Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

enero 16, 2009

Richard Dawkins, El espejismo de Dios.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 4:26 pm
2 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

Editorial Espasa Calpe, 2007. 452 páginas.
Tit. Or. The God delusion. Trad. Regina Hernández.

Richard Dawkins, El espejismo de Dios
Evangelización atea

Todas las religiones tienen la extraña costumbre de convencer a los no creyentes de que son los poseedores de la única verdad. En el caso de que uno sea ateo ¿Qué tiene que hacer? ¿Respetar las creencias religiosas aunque no las compartan? ¿O hacer como el enemigo y hacerles ver lo equivocados que están? El biólogo Richard Dawkins escoge la segunda opción y a través de este libro se propone explicar, de una manera clara, que es casi seguro que no hay Dios.

La existencia de Dios debería tratarse como cualquier otra hipótesis científica, y eso es lo que hace el autor en el capítulo 2. De momento no se ha encontrado ninguna confirmación experimental, y eso que en Estados Unidos se han gastado fuertes sumas de dinero para realizar experimentos sobre el poder de la oración.

Los que piensen que filósofos y teólogos han dado buenas razones para creer en Dios probablemente cambien de opinión tras leer el capítulo 3. Las famosas Cinco vías de Santo Tomás no resisten un análisis profundo. La Biblia -y otros libros religiosos- está llena de contradicciones y parece poco probable que tenga una inspiración divina. Otros argumentos -como el de la experiencia personal- son aún más endebles.

Lo cierto es que, al contrario de lo que opinan muchas personas de fe religiosa, el diseño del universo no nos conduce a la existencia de un diseñador. En el capítulo 4 vemos que los seres vivos están llenos de remiendos e imperfecciones. La teoría de la evolución explica la causa de tanta ineficiencia; en caso contrario deberíamos pensar que el creador es un chapucero.

Pero si esto es así ¿Por qué en todas las culturas aparece la religión? El capítulo 5 explica el tema estrella de Dawkins: el meme. Que no es lo que se entiende en la blogosfera como tal, sino la unidad mínima de transmisión de la herencia cultural. Las ideas religiosas son buenas en propagarse y mantenerse, así que no es extraño que tengan una larga vida y aparezcan por doquier.

¿Nos hace falta la religión para ser buenos? El capítulo 6 afirma que no, que nuestra moralidad ha evolucionado junto con nosotros, y sólo hay que ver como se comportan nuestros primos los chimpancés para darse cuenta de que no hace falta religión para tener comportamientos nobles y altruistas. No sólo eso, en el capítulo 7 el autor va más allá al poner de manifiesto como la moralidad de los grandes libros sagrados como la Biblia o el Corán ha quedado obsoleta y lo difícil que es conciliar sus brutalidades con el pensamiento moderno. Algo que en este Cuchitril dejamos claro en la reseña de La Biblia ante la Biblia.

La religión no sólo no nos hace falta para ser buenas personas, sino que además nos empeora. Citando a Steven Weinberg:

Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión.

Ya Dawkins habia rodado un documental titulado La raíz de todo mal que puede verse (junto con otros también interesantes) en Google Video: The God delusion. La intolerancia, las guerras de religiones, la inquisición, el terrorismo islámico… ¿hace falta decir más?

Si usted ha nacido en España, lo más probable es que sea católico. No es una cuestión de elección, sino de adoctrinamiento. Quizás exageradamente el autor considera que este lavado de cerebro es peor que los abusos infantiles, pero tiene su parte de razón ¿Por qué extirpamos de los niños esa capacidad de elección?

Hasta aquí los argumentos del autor. Como ateo recalcitrante estoy, en general, más de acuerdo que en desacuerdo, pero tengo mis objeciones.

Lo primero que llama la atención es que Dawkins diga que es casi seguro que no hay Dios. ¿Por qué este casi? Porque la ciencia nunca nos permitirá dar una respuesta a esta pregunta, lo mismo que a otras como ¿Por qué el ser y no la nada?. Podemos poner a prueba hipótesis del tipo Dios se comunica con algunas personas o Dios se preocupa por el ser humano, pero nunca podremos falsar la hipótesis Dios existe. Tiene razón al afirmar que entre un teísta que relegue a Dios al simple acto de crear el universo y luego irse y un ateo no hay una diferencia sustancial. Pero la cuestión sigue abierta.

