista (mis preferidas), que tiene su propia entrada en la wikipedia: ¡Voto a Bríos!. Yo la leí hace mucho en traducción no oficial, siguiendo mi esquema habitual.

Ha aparecido una isla entre Ankh-Morpork y la ciudad Klatchiana de Al-Khali. Ambas ciudades intentarán conquistar el territorio, lo que provocará altercados dentro de Ankh-Morpork. El príncipe Khufurah es asesinado y Vimes viajará a Klatch con la misión de detener a su supuesto asesino. Vetinari es depuesto de su cargo y viajará en un curioso artefacto inventado por Leonardo de Quirm.

Los recelos que sienten los habitantes de Ankh-Morpork hacia los klatchianos es un trasunto muy reconocible de la paranoia desatada en muchos países contra los musulmanes. Si los ánimos están exaltados es muy fácil que las situaciones se descontrolen y que gente normalmente pacífica cometa actos de los que se arrepentirá después.

Impagable la escena en la que ofrecen a Vimes ojos de cordero para comer y éste da su opinión sobre el asunto (si quieren saber cual es, lean el libro).

Calificación: Muy bueno (es de Pratchett).

Un día, un libro (89/365)

Extracto:
—¿Cómo? Oh… no es más que algo que solían decir las mujeres a los hombres cuando los mandaban a la guerra. Vuelve con tu escudo o encima de él.
—¿Encima de tu escudo? —dijo Nobby—. ¿Quieres decir… como usándolo de trineo o algo así?
—Como muerto —dijo Angua—. Quería decir: vuelve como vencedor o no vuelvas.
—Bueno, yo siempre vuelvo con el escudo —dijo Nobby—. Por ahí no hay problema.
—Nobby —suspiró Colon—. Tú solías volver con tu escudo, con el escudo de todos los demás, con un saco de dientes y con quince pares de botas todavía calientes. En una carreta.
—Bueeeno, no tiene sentido ir a la guerra si no vas a estar en el bando ganador —dijo Nobby, embutiéndose la pluma blanca en el casco.
—Nobby, tú siempre estabas en el bando ganador, más que nada porque te quedabas escondido a un lado esperando a ver quién ganaba y entonces le afanabas el uniforme bueno a algún pobre fiambre. Yo oí una vez que los generales no le quitaban ojo a lo que tú llevabas, para saber cómo estaba yendo la batalla.
—Muchos soldados han servido en varios regimientos distintos —dijo Nobby.
—No, claro, si tienes razón. Pero normalmente no durante la misma batalla —replicó el sargento Colon.

Y entonces se dio cuenta de por qué estaba pensando así.
Era porque quería que hubiera conspiradores. Era mucho mejor imaginar a un grupo de hombres en una habitación llena de humo, enloquecidos e impulsados al cinismo por el poder y los privilegios, conspirando mientras se bebían su coñac. Uno tenía que aferrarse a aquella clase de imágenes, porque si no tal vez se viera obligado a afrontar el hecho de que las cosas malas pasaban porque la gente normal y corriente, la misma que cepillaba a su perro y contaba cuentos a sus niños en la cama, era capaz de salir después a la calle y hacerle cosas horribles a otra gente normal y corriente. Era mucho más fácil echarles la culpa a Ellos. Resultaba del todo deprimente pensar que Ellos eran Nosotros. Si eran Ellos, entonces nada era culpa de nadie. Pero si éramos Nosotros, ¿qué decía eso de Mí? Al fin y al cabo Yo soy uno de Nosotros. Por fuerza. Ciertamente nunca he pensando en Mí mismo como uno de Ellos. Siempre somos uno de Nosotros. Y son Ellos los que hacen las cosas malas.

noviembre 16, 2011

Terry Pratchett. Ronda de noche.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 6:03 am
          0 votos

DeBols!llo, 2011. 396 páginas.
Tit. or. Night watch. Trad. Javier Calvo.
Terry Pratchett, Ronda de noche
Vuelta atrás

Me regalaron este libro por mi cumpleaños. De Pratchett, la guardia y con viajes en el tiempo. No podía pintar mejor. ¿Se cumplieron las expectativas? Baste decir que lo empecé a las 6 de la tarde y a las 9 de la mañana del día siguiente ya me lo había acabado. Vale que estaba de vacaciones, pero si esto no es engancharse a un libro, que venga dios y lo vea.

Sam Vimes está persiguiendo a un peligroso asesino por los tejados de la UNiversidad Invisible cuando una explosión de magia lo envía hacia atrás en el tiempo. Justo en el momento de una famosa revuelta que acabó en un baño de sangre, y a tiempo de enseñar a un recién incorporado a la guardia los mejores trucos de un policía viejo.

