Witold Gombrowicz. Ferdydurke.

Quaderns Crema, 1998. 378 págs.
Tit. Or. Ferdydurke. Trad. Anna Rubió y Jerzy Slawomirski.
¡Culo, culo, culo!
Me gustan las cosas que se salen de la norma. El libro La perversa obra de Godo tenía páginas francamente malas, pero me dice mucho más que el código DaVinci. Los alaridos de algunas canciones de Corcobado pueden parecerme excesivos -y en ocasiones ridículos-, pero son música celestial al lado del enésimo grupo pop de moda. Prefiero la peor obra de Tàpies a cualquier bodegón y la polipoesía al ripio.
Navegar entre los excesos y llegar a buen puerto no es tarea fácil. Pero no siempre la originalidad extrema produce obras fallidas. En ocasiones, para deleite de los teratólogos como yo, dan lugar a verdaderas obras maestras. Es el caso de este libro.
Si hemos de creer a la contraportada, el libro nace del orgullo herido de un joven autor humillado por la crítica incompetente, y tenía que ser, de entrada, un ensayo sobre la falacia de los criterios estéticos que se suelen aplicar a la literatura. Pero el libro se convierte en una alegoría narrada con un lenguaje transgresor y divertido.
Un joven escritor se convierte frente a Pimko -un crítico literario ‘mestretitas’- en un niño:
De golpe, me empequeñecí, la pierna se me convirtió en piernita, la mano en manita, la persona en personita, la esencia en esencieta, la obra en obrita, el cuerpo en cuerpito; él, en cambio, crecía, mirándome de reojo y leyendo mi manuscrito por los siglos de los siglos amén.
Completada la transformación, Pimko lo llevará de vuelta a la escuela. Allí asistirá a los enfrentamientos entre las dos bandas rivales, y aprenderá algunas cosas:
Lo vuelvo a repetir: un gran poeta, Juliusz Slowacki, gran poeta; amamos a Juliusz Slowacki y admiramos sus poesías, porque era un gran poeta. Y ahora, los deberes “¿Por qué en las poesías del gran poeta Juliusz Slowacki reside una belleza inmortal que nos maravilla?”
Justo en ese punto de la lección, uno de los alumnos se removió nerviosamente y gimió:
- ¡Yo no me maravillo nada! ¡No me maravillo! ¡No me interesa! No puedo leer más de dos estrofas, y ni eso me interesa. Por Dios, como me va a maravillar si no me maravilla[…]
GALKIEWICZ
No lo puedo comprender. No puedo comprender como me maravilla, si no me maravilla.
El MAESTRO
¿Cómo es que no le maravilla a Galkiewicz, si le he explicado miles de veces que le maravilla?
GALKIEWICZ
pero a mí no me maravilla.
El MAESTRO
Eso es cosa de Galkiewicz. Se ve que Galkiewicz no es inteligente. Los otros se maravillan.
GALKIEWICZ
Palabra de honor que no se maravilla nadie. ¿Cómo pueden maravillarse si nadie lo lee, menos nosotros, que estamos en edad escolar y lo leemos a la fuerza?
El MAESTRO
No tan alto, por Dios. Eso pasa porque hay muy poca gente verdaderamente educada y a la altura…
GALKIEWICZ
Los educados tampoco. Nadie. Nadie. Ni uno.
Para que no vuelva a su casa, Pimko lo dejará interno en una casa con colegiala moderna incluida -de la que no le quedará otro remedio que enamorarse-. Tras un escandaloso enredo, huirá con su amigo Mentol -obsesionado con los jornaleros- al campo. Serán rescatados de un pueblo donde los habitantes intentan morderles por una tía del protagonista.
En medio de estas aventuras nos encontraremos dos cuentos ‘Filidor folrat de nen’ y ‘Filibert folrat de nen’ (Filidor forrado de niño y Filiberto forrado de niño) precedidos de sendos prefacios totalmente desconectados del hilo principal de la novela (¿o no?) y que conforman una especie de ensayo sobre la estética.
Divertida, extravagante y muy bien escrita; me ha dejado anonadado. Para leer y releer disfrutando cada momento.
(Un día, un libro 136/365)
Escuchando: Noche de Hiedra. Esclarecidos.