El ataque está más orientado a la religión organizada que a la metafísica, y ahí, hay que reconocerlo, da de lleno. Hay que tener en cuenta que en los Estados Unidos las organizaciones religiosas tienen mucho poder; tanto que el debate sobre el diseño inteligente -una artera estrategia para introducir el creacionismo en las escuelas- está más vivo que nunca. Para captar hasta que punto es importante la religión esn ese país sólo hay que ver las series de televisión que nos llegan. En todas la gente va los domingos a la iglesia. Hemos visto un presidente demócrata con el Nobel de economía -El ala oeste de la casa blanca-, un presidente negro -24- y una presidenta -Señora presidenta-. Pero es inimaginable un presidente ateo. El propio autor da los datos de la siguiente encuesta sobre si darían su voto a una persona cualificada para un cargo público que fuera mujer (95%), católico (94%), judío (92%), negro (92%), mormón (79%), homosexual (79%) o ateo (49%).

Soy ateo pero nunca he querido evangelizar. Creo que todo el mundo tiene perfecto derecho a estar equivocado. Siempre he comulgado con la postura que tenía el gran biólogo y divulgador Stephen Jay Gould de los ministerios separados, que viene a decir que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Que la ciencia se ocupe de las leyes de la naturaleza y la religión de temas morales. Dawkins preferiría que la religión ni existiera.

El problema es que la religión no se limita a marcar las reglas que tienen que seguir sus fieles. Opina como deben comportarse los demás -como en la polémica sobre el matrimonio homosexual-, censura libros o películas y decide sobre que se puede o no se puede investigar. La religión no juega limpio en los ministerios separados. Mientras las cosas estén así cualquier libro que aporte un poco de racionalidad al mundo será bienvenido.

Descárgalo gratis:

Dawkins El Espejismo De Dios.pdf

Dawkins Richard – El Espejismo De Dios.pdf

Escuchando: Underneath a Distant Moon. Rialto.


Extracto:[-]

LA RELIGIÓN COMO SUBPRODUCTO DE ALGUNA OTRA COSA

En cualquier caso, me gustaría ahora dejar de lado la selección de grupo y volver a mi propio punto de vista del valor de supervivencia darwinista de la religión. Soy uno de los cada vez más numerosos biólogos que ven la religión como un subproducto de alguna otra cosa. De forma más general, creo que quienes especulamos acerca del valor de la supervivencia darwinista necesitamos «pensar en subproductos». Puede que cuando preguntemos acerca del valor de supervivencia de cualquier cosa estemos haciendo la pregunta errónea. Necesitamos reescribir la cuestión en una forma más útil. Quizá la característica en la que estamos interesados (en este caso, la religión) no tiene un valor de supervivencia directo por sí misma, pero es un subproducto de algo que sí lo tiene. Encuentro que esto puede ser útil para introducir la idea del subproducto con una analogía que proviene de mi especialidad del comportamiento animal.

Las mariposas nocturnas vuelan hacia la llama de la vela y esto no parece ser accidental. Se salen de su camino para incinerarse en una ofrenda de fuego. Podemos denominarlo «comportamiento de autoinmolación» y, bajo este provocativo nombre, imaginar cómo podría favorecerlo en la tierra la selección natural. Mi idea es que debemos reescribir la cuestión antes de incluso intentar una respuesta inteligente. Esto no es suicidio. El aparente suicidio surge como efecto colateral involuntario o subproducto de cualquier otra cosa. Un subproducto… ¿de qué? Bien, esta es una posibilidad, que servirá para este propósito. La luz artificial es un invitado reciente a la escena nocturna. Hasta hace poco tiempo, las únicas luces nocturnas a la vista eran la Luna y las estrellas. Están en el infinito óptico, por lo que los rayos que salen de ellas son paralelos. Esto hace que sean adecuadas para utilizarse como compases. Se sabe que los insectos utilizan objetos celestiales tales como el Sol y la Luna para guiarse correctamente en línea recta y pueden utilizar la misma brújula, con signo opuesto, para regresar al hogar tras una escapada. El sistema nervioso de los insectos es un experto en establecer una regla de tres temporal de este tipo: «dirígete en un curso tal que los rayos de luz incidan en tu ojo en un ángulo de 30 grados». Dado que los insectos tienen ojos compuestos (con tubos rectos o guías de luz irradiando desde el centro del ojo como las espinas de los erizos), esto podría corresponder en la práctica a algo tan simple como guardar la luz en un tubo particular u omatidio. Pero la brújula de luz confía críticamente en el objeto celestial que está en el infinito óptico. Si no lo está, los rayos no son paralelos, sino que divergen como los radios de una rueda. Un sistema nervioso aplicando la regla de tres de los 30 grados (o cualquier otro ángulo agudo) a una vela cercana, tal como si fuera la Luna en el infinito óptico, dirigirá a la mariposa nocturna, mediante una trayectoria espiral, hacia la llama. Trasládelo a usted mismo, utilizando cualquier ángulo agudo como el de 30 grados, y generará una elegante espiral logarítmica hacia la vela.