Un Sam Vimes en estado de gracia y por partida doble, un Lord Vetinari todavía joven, y dos encargos que cumplir -evitar un desastre y atrapar a un asesino- junto con la participación de los monjes del tiempo. Un cóctel que, pese a una ligera moralina, me pegaron al libro.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (77/365)

Extracto:
Y resultaba creíble hasta que uno le miraba fijamente a aquellos ojos sonrientes y descarados y veía, al fondo de todo, cómo los demonios le devolvían la mirada.
Pero no convenía pasarse demasiado tiempo mirando aquellos ojos, porque eso quería decir que entretanto los tuyos se habían apartado de sus manos, y para entonces una de ellas ya tenía un cuchillo.
Al policía medio le resultaba difícil tratar con aquella clase de gente. Los guardias suponían que cuando alguien se veía ampliamente superado en número, se rendiría o trataría de negociar o por lo menos dejaría de moverse. No se esperaban que hubiera alguien capaz de matar por un reloj de cinco dólares. (Un reloj de cien dólares ya era otra cosa. Al fin y al cabo, esto era Ankh-Morpork.)
—¿Estaba casado Fuerteenelbrazo? —preguntó. —No, señor. Vivía en Nuevos Remendones con sus padres. Padres, pensó Vimes. Peor todavía.
—¿Ha ido alguien a decírselo? —preguntó—. Y no me digas que ha ido Nobby. No queremos que se repita aquella estupidez de «te apuesto un dólar a que eres la viuda de Jackson». —He ido yo, señor. En cuanto hemos recibido la noticia. —Gracias. ¿Se lo han tomado mal? —Se lo han tomado… con solemnidad, señor. Vimes gimió. Se imaginaba sus expresiones. —Yo les escribiré la carta oficial —dijo, abriendo el cajón de su escritorio—. Busca a alguien que se la lleve, ¿quieres? Y que les diga que pasaré en persona más tarde. Tal vez no sea el momento de… —No, un momento, eran enanos, y a los enanos no les avergonzaba hablar de dinero—. Olvídalo… diles que tendremos preparados todos los detalles de su pensión y esas cosas. Y además, ha muerto estando de servicio. Bueno, casi. Eso es más dinero. Todo cuenta. —Hurgó en sus armarios—. ¿Dónde está su expediente?
—Aquí, señor —dijo Zanahoria, dándoselo con presteza—. Tenemos que estar en palacio a las diez, señor. Comité de la Guardia. Pero estoy seguro de que lo entenderán —añadió, al ver la cara de Vimes—. Voy a vaciar la taquilla de Fuerteenelbrazo, señor, y me imagino que los muchachos harán una colecta para comprar las flores y todo…
Después de que el capitán se fuera, Vimes se quedó pensativo delante de una página con membrete. Un expediente, tenía que consultar un maldito expediente. Pero últimamente había tantos guardias…
Una colecta para las flores. Y un ataúd. Hay que cuidar de los tuyos. Lo dijo el sargento Dickins, ya hace mucho tiempo…
No se le daban bien las palabras, y mucho menos las escritas, pero después de echar unos cuantos vistazos al expediente para refrescarse la memoria escribió lo mejor que se le ocurrió.
Y eran todo buenas palabras, y más o menos las correctas. Pero la verdad era que Fuerteenelbrazo no era más que un enano honrado que había cobrado por hacer de policía. Se había alistado porque en los tiempos que corrían apuntarse a la Guardia era una buena opción profesional. No pagaban mal, había una pensión decente, había un plan médico maravilloso si uno tenía agallas para someterse a los cuidados de Igor en el sótano y, después de un año más o menos, un agente formado en Ankh-Morpork podía marcharse de la ciudad y encontrar trabajo en las Guardias de las demás ciudades de la llanura con ascenso automático. Era el pan de cada día. Los llamaban los Sammies hasta en las ciudades donde nadie había oído hablar de Sam Vimes. Aquello lo enorgullecía un poquito. «Sammies» quería decir agentes de la Guardia que eran capaces de pensar sin mover los labios, qu e no aceptaban sobornos, o por lo menos no muchos, y solo si se trataba de cerveza y rosquillas, que hasta Vimes reconocía que eran la grasa que ayuda a que las ruedas giren suavemente; y eran, en general, hombres de confianza. Por lo menos para cierto valor de «confianza».

noviembre 5, 2011

Terry Pratchett. ¡Zas!

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 6:45 am
          0 votos

Plaza y Janés, 2011. 384 páginas.
Tit. Or. Thud!. Trad. Gabriel Dols Gallardo.
Terry Pratchett, ¡Zas!
Estrategia

Me presta mi amigo Mezkal el último de mi admirado Pratchett y por una vez me doy prisa con la reseña. Los fans británicos la eligieron como la mejor de la serie, y algo de eso hay.

Los enanos y los trolls están a la greña desde tiempos inmemoriales. Una batalla en un valle perdido que se recuerda de diferente manera por unos y otros y que se rememora anualmente mantiene vivo el odio. Pero la presencia de enanos radicales y el asesinato de uno con unas pistas que apuntan claramente -demasiado- a un troll están a punto de provocar la bronca… otra vez.