Aunque en esta circunstancia particular es fatal, la regla de tres de la mariposa nocturna es, de media, una buena regla porque para una mariposa nocturna la observación de las velas es extraña en comparación con la observación de la Luna. No nos damos cuenta de los cientos de mariposas que silenciosa y eficazmente están dirigidas por la Luna o por una brillante estrella, o incluso por el brillo de una ciudad lejana. Solo vemos a las mariposas revoloteando hacia nuestra vela, y hacemos la pregunta incorrecta: ¿por qué se suicidan todas esas mariposas? En vez de eso deberíamos preguntar por qué tienen sistemas nerviosos que las dirigen manteniendo un ángulo fijo hacia los rayos de luz, una táctica que solo percibimos cuando es errónea. Cuando la pregunta se reelabora, el misterio desaparece. Nunca fue correcto denominarlo suicidio. Es un subproducto fallido de una brújula normalmente útil.

enero 15, 2009

Irracionalidad

Filed under: Noticias — Palimp @ 12:41 pm
0 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

La noticia es del año pasado, pero estoy leyendo A paso de cangrejo y me reencuentro en el índice -y tengo que contenerme para no saltar de inmediato allí- con una reflexión sobre el diseño inteligente. ¿Qué es esto? El último invento de los creacionistas de Estados Unidos. En ese país, a pesar de ser fuertemente religioso, hay una gran reluctancia a introducir elementos confesionales en la educación. No por laicismo, sino para que ninguna religión tenga ventaja sobre las demás. Allí sería imposible tener crucifijos en las escuelas.

Por eso siempre se ha podido -más o menos- evitar que en las escuelas se enseñara que al hombre lo creo Dios en un rapto de inspiración. Para evitar esto y poder criticar a la teoría de la evolución se han sacado de la manga este invento que viene a decir que la evolución es imposible y a los seres vivos los ha creado alguien. Pero en vez de decir que ha sido Dios este alguien puede ser cualquiera, unos extraterrestres, pongamos por caso.

Estamos en pleno siglo XXI, pero a veces no lo parece (y de eso habla también el libro de Eco). Creer en una interpretación literal de la biblia me parece increíble. Pero ahí están, año tras año, impertérritos, defendiendo lo indefendible.

Uno puede pensar que en Europa está a salvo. El catolicismo no niega la evolución. Pero aún así, se infiltra. En plena Expo de Zaragoza se coló un congreso creacionista:

La Teoría de la Evolución muestra al Dios Creador

En Estados Unidos ya es una asignatura legal:

El creacionismo ya es una asignatura legal en EEUU

Mi madre suele decirme que la verdad no tiene más que un camino, y la evidencia es la evidencia. Creer en lo imposible no le hace ningún bien a los creacionistas ni a la sociedad en general. Espero que los defensores de lo racional tengan suerte y que el virus no se extienda demasiado.

septiembre 29, 2008

Horace Freeland Juson. Anatomía del fraude científico.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 7:09 am
0 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

Editorial Crítica, 2006. 500 páginas.
Tit. Or. The great betrayal fraud in science. Trad. David León.

Horace Freeland Juson, Anatomía del fraude científico
Científicos deshonestos

En la actualidad la ciencia no tiene el prestigio de que disfrutaba a mediados del siglo XX. La labor de los científicos tampoco parece resultar muy bien parada tras los varios casos de fraude que han salido en los últimos tiempos. No hace mucho del caso de la falsa clonación de un embrión humano por parte del biólogo coreano Hwang Woo Suk.

No es una situación nueva. Ya en el XIX Charles Babbage -considerado el inventor de la primera computadora- clasificaba el fraude científico bajo cuatro epígrafes: embuste, fingimiento, amaño y falseamiento. El embuste consiste en inventarse completamente los datos de una investigación, y ponía como ejemplo la descripción de un molusco con todo lujo de detalles, incluída una descripción de su locomción. El problema es que tal animal no existía. Aunque parezca exagerado, hay casos así. El más famoso fue el protagonizado por Sir Cyril Burt, que realizó muchos estudios con gemelos para averiguar la influencia del ambiente sobre la educación y el desarrollo. Pero ni existían lo gemelos, ni la investigación, ni siquiera algunas de las ayudantes que aparecían como colaboradoras. Una invención de principio a fin.

El fingimiento es algo parecido, con la diferencia de que la intención es hacer creer a otros en el embuste, para que luego, cuando se descubra la verdad, reciban escarnio público. Tal cosa sucedió con el hombre de Piltdown, engaño que desprestigió a Smith Woodward, y todavía no está muy claro quien organizó la trampa.

El amaño y el falseamiento son variantes de lo que ahora se considera falsificación. Básicamente consiste en ocultar observaciones que contradigan la teoría o de un juego de observaciones elegir con que más concuerden con el valor de lo que se quiere obtener. Este tipo de fraude puede realizarse a veces de forma inconsciente, ya que el científico puede pensar que ha habido un error en el aparato, o que no había preparado bien la muestra.

Que los científicos no son unos santos buscadores de la verdad nos lo prueba la historia. Los diarios de Pasteur demostraron que sus investigaciones no iban siempre acordes a la publicidad que hacía de ellas, y que en ocasiones daba como probados métodos que todavía estaba experimentando. Los datos de los experimentos de Millikan sobre la masa del electrón estaban seleccionados. El padre de la genética, Mendel, tenía una suerte bárbara. De todos los rasgos de los guisantes escogió los que se transmitían de una manera sencilla y además sus resultados experimentales son tan perfectos que no pudieron ser reales. Hay casos peores: Freud basó sus teorías en muy pocos casos y además, controvertidos.

En la actualidad las cosas no han mejorado, todo lo contrario. La obligación de publicar, el tener que luchar por los presupuestos y la mucha competencia llevan a los científicos a practicas poco honrosas. Además, en muchos casos las unniversidades intentan tapar los casos de fraude en vez de perseguirlos publicamente, para no dañar su imagen. En Estados Unidos fue muy famoso el caso de Baltimore, porque estaba implicado David Baltimore, todo un premio Nobel que firmó -como es costumbre- como colaborador de un estudio que había realizado Thereza Imanishi-Kari y que se descubrió inventado. El libro da más ejemplos e ignoro si aquí también existirán casos famosos o si nuestras universidades no tienen suficiente nivel como para hacer fraudes.

Otros problemas que aquejan a la comunidad científica son lo casos de plagio, difíciles de descubrir entre tantas publicaciones -aunque en la actualidad internet puede empezar a solucionar esto-. También que para publicar y obtener subvenciones el único mecanismo de revisión es la evaluación entre iguales. En muchas ocasiones es un trabajo inmenso para los científicos competentes revisar propuestas de investigación, y en no pocos casos se han plagiado artículos.

Visto lo visto ¿podemos confiar en la ciencia? Que no cunda el pánico. Todos estos desmanes pertenecen al ámbito de la investigación, no a sus resultados. Ante un experimento polémico basta con replicarlo. Así pasó con la tan publicitada fusión fría, que al final quedó en nada. En el propio libro, aunque no se centra en el tema, lo deja bien claro con la respuesta de Klaus Rajewsky ante el caso Baltimore: He de reconocer que nunca he llegado a entender el alboroto que se creó en torno a ese artículo: no creo que haya nadie dispuesto a tomar en serio lo que publicó Imanishi-Kari. Al menos, nadie que yo conozca..

El libro está escrito más con enfoque periodístico que científico y señala con el dedo los principales defectos de instituciones, revistas, universidades y programas de investigación. Aunque en este país las instituciones funcionan de manera bastante diferente, muchos problemas son universales y no está de más intentar ponerles remedio. La ciencia cada vez es más compleja y necesita de más recursos. Es fundamental que estos estén bien repartidos. En el libro dan un ejemplo: un tipo especial de becas que se otorgan no a una investigación concreta, sino a estudiantes con talento para que investiguen en el campo que prefieran.