Ver a Sam Vimes ejercer de padre me ha emocionado. Hay una página del libro que podría firmar:

Llegaría a casa a tiempo. ¿Hubiera importado un minuto? No, probablemente no, aunque el joven Sam parecía tener un reloj interno muy preciso. Posiblemente hasta dos minutos hubiesen colado. Tres, incluso. Podía estirarse a cinco, quizá, pero hasta ahí. Si uno podía retrasarse cinco minutos después llegaría a diez, luego a media hora, un par de horas… y no vería a su hijo en toda la tarde. De modo que no había más que hablar. Seis en punto, sin demora. Todos los días. Leer al joven Sam. Sin excusas. Se lo había prometido a sí mismo. Sin excusas. Ni una sola. Una buena excusa abría la puerta a las malas.

Tenía pesadillas sobre llegar tarde.

Tenía muchas pesadillas sobre el joven Sam. Las protagonizaban cunas vacías, y la oscuridad.

Todo había ido demasiado… bien. En el transcurso de unos pocos años él, Sam Vimes, había ascendido en el mundo como un globo. Era duque, dirigía la Guardia, era poderoso, estaba casado con una mujer cuya compasión, amor y comprensión sabía que un hombre como él no merecía, y era más rico que Creosoto. La fortuna había hecho llover su maná, y él había sido el hombre del cuenco grande. Y todo había pasado tan, tan rápido.

Entonces había llegado el joven Sam. Al principio había estado bien. El bebé era, en fin, un bebé: bamboleos de cabeza, eructos y ojos desenfocados, dominio exclusivo de su madre. Y después, una tarde, su hijo se había vuelto, había mirado directamente a Vimes con unos ojos que para su padre eclipsaron todos los fanales del mundo, y el miedo había entrado en tromba en la vida de Sam Vimes. Toda esa buena suerte, toda esa alegría desbocada. .. estaba mal. Sin duda el universo no iba a permitir semejante cantidad de dicha en un solo hombre, no sin pasar factura. En alguna parte se estaba formando una gran ola oscura, y cuando rompiera sobre su cabeza se lo llevaría todo por delante. Había días en los que estaba seguro de oír su lejano rugido…

Cuantas veces, con mi luminosa y recién estrenada felicidad, me he sentido como si fuera demasiado para una sola persona.

La crítica del arte contemporáneo no tiene desperdicio:

—¡Epa, esso debe de ser una pista, sargento! —exclamó Nobby, que había retomado su actividad habitual de deambular toqueteando cosas para ver si eran valiosas—. ¡Mire, alguien ha tirado aquí cantidad de basura apestosa!

Su vagar lo había llevado junto a un pedestal sobre el que, en efecto, parecía elevarse un montón de trapos.

—¡No toque esso, por favor! —dijo sir Reynold mientras se le acercaba a toda prisa—. ¡Esto es No me hables de los lunesl ¡Se trata de la obraaa más polémicaaa de Daniellarina Mohína! ¿No ha movido nada, verdad? —añadió con nerviosismo—. ¡Su valor es literalmente incalculableah, y la artissta tiene muy malas pulgas!

—Solo es un montón de basura vieja —protestó Nobby, mientras retrocedía.

—El arte ess más grande que la sumaaa de sus meros componentes mecánicos, caboah —dijo el conservador—. Sin duda ussted no diría que las Tres mujeres gruesas rosadas y un trozoah de gasa de Caravati es solo, ejem, «un montón de pigmento vie-joah»?

—¿Y qué pasa con este? —replicó Nobby señalando el pedestal adyacente—. ¡Solo es un palo gordo con un clavo! ¿También es arte?

—¿Libertad? Si alguna vez saliera al mercadoah, probable-menteah no bajaría de los treinta mil dólaress —dijo sir Reynold.

—¿Por un cacho de madera con un clavo atravesado? —preguntó Fred Colon—. ¿Quién lo hizo?

—Después de vissitar No me hables de los lunes, lord Vetina-ri tuvo la gentilezaaa de hacer que clavasen a la sseñora Mohína a la esstaca por la oreja —explicó sir Reynold—. Sin embargooo, consiguió liberarse a base de tirones esa missma tarde.

—¡Estaría cabreada! —dijo Nobby.

—No después de ganar varioss premios por ella.

Pero dejando de lado los méritos del libro -que los tiene y muchos, y estoy de acuerdo con los británicos, si no es la mejor es de las mejores novelas de Pratchett- lo que más me ha sorprendido es la traducción. Es la primera vez que creo que la traducción está a la altura del original, y eso que han pasado por aquí buenos traductores. No sólo es que se intenten mantener los acentos de los diversos personajes, que ya iba siendo hora. Es que se mantienen juegos de palabras con acierto y originalidad. Desde el aparato agenda electrónico, llamado Gamberry hasta cuando Vimes piensa en aparecer con la cara lavada y recién peinada. Firmaría por una revisión de las novelas anteriores con la misma calidad.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (66/365)

« Página anteriorPágina siguiente »