De lectura obligada para todo tipo de gestores universitarios.

Escuchando: A Hall Of Fame Award. William Leblanc.


Extracto:[-]

Los dos científicos mencionados estaban investigando diversos casos de mala conducta, no por encomienda oficial, sino movidos por una simple curiosidad particular que acabó por convertirse en pasión.

La primera impresión que recibió quien esto escribe al conocer a Walter Stewart fue la de la viveza jovial de su voz y su recibimiento, y acto seguido, la velocidad de su discurso y el modo como brotaban, en todas direcciones, unas,palabras tras otras cuando hacía hincapié en un punto concreto relacionado con la ciencia o el fraude. Aquel hombre de cabello oscuro y espeso, piel pálida, frente baja, mandíbula recia, boca amplia y labios gruesos se había licenciado en Harvard con la calificación de summa cum laude y había comenzado a trabajar en la Universidad Rockefeller antes de trasladarse a los NIH, sin llegar jamás a obtener el doctorado. En su época de sabueso de fraudes, era normal encontrarlo pasando el tiempo en el laboratorio —dotado de aire acondicionado—, vestido con pantalones cortos, camisa ajustada y sandalias, practicando con un manipulador telegráfico el alfabeto morse —útilísimo código en cuyo manejo estaba tratando de adiestrar a sus hijos mientras los enseñaba a leer—. Si alguna vez llevaba chaqueta y corbata, le resultaba imposible escapar a cierto aire de hombre de Neandertal trajeado. Ni siquiera los científicos que lo detestaban y aborrecían su obra ponían en duda su elevada capacidad intelectual, y aun sus amigos y aliados habían de reconocer su excentricidad y una buena dosis de fanatismo contumaz.

Ned Feder era —amén de 18 años mayor— más delgado, alto y tranquilo que él. Era de los que no lo tienen difícil para confundirse con la multitud. Había nacido en Minneapolis, y se había licenciado en química orgánica por Harvard. Tras culminar también la carrera de medicina, ejerció de profesor en su escuela, si bien en lugar de hacerse fijo se trasladó, en 1967, a los NIH. Stewart había sido alumno suyo —un estudiante «bueno e insólito», según lo definió—.

julio 26, 2008

Una nueva revista: Planeta fascinante

Filed under: Noticias — Palimp @ 6:35 pm
0 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión


Gracias a la gente de BRM he recibido en mi casa un paquete con original forma de pizza que contenía la revista Planeta fascinante. Es reconfortante ver que siguen apareciendo revistas que intentan divulgar temas científicos. Esto prueba que la gente joven tiene interés en saber como funciona el mundo.

En este primer número se tratan temas como la vida de las estrellas, los últimos avances en neurocirugía o el tema de los residuos plásticos. También se tratan temas de actuaildad como la cantidad de tóxicos en la comida, el tráfico de huesos, o como los bloggers son el nuevo poder en la red (que más quisiéramos algunos).

En conjunto el tratamiento es algo sensacionalista para mi gusto, pero entiendo que para llegar a todos los públicos se tiene que ser fresco. También hay alguna inexactitud, como en el artículo de portada: el bien y el mal. ¿Es mejor ser bueno o sale más a cuenta ser malo? Las referencias utilizadas en el artículo son muy correctas y cubren un amplio espectro, desde biología a psicología, pero en algunos casos no están bien interpretadas. Así, se afirma que Dawkins dice que no tenemos elección, somos egoístas por naturaleza, algo que no es cierto. Para Dawkins son los genes los egoístas, no los individuos. En el mismo artículo, unos párrafos más adelante, explican una situación que lo explica perfectamente. Si nos sacrificamos por un pariente, para el gen es beneficioso, porque puede propagarse, pero para el indivíduo es perjudicial. El egoísmo del gen obliga al altruismo del indivíduo.

En cualquier caso y fuera de estas puntualizaciones, siempre es una alegría ver más revistas que hablen de ciencia. Con más fervor que yo lo explica Alberto Fernández, cuando dice:

La ciencia debe venderse como un producto también. Yo siempre digo lo mismo, la ciencia entra por los ojos.

Viendo el descenso de matrículas en carreras científicas, bienvenida sea esta publicación.